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martes, 3 de marzo de 2009

Resumen del tema "Psicosis"

PSICOSIS

En la psicosis, el inconsciente está en la superficie: es conciente. El sujeto psicótico ignora el lenguaje que habla.

El desencadenamiento de la psicosis es muy simple: cuando aparece un padre en el lugar ese, que estuvo forcluido, cuando aparece una existencia. Son momentos de desencadenamiento cuando hay algo del lazo social que intenta escucharlo. Se habla de forclusión: eso que no fue fruto de significación, de afirmación primordial, de la metaforización, lo que no estuvo ordenado por ley, eso que queda excluido, cuando retorna de lo real, ya no de la realidad psíquica del sujeto, sino de lo real como algo exterior y el sujeto vive esto como algo extraño. El sujeto está martilizado lo que ocurre es que cuando la estructura edifica no puede sostener la ley desde el lugar y la función paterna, por que la relación entre el chico y la madre provoque un efecto de discordancia, que la madre no auspicia al padre y forcluye al significante paterno. La forclusión significa que se “……….. “ al sujeto como efecto del significante. Se forcluye la relación de un principio ordenador que implica la prohibición del incesto.

¿Dónde va a parar lo que se forcluye en lo simbólico? Va a parar a lo real. En el mismo acto en el que el sujeto se aliena constituyéndose como inconsciente, se puede decir por un lado que se constituye el sujeto y que por orden de la relación del sujeto con el lenguaje, en el discurso familiar, el sujeto queda forcluido de lo real.

El sujeto forcluye en lo real al padre que es forcluido de lo real, es empujado al orden del lenguaje; de ahí en más comienza el sufrimiento humano.

Si en el psicótico, desde lo simbólico está forcluido, rechaza, la función del padre, nos quedaría el nombre del padre borrado y se establece una relación diádica.
Sino resuelve en lo imaginario, porque no hay un padre real, se debe resolver en un más allá de lo imaginario, en el infinito; el sujeto tiende a la infinitización de su ser; no hay limites, no hay acotamiento del ser, no sabe quien es. Alucinación, clínica de frases interrumpibles, delirio, “…….”, son una manera de arreglárselas para suplir esta ausencia del padre; puede ser también el sinthome: asirse a un hacer.

La psicosis no tiene prehistoria, lo único que se encuentra es que cuando, en condiciones especiales algo aparece en el mundo exterior que no fue primitivamente simbolizado, el sujeto se encuentra absolutamente inerme.

Se produce algo cuya característica es estar absolutamente excluido del compromiso simbolizante de la neurosis y que se traduce en otro registro, por una verdadera reacción en cadena a nivel de lo imaginario.

El sujeto, por no poder en modo alguno reestablecer el pacto del sujeto con el otro, por no poder realizar mediación simbólica alguna entre lo nuevo y él mismo, entra en otro modo de mediación, completamente diferente del primero, que sustituye la mediación simbólica por un popular, una proliferación imaginaria.
Podemos distinguir 2 tipos de fenómenos: las personas del silencio y los fenómenos de la palabra.

La alucinación es el fenómeno del silencio por excelencia. El sujeto alucinado es el sujeto que esta extasiado frente a lo que ve, por lo tanto necesita de la palabra, se aísla y se disocia, está anclado en el silencio, fascinado. La alucinación es una fascinación de lo real.

Cuando el sujeto se constituye, hay algo de las huellas anémicas que queda fuera de la represión originaria; eso puede retornar desde lo real como algo ajeno; le retorna como algo que no fue fruto de significación, que paso por la vía de la percepción, pero fuera de la apercepción, fuera de la significación. La alucinación define esencialmente la enfermedad del sujeto secuestrado del lenguaje, de la palabra. No es la ilusión, la remitencia de las idea, deliroides del obsesivo.
Alucinación es sobre-agregar al mismo campo receptivo, un objeto que es mas bien una puesta en escena del interior del sujeto. Es el fenómeno esencial. Los demás aparecen como intentos de curación.

Por otro lado hablamos de fenómenos elementales de la palabra: el delirio y la “……..”.
Con respecto al 1º, lo que hace el psicótico es una versión del padre. Trata de hacer una nueva versión del padre que no tuvo. Lo construye a través de una suplencia, suplencia de un lugar vacante en lo simbólico, estructurándolo, intentando curarse sol. El psicótico necesita del terapeuta como garante de su delirio e intenta deglutirlo en dicho delirio; lo que no debe hacer el analista es discutirle el delirio. El delirio es un juicio de atribución (a una existencia), es patológico y falseada, hay una perdida de la realidad. Es un punto de predicación que puede distorsionar la percepción del sujeto.

Hay una distorsión que significa un fenómeno de ilusión, de alucinación, o de pseudo alucinación. Para Freud, el delirio es un intento de curarse, una defensa ante la alucinación. Es un intento de restitución de lo que el sujeto perdió o no tuvo como realidad. Puede aparecer en forma de frases interrumpidas, en las que no esta completo para el otro lo que escucha, y donde a lo mejor el sujeto si lo ha completado en su cabeza. Allí el silencio se va colando y no adquiere una oración de significación total. Es una modalidad de ponerle límite al goce, al sufrimiento. La holofrase pude aparecer en aquellos discursos de frases interrumpidas. Esta tiene que ver con el significante que esta en juego en la neurosis, el significante uniano, único como punto de idealización, fundamento de toda causa. Se trata de la unión de pedazos de otras palabras que para el sujeto no significan nada; se puede recuperar aquella cadena cortada que quedo anclada en una frase o palabra, y descubrir su significación.

Lo ideal es “……….” La cura del psicótico en una dirección de la holofrase al delirio, del delirio al síntoma.

Se distinguen 4 modalidades de psicosis que detallaremos a continuación.

Paranoia
En esta enfermedad la relación del sujeto con el mundo es una relación en espejo.
El mundo del sujeto consistirá esencialmente en la relación con ese ver que para él es el otro, el mismo Dios.
En la formación “……….…” de la paranoia es llamativo aquello que merece el titulo de proyección.

Una percepción interna es sofocada y como sustituto de ella adviene a la conciencia su contenido, luego de experimentar cierta desfiguración, como una percepción desde afuera. Hay delirio de persecución que consiste en una desfiguración gracias a una mudanza de afecto. Hay una retirada de la libido del interés sexual. El carácter paranoico para Freud reside es que para defenderse de una fantasía de deseo homosexual se reacciona con un delirio de persecución. Son característicos el conflicto patológico, la defensa frente al deseo homosexual y el fracaso en el dominio sobre lo homosexual reforzado desde lo inconsciente.
El núcleo del conflicto en la paranoia del varón es la “………..” de la fantasía del deseo homosexual, amor al varón. Todas las formas principales de la paranoia pueden figurarse como contradicciones a una frase: “Yo (varón) lo amo (a un varón)”. El delirio de persecución, proclamado en voz alta consiste en: “Yo no lo amo-pues yo lo odio”.

Otro punto de arranque para la contradicción lo registra la erotomanía: “Yo no lo amo-pues yo la amo”; y la compulsión a proyectar imprime en la frase esta mudanza: “Yo no tono que ella me ama”. La ultima variedad de contradicción seria el delirio de los celos: “No yo amo al varón-es ella quien lo ama”. El delirio de los celos contradice al sujeto, el delirio de persecución al verbo, y la erotomanía al objeto. Hay una cuarta variedad de desautorización: “Yo no amo en absoluto y no amo a nadie” hay aquí una sobre estimación sexual del yo propio.

Al paranoico, se le presentan visiones de una naturaleza en parte horrorosa, en parte totalmente grandiosa, la convicción sobre una gran catástrofe, un sepultamiento: el fin del mundo. Este sepultamiento constituye la proyección de la catástrofe interior: su mundo subjetivo se ha sepultado desde que él le ha sustraído su amor. El enfermo ha sustraído de las personas de su entorno y del mundo exterior en general la investidura libidinal que hasta entonces les había dirigido. Con ello todo se ha vuelto indiferente. Él edifica todo esto “……....” por medio del delirio. Lo que nosotros consideramos la producción patológica, la formación delirante, es en realidad, el intento de reestablecimiento, la reconstrucción. El proceso de represión propiamente dicha consiste en este desasimiento de la libido de todo lo amado antes, pero es un proceso mudo: no se percibe, solo se infiere a partir de ciertos procesos.

La paranoia se distingue de las demás psicosis por que se caracteriza por el desarrollo insidioso de causas internas y de un sistema delirante, duradero e imposible quebrantar, que se instala con una conservación completa de la claridad y el orden en el pensamiento, la volición, y la acción. Su punto de partida es un elemento emocional de la vida del sujeto, una crisis vital que tiene que ver con sus relaciones externas (ya que constituye un delirio de relaciones, la significación del delirio según Lacan).

La “……….” Delirante es un fenómeno pleno que hará para el sujeto un carácter inundante, que lo colma. Le revela una perspectiva nueva cuyo sello original, es la lengua fundamental a la que su experiencia lo introdujo: la palabra es el alma de la situación.
El conocimiento paranoico es un conocimiento instalado en la realidad de los celos, en el curso de la identificación del estadio del espejo: es la base de rivalidad y competencia, lo que es superado en la palabra: la palabra es siempre pacto.
El fundamento mismo de la estructura paranoica es que el sujeto comprendió algo que él mismo formula, a saber que algo adquirió forma de palabra y habla. El paranoico testimonia acerca de la estructura de ese que habla al sujeto (el otro y la psicosis-Lacan).

ESQUIZOFRENIA

El esquizofrénico es esencialmente. Si habla es para ironizar. Su delirio no es sistematizado.

En la esquizofrenia el sujeto queda fuera del lenguaje, es un intento de volver a la etapa anterior a la de ser capturado en el lenguaje. El fenómeno elemental del silencio (alucinación) es el que usa el esquizofrénico; es el mecanismo esencial del esquizofrénico. La esquizofrenia en su máxima potencia es la catatonia, el autismo, la disociación fundamental, es la no relación socia. Esta allí con su cuerpo, puede llegar hasta la imagen y morirse por ello.

El esquizofrénico tiende a ubicarse en el lugar de Dios y en este caso no necesita hablar con nadie; por que el es TODO, el gran Otro, no es del lenguaje, no es simbólico, sino real. Esta allí, se ubica al lado del Gran Otro Real. Él al no estar dividido y al no tener la posibilidad fantasmática de relacionarse con los objetos se lo hacer real; la fantasía y el fantasma en lo real es la alucinación; aparece como visión o como algo que le es extraño. El sujeto esta sujetado a esta, capturado, raptado y secuestrado.

Esta hastiado, hipnotizado por aquello que le sobreviene: queda si palabras. Es aquel que sus palabras queda desconectada, el típico fenómeno de la esquizofrenia. Estos sujetos pueden llegar a la muerte sino hay algo que los cuide, los alimente, etc.

Para Lacan, la esquizofrenia es una dispersión de lo significante que representan al sujeto, que podemos atribuir al tipo de opacidad del significante binario. No hay represión sino forclusión.

Para el sujeto, es el cuerpo de lo simbólico que hace a un organismo un cuerpo de sujeto que se incorpora al organismo. El esquizofrénico se consagra, se “………..”. él se conecta con el cuerpo; cuando este cuerpo es tomado en lo simbólico, cuando incorpora lo simbólico, esa captura tiene un efecto sobre su goce. El goce retorna al cuerpo. Por ella, la esquizofrenia se deja ubicar en relación al discurso como no entrando en el; un discurso necesita de una impotencia, como Lacan dice, definida por la barrera del goce, que fue franqueada. El cuerpo esquizofrénico, aparece como consecuencia de una dialéctica desviada del sujeto, de una dialéctica en la que un significante esencial es forcluido. Aquí la libido-órgano es la clave de la separación en “posición del inconsciente”. La libido es la parte del organismo de la cual el sujeto se desliga en el momento de su separación; la separación en juego no es con el objeto: es la función por la cual el sujeto operando con su propia falta, se engendra así mismo. Al ser la metáfora paterna el principio de la separación, el fracaso de la metáfora paterna, se traduce por el fracaso de la operación de separación. Esta operación restaura la perdida original del sujeto. En la esquizofrenia no hay relación sexual, y ello debido al hecho de que un “……… …….. …………” que es el lenguaje y “…….. …… ….. “ es así mismo lo que para su cuerpo hace de órgano; órgano que, por así ex-sistirle, lo “……….” Con su función y ello antes de que la encuentre. Por eso incluso es reducido a encontrar que su cuerpo no deja de ser otros órganos y que la función de cada uno se le vuelve problema; el dicho esquizofrénico se especifica por quedar atrapado de ningún discurso establecido.
Hablamos de una significación generalizada del cuerpo; el paso de los órganos al significante es lo que, faltando su localización como castración sobre el falo (falo que significándose se separa de la realidad corporal, lo que constituye la castración) es lo que se denomina esquizofrenia.

MELANCOLIA

Para Freud, la melancolía se singulariza en lo anímico por una desazón profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amor, la inhibición de toda productividad y *……….*
en el sentimiento de sí que se exterioriza en auto reproches y auto denigraciones, llegando a una delirante expectativa de castigo. El mundo se ha hecho pobre y vació, lo cual también le ocurre al yo. Se hablaría de una pérdida de naturaleza más bien ideal: el objeto ha sido perdido como objeto de amor. Se trata de una perdida de objeto sustraída de la conciencia.

Hay en el melancólico una acusiante franqueza que se complace en el desnudamiento del si mismo. No importa si lo que dice o no, sino que interesa que el sujeto esta describiendo su situación psicológica. Ha perdido el respeto sobre si mismo.
Ha sufrido una perdida de objeto, pero en realidad en sus declaraciones surge una perdida en su yo.

Hay una parte del yo que se contrapone a la otra y la toma por objeto. La sombra del objeto perdido recae sobre una parte del yo y se opone al resto.
Lo que aquí se nos da a conocer es una conciencia moral, junto a la censura de conciencia y al examen de realidad.

