martes, 8 de julio de 2008

Entrevista a la doctora Piera Aulagnier

Los temas a los que Piera Aulagnier hace referencia en esta entrevista son:

1) El valor central que tiene el yo (je) y el pensamiento en su teoría. Lo propio del yo es advenir a un espacio y a un mundo cuya preexistencia se le impone, mediante una relación directa con el discurso materno, sin ser por eso una instancia pasivamente hablada. El yo es el único que puede expresar los conceptos de placer y sufrimiento, cuyas causas él ignora, y sólo mediante esas experiencias objetivas puede conocer y nombrar las consecuencias afectivas de su realidad.

2) El proceso identificatorio resultado de esa función relacional, entre el infans, el deseo materno, el cuerpo, la realidad y los sucesivos encuentros con los otros; proceso que se realiza en tres tiempos. El yo requiere de ciertos referentes simbólicos o puntos de certeza, a los cuales debe poder apelar para ubicarse temporoespacialmente. Estos referentes quedan puestos en peligro en la psicosis.

3) Las "cuestiones fundamentales", el yo como historiador y la búsqueda de causalidades. En el neurótico hay una alternancia entre causalidad demostrada e interpretada; en el psicótico, en cambio, hay una especie de antinomia entre ambas. En este ultimo caso, la causalidad interpretada es una construcción delirante imposible de ser compartida, lo cual lleva al psicótico a una ruptura relacional.

4) La experiencia de sufrimiento. Ésta es inevitable, pero no debe sobrepasar un límite que obligaría al yo a una desinvestidura de una función o de un objeto vital para su vida psíquica, triunfo de Tánatos sobre Eros.

5) La importancia de separar al máximo, en las instituciones psicoanalíticas, el proceso analítico de cada sujeto de las exigencias institucionales.

6) La importancia en la práctica de la articulación teórico-clínica para evitar los excesos que llevarían al teoricismo dogmático o al pragmatismo a ultranza.
A lo largo de toda su obra, usted privilegia la teoría sobre el yo y el pensamiento. Sin duda existen diferencias entre su "je", el moi freudiano, el yo de la Ego-Psycology y el yo (moi); concebido como esa instancia imaginaria, un señuelo condenado al desconocimiento según lo conceptualiza la teoría lacaniana.



Piera Aulagnier: Es evidente que tengo que ser muy breve y no retomar las teorías de los distintos autores que contribuirían a responder su pregunta. La teoría del "moi" freudiano, sólo puede comprenderse partiendo de lo que Freud toma como origen del moi; es decir el yo-ello indiferenciado del cual poco a poco se diferencia el yo con las diferentes funciones que le atribuye a la parte consciente del yo. Diría que, desde el punto de vista "ontogenético", para Freud hay una matriz del yo que existe desde el comienzo de la vida psíquica.

Lo que yo entiendo por "je"**, habiendo elegido el término "je" en lugar de "moi", es una instancia que tiene una relación directa con el discurso materno; a través del cual la madre anticipa a ese niño que va a nacer. No sólo lo anticipa, sino que lo preinviste durante la espera. De ahí que yo insista, pues si no se comprendería muy mal lo que voy a decir, en que esta relación que describo entre los primeros enunciados del discurso materno que tienen carácter identificante, o sea que son promotores de identificación, y que promueven el advenimiento del yo en la escena psíquica, no suponen en absoluto pasividad por parte de ese sujeto que adviene. Por lo tanto, el yo no es una instancia que a lo largo de su existencia, ni desde su primera infancia, sea pasivamente una instancia hablada por el discurso del "Otro", para retomar una expresión lacaniana.

La madre descubre que a partir de las referencias identificatorias que ella da al niño y que le permiten al yo advenir ya no está sola para decidir el lugar en donde la ubica el hijo en la relación que los vincula. Esto es importante no olvidarlo para evitar pensar al yo como esa instancia pasiva que resulta totalmente modelada por el discurso del "Otro".

En cuanto al yo de la "Ego-Psychology", se sostiene en relación con un modelo pragmático del funcionamiento del sujeto, y con la idea de una energía neutra, de la que dispondría el yo, que pienso que es insostenible.

Con relación al "moi" lacaniano, el reproche que yo le haría a la teoría es el postulado según el cual "todo discurso es señuelo" (leurre). ¿Dónde ubica al sujeto que enuncia esta teoría? Si todo discurso es señuelo, la teoría que así lo enuncia es también un señuelo. Por otra parte creo que existe un modo de usar los aportes de Lacan que termina descalificando toda posibilidad de tener una cierta relación con la verdad. Una cosa es decir que no habrá jamás una verdad definitiva y que toda verdad no es más que un momento en una búsqueda; otra cosa es pretender que toda verdad no es siempre más que un error, que será sustituida por otro error, y así en una repetición sin fin. Un postulado tal, sólo se sostiene paradójicamente, instituyendo primero la teoría que enuncia eso, con lo cual se transforma la teoría en una serie de certezas constitutivas de un dogma que permanecería eternamente igual, pudiendo llevar al sujeto a ese asesinato del pensamiento perpetrado por su alienación al dogma inmutable e intocable. Para mí, la base de todo pensamiento teórico valedero es pensar la teoría como un momento del conocimiento, que permite ir hacia otro momento.



En relación con lo anterior, usted dice que el "je", para poder sostenerse, requiere de un relato que le cuente ese antes de su existencia, y hace referencia a un "yo-morfismo". ¿Nos podría aclarar ese concepto?



Piera Aulagnier: Me refiero al "yo-morfismo", en toda teoría que trate de lo humano. Quiero decir que cuando pensamos el espacio fuera del "je", el ello por ejemplo, no hacemos más que, como lo hizo Freud, tratar de pensar qué afectos siente o sentiría el yo en cuanto a lo que se juega en el ello. Quiero decir que el yo le sirve al ello como su único decodificador. No podemos prescindir de él. "Yo-morfismo", puesto que el yo es el único que puede pensar los conceptos de placer y sufrimiento, y sólo mediante esas experiencias objetivas puede conocer y nombrar las consecuencias afectivas de su encuentro consigo mismo, con su cuerpo, con el otro y con la realidad. Lo mismo ocurre cuando pensamos el fenómeno humano, sólo podemos pensarlo a partir parámetros relacionales.

Cuando pensamos al infans, tratamos de imaginar los movimientos inconscientes, las representaciones pulsionales más primitivas, más arcaicas de ese psiquismo; tratamos de decodificarlos interrogándonos acerca de las reacciones que provocan en el entorno familiar y más específicamente en la madre. Hubo un intento de pensarlo de otro modo, Lacan trató de matematizarlo, sólo que hacer esto es salirse del campo clínico, es transformar la teoría psicoanalítica en una especie de teoría metafísica, que se denominará como tal o no, pero que de algún modo sale del campo del análisis, que es el campo clínico, el campo de los afectos, el campo relacional. Con esto no quiero decir que toda tentativa de matematización de la teoría psicoanalítica no pueda tener algún valor, pero en ese caso no se trataría de una teoría acerca del psiquismo, sería una teoría sobre una metafísica de la clínica.



A lo largo de toda su obra, usted desarrolla cada vez con más profundidad el proceso identificatorio, proceso que se desarrolla en tres tiempos: un primer tiempo hablado por la madre que va desde el infans al niño, un segundo tiempo que concluye con la asunción por parte del "je" de una posición simbólica, y un tercer tiempo que llama "efecto de encuentro". En Freud, la conceptualización de la identificación hace referencia a tres tipos de identificación: primaria, narcisista e histérica. Lacan desarrolla los tres registros: imaginario, simbólico y real. ¿Cuál sería para usted la articulación posible entre las tres teorías en lo que al proceso identificatorio se refiere?



