viernes, 10 de octubre de 2008

Psicoanálisis de la Adolescencia. Peter Blos. (Parte 4)

4. Adolescencia temprana
La maduración puberal normalmente saca al muchacho de su preadolescencia autosuficiente y defensiva y de la catexis pregenital, la muchacha es igualmente forzada hacia el desarrollo de su feminidad. Antes de que ella pueda dar este paso es necesario que abandone su recién adquirida identidad preadolescente, como la amazona, enmascarada como la ninfa, la que por algún tiempo la ha salvaguardado en contra de la regresión hacia la madre preedípica. los muchachos y las muchachas buscan en forma más intensa objetos libidinales extrafamiliares; es decir, con esto se ha iniciado el proceso genuino de separación de las ligas objetales tempranas. Este proceso atraviesa por varios estadios hasta que final e idealmente se establecen relaciones maduras de objeto. La característica distintiva de la adolescencia temprana radica en la falta de catexis en los objetos de amor incestuoso, y como consecuencia encontramos una libido que flota libremente y que clama por acomodarse.

Antes de que continuemos con esta línea de pensamiento, debemos discutir algunas de las consecuencias de la falta de catexis, típica de esta fase. El proceso como un todo, puede ser descrito en términos de dinámicas inter e intrasistémicas primero que nada el superyo, una agencia de control cuyas funciones son para inhibir y regular la autoestimación, disminuye en eficiencia; esto deja al yo sin la dirección simple y presionante del la conciencia. El yo ya no puede depender de la autoridad del superyo, sus propios esfuerzos para mediar entre los impulsos y el mundo externo son torpes e ineficaces. En verdad el superyo es un a función de su origen constitutivo; principalmente la internalización de los padres al resolverse el conflicto edípico. Por un tiempo cuando el adolescente joven se separa de los padres, pari-passu, la falta de catexis también comprende las representaciones de objeto y los valores morales internalizados que residen en el superyo.

En esta edad, los valores, las reglas, y las leyes morales han adquirido una independencia apreciable de la autoridad parental, se han hecho sintónicas con el yo y durante la adolescencia temprana el autocontrol amenaza con romperse y en algunos extremos surge la delincuencia. Actuaciones de esta clase, las cuales varían en grado e intensidad, habitualmente están relacionadas con la búsqueda de objetos de amor; también ofrecen un escape de la soledad, del aislamiento y la depresión que acompaña a estos cambios catécticos. El caso de Nancy (véase capítulo VII), nos ilustra claramente el desarrollo de la temprana adolescencia con una conducta delincuente subyacente.

Normalmente este tipo de actuación puede detenerse recurriendo a la fantasía, al autoerotismo, a las alteraciones en el yo como, por ejemplo, una deflexión de la líbido de objeto hacia el ser; es decir, una vuelta al narcisismo.

El retiro de la catexis de objeto, y la ampliación de la distancia entre el yo y el superyo dan como resultado un empobrecimiento del yo. Esto es experimentado por el adolescente como un sentimiento de vacío, de tormento interno, el cual puede dirigirse a buscar ayuda, hacia cualquier oportunidad de alivio que el ambiente pueda ofrecerle. La intensidad de la separación de objetos tempranos está determinada no solamente por el aumento y la variación del ritmo de la tensión instintiva, sino también por la capacidad del yo para defenderse de esta angustia conflictiva. Algunos niños no experimentan ningún conflicto en relación con sus padres; ya sea que han reprimido el impulso sexual o que su dotación instintiva es baja y que por lo tanto el yo posee la capacidad para manejarlos. Esta última idea aún no está comprobada para que pueda servirnos como un concepto explicativo total; por otro lado, uno se impresiona con el grado tan pequeño con el cual la madurez sexual en sí misma afecta la adaptación emocional del adolescente. Siempre que se observan reacciones directas y paralelas, un escrutinio más profundo puede revelar que existe una condición psicológica que comparte la responsabilidad para una situación conflictiva aguda. Lo mismo es cierto para las condiciones ambientales si éstas están dentro de límites normales. Tanto los cambios puberales como las condiciones ambientales pueden anunciar o intensificar las reacciones adolescentes, pero no pueden crearlas en forma exclusiva. estas ideas están elaboradas más ampliamente en el Capítulo VI.

