miércoles, 13 de agosto de 2008

Psicoanálisis de la Adolescencia. Peter Blos. (Parte 1)

FASES DE LA ADOLESCENCIA
El pasaje a través del periodo adolescente es un tanto desordenado y nunca en una línea recta. En verdad, la obtención de las metas en la vida mental que caracterizan las diferentes fases del periodo de la adolescencia son a menudo contradictorias en su dirección y además cualitativamente heterogéneas; es decir, esta progresión, digresión y regresión se alternan en evidencia, ya que en forma transitoria comprenden metas antagónicas. Se encuentran mecanismos adaptativos y defensivos entretejidos, y la duración de cada una de las fases no puede fijarse por un tiempo determinado o por una referencia a la edad cronológica. Esta extraordinaria elasticidad del movimiento psicológico, que subraya la diversidad tan espectacular del periodo adolescente no puede dejar de enfatizarse; sin embargo, permanece el hecho de que existe una secuencia ordenada en el desarrollo psicológico y que puede describirse en términos de fases más o menos distintas.

El adolescente puede atravesar con gran rapidez las diferentes fases o puede elaborar una de ellas en variaciones interminables; pero de ninguna manera puede desviarse de las transformaciones psíquicas esenciales de las diferentes fases. Su elaboración por el proceso de diferenciación del desarrollo a lo largo de un determinado periodo de tiempo, resulta en una estructura compleja de la personalidad; un pasaje un tanto tormentoso a través de la adolescencia habitualmente produce una huella en el adulto que se describe como primitivización. Ninguno de estos dos desarrollo debe de confundirse con niveles de maduración; más bien son evidencias de grados de complejidad y diferenciación. tanto el empuje innato hacia adelante como el potencial de crecimiento de la personalidad adolescente, buscan integrarse al nivel de maduración de la pubertad y a las antiguas modalidades para mantener el equilibrio. por medio de este proceso de integración se preserva la continuidad en la experiencia del yo que facilita la emergencia de una sensación de estabilidad en el ser -o sentido de identidad.

1. El periodo de latencia, introducción.
Con anterioridad hemos mencionado la importancia del periodo de latencia para tener éxito en la iniciación y durante el desarrollo de la adolescencia. el periodo de latencia proporciona al niño los instrumentos, en términos de desarrollo del yo, que le preparan para enfrentarse al incremento de los impulsos en la pubertad. El niño, en otras palabras, está listo para la prueba de distribuir el influjo de energía en todos los niveles de funcionamiento de la personalidad, los cuales se elaboraron durante el periodo de latencia. De allí que sea capaz de desviar la energía instintiva a las estructuras físicas diferenciadas y a diferentes actividades psicológicas, en lugar de experimentar esto solamente como un aumento de la tensión sexual y agresiva. Freud (1905, b) se refiere a la latencia abortiva como "precocidad sexual espontánea" que se debe al hecho de que el periodo de latencia no se pudo establecer con éxito; por lo tanto pensó que "las inhibiciones sexuales" que constituyen el componente esencial del periodo de latencia, no fueron adquiridas adecuadamente, "ocasionando manifestaciones sexuales, que, debido a que las inhibiciones sexuales fueron incompletas y que por otro lado el sistema genital no está desarrollado, pueden orientarse hacia las perversiones".

La interpretación literal del término periodo de latencia que significa que estos años están desprovistos de impulsos sexuales - es decir, que la sexualidad es latente- ha sido corregido por la evidencia clínica de los sentimientos sexuales expresados en la masturbación, en actividades voyeuristas, en el exhibicionismo y en actividades sadomasoquismo que no dejan de existir durante el periodo de latencia (Alberto, 1941, Bornstein, 1951). Sin embargo, en esta etapa no aparecen nuevas metas instintivas. Lo que en verdad cambia durante el periodo de latencia es el incremento del control del yo y del superyo sobre la vida instintiva. Fenichel (1945, b) se refiere a esto: "Durante el periodo de latencia las demandas instintivas no han cambiado mucho; pero el yo sí". La actividad sexual durante el periodo de latencia está relegada al papel de un regulador transitorio de tensión; esta función está superada por la emergencia de una variedad de actividades del yo, sublimatorias, adaptativas y defensivas por naturaleza. Este cambio está promovido sustancialmente por el hecho de que "las relaciones de objeto se abandonan y son sustituidas por identificaciones" (Freud, 1924, b). El cambio en la catexis de un objeto externo a uno interno puede muy bien ser considerado como un criterio esencial del periodo de latencia. Freud (1905, b) hizo referencia especial a este hecho, el cual sin embargo ha sido opacado por el concepto más general de "inhibición sexual" que es un marco claro e indicativo del periodo de latencia. Freud afirmó: "De vez en cuando (durante el periodo de latencia) puede aparecer una manifestación fragmentaria de la sexualidad que ha evadido la sublimación, o alguna actividad sexual puede persistir a los largo de todo el periodo de latencia hasta que el instinto sexual emerja c0n gran intensidad en la pubertad. debido al desarrollo de la latencia, la expresión directa de las necesidades de dependencia y sexuales, disminuyen ya que éstas se amalgaman con otras metas más complejas y aloplásticas, o están mantenidas en suspenso por defensas entre las cuales son típicas de este periodo las obsesivo-compulsivas".

