lunes, 16 de junio de 2008
A 31 años de su fallecimiento Pichon Riviere
De padres franceses y nacido en Ginebra el 25 de Junio de 1907, Enrique Pichon Rivière llegó a los 3 años a Buenos Aires, para seguir viaje al Chaco Argentino, luego a Corrientes, donde su padre trata de trabajar el algodón con ningún éxito.
En este entorno selvático pasó los primeros años de su vida, entre los últimos malones de los Guaraníes y la imagen de su padre colgando sus mejores trajes europeos en un alambre al sol de la tarde. Primero aprendió a hablar francés, después guaraní y por ultimo el castellano. Por casualidad, en la escuela secundaria de Goya tiene su primer encuentro con la obra de Freud.
Concluidos sus estudios en Goya, provincia de Corrientes, es uno de los fundadores del Partido Socialista de Goya, y luego marcha a Rosario (1924) para estudiar medicina. Su primer trabajo en esa ciudad es como instructor de modales en un quilombo (prostíbulo), de prostitutas polacas.
De retorno en Goya por cuestiones de salud (la bohemia lo lleva a la neumonía), ahora prueba suerte en Buenos Aires, donde conoce y hace amistad con personalidades como Roberto Art, Conrado Nale Roxlo, y otros. Interesado por la poesía lee con avidez a los poetas malditos franceses, Rimbaud y en especial por Isidoro Ducasse, Conde de Lautréamont sobre el cual desarrolló una profunda investigación e indagación de lo siniestro. Entre 1930 y 1931 trabaja como periodista en el diario Critica, realizando notas de arte y deporte.
En sus estudios de medicina ya desde temprano comprendió que "...toda la enseñanza era sobre cadaveres. Había allí una contradicción fundamental, un elegir -tal vez inconsciente- la muerte. Nos preparaban para los muertos, no para los vivos." Inicia su práctica como psiquiatra en El Asilo de Torres, para oligofrénicos, cerca se Luján, provincia de Buenos Aires. Se muda a Buenos Aires donde trabaja en otro sanatorio para enfermos mentales y también trabaja como periodista en el diario Critica (1936). Una vez recibido entra a trabajar en el Hospicio de la Merced (hoy, Neuropsiquiátrico José Tomás Borda) donde trabaja durante 15 años.
En el Hospicio de la Merced uno de sus primeros trabajos es el de organizar grupos de enfermeros e instruirlos en el trato del paciente ; pues en esos momentos uno de los principales problemas era el maltrato que por desconocimiento impartían los enfermeros a los pacientes. En estas circunstancias desarrolla la técnica del "Grupo Operativo", "...en esos grupos discutía con los enfermeros los diferentes casos que había, se trataba así de darles un panorama general de la psiquiatría. El aprendizaje de los enfermeros fue sorprendente. Ellos tenían acumulada gran experiencia, dado que casi todos, habían trabajado años en el Hospicio. Su dificultad era que no podían conceptualizar; entonces, esa experiencia no les servía para nada...". Las condiciones mejoraron grandemente. Debido a un prolongado paro de enfermeros, debió capacitar a los enfermos que mejor se encontraban para ocupar este rol; "...Por ultimo estos internos mejoraban ostensiblemente su salud mental. Tenían una nueva adaptación dinámica a la sociedad, especialmente porque se sentían útiles..." Las posturas reaccionarias de otros profesionales y la intención de destruir su trabajo lo llevaron a renunciar, no sin llevarse las vivencias que luego darían coherencia a sus proyectos. De esta praxis surgen estas reflexiones: "...Existe en nuestra sociedad, un aparato de dominación destinado, en ultima instancia, a perpetuar las relaciones de producción; vale decir relaciones de explotación. Este aparato de dominación tiene sus cuadros en psiquiatras, psicólogos, y otros trabajadores del campo de la salud, que vehiculizan, precisamente, una posición jerárquica, dilemática y no dilemática de la conducta. Son líderes de la resistencia a l cambio, condicionantes de la cronicidad del paciente, al que tratan como un sujeto equivocado desde un punto de vista racional. Estos agentes correctores, cuya ideología y personalidad autocrática les impide incluir, una problemática dialéctica en el vinculo terapéutico, establecen con sus pacientes relaciones jerárquicas en las que se reproduce el par dominador - dominado. Se incapacitan, así , para comprometerse, también ellos como agentes - sujeto de la tarea correctora..."