Regresemos ahora a la idea inicial de que en la adolescencia temprana hay una falta de catexis de los objetos de amor familiares y como consecuencia una búsqueda de objetos nuevos. El adolescente joven se dirige hacia "el amigo"; de hecho, el amigo adquiere una importancia y significación de la que antes carecía, tanto para el muchacho como para la muchacha. La elección de objeto en la adolescencia temprana sigue el modelo narcisista. En esta edad la amistad entre los muchachos es diferente de las compañías preadolescentes, así como entre las muchachas el compartir un secreto al compañero; desde luego que estas cosas no dejan de existir repentinamente.

El muchacho hace amistades que exigen una idealización del amigo; algunas características en el otro admiradas y amadas por que constituyen algo que el sujeto mismo quisiera tener y en la amistad él se apodera de ellos. Esta elección sigue el modelo de Freud (1914): "Cualquiera que posea la cualidades sin las cuales el yo no puede alcanzar el ideal, será el que es amado". Freud explica que esta etapa de expansión en la vida amorosa del individuo conduce a la formación del yo ideal, y, por lo tanto, internaliza una relación de objeto que en otra forma podría conducir a la homosexualidad latente o manifiesta. La fijación en la fase de adolescencia temprana sigue este curso.

El yo ideal como formación psíquica dentro del yo no solamente remueve al superyo de la posición tan segura que había tenido hasta ahora, sino que también absorbe la libido narcisista y homosexual. Los comentarios de Freud (1914) que son importantes para esta discusión son los siguientes: "En esta forma, grandes cantidades de libido, esencialmente homosexual son utilizadas en la formación del yo ideal narcisista y encuentran salida y satisfacción en mantenerla"... Continúa: "El yo ideal ha impuesto condiciones severas para la satisfacción de la libido a través de los objetos; ya que algunos de ellos son rechazados por medio e su censor, como incompatibles. Cuando este ideal no se ha formado, la tendencia sexual aparece sin cambiar en la personalidad en la forma de una perversión. Ser una vez más el propio ideal, en relación a tendencias sexuales y no sexuales como en la niñez -es lo que a la gente le gustaría para su felicidad". La nueva distribución de la libido favorece la búsqueda del objeto heterosexual y sirve para mantener relaciones estables.

El yo ideal que representa el amigo puede ceder bajo el deseo sexual y llevar a un estado de homosexualidad con voyeurismo, exhibicionismo y masturbación mutua (latente o manifiesta). Esencialmente, las fantasías masturbatorias neutralizan la angustia de castración. Los temas sadomasoquistas heterosexuales de tales fantasías se convierten fácilmente en algo molesto y el alivio se encuentra en el cambio hacia la elección de objeto homosexual. En estas fantasías, el amigo, como compañero de armas a menudo participa en batallas y orgías heterosexuales. Los sentimientos eróticos que frecuentemente acompañan las amistades de la adolescencia temprana constituyen una explicación parcial de la ruptura repentina de estas relaciones. otros factores que contribuyen a la terminación de estas amistades radican en la inevitable frustración que implica una amistad exclusiva: el amigo idealizado se reduce a proporciones ordinarias cuando el yo ideal está establecido en forma independiente del objeto en el mundo externo.