La dependencia en el apoyo paterno para los sentimientos de valía y significación son reemplazados progresivamente durante el periodo de latencia por un sentido de autovaloración derivado de los logros y del control que ganan la aprobación social y objetiva. Los recursos internos del niño se unen a los padres como reguladores de la estimación propia. teniendo al superyo sobre él, el niño es más capaz de mantener el balance narcisista en forma más o menos independiente. La ampliación del horizonte de su efectividad social, intelectual y motora, lo capacitan para el empleo de sus recursos, permitiéndole mantener el equilibrio narcisista dentro de ciertos límites que le fueron posibles en la niñez temprana, y es evidente una mayor estabilidad en el afecto y en el estado de ánimo.

Concomitante a estos desarrollos, las funciones del yo adquieren una mayor resistencia a la regresión, actividades significativas del yo, como son la percepción, el aprendizaje, la memoria y el pensamiento, se consolidan más firmemente en la esfera libre de conflicto del yo. De allí pues que las variaciones en la tensión instintiva no amenacen la integridad de las funciones del yo como ocurría en los años anteriores a la latencia. el establecimiento de identificaciones estables, hace que el niño sea más independiente de las relaciones de objeto y de su ondulante intensidad y cualidad; la ambivalencia declina en forma clara, especialmente durante la última parte del periodo de latencia (Bornstein, 1951). La existencia de controles internos más severos se hace aparente en la emergencia de conducta con actitudes que están motivadas por la lógica y orientadas a valores. este desarrollo general coloca a las funciones mentales más elevadas en interjuego autónomo y reduce en forma decisiva el empleo del cuerpo como instrumento de expresión para la vida interna. Desde este punto de vista, la latencia puede ser descrita en términos de "reducción del uso expresivo del cuerpo como un todo, aumentando la capacidad para expresión verbal, independiente de la actividad motora". (Kris, 1939). El lenguaje atraviesa por un cambio: la conjunción "porque" se emplea con mayor pericia (Werner, 1940). Además, el lenguaje se emplea cada vez más como un velo, tal como está indicado en el empleo de la alegoría, la comparación y la semejanza en contraste con el lenguaje empleado por el niño más joven, que expresa sin circunloquios sus emociones y sus deseos. Ella Sharpe (Sharpe, 1940) ha mostrado que el empleo de la metáfora sobresale en el periodo de latencia y en la adolescencia; esta figura del lenguaje "aparece al mismo tiempo que el control de los orificios corporales. Las emociones que originalmente estaban acompañadas con descargas corporales encuentran vías sustitutivas". Una ganancia en la expresión artística compensa por la pérdida de la espontaneidad corporal.

Un adelanto en el darse cuenta de l vida social en el niño en periodo de latencia va aparejado con la separación de su pensamiento racional y su fantasía, con la separación de su conducta pública y privada -en pocas palabras con un sentido muy agudo de diferenciación. en esta diferenciación el niño valora las instituciones sociales normativas, tales como la educación, la escuela y el campo de juego, para un modelo valorativo que promueve una conducta más integrada.