Con respecto a los auto reproches, son verdaderas querellas; en realidad todo lo que dicen de sí mismos en el fondo lo dicen de otro, por lo cual no existe la vergüenza.
El proceso fue: hubo una ligadura a una persona, por un desengaño de parte de la misma, sobrevino un sacudimiento del vínculo de objeto. El resultado no fue quitar la libido del objeto y colocarla en otro, sino que esta se retiro sobre el yo.

La investidura de amor del melancólico en relación con su objeto ha experimentado un destino doble; una parte ha regresado a la identificación, otra, bajo la influencia del conflicto de ambivalencia ha sido trasladada hacia la etapa del sadismo, el mal revela el enigma de la “…………” al suicidio por parte del melancólico.
El yo solo puede darse muerte si en virtud del retroceso de la investidura de objeto, puede tratarse así mismo como objeto y dirigir contra si esa hostilidad.
Lacan habla de la melancolía como u deseo sin causa; solo hay una demanda del Otro; el otro lo quiere manipular, le exige reubicarse en la realidad. Esta es la formula de la pulsión.

El acto melancólico es una huida de la relación con los otros, es una perdida de la realidad. Si tratamos de pensar la estructura psíquica y sus modalidades de respuestas frente a los intentos de apresamiento que el sufrimiento y la muerte intentan con respecto al sujeto (es decir, los apresamientos del goce) tendremos que decir que el melancólico no es un sujeto del deseo, es un sujeto sujetado a las parcialidades y acotamientos del goce. Juega frente a esto, que lo quiere llevar a la muerte por medio de mecanismos que acotan, condensan, delimitan modos de estabilización frente al goce y al sufrimiento.

Al ser un sujeto que no puede hacer una relación de deseo con el objeto, se identifica con el objeto desechable, y cae (se suicida) por que queda allí el objeto excluyendo al sujeto como tal.

El sujeto sujetado a una ser querido, que no se diferencia del otro, puede llegar a querer sucumbir junto al otro.

Para Lacan, la melancolía es un polo irreductible en la psicosis; esta marcado como sujeto a la muerte. El sujeto enferma por identificarse con lo que no tiene valor. No es punto de idealización, no es ideal del yo.

MANIA

No tiene contenido diverso de la melancolía. El yo sucumbe a la melancolía y en la manía lo ha dominado y hecho a un lado. En la manía entra en juego el influjo externo por el cual un gasto psíquico grande mantenido por largo tiempo se vuelve por fin superflo. La manía es triunfo, quedando oculto para el yo eso que ha vencido y sobre lo cual triunfa. El yo vence la perdida de objeto y queda disponible el monto de contra investidura que el sufrimiento dolido de la melancolía había atraído sobre si, y había ligado, el cual se dirige vorazmente ala búsqueda de nuevas investiduras de objeto.

En la manía, el ideal del yo se disuelve temporaria mente en el yo, después de que lo rigió antes con particular severidad. El maniaco es un talante triunfal y de auto arrobamiento que ninguna autocrítica perturba, puede regocijarse por la ausencia de inhibiciones, miramientos y auto reproches.

El sujeto maniaco es el que habla muchas cosas con o sin sentido, pero habla y habla sin poder para. Hace, hace, hace, sin parar. No tiene límites. Está en el acto, negando toda posibilidad de inconsciente, por eso es que el acto se opone al inconsciente.

El maniaco cree que puede hacer lo que para otros es imposible: Ej
- meterse en el mar en un día muy feo, creyendo que va a poder volver.
- creer que puede volar y se larga.

Repite estos actos que lo ponen al borde de la muerte, hasta que una de esas efectivamente se muere.

No piensan en las consecuencias.

Entonces, la manía es un intento de defensa frente al acto, para que el acto se produzca y no que él se lo produzca, pero va hacia la muerte. Que un OTRO REAL lo mate y no que él se produzca el acto.


PERVERSIÓN

El problema de la perversión, fue largamente tratado por Freud a través de una serie de artículos.

“La escisión del yo en el proceso defensivo”.

“Fetichismo”.

“La organización genital infantil…
y todos los casos que se presentan como homosexualidad femenina o masculina que aparecen en su obra.

Marcaremos algunas diferencias entre lo que es perversión homosexual y homosexualidad.

La homosexualidad desde el punto de vista de Freud es un síntoma, pero ¿Qué fantasma lo sostiene?

El problema es pensar como se estructura el fantasma. El perverso va en dirección a su objeto, pero se puede desviar del objeto.

¿Qué pasa con su fantasma? ¿Que pasa que puede desplazar el objeto sexual?
¿Por qué puede ser para él excitante el zapato una mujer y no sus genitales?
La perversión ha servido primeramente para reconocer y describir ciertas formas de desviación del instinto sexual con respecto a una norma:

La norma es:
ACCESO AL ORGASMO POR PENETRACIÓN GENITAL CON UNA PERSONA DEL SEXO OPUESTO.
Esta ley de la prohibición del incesto implícita. Sobre la base de tal definición, ha sido posible describir las conductas que se apartan de ella.

Son entre otras:
Pedofilia, Bestialidad, Sodomía y los casos en que la excitación sexual y el acceso al orgasmo se hallan sometidos a ciertas condiciones rituales: Fetichismo, Travestismo, Voyeurismo, exhibicionismo, Sado-masoquismo.

Rasgos y estructuras de perversión
Como rasgos de perversión, Freud define a la homosexualidad como síntoma, dado que se puede presentar tanto en la neurosis como en la psicosis. Y seria un efecto, como acto, de renegar la diferencia sexual anatómica de la siguiente manera:
En la neurosis el niño tiene su primer encontronazo con la diferencia sexual anatómica al descubrir que no hay pene en las niñas, ni en la madre y por lo tanto queda inmediatamente ubicado en que hay quienes no tienen y existiría la posibilidad de perderlo; esta es la amenaza de castración que produce angustia.

¿Qué salida se le da al castración?
O bien se reprime y la ley de diferencia de los sexos aparecería como efecto producto de la ley paterna “No te acostaras con tu madre” y entonces aquí hay una asunción de la ley de prohibición del incesto y por lo tanto una aceptación de que este representante de la ley –el padre- puede ser una figura castradora en términos de que puede obturar con ese acto castrador, la posibilidad de que se realice lo que está prohibido; y entonces reprime y en este juego de identificaciones puede luego posponer para elegir a alguien del otro sexo, aceptando la diferencia (que no sea ni mama ni papa) estructurando su fantasma que seria el sujeto dividido deseando en los semblantes del objeto las características que pudieron significar las figuras parentales esenciales, pero no a ellos como tal.

Por eso cuando encuentra en el otro algo, se encuentra con los limites que eso significa, no puede actuar el Edipo.

O bien con un intento de oponerse al inconsciente que como reprimido esta sosteniendo que al haber represión hubo diferencia sexual anatómica y una aceptación de la ley-el deseo circula, por que puede desear incluso lo prohibido. Si descansa en la neurosis, en el acto homosexual el sujeto ocupa el lugar (por ejemplo varón) de mujer y por lo tanto elige la mujer con pene.

Es decir de esta manera niega o reniega la diferencia sexual anatómica.
El efecto es: no hay diferencia. Tiene pene y aquel que esta en posición pasiva, también lo tiene, o a la inversa porque es intercambiable el acto homosexual.

Hay que poder diferenciar también en la neurosis, cuando se asienta esta homosexualidad que es actuada, por que puede estar ligada a actos perversos hasta llevar a algunos de ellos a la muerte.

En este caso, para arreglárselas con la angustia y con lo que esta represión significa, se plantea como síntoma.

Fuente: un compañero por mail

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martes, 17 de febrero de 2009

Bolilla 1 Psicopatología I (Resumen)

Nos mandaron por mail un resumen de la bolilla 1 de Psicopato, la subimos para todos, esperamos que les sea útil

FUNDAMENTOS CIENTÍFICOS DE LA PSICOPATOLOGÍA.

Desde la filosofía se plantea la pregunta ¿Qué es lo original en el ser humano?. Ante esto surgen dos respuestas:
1)NATURALEZA BIOLÓGICA ORIGINAL.
2)ÍNDOLE NATURAL HUMANA ORIGIANL.

1)NATURALEZA BIOLÓGICA ORIGINAL: es lo biológico en el hombre, lo que lo emparenta como ser de la naturaleza, vinculado al mundo animal. Se refiere al cuerpo biológico.
2)INDOLE NATURAL HUMANA ORIGINAL: se refiere a que hay algo en el hombre que lo hace distinto al resto de los seres vivos, que lo aleja del mundo animal. Eso que lo distingue es el ser humano como ser social, ser del lenguaje.


1) Desde la psiquiatría clásica, se va a explicar las enfermedades mentales desde la NATURALEZ BIOLOGICA, es decir, desde todo lo que tenga que ver con lo biológico. Entonces se plantea que para cada enfermedad psíquica existe un correlato orgánico (isomorfismo mente- cuerpo). Desde esta concepción NO SE HACE UN DIAGNÓSTICO ESTRUCTURAL que diferencie entre ESPECIES NOSOLÓGICAS (Neurosis, psicosis y perversión) ni entre TIPOS NOSOGRÁFICOS (histeria, fobia u obsesión- esquizofrenia, manía, melancolía, paranoia).

(a las especies nosológicas suele llamárseles también estructuras y a los tipos nosográficos se los puede llamar estructuras sintomáticas o modo de presentación fenoménica o modo de presentación sintomática, lo importante es que entiendas y puedas diferenciar que una se refiere a la estructura base (neurosis, psicosis y perversión) y el otro al modo en que se presentan los síntomas, que es desde ahí, desde lo que observas, que vas a poder establecer un diagnóstico en un paciente (dentro de neurosis: histeria, fobia u obsesión- dentro de psicosis: esquizofrenia, manía, melancolía, paranoia).

Siguiendo con la psiquiatría clásica (clínica semiológica psiquiátrica), dijimos que no hacen un diagnóstico estructural, ya que solo describen los síntomas, y conciben a la enfermedad como un proceso gradual, como una cuestión de grado que va de más a menos enfermedad, según que tipos de síntomas se presenten y en que cantidad. Es decir que por ejemplo, la histeria sería no tan grave, y si aparecen más síntomas como alucinación, ya sería psicosis, pero siempre como un proceso, que va de lo menos a lo mas enfermo.

La psiquiatría clásica se maneja con el DSM IV, ahí en donde se postulan cuales son los síntomas que se presentan en cada enfermedad. Se hace como un inventario de síntomas y de ahí se dice: “bueno, si aparece esto, es porque hay tal cosa”. Describen los síntomas, hablan de fenómenos sintomáticos y se limitan a describirlos.


2) En cambio, se plantea la psicopatología estructural, apoyada en el psicoanálisis. Freud y Lacan retoman la pregunta planteada por la filosofía y dicen: “si lo original en el hombre, aquello que lo diferencia de los animales, que lo aleja de lo biológico para darle especificidad humana es que el ser humano es un ser social, quiere decir que aquello que lo hace diferente es el LENGUAJE. Entonces se plantea el psicoanálisis (clínica diferencial psicoanalítica). Se comienza a pensar en el hombre como ser del lenguaje. Estos autores comienzan a hablar de enfermedades que son específicas de los hombres, que no se dan en los animales, por lo cual, la causa de estas enfermedades no puede ser lo biológico sino la palabra (por ejemplo, en las histéricas suele aparecer la ceguera de un ojo, ven de uno pero del otro no, esto es inexplicable desde lo biológico, no se da en los animales). Se empieza a pensar en la palabra como capaz de producir efectos en el hombre, como capaz de enfermar o curar.

Se plantea que el hombre es por excelencia un ser del lenguaje, desde antes que nazca ya se le está hablando. El lenguaje le preexiste desde la cultura y cuando el niño nace, a travez del lenguaje se lo lanza a la cultura.

Cuando el niño nace en CUERPO BIOLÓGICO, CUERPO ORGÁNICO (causalidad biológica), que a través de lo que la familia le habla, de que le dicen, como se lo dicen y quién se lo dicen, le van delimitando espacios de placer y sufrimiento, le van marcando lo aceptable y lo prohibido, le van planteando ideales con los que el niño se identifica. Es así como su cuerpo es cargado de significaciones. Estas significaciones son dadas desde otro, para que el niño pueda significarse es necesario otro que venga, le hable, le signifique experiencias, lo lance al mundo de lo simbólico, de lo contrario quedaría siempre como biológico. Estas significaciones van marcando el psiquismo del chico. Entonces, el niño se trasforma desde un CUERPO BIOLOGICO a un CUERPO PSÍQUICO, CUERPO ERÓGENO (la representación psíquica, en la psiquis, del cuerpo biológico). (CAUSALIDAD PSÍQUICA)

El niño, a través de las palabras del otro pasa de ser un cuerpo biológico, a un yo placer (yo ideal, CUERPO ERÓGENO) y luego a ideal del yo (aquello que la flia. marco como lo deseable, con lo cual el niño se identifica y lo va a buscar durante toda su vida).

Lo que sale en el programa como: biología, conducta, conciencia, inconciente.

¿Espacio de intersección o encrucijada?, se refiere a las distintas respuestas que se dieron desde la psicología respecto a que era lo original en el hombre:
a)La biología propone como obj. de estudio la conducta (acá surgen todas las teorías del conductismo, que se basan en isomorfismo mente- cuerpo).
b)La filosofía dice que lo específico del hombre es la razón, por lo cual propone como obj. de estudio la conciencia.
c)Las teorías mecanicistas dicen que lo original en el hombre es la acción, cuyo resultado es el comportamiento. Por lo cual proponen como obj. de estudio al comportamiento.
d)Y el psicoanálisis dice que lo original en el hombre, es el lenguaje, y por lo tanto el ICC. ya que el ICC. se estructura como lenguaje.