Parece ser que en la formación del yo ideal en el muchacho, se repite un proceso que anteriormente, en la declinación del periodo edípico consolidó el superyo a través de la identificación con el padre. En ambos casos se establece una agencia controladora, la cual da vida a una nueva dirección y significado; simultáneamente esta agencia es también capaz de regular y mantener la autoestimación (equilibrio narcisista). La megalomanía del niño pequeño se ve amenazada por la indiscutible posición de privilegio y poder del padre; sus remanentes son absorbidos por el superyo, el cual participa de las "magnificencia del padre". En la adolescencia temprana la megalomanía que da al niño una sensación de perfección siempre y cuando sea parte del padre, es ahora tomada por el yo ideal . "Como siempre, cuando se refiere a la libido, el hombre una vez más se muestra incapaz de abandonar la satisfacción de que antes ha disfrutado. No está dispuesto a dejar la perfección narcisista de su niñez, y cuando crece se siente molesto por las amonestaciones de otros y por el despertar de su juicio crítico, de ahí que no pude mantener esta perfección, que trata de recuperar en la nueva forma del yo ideal. Lo que proyecta ante sí como su ideal es el sustituto del narcisismo perdido de la niñez en el cual él era su propio ideal". (Freud, 1914).
La amistad típica de la adolescencia temprana del muchacho, en donde se mezclan la idealización y el erotismo en un sentimiento muy especial ha sido descrita clásicamente en el libro de Thomas Mann (1914) llamado Tonio Kröger. La historia comienza cuando Tonio está esperando después de la escuela a su amigo Hans Hansen. Habían planeado tomar un paseo juntos. Tonio se siente profundamente lastimado cuando se da cuenta de que Hans había olvidado la cita, pero lo perdona al percatarse del arrepentimiento de su amigo, y en este estado de ánimo se disponen a tomar su paseo.* (Tomado de Tonio Kröger Editorial Plaza y Janés, Barcelona, 1951).

Tonio no hablaba. sentía un intenso dolor. mientras fruncía sus cejas algo oblicuas y tenía los labios redondeados para silbar, miraba hacia la lejanía con la cabeza ladeada. Aquel ademán y aquel aire eran característicos en él.

Hans, de repente, deslizó su brazo bajo el de Tonio, al mismo tiempo que le dirigía una mirada de soslayo, pues comprendía muy bien en qué estaba pensando su amigo Tonio. Y si bien éste continuó callando durante algunos minutos, al fin se sintió sumamente conmovido.

Es que yo no lo había olvidado, Tonio -observó fijando la mirada en la acera-, sino que me parecía que hoy, por el tiempo tan malo que hace, debido al viento y a la humedad, no era día apropiado. pero de veras que a mí no me importa esto y me parece magnífico que, a pesar de todo me hayas esperado. yo creía que te habías marchado a casa, y estaba un poco amoscado...
...Era que Tonio quería mucho a Hans Hansen y había ya sufrido mucho por su causa. El que quiere más se halla siempre en situación de inferioridad y ha de sufrir más también. El alma de catorce años de Tonio había experimentado , impuesta por la vida, esta ley tan sencilla como dura, y su espíritu se impresionaba con tan agrias realidades, si bien estas impresiones no alterasen su conducta ni sacase de tales experiencias ninguna enseñanza práctica.

Su carácter le inducía a considerar como muchísimo más interesantes estas amargas lecciones de la vida que los conocimientos que se le pudieran suministrar en la escuela, e incluso, durante las horas de clase, en la sala gótica de aquel viejo centro docente, se recreaba en apurarlas hasta las heces, llevando su meditación a las últimas consecuencias. Y esta ocupación le producía satisfacciones completamente análogas a la que lograba paseándose por su cuarto con el violín en la mano, pues sabía pulsarlo tan suavemente que se creyera que la música surgía por sí sola en medio del dulce chasquido del surtidor cuyo hilo de agua, abajo en el jardín, bailaba entre las ramas del viejo nogal...
... Puesto que en su domicilio pasaba el tiempo sin hacer nada serio y durante la clase blasonaba de un temperamento tan apático como distraído, con la consiguiente mala opinión de sus maestros, solía llevar constantemente a casa las notas más lamentables. por lo cual su padre -un caballero de alto, vestido con gran distinción y que siempre llevaba en el ojal una flor silvestre- se mostraba terriblemente contrariado. En cambio, para la madre de Tonio -su hermosa madre, cuyo nombre de soltera era Consuelo y que no sólo en el color de su pelo, completamente negro, sino en todo, era absolutamente distinta de las demás damas de la ciudad, y a la que su esposo había ido a buscar a una comarca situada en el extremo sur del mapamundi-, para su madre, digo, las calificaciones de la escuela no tenían la menor importancia...
Tonio quería mucho a su madre, que tocaba el piano y la mandolina; y estaba muy contento de que no se disgustara por la reputación que él tenía. Mas. por otro lado, comprendía en su fuero interno que el disgusto y severidad de su padre eran más dignos y pertinentes. En el fondo estaba completamente de acuerdo con él, admitía casi con humildad sus reprensiones, pues la indiferencia y tolerancia de su madre le parecían de todo punto injustificables.