Piera Aulagnier: Volver a hablar sobre las identificaciones histérica, primaria y narcisista, implicaría retomar toda la teoría freudiana. Con relación a lo que podría ser el registro de las identificaciones imaginarias y de las simbólicas, puedo referirme primero a lo que escribí en La violencia de la interpretación, tratando de separar lo que es del registro de lo imaginario y lo que es del registro de lo simbólico en la identificación, y sobre todo a lo que escribí después tratando de mostrar que en la neurosis el conflicto va a darse entre el yo y sus ideales. Conflicto que no pone en peligro los referentes simbólicos, lo que llamé "puntos de certeza", mientras que en el registro de la psicosis es en el nivel de las dos caras del yo donde se ubica el conflicto. Efectivamente, el psicótico sólo puede sostenerse en lo que llamé "puntos de permanencia" en su registro identificatorio, solamente si alguien del exterior le sirve de prótesis. Si ese alguien del exterior de repente le reenvía a un enunciado identificatorio que no puede ocupar, seguramente se pondrán de manifiesto trastornos psicóticos.



¿Se produciría lo que usted llama "efecto de develamiento"?



Piera Aulagnier: En El aprendiz de historiador y el maestro-brujo, me refería al develamiento, no como el develamiento de una pulsión desconocida por el sujeto. En la psicosis sería el develamiento de una catástrofe identificatoria que ya tuvo lugar.

El efecto de develamiento es estar enfrentado a una situación que le devela de manera desconocida y a veces traumática algo que no conocía del propio deseo. Este fenómeno se encuentra con frecuencia en la perversión. El sujeto se encuentra enfrentado a una situación que no provocó ni es fruto de una búsqueda, pero que le devela lo que no sabía de su propio deseo. Acercándonos un poco al campo clínico, recuerdo a un sujeto que había sido hospitalizado, había tenido un momento depresivo, pero no está ahí la cuestión. El sujeto era español, se había casado y tenía dos hijos; todo había marchado sin el menor problema hasta los 30 años. Trabajaba como jardinero en los jardines del Trocadero. Un día dos mujeres jóvenes le preguntaron dónde estaban los baños; eran extranjeras. Él les explicó, y ellas se dirigieron hacia el lugar. Él las siguió de buena fe, para asegurarse de que habían comprendido la explicación. De hecho, ellas no habían entendido y se habían puesto a orinar entre unos árboles. Él se encontró de repente con esas dos mujeres que orinaban en público y se mataban de la risa. Se desencadenó de manera absolutamente brusca e imprevista un comportamiento voyeurista que tuvo repercusión desde el punto de vista legal, y es la razón por la cual yo lo conocí. No es el único ejemplo. Freud, en "El hombre de las ratas", habla del horror ante un goce desconocido por él. Pero creo que en ese caso se trata de un efecto de fascinación, casi en el sentido de fijación de una pulsión que hasta ahí había estado perfectamente gobernada por el sujeto.



En El aprendiz de historiador..., usted se refiere a las entrevistas preliminares, diferenciando la actitud que el analista debe tener con el paciente neurótico de la que debe tener en el abordaje de los pacientes psicóticos. En la neurosis, el analista favorece en el analizando la reactualización de sus conflictos infantiles. En la psicosis, usted dice que la apertura se dirige a la exigencia inversa. Hacer sensible al sujeto a lo que dentro de esta relación no se repite, lo diferente que ella ofrece, lo no experimentado todavía. ¿Podría comentar esta propuesta?



Piera Aulagnier: Creo que de manera caricaturesca se puede decir que el neurótico, efectivamente, por medio de la transferencia y gracias a ella, va a establecer con nosotros una relación que no es la repetición de lo que vivió en la infancia pero sí está muy próxima al esquema de lo que vivió en la infancia, gracias a lo cual podrá, si todo va bien, reencontrar un cierto número de representaciones, de significaciones, de pensamientos que, en efecto, habían formado parte de su funcionamiento infantil, pero que había reprimido y había tratado de olvidar. Simplificando, en la neurosis se trata de hacer que el sujeto reencuentre algo, un capital psíquico, que es el suyo.

En la psicosis se trata de permitir que el psicótico encuentre un cierto número de afectos cuyas representaciones fueron prohibidas en el mismo momento en que pudieron fugitivamente aparecer. Quiero decir que se trata de hacerle revivir lo que no pudo vivir. Esto es lo que marcaría la diferencia.

Yo diría que en el neurótico se trata de reencontrar una historia que había construido en su infancia y permitirle modificarla. En la psicosis se trata de construir por primera vez ciertos blancos que habían existido en su historia.



En una de las conferencias que usted dio en 1982, se refirió a situaciones que se viven fundamentalmente en el análisis de psicóticos como momentos de soledad absoluta, de vacío, que muestran el efecto de esa ausencia de representaciones que podrían llevar a un desinvestimiento total, a una amputación que concierne al cuerpo, al pensamiento, al afecto; momentos frente a los cuales más que una interpretación, es necesario proponerle al paciente "figuraciones". ¿Tendría esto que ver con la referencia que usted hacía anteriormente?



Piera Aulagnier: En cierta forma, porque lo que yo llamo "lenguaje figurativo" es la posibilidad que debe tener el analista de hablar sirviéndose de imágenes de cosas corporales y poniéndolas en palabras, ya que lo que trato de subrayar es que uno de los problemas con los que se encontró el psicótico siendo niño fue no haber podido transformar en un fantasma ciertas representaciones acompañadas de las primeras reacciones afectivas, transformación que le hubiera permitido ligar esos afectos con el deseo del otro, es decir que le hubieran permitido apelar a una causalidad de deseo, pudiendo así, por un lado, asumir el fantasma y, por el otro, operar ese trabajo de elaboración necesario para el funcionamiento psíquico. Entonces, cuando esta transición no es posible, el único recurso que le queda al psicótico es recurrir a la única representación que puede conservar, que es la más próxima al proceso originario. No es lo originario porque nadie puede quedarse ahí, es lo que está más próximo, y por eso forma parte de lo indecible, de lo que no puede ser puesto en palabras. Por eso creo que, en estos casos, el papel del analista será el de permitirle al sujeto poner en palabras lo que no fue dicho.



En El aprendiz de historiador..., usted nos habla de sus "cuestiones fundamentales" como aquellas propias de cada analista que singularizan la relación con la teoría y la clínica, y se refiere a dos: 1) la del yo como constructor historiador que jamás descansa, y 2) la búsqueda permanente del yo de causalidades de deseo o interpretadas y causalidades demostradas o del conjunto. Usted agrega que, en la neurosis, ambas se alternan permanentemente, dando movilidad al proceso identificatorio, no siendo así en la psicosis.



Piera Aulagnier: Sí, lo propio del neurótico es poder separar; es decir, el neurótico no sale de la causalidad demostrada, la causalidad cultural, o la causalidad compartida por el consenso. El problema sólo radica en ciertos sectores del registro del afecto, y no entre la causalidad cultural y la suya propia; el problema estaría entre la causalidad a la cual se refiere su deseo, la causalidad a la cual se refiere el deseo de otro yo, y su imposibilidad de encontrar algún tipo de compromiso, o la imposibilidad de aceptar el conflicto, la imposibilidad de aceptar perder tal objeto para investir otro. Pero hay en el neurótico una alianza entre estos dos principios y la posibilidad de recurrir alternativamente a uno o a otro y de servirse de ellos casi como una especie de defensa. Cuando una causalidad corre el riesgo de volverse muy conflictiva, existe la posibilidad de contar con la otra. En la psicosis es diferente porque hay, la mayoría de las veces, una especie de antinomia entre las dos causalidades. Si se recurre a la causalidad demostrada, ésta se transforma en una especie de causalidad fría, la causalidad del puro azar, en la cual el deseo no ocupa ningún lugar; en tanto que en el registro de la causalidad interpretada, la causalidad de deseo enfrenta al sujeto al lugar que ocupa en él la interpretación fantasmática y, por eso mismo, a la imposibilidad de poder compartir esa causalidad interpretada, que no debemos olvidar que en este caso se trata de una construcción delirante, de ahí la imposibilidad de poder compartirla con otros, de hacer de eso algo comunicable, compartible, que pueda sostener una relación. Por el contrario, la referencia a esta causalidad va a provocar una ruptura relacional.



Parafraseando a Freud, usted habla de los dos principios del funcionamiento del proceso identificatorio, el de permanencia y el de cambio, ambos necesarios para que los diferentes tiempos sean posibles. Exigir al yo que nada cambie o que todo cambie, sea que esta exigencia provenga del discurso parental o del social, ¿sería un exceso de violencia facilitador de patología?