Los muchachos y las muchachas muestran diferencias significativas en el desarrollo durante la latencia. Una regresión a niveles pregenitales como defensa al principio de la latencia parece ser más típica para el muchacho que para la muchacha. la proclividad regresiva del muchacho simboliza su desarrollo preadolescente. El hecho de que el muchacho abandone la fase edípica en forma más definitiva que la muchacha, hace que la primera parte de su periodo de latencia sea tormentosa. la muchacha, por el contrario, entra a este periodo con menos conflicto; en verdad preserva con un sentido de libertad algunos de los aspectos fálicos de su pasado preedípico. Greenacre (1950, a) opinó que "cierto grado de identificación bisexual ocurre en la mayoría de las muchachas durante alguna época del periodo de latencia, a menos que la muchacha o la niña permanezca casi en forma exclusiva bajo el dominio de sus deseos edípico". La niña entra en una situación más conflictiva durante los últimos años de su latencia, cuando sus impulsos instintivos aparecen y su superyo es inadecuado para hacer frente a la primera pubertad.
Las características generales de la latencia que he resumido están descritas en detalle en diferentes estudios psicoanalíticos del periodo de latencia (Friess, 1958), algunos con especial referencia a la selección de libros (Peller, 1958; Friedlander, 1942); al chiste (Wolfenstein, 1955); y al juego (Peller, 1954).

Un prerrequisito para entrar a la fase adolescente de la organización de los impulsos es la consolidación del periodo de latencia; de otro modo el niño púber experimenta una simple intensificación de sus deseos en la prelatencia y muestra una conducta infantil un tanto regresiva. En el trabajo analítico con adolescentes -principalmente con adolescentes jóvenes- cuyo periodo de latencia nunca fue adecuadamente establecido, acostumbramos iniciar el trabajo analítico con intervenciones educativas para poder obtener algunos logros esenciales del periodo de latencia.

Como el caso de un muchacho bien desarrollado de diez años que tenía dificultades en el aprendizaje, socialmente inadecuado y con un pensamiento un tanto bizarro, en forma abrupta la edad de diez años expresó el deseo de dormir en la cama de su madre y alejar al padre. las demandas para abrazarla y besarla se alternaban con el deseo de ser acariciado por la madre como si fuera un niño chiquito y que le permitiera sentarse en sus piernas. la madre tenía la tendencia de permitir estos deseos. Fue esencial al principio del análisis de este niño ayudar a la madre a desarrollar cierta resistencia hacia los avances de su hijo y enseñarla cómo frustrarlo, al mismo tiempo que le daba gratificaciones sustitutivas. El hecho de que la madre lo restringiera activamente en sus deseos edípicos influyó en la reacción de este niño en forma muy decisiva: reaccionó a las prohibiciones de la madre reprimiendo sus deseos edípicos y mostrando resignación. en forma compulsiva se ocupó de sus tareas escolares, llenando cuaderno tras cuaderno y revisando sus contestaciones continuamente. Esta conducta compulsiva le sirvió como defensa en contra de impulsos anales de venganza dirigidos a la madre frustrante; estos impulsos los pudo actuar en relación a las madres de sus compañeros de escuela. después de que en el tratamiento pudo elaborarse su conducta regresiva, apareció material edípico y angustia de castración que se hizo muy aparente a través de la negación, la proyección pensamiento confuso. los interés del muchacho cambiaron a temas de castración derivados fundamentalmente de la Biblia: el sacrificio del cordero macho en las festividades de la pascua Judía. El Señor que "sacrificará a todos los primogénitos en la tierra de Egipto", herodes degollando a todos los niños de Belén. Pensemos que sin el empleo de métodos educativos preparatorios al principio del análisis, el tratamiento de este muchacho hubiera sido dañado.

Los logros del periodo de latencia representan en verdad una precondición esencial para avanzar hacia la adolescencia y pueden resumirse como sigue: la inteligencia debe desarrollarse a través de una franca diferenciación entre el proceso primario y secundario del pensamiento y a través de una franca diferenciación entre el proceso primario y secundario del pensamiento y a través del empleo del juicio, la generalización y la lógica; la compresnión social, la empatía y los sentimientos de alttruismo deben dde haber adquirido una estabilidad considerable; la estatura física debe permitir independencia y control del ambiente; las funciones del yo deben haber adquirido una mayor resistencia a la regresión y a la desintegración bajo el impacto de situaciones de la vida cotidiana; la capacidad sintética del yo debe ser capaz de defender su integridad con menos ayuda del mundo externo. Estos logros en la latencia deben dar paso al aumento puberal en la energía instintiva. Si la nueva condición de la pubertad solamente refuerza los logros de la latencia, los cuales se llevaron a cabo bajo la influencia de la represión sexual, entonces, tal como lo ha dicho Anna Freud (1936), "el carácter del individuo durante el periodo de latencia se declara sí mismo para siempre". La inmadurez emocional será el resultado, tal como lo es siempre cuando una meta específica para una fase se pasa de lado tratando de aferrarse a los logros de la fase anterior del desarrollo.

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