A veces llegaba a pensar esto, poco más o menos: Es suficiente que yo sea tal como soy, sin pretender cambiarme, ni poderlo: abandonado, desidioso y entregándome a cosas en las que los demás no reparan siquiera. Convendría, pues, que, a lo menos, se me reprendiera y castigase por ello, en vez de pasarlo todo por alto entre besos y música de piano y mandolina. En realidad no somos gitanos que viajan en un carricoche pintado de verde, sino personas honorables, la familia del cónsul Kröger, del linaje de los Kröger...
Y no pocas veces pensaba también: ¿Por qué soy yo tan extraño y tan opuesto a todo, riñendo con los profesores y distanciándome cada día más de los otros muchachos de la escuela? Fíjate en esos buenos estudiantes y también en los que se caracterizan por su incorregible medianía. Ellos no encuentran grotescos a los profesores, no escriben versos tontos y sólo piensan en los asuntos en que precisamente debe pensarse y que es lícito mencionar en voz alta. ¡Cuán ordenados son y qué bien concuerdan con todo y con todos! Eso debe ser muy bueno y agradable... Pero ¿qué me pasa a mí, y a qué va a conducirme todo esto?
Esta manera de considerarse a sí mismo y a su relación con la vida desempeñaba un papel importantísimo en el amor de Tonio por Hans Hansen. le quería, ante todo, por ser un muchacho guapo; y luego, porque, desde todos los puntos de vista, se le aparecía como su antagonista y contrincante. Hans Hansen era un colegial excelente y, además, un chico vivaracho que hacía gimnasia, nadaba como un pez y disfrutaba con pasión ; le llamaban por su nombre de pila y le ayudaban por todos los medios; los compañeros de clase procuraban conquistar su agrado y favor, y en la calle de veía constantemente detenido por damas y caballeros, que le cogían por los mechones de su cabellera rubia de querubín, que sobresalía bajo su gorra de marinero danés y le decían:

-Hola, Hans Hansen, ¡tú siempre con tus preciosos rizos! ¿Sigues siendo el primero de la clase? Saluda a papá y a mamá, simpático...
Así era Hans Hansen, y desde el día en que Tonio le conoció, experimentó cierta melancolía; en cuanto lo atisbaba, le invadía un sentimiento como de envidia, que se agarraba a su pecho y le quemaba. ¡Quién pudiera tener ojos tan azules -pensaba- y quién pudiera vivir como él, en el seno de la más feliz comunidad de afectos con todo el mundo! "Tú siempre te mueves en el medio más honorable y respetado. En cuanto has hecho tus deberes, tomas lecciones de equitación o trabajas con tu pequeña sierra, e incluso en las vacaciones te entregas por completo a remar en la orilla del mar, a tu natación o a tus viajes en yate, mientras yo holgazaneo en la playa, contemplando con ojos asombrados los cambios misteriosos que se suceden en el mar. ¿Tendrás por eso los ojos tan azules? ¡Quién pudiera ser como tú!...".
No hizo el menor intento para lograrlo y acaso su deseo de ser como Hans Hansen no fuera verdaderamente auténtico. Sin embargo, ansiaba verse estimado por él a su manera, hacía todo cuanto podía por lograr su amistad, una manera lenta e íntima, hecha de abandono y renunciación, de sufrimientos y nostalgias, pero que se traducía en una inclinación sentimental capaz de arder más profunda y agotadoramente que una pasión impulsiva, la cual no hubiera podido esperarse d un espíritu tan extrañamente pasivo como el suyo.
No buscaba el cariño de Hans estérilmente, pues éste, en cierto modo, parecía reconocer en él cierta superioridad de inteligencia, tal vez una mayor facilidad de expresión, y comprendió perfectamente que Tonio le profesaba u afecto poco común, intenso y delicado y por ello se mostraba agradecido a éste y le deparaba no poca e íntimas satisfacciones, aunque algunos arrebatos de celos y algunos instantes de amarga decepción. Pero lo curioso era que Tonio, que envidiaba el género de vida e Hans Hansen, intentaba continuamente atraerle por todos los medios a su especial modo de ser, lo que sólo podía conseguir parcialmente y por breves momentos tan fugaces como dichosos.
Terminaron el paseo: Tonio trató en vano de establecer con Hans una comunicación íntima sobre las ideas poéticas que le producían sentimientos tan profundos. Se despidieron y Tonio se fue caminando solo a su casa.