Piera Aulagnier: Y de una patología grave. Sí, porque son dos mandatos que el yo, aunque quisiera, no puede seguir. Hay mandatos violentos que, aunque sea el precio de un cierto número de defensas neuróticas, perversas o psicóticas, el yo puede asumir. Ningún sujeto puede hacer que nada cambie en las modificaciones que el tiempo le impone a sí mismo y al objeto de su deseo. Y nada puede permitirle al sujeto que todo cambie, es decir que haya un corte, que quede fuera del tiempo, fuera de la historia, fuera de todo lo que es su capital mnésico. Ambos mandatos son imposibles de asumir. No es lo difícil, no es el exceso, es lo imposible.



En "Condenado a investir", usted dice que, ante un exceso de sufrimiento, el yo tiene tres salidas posibles: 1) la huida; 2) el desinvestimiento, que sería el triunfo de la pulsión de muerte, lo que conduce a un sentimiento de vacío, a una nada, a un deseo de no deseo; o bien, 3) apelar al mecanismo de desinvestidura para encontrar una causalidad que le permita al yo seguir invistiendo. ¿Podría aclararnos un poco más esta última salida?



Piera Aulagnier: Lo que trataba de decir es que la experiencia de sufrimiento es inevitable. Es lo que obliga al sujeto a reconocer toda la distancia existente entre su representación fantasmática de la realidad y lo que la realidad es.

Cuando hablamos de sufrimiento nos referimos al componente psíquico del sufrimiento, ya sea que se trate del sufrimiento somático o del psíquico.

Lo que hay que plantearse es que no hay que dejar que el sufrimiento llegue a un límite tal que obligue al yo a una desinvestidura de una función o de un objeto vital para su vida psíquica. Para tomar un ejemplo, se puede sufrir porque un ser que amamos nos abandona. En la mayoría de los casos tendrá lugar un trabajo de duelo, gracias al cual el sujeto tratará de recuperar la libido a la espera de un nuevo objeto al cual poder investir. Pero hay objetos que no son sustituibles, un niño no puede vivir si no conserva, de alguna manera, una investidura con el objeto materno o con un sustituto del mismo. Un sujeto no puede vivir si no conserva un mínimo de investidura en relación con su cuerpo. Si se desinviste totalmente lo somático, sobrevendrá la muerte tarde o temprano. Del mismo modo, en ciertas condiciones, todo sujeto está obligado, para que el psiquismo pueda seguir funcionando, a conservar, a poseer, a asegurarse un cierto número de investiduras externas y un cierto quantum de investiduras en relación con su espacio somático. Entonces es necesario que, fuera cual fuere el sufrimiento que provocan aquellos objetos externos necesarios para la vida o el sufrimiento de origen somático, no puedan pasar el umbral que llevarían al sujeto a un desinvestimiento que dejaría el camino libre para la pulsión de muerte. Creo que cuando el yo está en esa situación tratará de recuperarse, protegerse, mediante una búsqueda en el registro causal que le permita oponerse a ese movimiento de desinvestidura. Esto es lo que trataba de decir en "Condenado a investir".



En ese mismo artículo, usted retoma el registro pulsional y enfatiza que, mientras el sufrimiento se mantenga dentro de ciertos límites, su presencia es más predominio de Eros que de Tánatos. Especifica a Tánatos como el deseo de no deseo y la muerte del pensamiento. Sabemos que éste es un concepto muy controvertido, y aun aquellos psicoanalistas que lo aceptan al utilizarlo en la clínica, lo hacen en sentido metafórico. Por el contrario, es evidente que para usted el concepto de pulsión de muerte es algo clínico.



Piera Aulagnier: ¡Ah, sí! Yo no creo para nada que la pulsión de muerte pueda ser tratada como una metáfora. Uno de los conceptos centrales de Freud es el de conflicto psíquico y pienso que ese conflicto tiene su origen en las primeras antinomias en las cuales las metas de Eros y de Tánatos se oponen.

La primera actividad del aparato psíquico será la de tratar de encontrar una posibilidad para que estas dos pulsiones y estas dos metas interjueguen; pero la antinomia perdurará siempre. No creo de ninguna manera que se pueda tratar a la pulsión de muerte como una especulación, o como una metáfora, o como un concepto metafísico.



En la conferencia que usted dio el otro día en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), decía que todas las informaciones que se dan en el registro del cuerpo tienen representación en la psique, siendo estas representaciones que vuelven sobre el cuerpo visible las que van a ser decodificadas por los otros.



Piera Aulagnier: Sí, me refería a que toda excitación o exceso de excitación sobre el soma, va a abrir una brecha en la psique, dando lugar a lo que Freud llamó "representaciones pulsionales" y a lo que yo llamo "pictograma", si nos ubicamos en el lugar del infans. Es ante esta representación que va a reaccionar el afecto, ella es la causa del afecto, dando lugar a determinado número de expresiones visibles: el grito, el movimiento de un bebé que tiene una, dos, tres horas de vida, un día, una semana... Estas expresiones corporales son las que la madre va a decodificar según su propio código, y la consecuencia de esta decodificación será una modificación en el entorno, en el espacio de la realidad. La hipótesis que sostengo actualmente es que, en los primeros momentos de la vida, esta realidad exterior, modificada, se vuelve, para la psique del infans, la primera representación de su propio espacio. Es decir que, antes de que el infans pueda percibir lo visible de su cuerpo, se refleja en este espacio de realidad modificable.



Usted es una de las fundadoras del Cuarto Grupo. Al fundarse, uno de sus objetivos era abordar de manera diferente la formación de los analistas. ¿Qué podría decirnos de esa experiencia?



Piera Aulagnier: Creo que la experiencia del Cuarto Grupo es como toda experiencia de una sociedad, sea analítica o no. Quiero decir que no hay sociedades "buenas", lo que se dice con relación al campo social vale también para el campo analítico. Pienso que hasta ahora pudimos preservar algunas metas que nos habíamos fijado y que sigo valorando, que tratan de separar al máximo lo que puede ser el proceso analítico de cada sujeto, de toda postura narcisista por parte de los analistas. En ese sentido, intentamos reducir al mínimo, no digo excluir, un cierto tipo de conflicto narcisista que existió siempre en el origen de las diferentes escisiones que hubieron en el mundo analítico.



¿Cuál es su visión actual del psicoanálisis en Francia?



Piera Aulagnier: En Francia, actualmente, encontramos el mismo problema que –de manera más acentuada– se vive en los Estados Unidos y, creo, en el resto de Europa. Hay una especie de receso en la demanda analítica. En el campo terapéutico vemos la importancia que ha adquirido lo sistémico y el conductismo. Entonces, ¿será que lo lamento? No lo sé. Creo también que no es algo malo para el análisis enfrentarse a menos demandas, si éstas son más auténticas. ¿Hasta qué punto el análisis logrará o no imponerse como una vía terapéutica privilegiada? ¿Podrá preservarse? ¿Habrá un momento de vacío? No lo sé.

Temo bastante a la idea –al menos en Francia– de transformar al hombre en una especie de "máquina neuronal", que en definitiva es una negación del aporte que ha hecho el psicoanálisis y, a mi juicio, una regresión.



¿Qué piensa del psicoanálisis anglosajón?



Piera Aulagnier: Los anglosajones son excelentes analistas en general. Por un lado, rindo homenaje al interés que tienen por la clínica y a su pragmatismo, que son indudablemente cualidades. Por otro lado, les reprocharía, y en esto soy muy francesa, la muy poca importancia que le dan a la teoría y, sobre todo y muy frecuentemente, el hecho de tener una especie de "concepto clave", que se transformaría en una especie de clave universal; por ejemplo, la identificación proyectiva del analizando.



Es en ese sentido que nos interesa fundamentalmente su pensamiento, ya que nos muestra de una manera profunda y sistemática esa permanente articulación entre la teoría y la clínica; de la cual su último libro, El aprendiz de historiador..., es el mejor testimonio.

En Francia, ¿hay conocimiento de los autores psicoanalíticos argentinos?