Desde estas respuestas surgen las distintas teorías psicológicas, cada una con su objeto de estudio, sus métodos, teorías y técnicas.
Se dice que el psicoanálisis puede ser un espacio de intersección entre estas distintas respuestas, ya que aborda todas las respuestas (conducta, lo biológico, el comportamiento, la CC y lo ICC)


Problemática del sujeto- objeto:
Acá se abarcan las concepciones que se tienen desde la psiquiatría clásica y desde el psicoanálisis se tienen respecto al sujeto y al objeto.
SUJETO:
Psiquiatría clásica:

Es CC, es el “yo como síntesis ilusoria”, el je del estadio del espejo, es cuando te mirás al espejo y decís “soy yo este que está acá”, lo cual es mentira, por que en esa imagen que te reconocés hay algo que desconés que tiene que ver con la parte icc.
En la psiquiatría clásica se considera que el sujeto es siempre cc, es ese que se mira y se reconoce, es el sujeto del enunciado, el yo formal. Desde esa concepción se basan para hablar de las enfermedades buscando causas orgánicas. No existiría nada como como una determinación icc, ya que el sujeto no es dividido sino cc.

Psicopatología estructural:
El sujeto es un sujeto divido: icc- prcc- cc.
Cuando se mira al espejo y se reconoce en realidad se desconoce, ya que hay una parte de él que no conoce y que sin embrago habla por encima de él. Es lo icc que determina, que se expresa en el síntoma, en el lapsus, en los sueños, etc.
Es el moi, lo cual quiere decir que hay una parte desconocida que remite al icc.

OBJETO
Psiquiatría clásica:

El objeto va a ser conocido por el sujeto, no lo va a determinar. Es algo objetivo que está ahí afuera y al cual el sujeto puede acceder y conocer

Psicopatología estructural:
El objeto desde la psicopato estructural va a ser siempre un obj. perdido, un obj “a”, que va a introducir al sujeto a la dialéctica del deseo y lo va a lanzar a su búsqueda en la vida. El sujeto cada vez que se encuentre con un objeto, no va a ser ese objeto perdido, ya que esto es imposible, por que el obj primero es siempre perdido. El sujeto se va a relacionar y va a amar a los semblantes de aquel primer obj.
Además, este primer objeto va a ser el significante unario (S1), el primer siginifcante que va a significar al sujeto, que le va a dar sentido y lo va a introducir en el campo del simbolismo. Pero nunca el S1 va a significar a este sujeto (S2) en forma completa, sino que siempre va a dejar algo que desear, algo sin completar, esto “a” que arroja al sujeto a la vida. ( se refiere a que la mamá, que va a ser el primer significante que significa al niño y le comienza a hablar, nunca lo va a significar en forma completa, es decir que en algún momento va a salir de la primer momento del Edipo en donde el niño era su deseo y ella era el deseo del niño, y le va a mostrar a este niño que hay algo más allá de él, por lo cual la madre se constituye como objeto perdido, que deja algo sin satisfacer, deja el semblante del objeto, que va a lanzar el niño a la búsqueda y a la vida)



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jueves, 7 de agosto de 2008

Parcial de Psicopatología II


El profe Argañaráz es tan bueno que nos puso modelos de preguntas en el aulavirtual para que pensemos para el parcial. Nos sumamos a eso y las subimos al blog.

¿Cual o cuales son los errores mas frecuentes en el uso de la estadística en Psicopatología?

¿Cual es el problema con las “entidades inobservables” en Psicopatología?

¿Qué le sucede - qué dice el Sr. Primeau que le sucede - con su ‘personalidad’?

¿Que ‘núcleo de verdad’ habría en el delirio de Schreber sobre que querían castrarlo?

¿ Qué de “esquizofrenia paranoide” (según el CIE 10) encuentra en Primeau?

¿Cual es el principal aporte de Falret a la doctrina de la enfermedad?

Diferencie Trastorno y Enfermedad en el caso de la Personalidad Múltiple.

¿Qué intenta averiguar Lacan sobre ‘el empuje a la mujer’ durante su conversación con Primeau?

¿Sería una ‘depresión’ lo que sufrió Schreber luego de ser derrotado en las elecciones?

Según el texto de Pichon Riviére:¿ cuales son los tres períodos en que puede dividirse la evolución histórica de la psicosis maníaco depresiva?

Según el texto de P. Riviére, la teoría de qué autor del siglo XIX es aclarada , hoy en día en sus fundamentos, por el psicoanálisis.

¿ Porqué Lacan descalifica el diagnostico de la Sra C como 'bipolar' o maníaco depresiva?

Según Ruth Mack Brunswick, ¿ que relevancia tiene, en el análisis del hombre de los lobos, el sueño de los iconos?.

En el texto de R. M. Brunswick, que se encuentra presente en el hombre de los lobos: empuje a La Mujer?, homosexualidad? Identificación con la madre?.

Que diagnóstico puede hacerse según el CIE 10 en el caso de la Sra. C. y cual en la autobiografía presentada por Krafft-Ebing?


Fuente: Aulavirtual

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martes, 5 de agosto de 2008

La Entrevista Psicológica - Bleger (Resumen)

La entrevista es un instrumento o técnica fundamental del método clínico y es un procedimiento de investigación científica de la psicología. Tiene sus propios procedimientos o reglas empíricas con las cuales no sólo se amplía y se verifica el conocimiento científico, sino que al mismo tiempo se aplica. Identifica o hace confluir en el psicólogo las funciones de investigador o de profesional, ya que la técnica es el punto de interacción entre las ciencias y las necesidades prácticas; es así que la entrevista logra la aplicación de conocimientos científicos y al mismo tiempo obtiene o posibilita llevar la vida diaria del ser humano al nivel del conocimiento y la elaboración científica. Se incluye la técnica y la teoría de la técnica en la entrevista psicológica.
La entrevista puede ser de dos tipos fundamentales:
Entrevista cerrada: las preguntas ya están previstas, tienen un orden y una forma de ser planteadas que no pueden ser modificadas por el entrevistador. Es en realidad un cuestionario.
Entrevista abierta: el entrevistador tiene amplia libertad para las preguntas o para las intervenciones permitiendo toda la flexibilidad necesaria para cada caso particular. Hay una flexibilidad que permite que el entrevistado configure el campo de la entrevista según su estructura psicológica particular, o dicho de otra manera, que el campo de la entrevista se configure al máximo posible por las variables que dependen de la personalidad del entrevistado.
Considerada de esta manera, la entrevista abierta posibilita una investigación más amplia y profunda de la personalidad del entrevistado, mientras que la cerrada puede permitir una mejor comparación sistemática de datos.

Entrevista, consulta y anamnesis
La consulta consiste en la solicitud de asistencia técnica o profesional, la que puede ser prestada o satisfecha de múltiples formas, una de las cuales puede ser la entrevista. Consulta no es sinónimo de entrevista, porque esta última es sólo uno de los procedimientos con los que el profesional puede atender la consulta.
La entrevista no es una anamnesis. La anamnesis implica recopilación de datos previstos, de tal extensión y detalle, que permita obtener una síntesis tanto de la situación presente como de la historia de un individuo, de su enfermedad y de su salud. La preocupación y la finalidad residen en la recopilación de datos y el paciente queda reducido a un mediador entre su enfermedad, su vida y sus datos por un lado y el médico por el otro.
La entrevista psicológica es una relación de índole particular que se establece entre dos o más personas. Lo específico de esta relación es que uno de los integrantes es un técnico de la psicología que debe actuar ese rol, y el otro necesita de su intervención técnica. Consiste en una relación humana en la cual uno de sus integrantes debe tratar de saber que es lo que esta pasando en la misma y debe actuar según este conocimiento. La regla básica ya no consiste en obtener datos completos de la vida total de una persona, sino de su comportamiento total en el curso de la entrevista. Este comportamiento total incluye lo que recogeremos escuchando, vivenciando y observando, de tal manera que quedan incluídas las 3 áreas del comportamiento del entrevistado.

La entrevista como campo
En la entrevista tenemos configurado un campo, es decir que entre los participantes se estructura una relación de la cual depende todo lo que en ella acontece. Se podría decir que el entrevistador controla la entrevista, pero que quien la dirige es el entrevistado. La relación entre ambos delimita y determina el campo de la entrevista y todo lo que en ella acontece, pero el entrevistador debe permitir que el campo de la relación interpersonal sea predominantemente establecido y configurado por el.
Ninguna situación puede lograr la emergencia de la totalidad del repertorio de conductas de una persona, y por lo tanto, ninguna entrevista puede agotar la personalidad del paciente, sino solo un segmento de la misma.
Para obtener el campo particular de la entrevista que hemos reseñado, debemos contar con un encuadre fijo, que consista en una transformación de cierto conjunto de variables en constantes. Dentro de este encuadre se incluyen, no sólo la actitud técnica y el rol del entrevistador sino también los objetivos y el lugar y el tiempo de la entrevista. El encuadre funciona como una especie de estandarización de la situación, estímulo que ofrecemos al entrevistado pretendiendo, no que deje de actuar como estímulo para el, sino que deje de oscilar como variable para el entrevistador. Si el encuadre se modifica (p.ej: porque la entrevista se realiza en un sitio diferente), esta modificación tiene que ser considerada como una variable sujeta a la observación tanto como lo es el mismo entrevistado.

Concordancias y divergencias con la anamnesis
En la anamnesis se opera con el supuesto de que el consultante conoce su vida y está capacitado para dar datos sobre la misma, mientras que el supuesto de la entrevista es el de que cada ser humano tiene organizada una historia de su vida y un esquema de su presente, y de ellos tenemos que deducir lo que no sabe. En segundo lugar, lo que no nos puede dar como conocimiento explícito se nos ofrece o emerge a través de su comportamiento no verbal; y éste último puede informar sobre su historia y su presente en grados muy variables de coincidencia o contradicción con lo que verbal y conscientemente expresa. Por otra parte, además, en distintas entrevistas el entrevistado puede ofrecernos distintas historias o diferentes esquemas de su vida presente, que guardarán entre sí relación de complementación o de contradicción.
Las disociaciones y contradicciones que observamos, corresponden a disociaciones y contradicciones de la personalidad misma, y la entrevista, al reflejarlas, nos permite trabajar sobre ellas en el transcurso mismo.
Cuando se entrevista a los distintos integrantes de un grupo o institución estas divergencias y contradicciones son mucho más frecuentes y notorias, y constituyen datos muy importantes sobre cómo cada uno de sus miembros tiene organizado en la misma realidad un campo psicológico que le es específico.
La entrevista no consiste en aplicar consignas sino en investigar en la personalidad del entrevistado a la vez que en nuestras teorías y nuestros propios instrumentos de trabajo.

El observador participante
En la entrevista el entrevistador forma parte del campo, es decir, en cierta medida condiciona los fenómenos que él mismo va a registrar. Se plantea entonces el interrogante de la validez que pueden tener los datos recogidos en estas condiciones.
La máxima objetividad que podemos lograr, sólo se alcanza cuando se incorpora al sujeto observador como una de las variables del campo. Si el observador está condicionando el fenómeno que observa, se puede objetar que en tal caso no estamos estudiando el fenómeno tal cual es, sino en relación con nuestra presencia, con lo cual ya no se hace una observación en condiciones naturales.
Pero las condiciones naturales de la conducta humana son las condiciones humanas... toda conducta se da siempre en un contexto de vínculos y relaciones humanas y la entrevista no es una distorsión de las pretendidas condiciones naturales, sino todo lo contrario: la entrevista es la situación natural en que se da el fenómeno que nos interesa justamente estudiar: el fenómeno psicológico.

Entrevista e investigación
La entrevista es un campo de trabajo en el cual se investiga la conducta y la personalidad de seres humanos. Una entrevista tiene su clave fundamental en la investigación que se realiza en su decurso. Las observaciones que se registran en la misma, lo son siempre en función de hipótesis que va emitiendo el observador. La forma de observar bien es la de ir formulando hipótesis mientras se observa, y en el curso de la entrevista verificar y rectificar las hipótesis previas.
El pensar sobre lo que se está haciendo debe intervenir en todas las acciones humanas, y cuando esto se realiza sistemáticamente en un campo de trabajo definido, sometido a verificación lo que se ha pensado, se está realizando una investigación.

El grupo de la entrevista
Entrevistador y entrevistado constituyen un grupo, es decir, un conjunto o una totalidad. Se diferencia de otros grupos más generales, en que uno de sus integrantes asume un rol especifico y tiende a cumplir determinados objetivos.
La interdependencia e interrelación, el condicionamiento recíproco de sus respectivas conductas, se realiza a través del proceso de la comunicación, entendiéndose por tal, el hecho de que la conducta de uno (consciente o no) actúa (en forma intencionada o no) con estímulo para la conducta del otro, y a su vez, ésta reactúa en calidad de estimulo para las manifestaciones del primero. En este proceso la palabra juega un rol de enorme gravitación, pero interviene también activamente la comunicación preverbal: gestos, actitudes, timbre, y tonalidad afectiva de la voz, etc.
El tipo de comunicación que se establece es altamente significativo de la personalidad del entrevistado, especialmente del carácter de sus relaciones interpersonales, es decir de su modalidad para relacionarse con sus semejantes.