... Y Tonio atravesó la antigua puerta de la ciudad, bordeó el puerto y subió la accidentada, ventosa, y húmeda calle de las casas de tejados puntiagudos, hasta la casa de sus padres. En aquella ocasión su corazón volvía a latir con renovada alegría; había en él una nostalgia y envidia melancólica, y un poquitín de desprecio y una grande y muy casta felicidad.
La amistad de Tonio y Hans muestra claramente cómo el amigo representa las perfecciones de las que uno carece. En el caso de Tonio la amistad refleja el conflicto de la identificación con su madre y con u padre, o más bien su falla para integrarlas. Hans es el muchacho que su padre hubiera querido llamar hijo; pero renunciar a este ensueño significaría renunciar a su amada madre. Su yo ideal, que perpetuaba la envidia por su padre y por las cosas que él representa, se expresan ahora en una declaración positiva y entran en la vida de Tonio en una forma positiva. Se establece un compromiso: "Amo a Hans porque representa las cosas que significan algo para mi padre".

Solamente la adolescencia propiamente puede mostrar cómo este recién adquirido yo ideal puede influir en la elección de objeto heterosexual; y solamente la adolescencia tardía puede mostrar cómo este estado de falta de unidad interna puede resolverse. Volveremos a discutir a Tonio ya que Mann presentó la secuencia psicológica de los sucesos importantes de su vida como un muchacho adolescente y después como un joven.
Los sentimientos de ternura por su padre y en verdad su tendencia a someterse a los deseo, valores e indicaciones del padre, representan una constelación conflictiva para el joven adolescente. Esto encuentra una solución en la oposición franca hacia el padre, o también puede expresarse en una gratificación inhibida de metas, de intereses compartidos y con camaradería. Si el padre hubiera jugado un papel materno importante atendiendo a las necesidades físicas del niño pequeño los deseos de ternura y de pasividad hacia él serían poderosamente reforzados. En relación con esto mencionaré el sueño de un adolescente temprano.
Jorge estaba en análisis porque era afeminado, sufría de insomnio y tenía dificultades para aprender y para concentrarse. Había tenido un sueño repetitivo el año anterior que se acompañaba de angustia. "Es como una imagen en la pantalla del cine. En donde hay formas que adquieren diferentes formas y cualidades. Como un objeto que fuese enorme y ancho y a la vez tan delgado como un alambre, liso y suave, pero también rugoso y rasposo. Todo cambia en una rápida transición y entonces viene la música. esto lo descubrí anoche. la voz de mi padre, es suave y melodiosa, también dura, alta y rasposa". las sesiones lo llevaron al recuerdo de su padre, quien le cantaba canciones para dormirlo desde los 3 hasta los 6 años; en esa edad él no podía dormirse; "cuando mi padre me cantaba siempre me ayudaba a que me durmiera". Las formas que se movían, que recuerdan un poco la pantalla del sueño de Lewin (pecho), se mezclaban en el sueño e Jorge con la voz cálida y melodiosa de su padre. La melodía de la canción inducía al sueño al igual como lo había hecho anteriormente el mamar del pecho materno. En verdad, la lactancia es el modelo de una experiencia que induce al sueño, el amor tierno del padre ofrecía a sus deseos orales un objeto que inevitablemente le lleva a tener tendencias homosexuales en la adolescencia temprana y, de hecho, retardaron la progresión hacia la adolescencia propiamente.

Veamos ahora a la muchacha en su adolescencia temprana, que no muestra un paralelismo cercano al desarrollo del muchacho. Es cierto que la amistad juega un papel igualmente importante en su vida. La falta de una amiga puede llevarla a una gran desesperación, y la pérdida de una amiga puede precipitar una depresión y ka falta de interés en la vida. Helene Deutsch (1944) menciona diferentes ocasiones en las que ha observado la "aparición de psicosis en muchachas que han perdido a sus amigas y que no pudieron encontrar compensación en sus madres".