Piera Aulagnier: Debo decirles que desde la primera vez que vine a este país fui sensible al nivel de reflexión de los analistas argentinos, me quedé impactada por la pertinencia y la reflexión que mostraron las preguntas que me hicieron en la APA, hablo del grupo de analistas jóvenes. Quedé impactada por la apertura de pensamiento, creo que supieron mantenerse al margen de un exceso de dogmatismo, pudieron abrirse a la lectura y discusión de distintos autores -cada uno con sus particularidades- sin por eso hacer una mezcla de cosas y sin afiliarse a una determinada teoría.



Usted señala permanentemente la importancia del ámbito cultural e ideológico donde se realiza el análisis. En este sentido, ¿qué acontecimientos sociales favorecieron o perturbaron su difusión en Francia y cómo ve la actual situación ideológico-institucional?



Piera Aulagnier: Creo que en Francia, contrariamente a lo que pasó en la Argentina, el psicoanálisis tuvo un desarrollo más tardío. Porque antes de la guerra en Francia había, por supuesto, una sociedad psicoanalítica, pero en definitiva el gran empuje del psicoanálisis tuvo lugar después de la guerra. Sobre todo entre los años cincuenta y sesenta. En este sentido, no puede ignorarse el papel que desempeñó Lacan en la expansión del psicoanálisis y, sobre todo, en el interés que suscitó en otras disciplinas: ya sea en la lingüística, la filosofía, o la sociología. Esto debemos reconocerlo.

Como ocurre siempre que se crea algo nuevo, hubo primero una fascinación y luego un desencanto que fue provocado, a mi juicio, por haber esperado demasiado del análisis, del poder del conocimiento, del poder terapéutico, del poder de una superciencia, o de una metaciencia, y luego hubo que reconocer las limitaciones que tenía, y en vez de aceptar esto se enojaron con él. Actualmente asistimos a una nueva fascinación, que es la que producen, desde hace diez años, las investigaciones en las llamadas neurociencias, sea desde la biología o la genética, esperando una vez más que puedan dar respuesta a todos los problemas. Por eso habrá que esperar que se reconozcan también los límites de estos saberes. ¿Para ir hacia qué? No lo sé.



Por María Cristina Rother de Hornstein y Luis Córdoba
Con la participación de:
Hugo Bianchi
Ezequiel A. Jaroslavsky
Alfredo Maladesky
Susana Taszma
Graciela Bianchi

* Entrevista realizada el 20 de diciembre de 1986. Desgrabada y traducida por Diana Liniado.
** Traducimos "je" por "yo".

Fuente: El psicoanalisis

Leer Mas...

lunes, 7 de julio de 2008

El campo grupal Notas para una genealogía (Resumen)

Capítulo I
EL VOCABLO GRUPO Y SU CAMPO SEMANTICO
A. Producción histórica del vocablo grupo
Se aborda en este punto la etimología del vocablo grupo.
Tanto el término francés groupe, como el castellano grupo, reconocen su origen en el término italiano groppo o gruppo. Groppo aludía a un conjunto de personas esculpidas o pintadas, pasando hacia el siglo XVIII a significar una reunión de personas.
Señala Anzieu que las lenguas antiguas no disponen de ningún término para designar una asociación de pocas personas que comparten algún objetivo en común.
De ser esto así -y en el mismo sentido- habrá que indagar qué transformaciones sociales se producen en el período histórico en el cual los agentes sociales "necesitan" nominar a tales agrupamientos humanos como "grupos", como así también qué lugares y funciones sociales y subjetivas van ocupando tales agrupamientos en el proceso por el cual adviene su palabra.
Pareciera ser que una de las primeras acepciones del término italiano groppo, antes de llegar a ser reunión o conjunto de personas era nudo. Derivaría del antiguo provenzal grop=nudo; éste a su vez derivaría del germano Kruppa = masa redondeada, aludiendo a su forma circular.

La figura nudo abre otra forma de interrogación sobre la misma cuestión: ¿qué anudamientos-desanudamientos se organizan dentro de un conjunto reducido de personas?
Por otra parte la masa redondeada parecería portar la idea de círculo, en el senti-do de reunión de personas
En la actualidad se elige la distribución circular en el trabajo con grupos, esta forma tan característica connota algo que trasciende el espacio mismo, que va más allá de la eventual organización de sus actividades; implica, en realidad una particular estructuración de los intercambios entre los integrantes.
El groppo aparece con el Renacimiento, momento de profundas transformaciones, políticas, económicas, familiares.
El vocablo grupo surge en el momento de constitución de la subjetividad moderna. Su etimología refiere a un número restringido de personas asociadas por un algo en común. Se destacan dos líneas en tal rastreo etimológico: la figuración nudo, que sugiere interrogación sobre qué es lo que hace nudo y lleva implícitos necesarios enlaces y desenlaces entre sus integrantes, y la figuración círculo, que remite a las formas de intercambio que se producen entre los miembros de tales grupos.
El mero "juntarse" no constituye un grupo, serán necesarias determinada actividad en común y ciertas formas organizacionales

El campo de lo grupal (Cap 7)
Ana María Fernández

Leer Mas...

viernes, 4 de julio de 2008

Edipo y la religión monoteísta (Rudy)


(Dos ensayos y ningún acierto)

Edipo, hebreo
PROFESOR DOCTOR KARL PSÍQUEMBAUM

En una mesa redonda en la que he participado recientemente, un colega, el licenciado León Neurotsky, se permitió inferir jocosamente la posibilidad de que Edipo fuera hebreo y no griego como se lo registra oficialmente. El licenciado Neurotsky dejaba entrever "que si Edipo hubiera sido hebreo, su madre se habría llamado Raquel, y no Yocasta; que ella no hubiera estado satisfecha con la mujer que su hijo eligió como esposa (ella misma, valga el recuerdo) y que le habría reprochado amargamente que en todos esos años que Edipo estuvo ausente de Tebas jamás la hubiese llamado por teléfono ni siquiera una sola vez para saber si ella seguía viva, y que el hecho de que en esa época no hubiera teléfonos era una mera excusa, ya que un buen hijo siempre se las arregla para llamar a su madre".

Las palabras del licenciado Neurotsky fueron socarronamente festejadas por los concurrentes al evento, que no vieron en ese "chiste" la posibilidad que se abría de una investigación "seria" al respecto. Ya Freud nos comentaba cómo los artistas solían adelantarse a los científicos en vislumbrar nuevos descubrimientos. No sería raro entonces que, estudiando este tema, el humor terminara dando al psicoanálisis una nueva fuente de conocimientos, o viceversa. [Con respecto a la primera posibilidad, el mismo Freud consideró al humor como una de las expresiones de lo inconsciente y escribió un libro al respecto: El chiste y su relación con el inconsciente. Hay quienes cuentan que estuvo a punto de escribir otro artículo denominado "La interpretación de los chistes", texto del que finalmente desistió al recordar el clásico apotegma psicoanalítico: "No hay nada peor que un chiste explicado". Con respecto a la segunda posibilidad (o sea, "viceversa"), mucho me temo que si mis hipótesis no llegan a buen puerto, mis detractores no perderán la oportunidad de mofarse agudamente de mi personal

A partir de lo antedicho inicié un profundo estudio al respecto (la historia de Edipo, no el material que el psicoanálisis le brindó al humor) y, a juzgar por los resultados obtenidos, mis conclusiones han sido tratadas con consideración por mis colegas. Las han considerado absurdas.

Organicé una reunión con la excusa de festejar que se había despertado la doctora Traumengarten y sin que nadie se diera cuenta, en lugar del discurso alusivo al caso, les leí mi informe sobre Edipo. Nadie se reía durante la lectura del texto, lo que habla de la seriedad del caso. Sólo la doctora Traumengarten volvió a dormirse.