Transferencia y contratransferencia
La transferencia es la actualización de sentimientos actitudes y conductas inconscientes, por parte del entrevistado; que corresponden a pautas que éste ha establecido en el curso de su desarrollo, especialmente en la relación interpersonal con su medio familiar. La observación de estos fenómenos nos pone en contacto con aspectos de la conducta y de la personalidad del entrevistado que no entran entre los elementos que él puede referir o aportar voluntaria o conscientemente, pero agregan una dimensión importante al conocimiento de la estructura de su personalidad y al carácter de sus conflictos.
En la transferencia el entrevistado asigna roles al entrevistador y se comporta en función de las mismas. Con la transferencia el entrevistado aporta aspectos irracionales o inmaduros de su personalidad, su grado de dependencia, su omnipotencia y su pensamiento mágico. En ellos es donde el entrevistador podrá encontrar lo que el entrevistado espera de el.
En la contratransferencia se incluyen todos los fenómenos que aparecen en el entrevistador, como emergentes del campo psicológico que se configura en la entrevista; son las respuestas del entrevistador a las manifestaciones del entrevistado, el efecto que tiene sobre él. Dependen de alto grado de la historia personal del entrevistador, pero si aparecen o se actualizan en un momento dado en la entrevista es porque en ese momento hay factores que se operan para que ello suceda así.
Transferencia y contratransferencia son fenómenos que aparecen en toda relación interpersonal y por eso mismo también se dan en la entrevista. La diferencia reside en que en ésta última deben ser utilizados como instrumentos técnicos de observación y comprensión.

Ansiedad en la entrevista
La ansiedad constituye un índice del curso de una entrevista y debe ser atentamente seguida por el entrevistador, tanto la que se produce en él mismo como la que aparece en el entrevistado.
Entrevistado y entrevistador se enfrentan con una situación desconocida, ante la cual no tienen todavía estabilizadas pautas reaccionales adecuadas, y la situación no organizada implica una cierta desorganización de la personalidad de cada uno de los participantes; esa desorganización es la ansiedad.
El entrevistado solicita ayuda técnica o profesional cuando experimenta ansiedad o se ve perturbado por los mecanismos defensivos frente a la misma. Frente a la entrevista y durante la misma se pueden incrementar tanto su ansiedad como sus mecanismos defensivos, porque lo desconocido que se enfrenta no es solo una situación externa nueva, sino también el peligro de lo que desconoce de su propia personalidad.
La ansiedad del entrevistador es uno de los factores más difíciles de manejar, porque ella es el motor del interés en la investigación y del interés en penetrar lo desconocido. Toda investigación requiere la presencia de ansiedad frente a lo desconocido y el investigador tiene que poseer la capacidad para tolerarla y poder instrumentarla, sin lo cual se cierra la posibilidad de una investigación eficaz; esto último ocurre también cuando el investigador se ve abrumado por la ansiedad o recurre a mecanismos defensivos frente a la misma (racionalización, formalismo, etc.).

El entrevistador
El instrumento de trabajo del entrevistador es él mismo, su propia personalidad, que entra si o si en juego en la relación interpersonal; con el agravante de que el objeto que debe estudiar es otro ser humano; el contacto directo con seres humanos enfrenta así al técnico con su propia vida, su propia salud o enfermedad, sus propios conflictos y frustraciones. Si no gradúa este impacto su tarea se hace imposible: o tiene mucha ansiedad y entonces no puede actuar, o bien bloquea la ansiedad y la tarea es estéril.
El entrevistador debe operar disociado: en parte actuando con una identificación proyectiva con el entrevistado y en parte permaneciendo fuera de esta identificación, observando y controlando lo que ocurre, de manera de graduar así el impacto emocional y la desorganización ansiosa. Esta disociación con la que tiene que operar el entrevistador es a su vez funcional o dinámica, en el sentido que tiene que actuar permanentemente la proyección e introyección, y tiene que ser lo suficientemente plástica o porosa para que pueda permanecer en los límites de una actitud profesional.
Una mala disociación con intensa y permanente ansiedad, hace que el psicólogo desarrolle conductas fóbicas u obsesivas frente a sus entrevistados, y entonces evita hacer entrevistas o interpone instrumentos y test para evitar el contacto personal y la ansiedad consiguiente. El clásico apuro del médico, que tanto se emplea en la sátira, es una permanente fuga fóbica de los enfermos. La defensa obsesiva se manifiesta en cambio en entrevistas estereotipadas en que todo está arreglado y previsto, en la elaboración rutinaria de historias clínicas, es decir, la entrevista se transforma en un ritual. Otro riesgo es el de la proyección de los propios conflictos sobre el entrevistado y una cierta compulsión a ocuparse, indagar o hallar perturbaciones en la esfera en que las está negando en sí mismo.
El entrevistador tiene que jugar los roles que le son promovidos por el entrevistado, pero sin asumirlos en totalidad. Jugar el rol significa percibir el rechazo, comprender; hallar los elementos que lo promueven, las motivaciones del entrevistado para que ello ocurra y utilizar esta información para esclarecer el problema o para promover su modificación en el entrevistado. Cuanto más psicópata el entrevistado, tanto más fácil se posibilita que el entrevistador asuma y actúe los roles. Asumir el rol implica la ruptura del encuadre de la entrevista. Fastidio, ira, bloqueo, lástima, cariño, rechazo, seducción, etc., etc.... son todos indicios contratransferenciales que el entrevistador debe percibir como tales en la medida en que se producen y tiene que resolverlos analizándolos para sí mismo en función de la personalidad del entrevistado, de la suya propia y en función del contexto y el momento en que aparecen en la comunicación.

El entrevistado
En términos generales, para que una persona concurra a una consulta, debe haber llegado a una cierta percepción o insight de que algo no anda bien, de que algo ha cambiado o modificado o bien, se percibe a si mismo, con ansiedad y temores.
Schilder ha reunido en cinco grupos los individuos que concurren al médico, ellos son: 1) los que concurren por quejas corporales; 2) por quejas mentales; 3) por quejas debidas a la falta de éxito; 4) por quejas referentes a dificultades en la vida diaria; 5) por quejas de otras personas.
Siguiendo en cambio la división de P. Riviere de las áreas de conducta, podemos considerar tres grupos, según que el predominio recaiga sobre los síntomas, quejas o problemas en el área de la mente, del cuerpo o del mundo externo. El paciente puede tener quejas o acusaciones, en el primer caso predomina la ansiedad depresiva mientras que en el segundo la ansiedad paranoide.
Podemos reconocer y diferenciar entre el entrevistado que viene a la consulta del que traen o aquel que lo han mandado. El que viene, tiene u cierto insight de su enfermedad y corresponde al paciente neurótico; mientras que el psicótico, en cambio, es traído. El que no tiene motivos para venir pero viene porque lo han mandado, corresponde a la psicopatía: es aquél que hace actuar a otros y delega en otro sus preocupaciones y malestares.
El que viene a la consulta es siempre un emergente de los conflictos grupales de la familia; diferenciamos además entre el que viene solo y el que viene acompañado, que representan distintos grupos familiares.
El que viene solo es un representante de un grupo familiar esquizoide, en el que la comunicación entre sus miembros es precaria, vienen dispersos o separados, con un grado acentuado de bloqueo afectivo. Otro grupo familiar es aquél en el cual vienen varios a la consulta y el técnico tiene la necesidad de preguntar quién es el entrevistado o por quién vienen; es el grupo epileptoide, con un alto grado de simbiosis o interdependencia.
Otro tipo es el que viene acompañado por una persona, familiar o amigo, que es el caso del fóbico que necesita acompañante.
En los grupos que concurren a la consulta, el psicólogo no tiene por qué aceptar el criterio de la familia sobre quién es el enfermo, sino que debe actuar considerando a todos sus miembros implicados y al grupo como enfermo. En estos casos, el estudio del interjuego de roles y de la dinámica del grupo son los elementos que sirven de orientación para hacer tomar insight de la situación a todo el grupo.

Funcionamiento de la entrevista
Lo que ofrece el entrevistador debe ser lo suficientemente ambiguo como para permitir la mayor puesta en juego de la personalidad del entrevistado. Existe un límite donde la ambigüedad no debe existir, éste cubre todos los factores que intervienen en el encuadre de la entrevista: tiempo, lugar y rol técnico del profesional. El tiempo se refiere a un horario y un límite en la extensión de la entrevista; el espacio abarca el marco o el terreno ambiental en el cual se realiza la entrevista. El rol técnico significa que en ningún caso el entrevistador debe permitir ser presentado como un amigo en un encuentro fortuito. Tampoco debe el entrevistador entrar con sus reacciones ni con el relato de su vida, tampoco entrar en relaciones comerciales o de amistad, ni pretender ningún beneficio de la entrevista que no sean sus honorarios y su interés científico o profesional. Tampoco debe ser utilizada como una gratificación narcisista en la que se juega de mago con un despliegue de omnipotencia. La curiosidad debe limitarse a lo necesario para el beneficio del entrevistado. Todo lo que sienta como reacción contratransferencial debe ser considerado como un dato de la entrevista, no debiendo responder ni actuar frente al rechazo, la rivalidad o la envidia del entrevistado. La petulancia o actitud arrogante o agresiva del entrevistado no debe ser ni domada ni sometida; no se trata ni de triunfar ni de imponerse al entrevistado. Lo que nos corresponde es averiguar a qué se deben, como funcionan y qué efectos acarrea al entrevistado. El entrevistado tiene derecho, aunque tomemos nota de ello e inclusive advirtamos al mismo entrevistado sobre su represión o su desconfianza.
La apertura de la entrevista tampoco debe ser ambigua, pronunciando frases generales o de doble sentido. El entrevistado debe ser recibido cortésmente pero no efusivamente; si se tiene datos del entrevistado proporcionada por otra persona, se le debe informar tanto como anticipar al informante, al comienzo de la entrevista, que estos datos no serán mantenidos en reserva. La reserva del entrevistador para con los datos que proporciona el entrevistado se halla implícita en la entrevista, y si de la misma se eleva un informe a la institución, esto debe también conocerlo el entrevistado. La reserva y el secreto profesional rigen también para los enfermos psicóticos y para el material de las entrevistas con los niños; en este último caso, no debemos sentirnos autorizados para relatarle a los padre detalles de la entrevista con sus hijos.
El fin de la entrevista debe ser respetado como todo el encuadre, y la reacción a la separación es un dato de gran importancia, tanto como la evaluación de cómo se va el entrevistado y cómo quedamos nosotros contratransferencialmente con él.

La interpretación
Un interrogante frecuente e importante es el de si se debe interpretar en las entrevistas realizadas con fines diagnósticos. En este sentido hay posiciones muy variadas, entre las que se cuenta, por ejemplo, la de Rogers, quien no sólo no interpreta sino que tampoco pregunta, alentando al entrevistado a proseguir recurriendo a distintas técnicas.
En la entrevista diagnóstica se debe interpretar por sobre todo cada vez que la comunicación tienda a interrumpirse o distorsionarse. Otro caso muy frecuente en el que tenemos que intervenir es para relacionar lo que el mismo entrevistado ha estado comunicando. Para interpretar, nos debemos guiar por el monto de ansiedad que estamos resolviendo y por el monto de ansiedad que creamos, teniendo en cuenta también si se va a dar otras oportunidades para que el entrevistado pueda resolver ansiedades que vamos a movilizar. En todos los casos, debemos interpretar sólo sobre emergentes, sobre lo que realmente está operando en el aquí y ahora de la entrevista.
Además, siempre que se interprete, se debe saber que la interpretación es una hipótesis que debe ser verificada o rectificada en el mismo campo de trabajo por la respuesta que movilizamos o condicionamos al poner en juego dicha hipótesis.
El óptimo alcance de una entrevista es el de la entrevista operativa, en la cual se tiende a comprender y esclarecer un problema o una situación que el entrevistado aporta como centro o motivo de la entrevista.




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lunes, 4 de agosto de 2008

Diálogo con Piera Aulagnier

Los temas a los que Piera Aulagnier hace referencia en esta entrevista son:

El vínculo realidad psíquica-realidad
Psicosis, representación, historia
Deseo de hijo, deseo de maternidad
El lenguaje, el inconsciente y el yo
La pulsión de muerte: deseo de no deseo
Pasión de transferencia. Alienación y ética del psicoanálisis
El Psicoanálisis francés contemporaneo
La relación teórica-clínica

Luis Hornstein. Usted teoriza sobre el principio de permanencia y el de cambio en el proceso identificatorio. Para facilitar la tarea de sus lectores y trasladando esto a su obra, ¿qué es lo que permanece y qué es lo que cambia en su proceso de investigación?

Piera Aulagnier. Creo que en mi investigación lo que persiste es una manera de concebir la teoría analítica como la que intenta esclarecer las condiciones necesarias para que el yo pueda existir y la actividad de pensamiento sea posible. En resumen, yo he privilegiado en mi investigación -lo que también creo es un hilo conductor en Freud- la problemática de la identificación. Eso es así desde el comienzo y -así lo espero- será verdadero hasta el final. Creo que por los interrogantes que nos plantea la identificación podemos entender mejor la complejidad del aparato psíquico del cual el yo cree ser el único que lo habita, siendo esa una ilusión que él defiende contra viento y marea.
Es a partir de una teoría del yo que podemos dar cuenta de los obstáculos que debe enfrentar el sujeto para poder lograr ese mínimo de autonomía que es necesario para su funcionamiento psíquico. El proceso identificatorio es la cara oculta de ese trabajo de historización.
El yo no puede advenir más que siendo su propio biógrafo. Su historia es tanto libidinal como identificatoria. Esta historia exigirá periódicamente la inversión de una parte de sus parágrafos, hará necesaria la desaparición de algunos y la invención de otros para arribar a una versión que el sujeto cree definitiva pero que debe permanecer abierta para ese trabajo de reconstrucción, de reorganización de sus contenidos, y especialmente de sus causalidades cada vez que ello se revele necesario. Es sólo porque esta versión de su historia es modificable que el sujeto puede asegurarse su propia permanencia y aceptar los inevitables cambios psíquicos y físicos. Por eso -para responder a su pregunta- lo que perdura es el privilegio que le otorgo a la problemática identificatoria.