Una forma típica de idealización entre las muchachas es el "flechazo". Esta idealización y unión erotizada se extiende tanto a hombres como a mujeres aparece en su forma no adulterada. Los objetos escogidos tienen cierta similitud o son totalmente diferentes de los padres. En el Diario de una joven (Hug-Hellmuth, 1919) nos encontramos la descripción de un flechazo, el cual es tan frecuente en la actualidad como cuando fue anotado por la autora del diario. A los 11 años la muchacha de este diario estaba preocupada con las implicaciones de su menstruación ("curso de sangre"), del coito, con especulaciones fascinantes sobre la maduración corporal del hombre y de la mujer, incluyendo aquellos equivalentes a la menstruación en el muchacho. Su salvación de la angustia y la excitación ocurrió al encontrarse con una mujer guapa a quien secretamente llamó "hada dorada". El pensar en esta mujer hacía que la muchacha se llenara con la bendición inocente de la niñez. Cuando finalmente se enteró de la edad de su amada escribió en su diario: "Treinta y seis, qué número tan amoroso, me gusta mucho, no sé por qué pero cuando oigo a alguien decir ese número me suena como cuando una ardilla está brincando en el bosque".

El objeto del flechazo es amado en forma pasiva, con el deseo de obtener atención o afecto o también el sentirse invadido por toda clase de afectos eróticos o sexualizados. Este desarrollo continúa en la adolescencia propiamente. Las cualidades masoquistas y pasivas del flechazo son un estadio intermedio entre la posición fálica de la preadolescencia y la progresión a la feminidad. Es, de hecho, el estadio intermedio bisexual de la adolescencia temprana de la mujer, que ha descrito Helene Deutsch (1944) en su forma típica para la muchacha de esta edad. "La presencia de una tendencia bisexual intensa, un poco antes de los conflictos de la adolescencia..., está menos reprimida en las muchachas que en los muchachos. En este periodo de su vida las muchachas muestran con mucha facilidad su masculinidad mientras que el muchacho se siente avergonzado de su feminidad y la niega" (Tonio Kröger ilustra este punto claramente).
La muchacha está conscientemente más ocupada por la idea: "¿Soy un hombre o soy una mujer?" A menudo las muchachas tienen la creencia de que pueden decidir por cualquier orientación; el resultado es que cambian ciertos sentimientos y estados del yo en algunas ocasiones y en otras cambian a un énfasis bisexual. Las muchachas en esta edad experimentan una extraña sensación de vaguedad en relación con el tiempo y el espacio. Se imaginan recuerdos de cosas que en su casa les dicen que nunca ocurrieron, o que tampoco pasaron en una forma particular. Esta vaguedad hacia la realidad y en la percepción yoica es un aspecto concomitante de la ambigüedad bisexual. El tema de la bisexualidad en la muchacha fue presentado en una forma muy atinada por Virginia Woolf en Orlando, en el cual el personaje principal se transforma de hombre en mujer.

Para ilustrar el estadio bisexual de la muchacha transcribo parte de la grabación de una entrevista con una joven adolescente de 15 años. En la conversación con el entrevistador, Betty habló de su fantasía den la cual la posición bisexual encuentra una expresión elocuente (Bloss, 1944).