Junto a Garma, Carcano y Rascovsky fondan en 1940 la Asociación Psicoanalítica Argentina (A.P.A.)
Progresivamente va interesándose por la actividad de los grupos en la sociedad hasta dejar la concepción del psicoanálisis ortodoxo por el desarrollo de un nuevo enfoque epistemológico que lo llevará a la Psicología Social. Migración de la que da cuenta en su libro "Del psicoanálisis a la psicología social" en el que concibe a la Psicología Social como una democratización del Psicoanálisis.
Esta tendencia de la Psicología Social tiene como objeto "el estudio del desarrollo y transformación de una realidad dialéctica entre formación o estructura social y la fantasía inconsciente del sujeto, asentada sobre sus relaciones de necesidad"(E.P.R.). Establece al grupo como campo "en el que se dará la indagación del interjuego entre lo psicosocial (grupo interno) y lo sociodinámico (grupo externo), a través de la observación de los mecanismos de asunción y adjudicación de roles" (E.P.R.). Establece que la praxis es para el operador social la que mantendrá las coincidencias entre las representaciones y la realidad. De la praxis surge en concepto de Operatividad que representa lo que para otros Sistemas Conceptuales sería el criterio de Verdad. "...si enfrentamos una situación social concreta, no nos interesa solo que la interpretación sea exacta, sino fundamentalmente , nos interesa la adecuación en términos de operación. Es decir, de la posibilidad de promover una modificación creativa o adaptativa según un criterio de adaptación activa a la realidad."( E.P.R.).
Dentro de su producción conceptual cuestiona el tradicional enfoque en psiquiatría basada en el par contradictorio salud - enfermedad, por el de adaptación pasiva - adaptación pasiva, desplazando el centro de la problemática a la capacidad transformadora de una realidad dada que posee el ser humano ante las exigencias del medio. Y nos doce: "...El sujeto es "sano" en la medida que aprehende la realidad en una perspectiva integradora y tiene capacidad para transformar esa realidad transformándose, a la vez, él mismo." "...El sujeto esta activamente adaptado en la medida que mantiene un interjuego dialéctico con el medio y no una relación rígida, pasiva, estereotipada." Rivière toma como aportes para desarrollar E.C.R.O. de la Psicología Social, conceptualizaciones de Freud, Melanie Klein, y G. H. Mead desde la perspectiva intrapsiquica y a Kurt Lewin desde metodología para investigar en grupos a través de la investigación activa. Además de los ya citados también forman parte importante del E.C.R.O. pichoniano los siguientes conceptos: mundo interno, cono invertido, vectores del cono, grupo operativo, etc.
Material extraido del libro
"Conversaniones con Enríque Pichón Rivière Sobre el Arte y la Locura"
De Vicente Zito Lema, Ediciones Cinco
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lunes, 2 de junio de 2008
Las “numerosidades sociales”, de duelo
Ulloa fue un luchador por los derechos humanos, reconocido por sus conceptos teóricos y por su práctica como psicoanalista. Fue uno de los fundadores de la carrera de Psicología en la UBA. Renunció a su cátedra en el ’66 y en el ’76 se exilió en Brasil.
Por Pedro Lipcovich
Muchas “numerosidades sociales” están de duelo, porque el viernes pasado, a los 84 años, falleció el psicoanalista Fernando Ulloa. Así, “numerosidad social”, denominaba él a los distintos colectivos humanos en los que había desarrollado técnicas “para generar pensamiento crítico”, según sus propias palabras. Así trabajó para encarar conflictos en hospitales públicos, en instituciones educativas, en grupos de profesionales –el más célebre de éstos fue el conjunto Les Luthiers–, en barrios y comunidades. Recibió, preservó y acrecentó la herencia de su maestro Enrique Pichon–Rivière, y su trabajo con esas “numerosidades” lo condujo a un compromiso social y político que manifestó a lo largo de toda su vida, incluyendo su exilio bajo la dictadura militar y, con la democracia, sus aportes conceptuales y prácticos a la lucha por los derechos humanos. Puso en valor, para la teoría, nociones como la de ternura y la de crueldad, y obtuvo el reconocimiento unánime de las distintas corrientes del psicoanálisis argentino. A principios de los ’60 había sido uno de los fundadores de la carrera de Psicología en la UBA.