EL VINCULO REALIDAD PSÍQUICA-REALIDAD

Luis Hornstein. Luego de haber renunciado -con razón- a convertir el análisis en una ortopedia del yo, se visualiza en los analistas franceses con más trayectoria teórica una preocupación creciente por temas vinculados a la instancia yoica, al pensamiento y al narcisismo. Laplanche, en 1970, decía que es preciso construir una teoría analítica del yo; también Pontalís escribió en 1975 que los analistas franceses se estaban enfrentando al retorno de lo represor, aludiendo a la necesidad de dar cuenta teóricamente tanto del yo como del superyó. Actualmente, tanto usted como otros (Anzieu, Mc. Dougall, Green, Rosolato, Enriquez, Dayan) se interrogan acerca del problema del yo y de la realidad. Pareciera que los analistas franceses han decidido que el yo es demasiado importante para entregarlo a la ego-psychology. ¿Cómo ve usted esta relativa convergencia?

Piera Aulagnier. Creo que efectivamente hay una tendencia en el análisis francés -que debe mucho a Lacan- a abordar de otra manera el concepto de yo [moi] freudiano. Persiste la crítica que Lacan inauguró al registro de la ego-psychology que tiene su área de influencia en Estados Unidos. Pero no diría que la mayor parte de los analistas franceses le asignan gran importancia a la relación entre el yo y la realidad. Más bien he sido criticada por algunos analistas porque le otorgo importancia a la realidad. Crítica que -debo decirlo- creo justificada. Si hay una cuestión a la que el analista está siempre enfrentado es a la relación realidad psíquica-realidad. No veo cómo puede ser estuadiada esa relación sin tomar en cuenta el vínculo que el sujeto tiene con la realidad. Para mí, desconocer uno de los aspectos de esa relación es tan absurdo como estudiar la relación lactante-madre dejando de lado a la madre como representante de la realidad. Así como en el otro extremo, no considerando la fantasmatización del niño y postular que ésta es una respuesta pasiva del niño al deseo inconsciente materno.
Asignar -como la mayoría de los analistas- un lugar predominante a la madre no implica un olvido del padre. Desde el comienzo de la vida el padre ejerce una acción modificante sobre el medio ambiente que rodea al recién nacido. Pero en la casi generalidad de los casos una persona -generalmente la madre- tiene un papel fundamental en la respuesta a las necesidades del bebé -tanto de autoconservación como libidinales-. Es, por lo tanto, la fuente de las primeras experiencias de placer y de sufrimiento. Es por eso que a partir de ella surgirá el primer signo de la presencia del padre o de su ausencia, y la elección de esos "signos" dependerá de su relación con ese padre. Ulteriormente el niño podrá recusar esos signos para forjar los suyos e instaurar una relación con el padre en acuerdo o en desacuerdo con aquella que la precedía. Es indudable que en el registro temporal la relación con la madre es previa así como el embarazo induce en ella una forma de investimiento que es diferente del investimiento con el que el padre espera a su hijo.
Creo que hay que abordar la problemática de lo psíquico teniendo siempre presente que el sujeto adviene en un espacio relacional. Hay dos tendencias que se pueden caracterizar así: la primera, que se considera heredera del pensamiento freudiano y kleiniano, para la cual el campo de la psicopatología sería totalmente reductible a un develamiento de la actividad fantasmática. Llevada al límite, pueden decir que no importa cuál sea la realidad siempre habrá una fantasmatización que será la misma, y los cambios y reelaboraciones fantasmáticas no serán jamás en función de aquello que aparece en la realidad sino en función de una economía interna (gran tolerancia o no a la frustración, desintrincación pulsional, fijaciones, etc.). Todo reenvía a la problemática interna del sujeto. Es verdad que esto exagera algo que estuvo presente en Freud en algunos de sus escritos. La segunda tendencia -que va al otro extremo- es la que se encuentra en la Escuela de Palo Alto y en ciertas teorías francesas que conciben al niño psicótico como expresión de la patología familiar o en ciertas postulaciones antipsiquiátricas que conciben la psicosis desde la sociogénesis. Creo que ambas tendencias son erróneas.
Pienso que ciertas circunstancias vividas imponen a la psique lo que llamo fantasmatización obligada. Así como ciertos encuentros en el campo objetal y social pueden perturbar un trabajo de elaboración fantasmática, de identificaciones que el yo había podido lograr antes de esos encuentros. Esa es mi posición en relación con el vínculo realidad psíquica-realidad que se diferencia de la tendencia más extendida en los analistas que tienden a otorgar una exclusividad en el registro de la causalidad a la problemática interna del sujeto.


PSICOSIS, REPRESENTACIÓN, HISTORIA

Luis Hornstein. Su teoría de la psicosis no se reduce a concebirla como mero producto de un proceso deficitario. Al definir la problemática psicótica por sus carencias se ilustran ciertas regresiones pero no se da cuenta del trabajo de reinterpretación que efectúa el psicótico. Según la mejor tradición freudiana usted utiliza la psicopatología para construir la metapsicología. Sus elaboraciones sobre el pensamiento delirante, ¿qué conclusiones le permiten extraer acerca del pensamiento en general?

Piera Aulagnier. No es una pregunta fácil. Creo que es verdad que la psicosis me ha enseñado mucho y no sé si tendría la misma concepción de la metapsicología si desde los comienzos de mi práctica no me hubiera interesado de manera privilegiada en la psicosis. Puede sonar como una boutade pero enfrentada a un psicótico siempre me he preguntado cuáles son las condiciones que permiten que un sujeto no sea psicótico. Eso es lo que primordialmente he aprendido en mi contacto con la psicosis.
Es cierto lo que usted dice, que rechazo concebir al pensamiento psicótico como efecto de no se sabe qué déficit o de una represión que no se ha producido, y que jerarquizo todo ese trabajo de construcción que debe hacer el sujeto que ha basculado hacia la psicosis para poder lograr insertarse en una temporalidad que no lo condene a vivir indefinidamente en el presente lo que ha vivido en el pasado, para intentar tener un proyecto identificatorio.
A partir de la psicosis me he planteado, efectivamente, cuáles son las condiciones que deben estar presentes en el discurso y en el comportamiento materno para preservar al niño de un devenir psicótico. Quiero decir algo que me parece importante: ningún analista que conozca todo lo posible a una pareja que ha tenido un hijo, supongamos que los hubiera analizado y conociera sus problemas, sus fantasías, sus conflictos, etc., etc., podría concluir: ya que la pareja funciona así, el niño será así. Eso es el tipo de causalidad estrictamente imposible. Felizmente existe lo impredecible en el devenir del sujeto. Eso no quiere decir que no podamos decir algo. Si se puede decir que a partir de una cierta relación en la pareja, de lo que va a representar el niño para la pareja y para cada uno de los padres, a partir de la historia que precede -y sostiene- al deseo de tener un niño en cada uno, el analista puede decir que hay grandes probabilidades de que el niño tienda a construir una defensa psicótica, neurótica o somática. Hay probabilidades pero no certezas. Y no hay certezas porque no debemos nunca olvidar el poder de metabolización, de renegociación, de transformación que la psique puede operar a partir de las experiencias que vive. Felizmente hay un margen para lo impredecible en el funcionamiento psíquico.
Volviendo al tema, ¿cuáles son las condiciones para evitar que el niño deba recurrir a una defensa psicótica? Si bien hay una primera violencia tan abusiva como necesaria que hace que la madre interprete al niño y sus expresiones corporales y que hace que el sujeto entre al campo de discurso, esta violencia primaria es positiva si es limitada en el tiempo. Pero, ¿qué pasa en ciertas relaciones madre-hijo? Uno ve la imposibilidad para la madre de aceptar que cambie aquel momento en que ella era para el niño condición de vida.

Luis Hornstein. Usted escribió que hay un deseo en la madre que si emerge es nefasto para el niño: que nada cambie.

Piera Aulagnier. Así es, "que nada cambie". En ese caso opera la violencia secundaria que puede -si el niño no encuentra una respuesta que lo proteja- conducir a una mutilación de la actividad de pensamiento. Una segunda condición es aquella que he intentado conceptuar como el derecho al secreto. Es la posibilidad que el niño tiene de poder preservar algunos pensamientos como propios y para los cuales la madre y el mundo exterior en general no tienen derecho de mirada.
Por supuesto es preciso considerar lo que significa en el inconsciente de la madre el ser madre. En la madre hay una realidad psíquica ya historizada que anticipa aquello que se juega, en su encuentro con el niño y que decodifica los primeros signos de éste a través del filtro de su propia historia, escribiendo de esa manera los primeros parágrafos de eso que devendrá la historia del niño. La relación de esa madre con el niño, por su propia historia infantil, por aquello que retorna desde su Otra escena, por su relación con su propio cuerpo; todos estos elementos organizan el tipo y calidad de investimiento libidinal del niño.

DESEO DE HIJO, DESEO DE MATERNIDAD

Luis Hornstein. Usted plantea que el niño hereda un anhelo que prueba que él mismo no es la realización plena del deseo materno y esa no estagnación fetichista de sí mismo le permite ser sucesor de un deseo que circula. También diferencia usted el deseo de hijo del deseo de maternidad.

Piera Aulagnier. Sí; la diferencia que yo establezco es que en ciertos casos si uno escucha el discurso manifiesto de la madre, o si uno presta atención al vínculo con el niño se puede constatar que tienen el deseo de tener un niño, pero es necesario diferenciar el deseo de hijo con toda la evolución que ello implica: tener un hijo de la madre, tener un hijo del padre hasta llegar a desear un hijo del hombre que se lo puede dar. Este deseo de hijo debe ser diferenciado del deseo de maternidad que es el deseo de repetir en forma especular su relación con la madre. Este deseo es catastrófico para el niño. Lo catastrófico es que para estas mujeres es imposible aceptar lo nuevo. En francés decimos "nuevo nacido" (recién nacido). Estas mujeres pueden aceptar que alguien haya nacido pero no que sea algo nuevo. En El aprendíz de historiador elaboré una hipótesis acerca de otro tipo de drama que se encuentra en algunas mujeres, al que llamé el crimen de lesa Tánatos. En esos casos, el nacimiento es vivido como la consumación de un crimen -eso me parece evidente en la madre de Philippe-. Traté de mostrar cómo en ella hay una desconexión del registro temporal.
En un texto recién publicado analicé otra particularidad que llamé traumatismo del encuentro; hay ciertas mujeres que al enfrentarse al niño no pueden establecer una relación entre la representación psíquica del niño que esperaban y del niño real que está ante ellas. Sabemos que todo investimiento de un objeto real presupone el investimiento de la representación psíquica de ese objeto.

Luis Hornstein. Eso me recuerda su viejo concepto de cuerpo imaginado, previo al de sombra hablada.

Piera Aulagnier. Sí, ciertamente, pero si bien es algo que va en el mismo sentido, hay diferencia -por suerte, porque pasaron 20 años-. Cuando hablaba de cuerpo imaginado me refería a madres que ubicaba del lado de la psicosis. En estos casos, a los que me refiero actualmente, se trata de madres que no pueden enfrentar lo imprevisto del cuerpo del niño real. Es una situación absolutamente dramática y lo vinculo a ciertas formas de autismo precoz. El infans debe ser investido por la libido materna pero, ¿cómo investir a alguien del cual no se tiene representación psíquica? No es posible investir una representación que rompe la propia historia y que no puede insertarse en ella. El recién nacido se sitúa fuera de su historia y pone en riesgo la totalidad de su construcción identificatoria.


EL LENGUAJE, EL INCONSCIENTE Y EL YO

Luis Hornstein. Hay en su obra una ausencia que llama la atención: el superyó.

Piera Aulagnier. Usted tiene razón. Aunque no puedo decir que yo no tenga un superyó. Cuando me refiero a esa instancia, utilizo el término ideal del yo. En mi manera de concebir la psique, la acción del superyó la veo en los ideales que el yo se propone con todas sus exigencias y sus excesos posibles. Tal vez haya otra razón y es que utilizo el término yo que no es equivalente al yo [moi] freudiano y que, a partir de esto, para mí el ideal del yo tome el lugar que en la metapsicología freudiana tiene el superyó. Creo que ésa es la razón.


Luis Hornstein. Cuando usted insiste en la diferencia entre el yo [moi] freudiano y su yo ¿en qué piensa?

Piera Aulagnier. Pienso esencialmente que mi concepción del yo debe mucho a Lacan. Para mí el yo es una instancia que está directamente vinculada al lenguaje. No hay lugar en mi concepción metapsicológica para el concepto freudiano yo-ello indiferenciado. En ese sentido, no se puede hacer una equivalencia entre la manera como Freud se sirve del concepto de yo [moi] y lo que he definido como yo. Definí un concepto para mí fundamental que es el yo anticipado y no se puede hablar de un yo [moi] anticipado en el discurso maternal. En esto soy fiel (fiel no quiere decir que no lo interprete a mi manera) al lugar que Lacan da al discurso en el nacimiento de esa instancia que llamo yo y que se constituye por la apropiación de esos primeros enunciados identificantes construidos por la madre. El yo anticipado es un yo historizado que inscribe al niño desde el comienzo en un orden temporal y simbólico. Mi diferencia con Lacan es que para mí el yo no está condenado al desconocimiento ni es una instancia pasiva. Si bien sus primeros identificados son provistos por el discurso materno, el yo es también una instancia identificante y no es un producto pasivo del discurso del Otro. Si todo discurso es engañoso es también engañoso el discurso que dice que todo discurso es engañoso. Una cosa es decir que no hay verdad definitiva y otra decir que toda verdad es un error que será reemplazada por otro error. Este enunciado es paradójico y sólo se sostiene porque aquel que lo enuncia está convencido de que estos enunciados acerca de lo que es verdadero y falso son verdaderos. He ahí la paradoja. Si se lleva esto hasta sus últimas consecuencias se descalifica toda relación con la realidad.

Luis Hornstein. ¿Por qué utiliza el término metabolización?

Piera Aulagnier. Para subrayar que para mí la psique es en todos sus procesos una actividad de representación. Alguien a quien aprecio mucho, André Green, me ha preguntado por qué no utilicé en lugar de metabolización el término de transformación y decir que la psique transforma una información exterior en representación.
Le respondí que para mí metabolización tiene un sentido más duro, más esencial que transformación, ya que alude a la transformación de lo heterogéneo en lo propio.