Entrevistador: ¿Sueñas mucho?
Betty: Anoche me acosté a las 9:15 y tenía rizos en mi cabello. Debería haber estado despierta media hora más. Pero siempre sueño... hablando así en general sueño con peces... fantasmas...coches...y de todo. Si estoy despierta hasta las 10:00 ya no puedo dormirme.
E: ¿Quieres decir nada más imágenes en tu mente?
B: Sí. de mí misma y de diferentes gentes. Todo en general.
E: ¿Qué clase de imágenes?
B: primero una muchacha como jane, y después un hombre como una muchacha, y después una muchacha que se cambia en otro muchacho que es otra muchacha. Todo está mezclado, pero principalmente que soy una muchacha vestida como muchacho. No sé por qué.
E: ¿Has tenido esta imagen por muchos años?
B: Sí, al principio cuando era joven, era una muchacha que estaba vestida como muchacho y nadie sabía que era muchacha. Después era una muchacha vestida como muchacho, pero sólo algunas gentes sabían que era muchacha. Finalmente era una muchacha vestida como muchacho y entonces la mitad del tiempo era una muchacha. recuerdo que una noche me transformé en un muchacho y después en una muchacha y así pasó todo el tiempo, tratando de decidirme.
E: ¿Qué fue lo que decidiste?
B: Decidí ser una muchacha vestida como muchacho y decirle a todo el mundo que era una muchacha y sólo en ciertas ocasiones...
E: ¿Cuándo fue esto?
B: esto debió ocurrir el año anterior a esto y también este año, yo era una muchacha vestida como muchacho y ya ve, yo tenía que ser sincera con mi sexo y vestirme como muchacho y entonces diseñé todo para ser una muchacha vestida como muchacho. No sé por qué.
E: ¿Y ésta es la historia que has guardado desde que eras una chica pequeña?
B: Sí desde que tenía 4 años.
E: Algo así cómo una cosa imaginaria, ¿algo así como un argumento?
B: Todos los que me gustan están ahí y tienen su lugar.
E: ¿Esto te hace dormirte algunas veces?
B: Me quedo dormida en medio de esto.
E: ¿Qué eras en el sueño antes de tomar tu decisión?
B: Era una muchacha.
E: ¿Una muchacha?
B: Sí...
E: Ya que no serías muchacho por un tiempo, ¿decidiste ser una muchacha?
B: Ah, usted dice eso. Yo pensé que se refería a otra decisión.
E: ¿Qué otra decisión?
B: Oh, la parte en que cambié de muchacha a muchacho.
E: Decidiste en esa película que ibas a ser una muchacha, no usabas ropa de muchacho, pero tú misma eras la muchacha de hace un año y medio.
B: Sí.
E: Bien, ¿qué decidiste la otra noche? Después de que tú y Jean tomaron la resolución (La decisión de no salir con muchachos por 2 años.)
B: Oh.
E: ¿Eras todavía una muchacha?
B: Sí, todavía era una muchacha.
E: Pero, ¿siempre terminas siendo una muchacha?
B: Sí, algunas veces me veo y pienso que soy un muchacho y termino en esa forma.
E: Y bien, ¿cómo terminas casi siempre?
B: Como muchacha.
E: ¿Has cambiado algo en el argumento desde que Jean y tú tomaron la decisión?
B: Bien, todavía no lo termino.
E: Me doy cuenta de que vas a dejar pasar el tiempo a ver cómo sale.
B: Por el momento, yo soy ya grande como un muchacho y alguien se dio cuenta de que era una muchacha y entonces me visto como muchacha, pero estaba con todos esos muchachos y ahora soy una muchacha con los muchachos.
E: Ah, ya veo, eso es lo que eres ahora, vas a continuar con la historia y a ver a dónde te lleva.
B: No sé que es lo que va a pasar ahora.
E: Pues parece muy interesante.
B: Siempre que veo una película sigue muy raro...
E: ¿Por qué?
B: No sé. Siempre saco ideas extrañas de las películas.
E: ¿Qué clase de ideas?
B: Por ejemplo si veo... si alguien dice querida, pienso en las palabras y tengo que ponerlas.
E: Entonces tú tienes que ser una muchacha ¿no es así?
B: No, no la muchacha de la película; entonces tengo que decir algo que es adorable o alguien me lo tiene que decir.
E: Sí, en su película.
B: Sí, si veo un argumento que es muy bueno, yo lo compongo.
E: Entonces, ¿pones una persona en el argumento?
B: Sí, y unas cuantas gentes más, pero quiero decir que las caras de las gentes y las situaciones son un poco distintas.
E: Bien, bien, ¿qué clase de argumento por ejemplo?
B: Oh, no sé, no sé cómo explicarlo bien... veamos... ¿vio usted La vida de un lancero de Bengala?
E: Sí.
B: Bien, yo era el guapo (no el que matan porque no me gusta ser como él es), entonces yo era él y Jean era otro, él era, no era ninguno de ellos simplemente algún otro. Ella era otra persona que no estaba ahí, no me acuerdo quién era...quién era él...la persona a quien matan era algún otro, quizá era Mabel, que no me cae bien.
E: ¿Cuando eras chiquita hubieras preferido ser un muchacho?
B: Sí, cuando era muy chiquita yo quería ser un muchacho.
E: ¿Por qué? ¿Te acuerdas?
B: Yo quería ser un muchacho... no sé por qué...ahora quiero ser muchacha porque me gusta...porque me molesta cómo se visten los muchachos, creo que es terrible, pero no sé por qué quería ser un muchacho, casi soy, porque estoy más acostumbrada a los muchachos, porque quiero decir que si me gusta un muchacho estoy perdida. si es que pasa esto, todavía no ha pasado, pero tengo un par de amigas que están locas por los muchachos y que no les hace nada bien, porque nunca le pueden pedir a un muchacho que vaya con ellas. Si yo fuera un muchacho esto sería muy simple.