El éxito del plenario me ha decidido a exponer públicamente una serie de hipótesis que me indujeron a pensar que Edipo en realidad era judío. Éstas son:

1) Hay que comenzar diciendo que Edipo estaba mucho más apegado a su madre que a su padre, y que fue ella quien decidió salvarlo cuando el padre decidió pedirle a un sirviente que lo matase, según ciertas hipótesis, o que le hiciese la circuncisión [Como bien me lo hiciera notar Santiago Varela, ciertos traductores del griego antiguo dicen que los términos de ese idioma para los conceptos "matar" y "circuncidar" son semejantes. Por nuestra parte, desconocemos si en griego antiguo existía la palabra "circuncidar" ("matar" seguro que existía; si no, pregúnteles a los espartanos), desconocemos el griego antiguo y ni siquiera conocemos a un traductor], según historiadores cercanos a la teoría que yo mismo sostengo. Esta cercanía afectiva hijo varón-madre, alimentada más por la progenitora que por el vástago, es uno de los mitos circulantes acerca de la cultura judía. Para los que duden del apego materno-infantil que aquí sostengo, sólo basta recordar lo que terminó haciendo Edipo con su padre, y sobre todo lo que terminó haciendo con su madre.

2) Respecto de Layo, el nombre del padre edípico, no es gran cosa lo que de él podemos decir. Lo único cierto es que no se veía muy contento en relación con su hijo, y que frente a la menor travesura del pequeño, solía increparlo: "¡Vos me vas a matar un día a mí!". También es ésta una frase característica de la cultura judía.

3) La tragedia edípica no está ubicada en alguna típica ciudad griega, digamos Esparta, Atenas, Alejandría, sino en Tebas. No nos consta que existiera en Grecia ciudad alguna con ese nombre. Donde sí existió una ciudad llamada así fue en el antiguo Egipto, sitio del que casualmente huyeron los hebreos. Edipo bien pudo haber sido uno más de los que huyeron con Moisés (quien, según Freud, no era hebreo sino egipcio) para evitar que el faraón lo matase. Digamos con Freud que "si Moisés era egipcio, bien pudo Edipo haber sido hebreo". Porque, por otro lado, si tomamos el significante "Tebas", podríamos pensar que era simplemente una abreviatura, que el verdadero nombre de la ciudad era "TEBAS-ASÍ-SIN-COMER-NADA", con lo cual la hipótesis cierra, ya que es ésta una habitual expresión de las madres judías, lo que prueba la importancia de la civilización hebrea en esa ciudad, de la que Sófocles mismo nos dice es originario Edipo.

4) Hablemos ahora de Sófocles, puesto que, si Edipo era hebreo, cabe la posibilidad de que su autor, Sófocles, también lo haya sido. Hemos de decir que en principio no suena "Sófocles" como un nombre característico de la cultura judía. Pero bueno, ya Freud ha especulado con la posibilidad de que "Moisés", nombre judío si los hay, perteneciera en realidad a la cultura egipcia. Quiero decir entonces que, a priori, debemos vencer el prejuicio que nos lleva a pensar que a partir de su nombre una persona debe necesariamente pertenecer a cierta raza o religión. Pero, además, nada descarta que en realidad Sófocles haya sido sólo un seudónimo que escondía un nombre judío que comenzara con las mismas letras, pongamos por ejemplo, "Sofovich". Bien podría ser que el dramaturgo Sófocles se llamara, insistimos,"Sofovich", pero que se hubiera cambiado el nombre para escapar del antisemitismo, o simplemente para tener acceso a ciertos estamentos del poder, o para que fuera más fácil de pronunciar, o más popular.

En esta misma línea, Plauto pudo haber sido Plotkin, y Shakespeare (o Miguel de Cervantes Saavedra, que como murieron el mismo día nadie descarta que en realidad fueran la misma persona) llamarse Shiker Perel (Perel el bebedor, en ídish), y haber escrito obras como El mercader de Venecia que algunos perciben como antisemita, al solo efecto de escapar del Tribunal de la Inquisición, cuyo antisemitismo está debidamente comprobado. Casos de personas judías que hayan adoptado un seudónimo autoral o actoral hay muchos en la historia.

5) Otra pequeña pero no por ello menos interesante prueba que nos conduce hacia la condición judía de Edipo es la vida nómade y errante que llevó, al menos en la primera etapa de su vida, hasta que se estableció en Tebas como rey y progresó. Expulsado por su propio padre, fue adoptado y llevado a otra ciudad, de la que huyó cuando un adivino le profetizó que mataría a su padre (que él creía era el adoptivo). Edipo vagó por aquí y por allí, sin patria, los Estados Unidos aún no existían, Israel sí pero había guerra, y él dudó, hasta que finalmente un día volvió a la tierra de sus abuelos (al menos la de sus padres). Si ésta no es una típica historia de judíos, mucho me equivoco.

6) La última pero tal vez la más convincente de las pruebas para aquellos que, por cualquier motivo, no estén lo suficientemente convencidos con los cinco argumentos ya ofrecidos: cuando Edipo se enteró de su gran tragedia, la que se murió fue la madre, Yocasta. ¿No es esto prueba fehaciente de la condición judía de Edipo? Recordemos aquel viejo dicho según el cual una madre italiana le dice a su hijo: "Si no tomás la sopa, io ti amazzo (te mato)", mientras que una madre judía dice "Si no tomás la sopa, yo me moiro (me muero)". ¿Cómo actuó Yocasta, como una madre latina? ¡No, lo hizo como una madre judía, esto es muy claro!

Bien, creo que con estas seis pruebas ha quedado claramente demostrada mi hipótesis, por lo que me detengo aquí, ya que, en honor a mi propia condición judía, he de comer algo para así salvaguardar la salud de mi madre.


Si Edipo es hebreo

DOCTOR ALAIN SUPOSITOIRE
DOCTOR JEAN-JEAN DUSIGNIFIQUANT
LICENCIADO JACOB FREUDENLERNER


A partir de las conclusiones del doctor Karl Psíquembaum expresadas en el ensayo: "Edipo, hebreo", pasaremos a estudiar las posibles implicancias que la condición judía de Edipo traen hacia la teoría psicoanalítica y la Humanidad en general, ya que, para comenzar "Si Edipo es hebreo, todos lo somos también, al menos a nivel edípico", lo que lleva a convertir al antisemitismo en simple masoquismo.
También se puede deducir, si Edipo era hebreo, que el antisemitismo es en realidad un Edipo muy mal resuelto, digamos una proyección (aunque esto no lo vamos a decir porque no somos kleinianos), un poner afuera del sujeto al Edipo.

Pero ya en la teoría lacaniana, lo primero que podemos decir es que el hecho de que Edipo fuera hebreo implicará para el psicoanálisis cambios significantes. Para empezar, el primer significante que cambia es el de "griego" que adjetivaba a Edipo y ya no lo hace más, siendo reemplazado por "hebreo". Pero además cabe imaginarse cambios en el argumento mismo de la tragedia.

Por ejemplo, al inicio de esta historia, Layo y Yocasta van a consultar al oráculo de Delfos acerca de su futuro hijo. Ahora bien, ¿haría esto una pareja judía? No, de ninguna manera, los judíos jamás creyeron en adivinos, y menos aún en adivinos goy. Apenas creían en algunos profetas, y hasta ahí nomás. Su natural escepticismo los habría hecho desconfiar de un oráculo, además de evaluar si valía la pena el costo de la consulta, que sus buenas dracmas debía costar.

Seguramente, al final de muchas discusiones Layo y Yocasta fueron a consultar a la madre de Yocasta (con la disconformidad de Layo) o, de común acuerdo, a un rabino.

Imaginemos entonces a Layo y Yocasta consultando a Reb Itzik Delfovich, el rabino de Tebas, acerca del hijo que ambos (Yocasta y Layo, no Delfovich) estaban por tener.

—Mire, Reb Delfovich, venimos a consultarlo por nuestro futuro hijo —éste fue Layo.
—¿Qué quieren, que le haga el bris (circuncisión)? Van a tener que esperar que el chico nazca, ver si es varón, ¡y en ese caso esperar una semana!
—Pero no, Reb Delfovich, ¡lo que pasa es que estamos preocupados por el futuro de nuestro hijo! —explicó Yocasta.
—Ya entiendo, ¡quieren reservarle al muchacho una vacante en la escuela judía de Tebas! Bueno, van a tener que esperar que existan escuelas judías en Tebas.
—No, mire, nos preocupa su futuro en general, si va a ser feliz o desdichado, rico o pobre, si se va a casar con una buena muchacha judía o no...