Luis Hornstein. ¿Usted dice que el yo está estructurado desde el lenguaje?

Piera Aulagnier. Porque para mí el yo se origina en los primeros enunciados producidos por el discurso maternal. Por el contrario, no creo que el ello esté estructurado como un lenguaje.

Luis Hornstein. A eso iba mi pregunta, ¿y el inconsciente reprimido?

Piera Aulagnier. En eso soy freudiana. Lo reprimido alude a un cierto número de representaciones y de representacines identificatorias que se han vuelto incompatibles con la posición que el yo ha advenido a ocupar. Creo que en mi manera de concebir, lo reprimido permanezco muy fiel a la manera como Freud concebía lo reprimido.

LA PULSION DE MUERTE: DESEO DE NO DESEO

Luis Hornstein. En "Condenado a investir" usted dice que la pulsión de muerte se manifiesta clínicamente como un movimiento de desinvestidura del objeto; desinvestidura que no se realiza en beneficio de otro objeto sino que amenaza todo objeto. Define como meta de Tánatos el deseo de no deseo. Postula que el sufrimiento que se prolongue en el tiempo corre el riesgo de facilitar el trabajo de desinvestidura propio de Tánatos. Usted parece postular un sufrimiento elaborativo todavía al servicio de Eros y otro no elaborativo. Parafraseando a Freud, ¿habría un sufrimiento traumático y otro señal?

Piera Aulagnier. Postulo efectivamente que hay un tipo de sufrimiento que está ligado al investimiento preservado del objeto y se sufre por la pérdida. Generalmente ése es el registro del sufrimiento neurótico y es cierto que ese sufrimiento nos permite trabajar analíticamente, ya que se repite en la relación transferencial. Es el trabajo del duelo del que hablaba Freud pues está ligado al desinvestimiento de un objeto para poder recuperar la libido y ponerla al servicio de otro investimiento.
El otro tipo de sufrimiento se encuentra especialmente en la psicosis y en depresiones graves. Deja en la vida psíquica un agujero, un borramiento de toda huella de que un objeto había sido investido. Esta desinvestidura no se realiza en beneficio de otro objeto sino que amenaza todo objeto, toda experiencia que para poseer una existencia psíquica exige la actividad de ligar, propia de Eros. Todo acto de desinvestidura logrado no deja ninguna huella y conduce a la abolición, la disolución, el borramiento definitivo de la representación del objeto. La victoria de la pulsión de muerte conlleva una nada en ese conjunto de objetos que constituyen el capital representativo del sujeto y en el conjunto de soportes del que podría disponer su capital libidinal. Por ello propuse hace tiempo que la meta de Tánatos es un deseo de no deseo y su forma de lograrlo es a través de una desinvestidura que, más allá del objeto preciso al que parece apuntar, concierne a la totalidad de los objetos investidos por Eros. La meta última de la pulsión de muerte es la desaparición de la totalidad de los soportes cuya investidura es simultáneamente la manifestación, la exigencia y la meta de las pulsiones eróticas. Es -entonces- la meta de Tánatos hacer desaparecer a todo objeto cuya ausencia se hace responsable del surgimiento del deseo y que obliga a reconocerse deseante de un objeto que falta. La meta de Eros es lograr que la desinvestidura se desarrolle paralelamente a la búsqueda y la localización de un nuevo soporte que pueda ser investido libidinalmente. No uso el concepto de pusión de muerte en forma metafórica, sino que para mí -como para Freud- el dualismo pulsional Eros-Tánatos está siempre en juego en el conflicto psíquico al cual accedemos clínicamente. Para mí la pulsión de muerte no es una categoría metafísica.
En el tipo de sufrimiento en que no hay investimiento del objeto para que el análisis sea posible hay que crear ciertas condiciones. Estas no están dadas de entrada, a diferencia del neurótico que ya está libidinalmente dispuesto para ingresar al campo transferencial. En aquellos casos no es así y es preciso todo un trabajo previo para hacer que la relación analítica sea posible. Desgraciadamente no creo que haya reglas generalizables. Todo va a depender de nuestra capacidad y de nuestra posibilidad de ubicarnos en la historia singular. Lo poco que persiste de la capacidad de investimiento hace que la relación sea muy frágil.
Hay que ser muy cuidadoso porque en estos casos los errores pueden ser muy graves para el sujeto -no me refiero al analista sino al sujeto que consulta-. Toda forma de aproximación muy brusca puede producir la interrupción del vínculo. Nuestra principal tarea es darle el mínimo de sentido al sufrimiento que él padece; si lo logramos el análisis se vuelve posible.

PASIÓN DE TRANSFERENCIA. ALIENACIÓN Y ETICA DEL PSICOANALISIS

Luis Hornstein. Desde hace tiempo usted enfatiza la importancia del proyecto terapéutico. ¿Cómo vincular esta reivindicación de la dimensión terapéutica del análisis con sus elaboraciones sobre la pasión de transferencia y la alineación? ¿Cómo se relaciona ello con la ética del psicoanálisis?

Piera Aulagnier. Para retomar la última parte de su pregunta no veo cómo la ética del psicoanalista puede olvidar su función terapéutica. El sujeto no viene a vernos porque forma parte de una intellegentsia, tampoco porque está movido por no sé qué deseo de saber, sino que viene porque sufre y para que lo ayudemos a superar su conflicto psicótico, neurótico u otro que es causa de su sufrimiento. Por ello es que pienso que la dimensión terapéutica es parte integrante de lo que hago cotidianamente cuando trabajo como analista.
Usted me pregunta cómo ligar esta reivindicación de la dimensión terapéutica con mi elaboración sobre la pasión transferencial y la alineación como consecuencia. Creo justamente que es el olvido de esta dimensión terapéutica el responsable mayor en convertir el amor de transferencia necesario en una pasión transferencial que no puede conducir sino a la alineación. Creo que la pasión transferencial tiene como principal responsable a un deseo inconsciente del analista. Es el analista quien induce en la mayor parte de los casos la pasión.

Luis Hornstein. Usted escribió que tanto el silencio abusivo como la interpretación a ultranza favorecen la pasión transferencial. El exceso de silencio, porque demuestra al analizando la insignificancia de su discurso y de todo discurso y porque el analista da cuerpo a una ilusión de que sabe todas las verdades universales que el discurso no hace otra cosa que velar y disfrazar. En dicha postura todo aquello que el analizando podría decir y pensar es entendido como confirmación de la mentira característica de todo discurso, como montaje artificioso, como señuelo. La interpretación prefabricada porque enfrenta al sujeto con un modelo generalizable. En ambos casos la creencia en la singularidad de la historia será implícitamente denunciada como una dimensión engañosa que es preciso perder para alcanzar la suprema sabiduría que lleva a proclamar que lo que el analizando puede elaborar de sus determinaciones históricas corresponde al registro de lo imaginario. Se pierden entonces las referencias freudianas mayores en cuanto al hacer consciente lo inconsciente, el lugar de las interpretaciones y construcciones y la función esencial que Freud le asignaba a la reelaboración.

Piera Aulagnier. No critiqué tanto la interpretación prefabricada por generar una pasión transferencial, sino más bien por otras razones. Pero sí el silencio a ultranza. Este genera en el analizando una idealización. Es fácil idealizar a un mudo.
Además creo que la pasión transferencial es favorecida por una serie de comportamientos y técnicas de moda en cierta práctica del análisis. Si uno atiende a un paciente cinco minutos, sólo puede esperar dos consecuencias: o bien la fuga del paciente -y por razones muy largas de explicar no es lo más frecuente- o bien, y eso es muy grave, lleva al analizando a renunciar a juzgar lo que efectivamente pasa en la relación analítica por una idealización masiva del analista que conduce a una relación de alienación. Cada vez estoy más convencida de que la modalidad técnica de conducir una cura es la responsable de la alienación y, en general, el analista es también víctima de su alienación en una teoría para la cual él es incapaz de asumir una posición crítica.

EL PSICOANALISIS FRANCES CONTEMPORÁNEO

Luis Hornstein. A pesar de tener una tradición clínica de varias décadas, en nuestro país estamos pendientes de la Otra escena que es siempre Europa. Usted dice que hay épocas de valorización excesiva de la teoría y épocas de decepción y vuelta a la clínica. En nuestro país ya se dio la decepción con la escuela kleiniana a la que siguió luego una ilusión con los desarrollos de Lacan. A comienzos de la década del 70 la lectura de Lacan tuvo en nuestro medio gran importancia ya que -por la hegemonía absoluta del kleinismo- no se leía casi a Freud. Gracias a Lacan recuperamos a Freud y es indudable que los aportes de Lacan posibilitaron comprensiones inéditas de dimensiones esenciales de la obra de Freud. En resumen: Lacan nos hizo pensar. Pero para algunos las formulaciones de Lacan padecen de una petrificación ontológica y se convierten en verdades absolutas; para ellos se da un cogito modificado: "El piensa (Lacan), luego yo existo".
Me parece útil profundizar la categoría de alienación cultural para dar cuenta de algunos procesos que ocurren en países dependientes como el nuestro. Me interesaría saber su opinión al respecto.

Piera Aulagnier. Usted sabe, no creo que la alienación sea un fenómeno de su país, creo sí que es patrimonio de vuestro país la forma que asumió el terror social en el gobierno militar. Creo que la alienación del pensamiento no es un hecho particular de un país dado. La alienación tiene por meta la exclusión de toda duda, de toda causa del conflicto e implica la muerte de la actividad de pensamiento. Poder reconocerse un derecho a pensar implica renunciar a encontrar en la escena de la realidad una voz que garantice lo verdadero y lo falso, y presupone el duelo por la certeza perdida. Tener que pensar, tener que dudar de lo pensado, tener que verificarlo: tales son las exigencias que el yo no puede esquivar.
En algún texto planteé que la duda es el equivalente de la castración en el registro del pensamiento. Aquel que aliena su pensamiento a un discurso le otorga el mismo grado de certeza que en la psicosis tiene la reconstrucción delirante con respecto a la realidad. Todo pensamiento -sobre todo si tiene cierto valor- hace que mucha gente se precipite en él para no tener que seguir pensando. Esa no es una particularidad argentina. En Francia también tenemos modas y hay modas peligrosas.

Luis Hornstein. Hablando de modas. Sabemos que el estructuralismo había evacuado al acontecimiento y, en el límite, a la historia misma. Al definir al yo como historiador, al jerarquizar la realidad histórica y los efectos de los encuentros como lo que hace pasar de una potencialidad a sus manifestaciones clínicas pareciera que usted se ha distanciado del estructuralismo. ¿Es así?

Piera Aulagnier. Usted sabe, siempre estuve muy lejos del estructuralismo. Eso no es nuevo. Lacan estuvo siempre interesado en lo que podía aportar el estructuralismo al psicoanálisis, pero yo siempre me sentí alejada del estructuralismo. No creo que el estructuralismo aportara gran cosa al pensamiento analítico.

Luis Hornstein. A partir de las dos revistas -a mi juicio- más representativas del análisis francés actual, Nouvelle Revue y Topique, se puede inferir que hay cambios. Pareciera que ya han sobrepasado la época de las duras escisiones, y que los debates son más conceptuales que creenciales. ¿Es así? ¿Cómo describiría la coyuntura del análisis francés hoy?

Piera Aulagnier. Algo que es preciso decir es que en las nuevas generaciones no existen esas barreras entre los diversos grupos analíticos. Dejo de lado algunos grupitos lacanianos que son una cuestión aparte. Soy frecuentemente invitada por diversas instituciones, y no soy en este caso una excepción. Estoy en Argentina invitada por la A.P.A. a pesar de que yo y mi grupo no pertenecemos a la I.P.A. Hay en este momento una apertura y se valora a cada analista por lo que él aporta independientemente de la institución a la que pertenezca.

Luis Hornstein. Usted es una de las fundadoras del cuarto grupo. Uno de los objetivos fue encarar de manera diferente la formación de analistas. Después de más de 17 años, ¿cómo evaluaría la experiencia?

Piera Aulagnier. Yo diría de las sociedades analíticas que no hay buena sociedad así como no hay buen salvaje, como lo creía Rousseau. Diría que no es más mala que las otras. En el cuarto grupo intentamos un sistema de formación que respeta al máximo la libertad del sujeto que quiere devenir analista. La propuesta que creo central en el cuarto grupo es que la institución no obstaculice el proceso analítico de aquel que quiere ser analista. Tenemos muchas exigencias: que el candidato haya hecho un análisis con quien él quiera, que haga dos supervisiones, que tenga un trabajo de elaboración, de discusión con algunos analistas de nuestro grupo durante un tiempo que permita una suerte de reconocimiento recíproco. No es fácil devenir analista en el cuarto grupo.

LA RELACION TEORIA-CLINICA

Luis Hornstein. En Freud hay armonía entre las elaboraciones metapsicológicas y sus consecuencias técnicas. En los anglosajones hay una referencia clínica constante que incluso descuida -relativamente- los aspectos teóricos. En Francia por tradición se tiene tendencia al teoricismo, lo que implica un cierto menosprecio de la investigación clínica. En su último libro escribe que un trabajo clínico expone mucho más al analista que una elaboración teórica y advierte contra los riesgos de convertir a la clínica en algo inefable. ¿Está usted sola en esta empresa o hay otros analistas franceses que están dispuestos a asumir ese riesgo? En otras palabras, ¿hay un retorno a la clínica?