La posición bisexual de la muchacha en la adolescencia temprana está relacionada íntimamente al problema del narcisismo. En la adolescencia temprana la elección de objeto narcisista es prevalente, mientras que en la adolescencia propiamente las defensas narcisistas ganan en amplitud. El pene ilusorio se mantiene como una realidad psíquica para proteger a la muchacha en contra de la vaciedad narcisista; ser igual a los muchachos es todavía una cuestión de vida o muerte. la representación bisexual con percepciones más o menos vagas del cuerpo encuentra expresión en toda clase de intereses, preocupaciones y ensueños. Esta condición continúa existiendo hasta que la muchacha vacía en todo su cuerpo aquella parte de libido narcisista que ha estado ligada con la imagen corporal bisexual, y busca completarse no en sí misma sino en el amor heterosexual. Más tarde veremos cómo ocurre este cambio que la lleva de la posición bisexual en la temprana adolescencia a la siguiente fase de orientación bisexual. Los cambios en la muchacha al pasar de la preadolescencia a la adolescencia propiamente fueron descritos en un estudio clínico longitudinal (Bloss, 1941), del cual cito algunas observaciones pertinentes.

A pesar del completo conocimiento que Luisa tenía sobre los hechos sexuales, la transición de su actitud masculinoide de los 12 o 13 años, a la del sentimentalismo enfermizo de los 15 a los 16 fue extraordinariamente difícil, dolorosa y desagradable. Habiendo siempre presumido de su inmunidad a estas estúpidas sensaciones -sintiéndose muy superior-, se criticó mucho cuando se sintió tocada al ver a un muchacho y al sentirlo cerca. Se sintió muy disgustada con su extraño interés en lo que hasta entonces no tenía importancia en relación con su cuerpo y aspecto general. Cuando se descubrió deseando atención, se sintió al mismo tiempo rechazada; su enojo con ella misma no tuvo límites. Se volvió mórbida, un poco grosera, perdió la confianza en sí misma, la cual casi la llevó a un estado drástico; por fortuna pudo tomar otra actitud y enfrentarse a los hechos en una forma inteligente, pasando a través de una actitud un tanto desafiante y vulgar. Durante este último periodo le gustaba mucho jugar con palabras tales como fornicar, adulterio, ilegitimo. esta etapa de vulgaridad y de desafío pasó y Luisa se sintió satisfecha de ser la mujer que es. Durante la etapa de vulgaridad, Luisa presumía con sus amigas de sus muchas "aventurillas".

La declinación de la tendencia bisexual marca la entrada en la adolescencia. En la adolescencia temprana la muchacha muestra una gran facilidad para vivir a un sustituto, por ejemplo en identificaciones temporales. Existe el peligro de que esta actitud la lleve a una actuación, a una relación sexual prematura para la cual la muchacha no está preparada. estas experiencias tienen especialmente un efecto muy traumático, favorecen un desarrollo regresivo y pueden llevar a desviaciones en el desarrollo de la adolescencia. las amistades, los enamoramientos, las actividades atléticas y la preocupación con el arreglo personal protegen a la muchacha en contra de esta actitud precoz, es decir, de una actividad heterosexual defensiva. Sin embargo, la última medida de seguridad de la muchacha en este pasaje normal a través de esta fase, es la accesibilidad emocional de los padres, especialmente la madre o el sustituto materno.

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