—¿Futuro? ¿Qué futuro? ¿Acaso yo sé lo que me va a pasar en el futuro? ¿A quién se le ocurre consultar por lo que va a pasar en el futuro? ¿Qué soy yo, un oráculo, un psicólogo vocacional, un adivino? No, soy un simple rabino, así que ustedes se van a ca¬sa y esperan que nazca su hijo, y ¡ojalá que todo sea con salud!
Pero parece que Layo y Yocasta hincharon, hincharon y tanto hincharon al rabino, que éste les lanzó una de las típicas maldiciones judías.
—Sol de fis of de ingele greisn grobe! (Que se le hinchen los pies al nene) —y Layo y Yocasta huyeron despavoridos.

Pero seguían dudosos. Entonces, decidieron consultar al psicólogo de Tebas, el licenciado Horacio Delfovich, casualmente hijo de Reb Itzik.

—Bien, el caso de ustedes es el de una típica conflictiva familiar disgregante. Quiero decir, eh, usted, Yocasta, está demasiado preocupada por su hijo que aún no ha nacido, como si temiera que fuera a pasarle algo, como si Layo no alcanzara como imagen paterna para protegerlos a usted y a su hijo. De alguna manera, pareciera que usted busca completarse con el niño que va a nacer, que él actúe como Falo.

—Querrá decir como Layo —corrigió Yocasta.
—Interesante lapsus, muy interesante —comentó Delfovich—. Es usted la que pretende entonces que sea su hijo, y no su marido, quien complete su pareja; él (Layo) de alguna manera quedaría desplazado, fuera de todo esto...
Evidentemente, las entrevistas con Delfovich no fueron lo mejor que le podía pasar a este grupo familiar. Él, obviamente, no era lacaniano, y en lugar de operar a nivel simbólico, digamos, de mostrarles el Edipo que se venía, dramatizó la situación real.

Layo creía que "realmente" su hijo lo iba a reemplazar en el amor de su mujer y, como él tampoco se había analizado jamás, asumió la rivalidad que Delfovich le proponía y decidió también él competir con el pequeño. Luego, cuando la historia le mostró que jamás podría destronar a Edipo del corazón de Yocasta, Layo se autoexcluyó, se dedicó a ser viajante de comercio, y fue en uno de esos caminos donde halló la muer¬te. Edipo y Yocasta no vivieron felices sino que sufrieron terriblemente, él se sacó los ojos y ella se suicidó al solo efecto de demostrar que era capaz de sufrir más que su hijo (bueno, es una historia judía).

Pero además de la propia tragedia (palabra que nos vuelve a remitir al judaísmo), "si Edipo era hebreo", ¿por qué no pen¬sar que otros personajes trágicos y no tanto de la dramaturgia y aun de la comedia o la historieta universal también lo eran?

Por ejemplo, en ninguna historieta se ve a Superman comer jamón. El origen de este superhéroe es un oscuro planeta llama¬do Kripton (nombre que bien podría ser griego o egipcio, tal como el sitio del que sale Edipo). Superman, o Kalel (nombre de profeta hebreo, tipo Samu-el o Dani-el) es enviado a otro sitio, lejos de su pueblo (como Moisés, como Edipo), en una nave que bien podría emular la canastita de Moisés, para salvarse de una muerte segura (como Moisés, como Edipo). Luego, aparentemente es adoptado por los Kent (Moisés, por la hija del faraón; Edipo, por Pólibo y Mérope) y una vez alcanzada la mayoría de edad le es develada su identidad real (repitan conmigo: "como Moisés, como Edipo") y comienza allí su vida como héroe que se revela ante los designios de la historia (ya saben ustedes co¬mo quiénes más). Hay quien dice que Moisés en realidad era egipcio e hijo clandestino de la hija del faraón. Tal vez Edipo no haya sido hijo de Layo y Yocasta [Tal como nos señalara oportunamente el licenciado Engel, profesional allegado al Movimiento Buffet Freud, si nos atenemos a los significantes de sus nombres Yocasta = yo, casta; y Layo = la yo, o sea "yo femenino", difícilmente Yocasta y Layo hayan podido tener hijo alguno.], sino de Pólibo y su esposa Mérope, los padres adoptivos, o bien de una pareja de inmigrantes judíos que pasaba casualmente por allí.

Superman bien podría haber sido hijo biológico de los Kent y haber adquirido los poderes merced a la superprotección brindada por su madre, ella sí de origen judío, lo que instaura la condición judía del niño, ya que se hereda por línea materna. Si Moisés era egipcio, y Edipo era judío, seguramente Superman también lo era.

¿Y Robin Hood? Robin Hood nunca salía de Sherwood sin su saquito (su participación en las Cruzadas no quiere decir nada). ¿Y Hamlet? Hamlet era el típico neurótico obsesivo, siempre preocupado por el tema de la circuncisión, iba por el mundo preguntando "To bris or not to bris?". ¿Y Tarzán? Tarzán solía saltar de liana en liana mientras profería su ¡oyoyoyoyoy!, que lo hiciera famoso en toda África. Si Edipo era hebreo, ¿no lo serían también ellos?
Cabe señalar finalmente que estas cuestiones han sido objeto del interés de numerosos científicos, importantes estudiosos y algunos antisemitas






Leer Mas...