Piera Aulagnier. Creo que después de años de fascinación teórica -y no puedo negar que personalmente tengo una fascinación por la teoría y casi podría decir que para mí la investigación teórica es mi forma de toxicomanía-, pienso, le decía, que desde hace una docena de años se visualiza en el análisis francés, efectivamente, un mayor interés por la clínica. Eso creo que es verdaderamente cierto. Es verdad que, a pesar de esto que le digo, en Francia no se ha llegado todavía a la importancia que le asignan a la clínica los trabajos anglosajones. En El aprendíz de historiador le consagro más de cien páginas al caso de Philippe, cosa poco frecuente en Francia y habitual en la literatura anglosajona. Es verdad también que yo le reprocharía el pragmatismo -a pesar de todo lo positivo que pueda tener- a los anglosajones, de dejar de lado la teoría y de conformarse con ciertas aproximaciones. No creo que uno se pueda interesar verdaderamente en la teoría sin acordar el mismo interés a la clínica, que debe ser -como usted dice- el campo de la puesta a prueba de la teoría. ¿Qué valor puede tener una teoría que no se confronta con la clínica?
Creo que es verdad, que los analistas más jóvenes, sobre todo en el campo analítico francés, le acuerdan más importancia a la clínica. Tal vez porque se enfrentan a cuadros psicopatológicos nuevos que no pertenecen simplemente al registro de las neurosis y que corresponden a esas problemáticas que se suelen llamar borderline, estructuras narcisistas o del orden de lo psicosomático. Tal vez el hecho de verse enfrentados tan masivamente a un tipo de sintomatología que plantea nuevos problemas explica, parcialmente, este mayor interés por la clínica.




Fuente: Antroposmoderno

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martes, 8 de julio de 2008

Entrevista a la doctora Piera Aulagnier

Los temas a los que Piera Aulagnier hace referencia en esta entrevista son:

1) El valor central que tiene el yo (je) y el pensamiento en su teoría. Lo propio del yo es advenir a un espacio y a un mundo cuya preexistencia se le impone, mediante una relación directa con el discurso materno, sin ser por eso una instancia pasivamente hablada. El yo es el único que puede expresar los conceptos de placer y sufrimiento, cuyas causas él ignora, y sólo mediante esas experiencias objetivas puede conocer y nombrar las consecuencias afectivas de su realidad.

2) El proceso identificatorio resultado de esa función relacional, entre el infans, el deseo materno, el cuerpo, la realidad y los sucesivos encuentros con los otros; proceso que se realiza en tres tiempos. El yo requiere de ciertos referentes simbólicos o puntos de certeza, a los cuales debe poder apelar para ubicarse temporoespacialmente. Estos referentes quedan puestos en peligro en la psicosis.

3) Las "cuestiones fundamentales", el yo como historiador y la búsqueda de causalidades. En el neurótico hay una alternancia entre causalidad demostrada e interpretada; en el psicótico, en cambio, hay una especie de antinomia entre ambas. En este ultimo caso, la causalidad interpretada es una construcción delirante imposible de ser compartida, lo cual lleva al psicótico a una ruptura relacional.

4) La experiencia de sufrimiento. Ésta es inevitable, pero no debe sobrepasar un límite que obligaría al yo a una desinvestidura de una función o de un objeto vital para su vida psíquica, triunfo de Tánatos sobre Eros.

5) La importancia de separar al máximo, en las instituciones psicoanalíticas, el proceso analítico de cada sujeto de las exigencias institucionales.

6) La importancia en la práctica de la articulación teórico-clínica para evitar los excesos que llevarían al teoricismo dogmático o al pragmatismo a ultranza.
A lo largo de toda su obra, usted privilegia la teoría sobre el yo y el pensamiento. Sin duda existen diferencias entre su "je", el moi freudiano, el yo de la Ego-Psycology y el yo (moi); concebido como esa instancia imaginaria, un señuelo condenado al desconocimiento según lo conceptualiza la teoría lacaniana.



Piera Aulagnier: Es evidente que tengo que ser muy breve y no retomar las teorías de los distintos autores que contribuirían a responder su pregunta. La teoría del "moi" freudiano, sólo puede comprenderse partiendo de lo que Freud toma como origen del moi; es decir el yo-ello indiferenciado del cual poco a poco se diferencia el yo con las diferentes funciones que le atribuye a la parte consciente del yo. Diría que, desde el punto de vista "ontogenético", para Freud hay una matriz del yo que existe desde el comienzo de la vida psíquica.

Lo que yo entiendo por "je"**, habiendo elegido el término "je" en lugar de "moi", es una instancia que tiene una relación directa con el discurso materno; a través del cual la madre anticipa a ese niño que va a nacer. No sólo lo anticipa, sino que lo preinviste durante la espera. De ahí que yo insista, pues si no se comprendería muy mal lo que voy a decir, en que esta relación que describo entre los primeros enunciados del discurso materno que tienen carácter identificante, o sea que son promotores de identificación, y que promueven el advenimiento del yo en la escena psíquica, no suponen en absoluto pasividad por parte de ese sujeto que adviene. Por lo tanto, el yo no es una instancia que a lo largo de su existencia, ni desde su primera infancia, sea pasivamente una instancia hablada por el discurso del "Otro", para retomar una expresión lacaniana.

La madre descubre que a partir de las referencias identificatorias que ella da al niño y que le permiten al yo advenir ya no está sola para decidir el lugar en donde la ubica el hijo en la relación que los vincula. Esto es importante no olvidarlo para evitar pensar al yo como esa instancia pasiva que resulta totalmente modelada por el discurso del "Otro".

En cuanto al yo de la "Ego-Psychology", se sostiene en relación con un modelo pragmático del funcionamiento del sujeto, y con la idea de una energía neutra, de la que dispondría el yo, que pienso que es insostenible.

Con relación al "moi" lacaniano, el reproche que yo le haría a la teoría es el postulado según el cual "todo discurso es señuelo" (leurre). ¿Dónde ubica al sujeto que enuncia esta teoría? Si todo discurso es señuelo, la teoría que así lo enuncia es también un señuelo. Por otra parte creo que existe un modo de usar los aportes de Lacan que termina descalificando toda posibilidad de tener una cierta relación con la verdad. Una cosa es decir que no habrá jamás una verdad definitiva y que toda verdad no es más que un momento en una búsqueda; otra cosa es pretender que toda verdad no es siempre más que un error, que será sustituida por otro error, y así en una repetición sin fin. Un postulado tal, sólo se sostiene paradójicamente, instituyendo primero la teoría que enuncia eso, con lo cual se transforma la teoría en una serie de certezas constitutivas de un dogma que permanecería eternamente igual, pudiendo llevar al sujeto a ese asesinato del pensamiento perpetrado por su alienación al dogma inmutable e intocable. Para mí, la base de todo pensamiento teórico valedero es pensar la teoría como un momento del conocimiento, que permite ir hacia otro momento.



En relación con lo anterior, usted dice que el "je", para poder sostenerse, requiere de un relato que le cuente ese antes de su existencia, y hace referencia a un "yo-morfismo". ¿Nos podría aclarar ese concepto?



Piera Aulagnier: Me refiero al "yo-morfismo", en toda teoría que trate de lo humano. Quiero decir que cuando pensamos el espacio fuera del "je", el ello por ejemplo, no hacemos más que, como lo hizo Freud, tratar de pensar qué afectos siente o sentiría el yo en cuanto a lo que se juega en el ello. Quiero decir que el yo le sirve al ello como su único decodificador. No podemos prescindir de él. "Yo-morfismo", puesto que el yo es el único que puede pensar los conceptos de placer y sufrimiento, y sólo mediante esas experiencias objetivas puede conocer y nombrar las consecuencias afectivas de su encuentro consigo mismo, con su cuerpo, con el otro y con la realidad. Lo mismo ocurre cuando pensamos el fenómeno humano, sólo podemos pensarlo a partir parámetros relacionales.

Cuando pensamos al infans, tratamos de imaginar los movimientos inconscientes, las representaciones pulsionales más primitivas, más arcaicas de ese psiquismo; tratamos de decodificarlos interrogándonos acerca de las reacciones que provocan en el entorno familiar y más específicamente en la madre. Hubo un intento de pensarlo de otro modo, Lacan trató de matematizarlo, sólo que hacer esto es salirse del campo clínico, es transformar la teoría psicoanalítica en una especie de teoría metafísica, que se denominará como tal o no, pero que de algún modo sale del campo del análisis, que es el campo clínico, el campo de los afectos, el campo relacional. Con esto no quiero decir que toda tentativa de matematización de la teoría psicoanalítica no pueda tener algún valor, pero en ese caso no se trataría de una teoría acerca del psiquismo, sería una teoría sobre una metafísica de la clínica.



A lo largo de toda su obra, usted desarrolla cada vez con más profundidad el proceso identificatorio, proceso que se desarrolla en tres tiempos: un primer tiempo hablado por la madre que va desde el infans al niño, un segundo tiempo que concluye con la asunción por parte del "je" de una posición simbólica, y un tercer tiempo que llama "efecto de encuentro". En Freud, la conceptualización de la identificación hace referencia a tres tipos de identificación: primaria, narcisista e histérica. Lacan desarrolla los tres registros: imaginario, simbólico y real. ¿Cuál sería para usted la articulación posible entre las tres teorías en lo que al proceso identificatorio se refiere?



Piera Aulagnier: Volver a hablar sobre las identificaciones histérica, primaria y narcisista, implicaría retomar toda la teoría freudiana. Con relación a lo que podría ser el registro de las identificaciones imaginarias y de las simbólicas, puedo referirme primero a lo que escribí en La violencia de la interpretación, tratando de separar lo que es del registro de lo imaginario y lo que es del registro de lo simbólico en la identificación, y sobre todo a lo que escribí después tratando de mostrar que en la neurosis el conflicto va a darse entre el yo y sus ideales. Conflicto que no pone en peligro los referentes simbólicos, lo que llamé "puntos de certeza", mientras que en el registro de la psicosis es en el nivel de las dos caras del yo donde se ubica el conflicto. Efectivamente, el psicótico sólo puede sostenerse en lo que llamé "puntos de permanencia" en su registro identificatorio, solamente si alguien del exterior le sirve de prótesis. Si ese alguien del exterior de repente le reenvía a un enunciado identificatorio que no puede ocupar, seguramente se pondrán de manifiesto trastornos psicóticos.



¿Se produciría lo que usted llama "efecto de develamiento"?



Piera Aulagnier: En El aprendiz de historiador y el maestro-brujo, me refería al develamiento, no como el develamiento de una pulsión desconocida por el sujeto. En la psicosis sería el develamiento de una catástrofe identificatoria que ya tuvo lugar.

El efecto de develamiento es estar enfrentado a una situación que le devela de manera desconocida y a veces traumática algo que no conocía del propio deseo. Este fenómeno se encuentra con frecuencia en la perversión. El sujeto se encuentra enfrentado a una situación que no provocó ni es fruto de una búsqueda, pero que le devela lo que no sabía de su propio deseo. Acercándonos un poco al campo clínico, recuerdo a un sujeto que había sido hospitalizado, había tenido un momento depresivo, pero no está ahí la cuestión. El sujeto era español, se había casado y tenía dos hijos; todo había marchado sin el menor problema hasta los 30 años. Trabajaba como jardinero en los jardines del Trocadero. Un día dos mujeres jóvenes le preguntaron dónde estaban los baños; eran extranjeras. Él les explicó, y ellas se dirigieron hacia el lugar. Él las siguió de buena fe, para asegurarse de que habían comprendido la explicación. De hecho, ellas no habían entendido y se habían puesto a orinar entre unos árboles. Él se encontró de repente con esas dos mujeres que orinaban en público y se mataban de la risa. Se desencadenó de manera absolutamente brusca e imprevista un comportamiento voyeurista que tuvo repercusión desde el punto de vista legal, y es la razón por la cual yo lo conocí. No es el único ejemplo. Freud, en "El hombre de las ratas", habla del horror ante un goce desconocido por él. Pero creo que en ese caso se trata de un efecto de fascinación, casi en el sentido de fijación de una pulsión que hasta ahí había estado perfectamente gobernada por el sujeto.



En El aprendiz de historiador..., usted se refiere a las entrevistas preliminares, diferenciando la actitud que el analista debe tener con el paciente neurótico de la que debe tener en el abordaje de los pacientes psicóticos. En la neurosis, el analista favorece en el analizando la reactualización de sus conflictos infantiles. En la psicosis, usted dice que la apertura se dirige a la exigencia inversa. Hacer sensible al sujeto a lo que dentro de esta relación no se repite, lo diferente que ella ofrece, lo no experimentado todavía. ¿Podría comentar esta propuesta?



Piera Aulagnier: Creo que de manera caricaturesca se puede decir que el neurótico, efectivamente, por medio de la transferencia y gracias a ella, va a establecer con nosotros una relación que no es la repetición de lo que vivió en la infancia pero sí está muy próxima al esquema de lo que vivió en la infancia, gracias a lo cual podrá, si todo va bien, reencontrar un cierto número de representaciones, de significaciones, de pensamientos que, en efecto, habían formado parte de su funcionamiento infantil, pero que había reprimido y había tratado de olvidar. Simplificando, en la neurosis se trata de hacer que el sujeto reencuentre algo, un capital psíquico, que es el suyo.

En la psicosis se trata de permitir que el psicótico encuentre un cierto número de afectos cuyas representaciones fueron prohibidas en el mismo momento en que pudieron fugitivamente aparecer. Quiero decir que se trata de hacerle revivir lo que no pudo vivir. Esto es lo que marcaría la diferencia.

Yo diría que en el neurótico se trata de reencontrar una historia que había construido en su infancia y permitirle modificarla. En la psicosis se trata de construir por primera vez ciertos blancos que habían existido en su historia.



En una de las conferencias que usted dio en 1982, se refirió a situaciones que se viven fundamentalmente en el análisis de psicóticos como momentos de soledad absoluta, de vacío, que muestran el efecto de esa ausencia de representaciones que podrían llevar a un desinvestimiento total, a una amputación que concierne al cuerpo, al pensamiento, al afecto; momentos frente a los cuales más que una interpretación, es necesario proponerle al paciente "figuraciones". ¿Tendría esto que ver con la referencia que usted hacía anteriormente?