En la carrera de Psicología, que en esa época dependía de la Facultad de Filosofía y Letras, tuvo a su cargo la cátedra de Clínica de Adultos. Como muchos profesores, renunció en 1966, después de la Noche de los Bastones Largos, pero volvió a principios de los ’70. Lejos de plantear la psicopatología en una perspectiva individual, introdujo las “asambleas clínicas”, donde centenares de alumnos deliberaban durante varias horas: “Ellos mismos eran objeto de la clínica; se observaban como comunidad”, recordó el año pasado a este diario. El preparó a generaciones de psicólogos en la aptitud y la voluntad de trabajar en instituciones públicas.
Ulloa había nacido en Pigüé, provincia de Buenos Aires, el 1º de marzo de 1924. Estudió Medicina en la UBA. Interesado por la psiquiatría y el psicoanálisis, fue discípulo de Enrique Pichon-Rivière, de quien aprendió el valor de prestar atención a las “numerosidades”. Ingresó en la Asociación Psicoanalítica Argentina, donde llegó a ser “didacta”, luego de presentar un trabajo que, por primera vez en la historia de esa institución, se refirió no a un caso individual sino al análisis de instituciones. Años después, en 1971, se separó de esa institución como fundador del grupo llamado Documento.
El psicoanalista y analista institucional Osvaldo Saidón –uno de los autores del libro Pensando Ulloa– recordaba ayer que “ya en los ’60, Fernando Ulloa desarrolló los ‘grupos de reflexión’, en los que se ponía en juego la capacidad de un grupo de pensarse a sí mismo, con un germen de autogestión. Y fue el verdadero creador del análisis institucional en la Argentina, con rasgos distintos a los que había tenido en otros países como Francia: para Ulloa, el psicólogo institucional no es un ‘organizador’, ni menos un jefe, sino un clínico, atento sobre todo al sufrimiento de los que integran la institución”.
El golpe militar de 1976 lo obligó a exiliarse en Brasil, donde permaneció hasta 1981. Residió sobre todo en Bahía, pero también trabajó y formó profesionales en Río de Janeiro y otras ciudades. Volvió a la Argentina en 1981, y se comprometió profundamente con la lucha por los derechos humanos. En el estudio de los efectos de la represión sobre la subjetividad se vio llevado a desarrollar el concepto de la crueldad: “Yo empecé a trabajar la cuestión de la crueldad a partir de un peritaje para Abuelas de Plaza de Mayo, en un caso judicial. La pregunta que se nos formulaba a los peritos era: ¿qué consecuencias sufre un bebé cuya madre fue torturada con picana eléctrica cuando él estaba en su vientre, mantenida con vida hasta el parto y luego asesinada? Esa pregunta trazaba el paradigma de todas las crueldades”, contó mucho después a este diario. Contrapartida de la crueldad es, para Ulloa, la ternura, “el primer elemento para que se constituya un sujeto social, que comprende el abrigo, el alimento y el buen trato”.
Liliana Lamovsky –psicoanalista, miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires–, quien trabajó con Ulloa en análisis institucional, destacó que “todas las corrientes del psicoanálisis lo han reconocido porque, en todos los ámbitos, él admitía el saber del inconsciente y, siempre, sabía escuchar: ‘Yo quizá no sea el analista más buscado, pero soy el más encontrado’, decía”.
En los últimos años de su vida, Ulloa trabajó intensamente con sus “numerosidades”; por ejemplo, asesorando a equipos de salud en barrios carenciados de Neuquén y del conurbano bonaerense. Ello lo condujo a teorizar sobre “la cultura de mortificación”, que se extiende “cuando la queja no se eleva a protesta y las infracciones sustituyen a las transgresiones”. El psicoanalista Sergio Rodríguez, quien fue su discípulo y paciente, recuerda que “Ulloa ironizaba con aquella fórmula de Heidegger, ‘ser para la muerte’, diciendo que él prefería ‘ser hasta la muerte’”.