Seis estudios de psicología (Jean Piaget) 10 parte

6 Génesis y estructura en psicología de la inteligencia Empecemos por definir los términos que vamos a utilizar. Definiré la estructura de la manera más amplia como un sistema que presenta leyes o propiedades de totalidad, en tanto que sistema. Estas leyes de totalidad son por consiguiente diferentes de las leyes o propiedades de los elementos mismos del sistema. Pero insiste en el hecho de que estos sistemas que constituyen estructuras son sistemas parciales en comparación con el organismo o el espíritu. La noción de estructura no se confunde, en efecto, con cualquier totalidad y no se reduce simplemente a decir que todo depende de todo a la manera de Bichat en su teoría del organismo se trata de un sistema parcial, pero que, en tanto que sistema, presenta leyes de totalidad, distintas de las propiedades de los elementos. Pero el término sigue siendo vago, mientras no se precisa cuáles son estas leyes de totalidad. En ciertos campos privilegiados es relativamente fácil hacerlo, por ejemplo en las estructuras matemáticas, las estructuras de los Bourbaki. Ustedes saben que las estructuras matemáticas de los Bourbaki se refieren a las estructuras algebraicas, a las estructuras de orden y a las estructuras topológicas. Las estructuras algebraicas son, por ejemplo, las estructuras de grupo, de cuerpo, o de anillos, nociones todas ellas que están bien determinadas por sus leyes de totalidad. Las estructuras de orden son los retículos, los semirretículos, etc. Pero si adoptamos la definición amplia que yo he propuesto para la noción de estructura, podemos incluir igualmente estructuras en las que las propiedades y las leyes son aún relativamente globales y que no son, por consiguiente, deductibles más que en esperanza a estructuraciones matemáticas o físicas. Pienso en la noción de Gestalt de la que precisamos en psicología y que yo definiría como un sistema de composición no aditiva y un sistema irreversible, por oposición a esas estructuras lógico-matemáticas que acabo de recordar y que son, por el contrario, rigurosamente reversibles. Pero la noción de Gestalt, por vaga que sea, descansa de todos modos en la esperanza de una matematización o de una fiscalización posibles. Por otra parte, para definir la génesis, quisiera evitar que se me acusase de círculo vicioso y por lo tanto no diré simplemente que es el paso de una estructura a otra, sino más bien que la génesis es una cierta forma de transformación que parte de un estado A y desemboca en un estado B, siendo B más estable que A. Cuando se habla de génesis en el terreno psicológico - y sin duda también en los demás terrenos -, es preciso rechazar ante todo cualquier definición a partir de comienzos absolutos. En psicología, no conocemos comienzos absolutos y la génesis se hace siempre a partir de un estado inicial que eventualmente comporta ya en sí mismo una estructura. Se trata, por consiguiente, de un simple desarrollo. Pero no, sin embargo, de un desarrollo cualquiera, de una simple transformación. Diremos que la génesis es un sistema relativamente determinado de transformaciones que comportan una historia y conducen por tanto de manera continuada de un estado A a un estado B, siendo el estado B más estable que el estado inicial sin dejar por ello de constituir su prolongación. Ejemplo: la ontogénesis, en biología, que desemboca en ese estado relativamente estable que es la edad adulta. Historia Una vez definidos nuestros dos términos, me permitirán ahora dos palabras muy rápidas acerca de la historia, ya que este estudio, que debe esencialmente introducir una discusión, no puede agotar, ni mucho menos, el conjunto de problemas que podría plantear la psicología de la inteligencia. Estas pocas palabras son sin embargo necesarias, ya que hay que señalar que, contrariamente a lo que ha demostrado tan profundamente Lucien Goldrnann en el terreno sociológico, la psicología no arranca de sistemas iniciales, como los de Hegel y Marx, no proviene de sistemas que ofrecían una relación inmediata entre el aspecto estructural y el aspecto genético de los fenómenos. En psicología y en biología, donde el uso de la dialéctica se ha introducido de forma bastante tardía, las primeras teorías genéticas, y por tanto las que primero se han referido al desarrollo, pueden ser calificadas de genetismo sin estructuras. Es el caso, por ejemplo, en biología, del lamarckismo: para Lamarck, en efecto, el organismo es indefinidamente plástico, modificado sin cesar por las influencias del medio; no existen pues estructuras internas invariables, ni siquiera estructuras internas capaces de resistir o de entrar en interacción efectiva con las influencias del medio. En psicología, encontramos, al principio, si no una influencia lámarckiana, al menos un estado de espíritu perfectamente análogo al del evolucionismo bajo su forma primera. Pienso, por ejemplo, en el asociacionismo de Spencer, Tame, Ribot, etc. Se trata de la misma concepción, pero aplicada a la vida mental: la concepción de un organismo plástico, modificado constantemente por el aprendizaje, por las influencias exteriores, por el ejercicio o la "experiencia" en el sentido empirista de la palabra. Por otra parte, encontramos todavía hoy esta inspiración en las teorías americanas del aprendizaje, de acuerdo con las cuales el organismo se modifica continuamente por las influencias del medio, con la única excepción de ciertas estructuras innatas muy limitadas, que se reducen de hecho a las necesidades instintivas: el resto es pura plasticidad, sin verdadera estructuración. Después de esta primera fase, se asistió a un cambio radical, en la dirección, esta vez, de un estructuralismo sin génesis. En biología, el movimiento comenzó a partir de Weissmann y continuó con su descendencia. En cierto sentido limitado, Weissmann vuelve a una especie de preformismo: la evolución no es más que una apariencia o el resultado de la mezcla de los genes, pero todo está determinado desde el interior por ciertas estructuras no modificables bajo las influencias del medio. En filosofía, la fenomenol9gía de Husserl, presentada como un antipsicologismo, conduce a una intuición de las estructuras o de las esencias, independientemente de toda génesis. Si recuerdo a Husserl aquí, es porque ha ejercido cierta influencia en la historia de la psicología: fue en parte inspirador de la teoría de la Gestalt. Dicha teoría es el tipo mismo de estructuralismo sin génesis, siendo las estructuras permanentes e independientes del desarrollo. Ya sé que la Gestalt Theorie ha suministrado concepciones e interpretaciones del desarrollo, por ejemplo en el bello libro de Koffka sobre el crecimiento mental; para él, sin embargo, el desarrollo está enteramente determinado por la maduración, es decir, por la preformación que, a su vez, obedece a leyes de Gestalt, etc. La génesis es también aquí secundaria y la perspectiva fundamental es preformista. Después de recordar estas dos tendencias - génesis sin estructuras, estructuras sin génesis ustedes esperan, claro está, que les presente la necesaria síntesis: génesis y estructura. Sin embargo, si llego a esta conclusión, no es por gusto de la simetría, como en una disertación de filosofía conforme con las más sanas tradiciones. Me ha sido, por el contrario, impuesta esta conclusión por el conjunto de los hechos que he recogido durante alrededor de cuarenta años en mis estudios sobre la psicología del niño. Quiero subrayar que esta larga encuesta ha sido llevada a cabo sin ninguna hipótesis previa sobre las relaciones entre la génesis y la estructura. Durante largo tiempo, ni siquiera reflexioné explícitamente acerca de tal problema, y no me ocupé de él sino bastante tardíamente con ocasión de una comunicación a la Sociedad Francesa de Filosofía, hacia 1949, en que tuve la oportunidad de exponer los resultados del cálculo de lógica simbólica sobre el grupo de las cuatro transformaciones, aplicado a las operaciones proposicionales, de las que más abajo hablaremos. Luego de este exposé, Emile Bréhier, con su habitual profundidad, intervino para decir que bajo esta forma no tenía inconveniente en aceptar una psicología genética, puesto que las génesis de las que yo había hablado estaban siempre apoyadas en estructuras y que, por consiguiente, la génesis estaba subordinada a la estructura. A lo cual yo respondí que estaba de acuerdo, con la condición de que fuera verdad la recíproca, ya que toda estructura presenta a su vez una génesis, de acuerdo con una relación dialéctica, y que no hubiera primacía absoluta de uno de los términos con respecto al otro Otros capítulos:  El desarrollo mental del niño 1. El recién nacido y el lactante (leer on line)  2. La primera infancia de los dos a los siete años (leer on line) B. La génesis del pensamiento (leer on line) C. La intuición (leer on line) D. La vida afectiva (leer on line) 3. La infancia de siete a doce años (leer on line) B. Los progresos del pensamiento (leer on line) C. Las operaciones racionales (leer on line) Para descargar partes de este libro hace click acá. No es el libro completo, son solo algunos capítulos Tenes algún capítulo de este libro para compartir mandanos un mail a delirate@gmail.com

Leer Mas...

jueves, 3 de julio de 2008

Creatividad (Parte 1)

Material de la Cátedra de Psicología Evolutiva de la niñez
I Creatividad - algunas definiciones
La creatividad es un fenómeno humano por antonomasia; de gran complejidad que puede asociarse a múltiples significados y ser abordada desde diversas teorías y puntos de vista.. Puede estudiarse desde la persona, desde el producto o desde el proceso.
Entre los que toman en cuenta a la persona, se encuentra Guilford, para quien lo creativo se reduce a las aptitudes cognoscitivas que son características de las personas creadoras, como fluidez, flexibilidad y originalidad. En este sentido, se la define teniendo en cuenta los aspectos motivacionales y los rasgos de temperamento del sujeto que crea.
Drevdahl (1956) intenta una definición integral de creatividad pues la considera como “la capacidad humana de producir contenidos mentales de cualquier tipo que pueden considerarse nuevos y desconocidos para quienes los producen. Puede tratarse de una actividad de la imaginación o de una síntesis mental que es más que un mero resumen. La creatividad puede implicar la formación de nuevos sistemas y de nuevas combinaciones de informaciones ya conocidas, así como la transferencia de relaciones ya conocidas a situaciones nuevas y la formación de nuevos correlatos. Una actividad para poder ser considerada creativa, ha de ser intencional y dirigida a un fin... Puede adoptar forma artística, literaria o científica, ser de índole técnica o metodológica”
Los investigadores que ponen el acento en el producto, enfatizan el carácter novedoso del mismo y la aptitud que tienen las personas para producir algo nuevo.
También están quienes definen la creatividad teniendo en cuenta “el proceso mediante el cual un individuo expresa su naturaleza básica a través de una forma o un medio para obtener cierto grado de satisfacción; ello da como resultado un producto que comunica algo sobre esa persona a los demás.” El proceso nos remite a la transformación que tiene lugar desde un primer momento en que la nueva idea es vaga e imprecisa a otro de transición y luego a la re-organización. Para poder crear, es necesario tener primero un impulso que estará ligado a una necesidad, al que le seguirá la actividad de investigación para llegar a la de realización.
También hay quienes consideran a la creatividad como un fenómeno humano ligado al individuo y a la cultura a que pertenece. “El ser humano es creativo, del mismo modo que es inteligente, sociable, comunicativo y codificador de símbolos complejos”. .
En síntesis, la creatividad puede ser considerada como una actividad con finalidad comunicativa e intencional, que posee un carácter novedoso e implica alguna respuesta adecuada a demandas surgidas dentro de un ámbito específico ( científico, artístico, tecnológico, etc,) y que, como tal, es valorada por los observadores familiarizados con dicho ámbito.
Desde un enfoque sistémico actual, son importante los aportes de Csikszentmihalyi quien se refiere a la complejidad del concepto y explica tres fenómenos diferentes que definen a las personas creativas:
1. Pueden expresarse de manera fluida, inusitada, novedosa, tienen una habilidad especial para ello, son interesantes y estimulantes.
2. Pueden “experimentar el mundo de maneras novedosas y originales”, hacen descubrimientos importantes de los que sólo ellos saben.
3. Han logrado cambiar la cultura en algún sentido importante, como Picasso, Einstein, que son creativos sin discusión.