Piera Aulagnier: En cierta forma, porque lo que yo llamo "lenguaje figurativo" es la posibilidad que debe tener el analista de hablar sirviéndose de imágenes de cosas corporales y poniéndolas en palabras, ya que lo que trato de subrayar es que uno de los problemas con los que se encontró el psicótico siendo niño fue no haber podido transformar en un fantasma ciertas representaciones acompañadas de las primeras reacciones afectivas, transformación que le hubiera permitido ligar esos afectos con el deseo del otro, es decir que le hubieran permitido apelar a una causalidad de deseo, pudiendo así, por un lado, asumir el fantasma y, por el otro, operar ese trabajo de elaboración necesario para el funcionamiento psíquico. Entonces, cuando esta transición no es posible, el único recurso que le queda al psicótico es recurrir a la única representación que puede conservar, que es la más próxima al proceso originario. No es lo originario porque nadie puede quedarse ahí, es lo que está más próximo, y por eso forma parte de lo indecible, de lo que no puede ser puesto en palabras. Por eso creo que, en estos casos, el papel del analista será el de permitirle al sujeto poner en palabras lo que no fue dicho.



En El aprendiz de historiador..., usted nos habla de sus "cuestiones fundamentales" como aquellas propias de cada analista que singularizan la relación con la teoría y la clínica, y se refiere a dos: 1) la del yo como constructor historiador que jamás descansa, y 2) la búsqueda permanente del yo de causalidades de deseo o interpretadas y causalidades demostradas o del conjunto. Usted agrega que, en la neurosis, ambas se alternan permanentemente, dando movilidad al proceso identificatorio, no siendo así en la psicosis.



Piera Aulagnier: Sí, lo propio del neurótico es poder separar; es decir, el neurótico no sale de la causalidad demostrada, la causalidad cultural, o la causalidad compartida por el consenso. El problema sólo radica en ciertos sectores del registro del afecto, y no entre la causalidad cultural y la suya propia; el problema estaría entre la causalidad a la cual se refiere su deseo, la causalidad a la cual se refiere el deseo de otro yo, y su imposibilidad de encontrar algún tipo de compromiso, o la imposibilidad de aceptar el conflicto, la imposibilidad de aceptar perder tal objeto para investir otro. Pero hay en el neurótico una alianza entre estos dos principios y la posibilidad de recurrir alternativamente a uno o a otro y de servirse de ellos casi como una especie de defensa. Cuando una causalidad corre el riesgo de volverse muy conflictiva, existe la posibilidad de contar con la otra. En la psicosis es diferente porque hay, la mayoría de las veces, una especie de antinomia entre las dos causalidades. Si se recurre a la causalidad demostrada, ésta se transforma en una especie de causalidad fría, la causalidad del puro azar, en la cual el deseo no ocupa ningún lugar; en tanto que en el registro de la causalidad interpretada, la causalidad de deseo enfrenta al sujeto al lugar que ocupa en él la interpretación fantasmática y, por eso mismo, a la imposibilidad de poder compartir esa causalidad interpretada, que no debemos olvidar que en este caso se trata de una construcción delirante, de ahí la imposibilidad de poder compartirla con otros, de hacer de eso algo comunicable, compartible, que pueda sostener una relación. Por el contrario, la referencia a esta causalidad va a provocar una ruptura relacional.



Parafraseando a Freud, usted habla de los dos principios del funcionamiento del proceso identificatorio, el de permanencia y el de cambio, ambos necesarios para que los diferentes tiempos sean posibles. Exigir al yo que nada cambie o que todo cambie, sea que esta exigencia provenga del discurso parental o del social, ¿sería un exceso de violencia facilitador de patología?



Piera Aulagnier: Y de una patología grave. Sí, porque son dos mandatos que el yo, aunque quisiera, no puede seguir. Hay mandatos violentos que, aunque sea el precio de un cierto número de defensas neuróticas, perversas o psicóticas, el yo puede asumir. Ningún sujeto puede hacer que nada cambie en las modificaciones que el tiempo le impone a sí mismo y al objeto de su deseo. Y nada puede permitirle al sujeto que todo cambie, es decir que haya un corte, que quede fuera del tiempo, fuera de la historia, fuera de todo lo que es su capital mnésico. Ambos mandatos son imposibles de asumir. No es lo difícil, no es el exceso, es lo imposible.



En "Condenado a investir", usted dice que, ante un exceso de sufrimiento, el yo tiene tres salidas posibles: 1) la huida; 2) el desinvestimiento, que sería el triunfo de la pulsión de muerte, lo que conduce a un sentimiento de vacío, a una nada, a un deseo de no deseo; o bien, 3) apelar al mecanismo de desinvestidura para encontrar una causalidad que le permita al yo seguir invistiendo. ¿Podría aclararnos un poco más esta última salida?



Piera Aulagnier: Lo que trataba de decir es que la experiencia de sufrimiento es inevitable. Es lo que obliga al sujeto a reconocer toda la distancia existente entre su representación fantasmática de la realidad y lo que la realidad es.

Cuando hablamos de sufrimiento nos referimos al componente psíquico del sufrimiento, ya sea que se trate del sufrimiento somático o del psíquico.

Lo que hay que plantearse es que no hay que dejar que el sufrimiento llegue a un límite tal que obligue al yo a una desinvestidura de una función o de un objeto vital para su vida psíquica. Para tomar un ejemplo, se puede sufrir porque un ser que amamos nos abandona. En la mayoría de los casos tendrá lugar un trabajo de duelo, gracias al cual el sujeto tratará de recuperar la libido a la espera de un nuevo objeto al cual poder investir. Pero hay objetos que no son sustituibles, un niño no puede vivir si no conserva, de alguna manera, una investidura con el objeto materno o con un sustituto del mismo. Un sujeto no puede vivir si no conserva un mínimo de investidura en relación con su cuerpo. Si se desinviste totalmente lo somático, sobrevendrá la muerte tarde o temprano. Del mismo modo, en ciertas condiciones, todo sujeto está obligado, para que el psiquismo pueda seguir funcionando, a conservar, a poseer, a asegurarse un cierto número de investiduras externas y un cierto quantum de investiduras en relación con su espacio somático. Entonces es necesario que, fuera cual fuere el sufrimiento que provocan aquellos objetos externos necesarios para la vida o el sufrimiento de origen somático, no puedan pasar el umbral que llevarían al sujeto a un desinvestimiento que dejaría el camino libre para la pulsión de muerte. Creo que cuando el yo está en esa situación tratará de recuperarse, protegerse, mediante una búsqueda en el registro causal que le permita oponerse a ese movimiento de desinvestidura. Esto es lo que trataba de decir en "Condenado a investir".



En ese mismo artículo, usted retoma el registro pulsional y enfatiza que, mientras el sufrimiento se mantenga dentro de ciertos límites, su presencia es más predominio de Eros que de Tánatos. Especifica a Tánatos como el deseo de no deseo y la muerte del pensamiento. Sabemos que éste es un concepto muy controvertido, y aun aquellos psicoanalistas que lo aceptan al utilizarlo en la clínica, lo hacen en sentido metafórico. Por el contrario, es evidente que para usted el concepto de pulsión de muerte es algo clínico.



Piera Aulagnier: ¡Ah, sí! Yo no creo para nada que la pulsión de muerte pueda ser tratada como una metáfora. Uno de los conceptos centrales de Freud es el de conflicto psíquico y pienso que ese conflicto tiene su origen en las primeras antinomias en las cuales las metas de Eros y de Tánatos se oponen.

La primera actividad del aparato psíquico será la de tratar de encontrar una posibilidad para que estas dos pulsiones y estas dos metas interjueguen; pero la antinomia perdurará siempre. No creo de ninguna manera que se pueda tratar a la pulsión de muerte como una especulación, o como una metáfora, o como un concepto metafísico.



En la conferencia que usted dio el otro día en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), decía que todas las informaciones que se dan en el registro del cuerpo tienen representación en la psique, siendo estas representaciones que vuelven sobre el cuerpo visible las que van a ser decodificadas por los otros.



Piera Aulagnier: Sí, me refería a que toda excitación o exceso de excitación sobre el soma, va a abrir una brecha en la psique, dando lugar a lo que Freud llamó "representaciones pulsionales" y a lo que yo llamo "pictograma", si nos ubicamos en el lugar del infans. Es ante esta representación que va a reaccionar el afecto, ella es la causa del afecto, dando lugar a determinado número de expresiones visibles: el grito, el movimiento de un bebé que tiene una, dos, tres horas de vida, un día, una semana... Estas expresiones corporales son las que la madre va a decodificar según su propio código, y la consecuencia de esta decodificación será una modificación en el entorno, en el espacio de la realidad. La hipótesis que sostengo actualmente es que, en los primeros momentos de la vida, esta realidad exterior, modificada, se vuelve, para la psique del infans, la primera representación de su propio espacio. Es decir que, antes de que el infans pueda percibir lo visible de su cuerpo, se refleja en este espacio de realidad modificable.



Usted es una de las fundadoras del Cuarto Grupo. Al fundarse, uno de sus objetivos era abordar de manera diferente la formación de los analistas. ¿Qué podría decirnos de esa experiencia?



Piera Aulagnier: Creo que la experiencia del Cuarto Grupo es como toda experiencia de una sociedad, sea analítica o no. Quiero decir que no hay sociedades "buenas", lo que se dice con relación al campo social vale también para el campo analítico. Pienso que hasta ahora pudimos preservar algunas metas que nos habíamos fijado y que sigo valorando, que tratan de separar al máximo lo que puede ser el proceso analítico de cada sujeto, de toda postura narcisista por parte de los analistas. En ese sentido, intentamos reducir al mínimo, no digo excluir, un cierto tipo de conflicto narcisista que existió siempre en el origen de las diferentes escisiones que hubieron en el mundo analítico.



¿Cuál es su visión actual del psicoanálisis en Francia?



Piera Aulagnier: En Francia, actualmente, encontramos el mismo problema que –de manera más acentuada– se vive en los Estados Unidos y, creo, en el resto de Europa. Hay una especie de receso en la demanda analítica. En el campo terapéutico vemos la importancia que ha adquirido lo sistémico y el conductismo. Entonces, ¿será que lo lamento? No lo sé. Creo también que no es algo malo para el análisis enfrentarse a menos demandas, si éstas son más auténticas. ¿Hasta qué punto el análisis logrará o no imponerse como una vía terapéutica privilegiada? ¿Podrá preservarse? ¿Habrá un momento de vacío? No lo sé.

Temo bastante a la idea –al menos en Francia– de transformar al hombre en una especie de "máquina neuronal", que en definitiva es una negación del aporte que ha hecho el psicoanálisis y, a mi juicio, una regresión.



¿Qué piensa del psicoanálisis anglosajón?



Piera Aulagnier: Los anglosajones son excelentes analistas en general. Por un lado, rindo homenaje al interés que tienen por la clínica y a su pragmatismo, que son indudablemente cualidades. Por otro lado, les reprocharía, y en esto soy muy francesa, la muy poca importancia que le dan a la teoría y, sobre todo y muy frecuentemente, el hecho de tener una especie de "concepto clave", que se transformaría en una especie de clave universal; por ejemplo, la identificación proyectiva del analizando.



Es en ese sentido que nos interesa fundamentalmente su pensamiento, ya que nos muestra de una manera profunda y sistemática esa permanente articulación entre la teoría y la clínica; de la cual su último libro, El aprendiz de historiador..., es el mejor testimonio.

En Francia, ¿hay conocimiento de los autores psicoanalíticos argentinos?



Piera Aulagnier: Debo decirles que desde la primera vez que vine a este país fui sensible al nivel de reflexión de los analistas argentinos, me quedé impactada por la pertinencia y la reflexión que mostraron las preguntas que me hicieron en la APA, hablo del grupo de analistas jóvenes. Quedé impactada por la apertura de pensamiento, creo que supieron mantenerse al margen de un exceso de dogmatismo, pudieron abrirse a la lectura y discusión de distintos autores -cada uno con sus particularidades- sin por eso hacer una mezcla de cosas y sin afiliarse a una determinada teoría.



Usted señala permanentemente la importancia del ámbito cultural e ideológico donde se realiza el análisis. En este sentido, ¿qué acontecimientos sociales favorecieron o perturbaron su difusión en Francia y cómo ve la actual situación ideológico-institucional?



Piera Aulagnier: Creo que en Francia, contrariamente a lo que pasó en la Argentina, el psicoanálisis tuvo un desarrollo más tardío. Porque antes de la guerra en Francia había, por supuesto, una sociedad psicoanalítica, pero en definitiva el gran empuje del psicoanálisis tuvo lugar después de la guerra. Sobre todo entre los años cincuenta y sesenta. En este sentido, no puede ignorarse el papel que desempeñó Lacan en la expansión del psicoanálisis y, sobre todo, en el interés que suscitó en otras disciplinas: ya sea en la lingüística, la filosofía, o la sociología. Esto debemos reconocerlo.

Como ocurre siempre que se crea algo nuevo, hubo primero una fascinación y luego un desencanto que fue provocado, a mi juicio, por haber esperado demasiado del análisis, del poder del conocimiento, del poder terapéutico, del poder de una superciencia, o de una metaciencia, y luego hubo que reconocer las limitaciones que tenía, y en vez de aceptar esto se enojaron con él. Actualmente asistimos a una nueva fascinación, que es la que producen, desde hace diez años, las investigaciones en las llamadas neurociencias, sea desde la biología o la genética, esperando una vez más que puedan dar respuesta a todos los problemas. Por eso habrá que esperar que se reconozcan también los límites de estos saberes. ¿Para ir hacia qué? No lo sé.



Por María Cristina Rother de Hornstein y Luis Córdoba
Con la participación de:
Hugo Bianchi
Ezequiel A. Jaroslavsky
Alfredo Maladesky
Susana Taszma
Graciela Bianchi

* Entrevista realizada el 20 de diciembre de 1986. Desgrabada y traducida por Diana Liniado.
** Traducimos "je" por "yo".

Fuente: El psicoanalisis

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