Fernando Ulloa trabajó hasta pocos días antes de su fallecimiento, que se produjo tras una breve enfermedad. Estuvo acompañado por su esposa, María Celia, “Chichu” –con quien se había casado en 1956–, y por su hijo Pedro.
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jueves, 15 de mayo de 2008
Reportaje a la Dra. Silvia Bleichmar

Diario Clarín, Sección SEGUNDA, por Héctor Pavón Domingo 18/IV/99
-¿Por qué cree que los jóvenes delincuentes se muestran más violentos?
“¿Más violento que qué? La expresión “más violentos” debería ser remitida a algún patrón que posibilite la comparación: ¿Más violentos que antes? ¿Más violentos que los delincuentes adultos? O más violentos de lo que cabría esperar...
La violencia delictiva, inmisericordiosa de niños y jóvenes quebranta la esperanza que lasociedad civil deposita en el futuro, poniendo al descubierto que los daños cometidos en una época histórica no se subsanan fácilmente con un relevo generacional.
No podemos desconocer que los niños y jóvenes de nuestro país son víctimas, en su conjunto, de una herencia de impunidad en la cual se marcan claramente dos vertientes: por un lado la que proviene de la época de la represión, por otra la que remite a la corrupción que constituye el mayor motivo de desencanto a 15 años de democracia.
Impunidad y desesperanza: estas son en mi opinión las palabras claves que enmarcan la situación, y que constituyen un eje que no siempre se tiene en cuenta.
--¿Qué incidencia cree que tienen sobre la delincuencia juvenil, factores como pobreza, falta de trabajo, consumo de drogas, entre otros?
Por supuesto, que si bien esto afecta a todas las capas de la población, sus efectos no son los mismos; de ahí que cuando Ud. me pregunta qué incidencia tienen sobre la delincuencia juvenil factores como pobreza, falta de trabajo, consumo de drogas, indudablemente sean causales de primer orden, pero ellas solas no permiten explicar el modo de ejercicio de la violencia. Las profundas mutaciones operadas en ciertos modos de representación de la relación del sujeto con la sociedad no se desprende mecánicamente de la pobreza. Estas mutaciones dan origen a modos de operar que no dependen sólo de la situación social del sujeto, ni tampoco surge aisladamente de los deseos individuales, no puede ser atribuido a un factor “demonizado” como se ha hecho en ciertos casos (la televisión, por ejemplo), se trata de un modo residual de instalación de la experiencia en un sistema de representaciones que involucra tanto la conciencia presente de la situación actual como los sedimentos que ha dejado la historia sin que se haya operado un procesamiento reflexivo acerca de sus efectos.
El modo con el cual se cede a la impulsión transgresora en la infancia no es sólo efecto de la represión que el adulto ejerce, sino del hecho que la pautación tiene eficacia en razón del amor y respeto con que ese adulto es investido. Si en una familia el padre fuera un delincuente, y los hijos robaran, nadie pensaría que el padre “necesita mayor poder y autoridad” para poner orden. Esta es la paradoja en la cual se encuentra la sociedad argentina: quienes están a cargo de la represión del delito se ven cotidianamente involucrados en el mismo. Los jóvenes no sólo temen a la policía, también la desprecian, han padecido su arbitrariedad y falta de moral, y cuando se cruzan con una patrulla, por la noche, aunque no tengan nada que ocultar, aunque vengan de casa de un amigo de estudiar y se dirijan a dormir a la suya, la evitan por temor a ser humillados, maltratados, incluso robados...
Por eso la prevención del delito implica una tarea urgente: la de ofrecer un modelo en el cual la impunidad sea realmente penada, comenzando por el poder judicial, los organismos de seguridad y, por supuesto, los sectores gobernantes.
Me pregunta usted si la deserción escolar es un factor a tener en cuenta. Es más bien la resultante de lo mismo, de la caída de la esperanza en el futuro de una vida mejor. Se piensa que los niños se hacen delincuentes porque no van a la escuela y andan por la calle. Se pierde de vista que esos niños que andan en la calle han perdido toda esperanza de que la escolaridad cambie su situación de existencia, y lo más grave de ello es que sus padres la perdieron primero, antes de que estos niños nacieran, y forman parte de la oleada de marginación que la economía actual arroja todos los días. Tal vez sea audaz de mi parte afirmar que no es la pobreza la que genera la deserción escolar, sino la miseria irredenta y sin esperanza, pero no se puede descuidar el hecho de que los seres humanos no actúan movidos sólo por las circunstancias presentes – sería banal y hasta injusto proponerlo de este modo – sino por una compleja combinación de experiencias pasadas y de expectativas futuras que modelizan el presente.
Pero en el otro extremo, en el de los sectores corruptos y pudientes, la educación ha dejado de ser un valor en sí: no se puede dejar de recordar que nuestra primera dama en ejercicio fue acusada de copiarse, ¡y no con machete! sino con un complicadísimo sistema que parecería brindado por los sistemas de seguridad: transmisores, apoyo logístico, etc., dejando luego sus estudios, y representándonos alegremente mientras bosteza en todo acto de cultura al cual se ve obligada a asistir – no sin presentar previamente una encomiable resistencia.
--¿Por qué los delincuentes juveniles aparecen más jugados, como si no tuvieran conciencia de que pueden perder la vida desde el momento en que empuñan un arma?
Los jóvenes en general son generosos con su vida y descuidados con la vida ajena; esto puede llevarlos a los más grandes actos de egoísmo o a las mayores atrocidades. Es extraordinario cómo la misma sociedad que pensaba que los jóvenes que murieron en Malvinas eran seres extraordinarios, se horrorice del poco respeto que tienen los niños y jóvenes que cometen actos delictivos por su propia vida o por la de los otros.
-Se habla del crecimiento del delito y en particular de los cometidos por adolescentes o jóvenes. Sin embargo, no existen cifras que prueben esto. ¿Por qué cree que surgen estas afirmaciones y se reproducen infinitamente en los medios?
No lo sé, pero si es así tal vez haya que tener en cuenta el efecto brutal que produce el hecho de que aquellos que están destinados a reparar todos los males y sufrimientos del pasado, los “inocentes” de una sociedad, aquellos a quienes debemos proteger y no de quienes debemos cuidarnos, se transformen en portadores de la maldad. Algo se subvierte profundamente en las representaciones colectivas, dando cuenta del malestar en juego en las condiciones de vida actual y produciendo una vivencia del orden de lo siniestro.
--¿Cómo juega en el joven su núcleo familiar y su entorno social para que se transforme en un delincuente?
Gran parte de los niños que participan hoy de acciones delictivas importantes han constituido familias de pares, en las cuales los roles de protección y pautación están dadas por el grupo de pertenencia, muchos de ellos comandados por adultos. Cuando un grupo de seres humanos se reúne, lo que importa no es que compartan un techo, sino la ideología, valores, modos de representación del mundo que se transmiten entre ellos, y en este sentido tomar el argumento de la “desintegración familiar” es tan banal como falso. La delincuencia juvenil, o infantil, es el síntoma más preocupante de nuestra sociedad actual, ya que pone de relieve el fracaso no de la familia individual, sino de las instancias “parentales” del país, vale decir de protección: judiciales, legislativas, de gobierno, en su carácter de entorno constituyente y protector de la sociedad civil. Remitirlo a la responsabilidad de la familia individual es un nuevo modo de desresponsabilización de quienes deberían sentirse responsables.
--¿Cree que bajar la edad de imputabilidad puede solucionar los problemas de inseguridad que hoy se viven?
En absoluto. Y aún cuando fuera posible que una parte importante de los delitos de menores estén comandados por adultos que se escudan en la inimputabilidad ofrecida por la edad, bajar la edad de penalización no resolvería nada, ya que siempre se podrían encontrar ejecutores más jóvenes, a partir de la edad en la cual un niño pueda sostener un arma y tenga la destreza motriz para apuntarla hacia el lado previsto. No pueden ser confundidos los reclamos de mayor seguridad con lo de mayor represión; esta es una de las encerronas más viejas que ha sufrido la sociedad argentina, y siempre se nos han quedado los pies encerrados en la trampa que armamos
Dudas, sugerencias, aportes...