Csikszentmihalyi se dedica sobre todo al estudio de este último tipo de creatividad y sostiene que es “cualquier acto, idea o producto que cambia un campo ya existente, o que transforma un campo ya existente en uno nuevo”.

Organización del material:
I Creatividad - algunas definiciones
II Modelos teóricos (Publicado acá)
III Parámetros que definen la creatividad (Publicado acá)
IV Programas de intervención (Publicado acá)

Fuente

Leer Mas...

miércoles, 2 de julio de 2008

El deseo y el síntoma en la neurosis obsesiva

Publicación realizada por la cátedra de Psicopatología en el aulavirtual
Javier L. Aguirre, Trabajo publicado en el libro “Modernidad, tecnología y síntomas contemporáneos”, Serie Conexiones, 2008, Buenos Aires.

La interrogación sobre la neurosis obsesiva como “entidad clínica” ha sido una constante en el campo del Psicoanálisis, no obstante, los avances de la ciencia y el pliegue de la psiquiatría a ésta, han intentado por cualquier medio callar lo distintivo de la obsesión. Por ejemplo, en Estados Unidos la novedad es que la obsesión estaría en el tálamo nupcial, por lo cual, la microcirugía es la terapéutica actualmente utilizada –claro, “solo” en algunos casos-. Por el lado de la psiquiatría, los manuales diagnósticos han reducido su nominación a los llamados trastornos, en este caso, el TOC, trastorno obsesivo compulsivo, ubicándolo en la categoría de los trastornos de ansiedad. Mientras que la clínica psicoanalítica insiste en lo específico de este “tipo clínico”, alejándose de las posiciones que pretendes silenciarla. En este sentido, en el presente trabajo pretendemos extraer, desde los desarrollos de Freud y Lacan, algunas consecuencias sobre la particularidad de la neurosis obsesiva, fundamentalmente con respecto a dos dimensiones: el síntoma y el deseo; ya que ambas adoptan en dicho tipo clínico un modo particular. El trabajo busca enfatizar lo singular de éstas dos dimensiones en la neurosis obsesiva, con la finalidad de establecer algunas coordenadas para la dirección de la cura.
.
Desde Freud
La neurosis obsesiva, al decir de Freud, “es el objeto más fecundo y más interesante de la investigación analítica”. Esta afirmación la expresa en 1926, en el trabajo “Inhibición, síntoma y angustia”. Aunque la psiquiatría clásica, ya hablaba de la neurosis obsesiva, sea como una monomanía, en el caso de Esquirol, o como la Locura de Duda, por el lado de Falret, fue Freud el primero en aportar una hipótesis etiológica novedosa de la neurosis obsesiva. Ya en “Neuropsicosis de defensa” (1894), Freud separa la neurosis obsesiva de la histeria y comienza a asignarle mecanismos particulares en la constitución del síntoma. En este momento la causa de la neurosis es una vivencia sexual temprana y traumática. El carácter de este suceso tiene su forma tanto en la histeria como en la obsesión. En la histeria es soportado de manera pasiva y acompañada de displacer. Mientras que en la neurosis obsesiva estuvo acompañada de placer y fue activa. El mecanismo de respuesta a dicha experiencia es la defensa. En la neurosis histérica, para defenderse de una representación inconciliable, se desprende el afecto de la representación, este último se reprime y el afecto se dirige al cuerpo. En cambio, en la obsesión, se produce lo que Freud denomina, un “falso enlace”. El afecto que acompaña a la representación es libreado y enlazado a una representación anodina. De esta forma la representación “debilitada queda segregada de toda asociación dentro de la conciencia”, y el afecto al ligarse con otras representaciones que no son inconciliables produce las representaciones obsesivas. Ubica el desencadenamiento de la enfermedad por el fracaso de la represión y propone la siguiente trayectoria: recuerdo de la vivencia infantil acompañada de reproches, represión de la vivencia infantil, síntoma defensivo primario (conciencia de culpa, vergüenza, y otros), retorno de lo reprimido y enfermedad propiamente dicha. Se produce lo que llamará el “carácter obsesivo”, representado por la compulsión de pensar, la duda, los ceremoniales, entre otros.
En “Acciones obsesivas y practicas religiosas” (1907) Freud señala que las acciones obsesivas que aparentan ser insignificantes, en realidad poseen pleno sentido. Ahora bien, existen fenómenos de esta clase que no necesariamente pertenecen a la neurosis obsesiva. Esta última presenta una “unidad clínica” especifica. En la comparación de la obsesión con las prácticas religiosas, Freud dice que el obsesivo se encuentra bajo el imperio de una conciencia de culpa inconsciente. En esta época abandona la teoría del trauma y propone una nueva lectura del síntoma En adelante el síntoma se anuda a una fantasía y no a la vivencia real, especificando que lo decisivo es la realidad psíquica.
En su trabajo paradigmático, “El hombre de las ratas”, (1909) recurre a la pulsión para explicar los síntomas . ¿Cuál es la propuesta de Freud? En la obsesión habría la “temprana emergencia y la represión prematura de la pulsión sexual del ver y del saber”. Mientras la pulsión de saber predomina en el obsesivo, “el cavilar se convertirá en el síntoma principal” (Freud, 1909: 191).
Asimismo, en este trabajo Freud hace referencias sobre el deseo en la obsesión, al cual lo relaciona con la triangulación edípica. El parricidio y el incesto son los ejes del análisis del deseo obsesivo. La hostilidad contra el padre obtiene su fuente por haber sentido al mismo como perturbador de los apetitos sexuales, idea que desarrolla nuevamente en “Tótem y tabú” (1913).
En el texto, “Predisposiciones para la neurosis obsesiva” (1913), apela a los estadios libidinales para comprender los síntomas obsesivos. En el neurótico obsesivo habría una regresión de la libidio hacia la fase sádico anal, producto de una fijación en ese estadio, de esta forma deduce las formaciones reactivas. En el año 1916 en el trabajo “El sentido de los síntomas”, manifiesta que la neurosis obsesiva se porta como un asunto privado del enfermo, el síntoma obsesivo “renuncia casi por completo a manifestarse en el cuerpo y crea todos sus síntomas en el ámbito del alma (Freud, 1916: 236). El sentido de los síntomas se vincula con la historia del enfermo. Se trata de enlazar una idea sin sentido o una acción carente de fin con la historia del sujeto, entonces, la idea y la acción aparecen ahora justificadas.
En “Inhibición, síntoma y angustia” (1926) define al síntoma como sustituto de la satisfacción pulsional resultado del proceso represivo. Plantea que en la neurosis obsesiva los síntomas son de dos clases, o son prohibiciones, es decir, síntomas de naturaleza negativa o por el contrario, son satisfacciones sustitutivas. El triunfo de la formación del síntoma es cuando se une la satisfacción con la prohibición. Además manifiesta que el síntoma suele ser de dos tiempos: a determinada acción le continúa otra que la cancela. Ubica al Yo del obsesivo como el principal escenario de la formación del síntoma, mientras que el super yo se erigirá como un imperativo de goce.

Una aproximación desde Lacan
Hay múltiples referencias y aportes de Lacan a la teoría de la neurosis obsesiva. No obstante, solo tomaremos algunos de ellos referidos a nuestras dos dimensiones.
Nos atrevemos a decir que Lacan introduce en el análisis de la obsesión la dimensión de la particularidad del modo que asume el deseo en ella y su relación con el síntoma. En sus trabajos influidos por el estructuralismo (en el cual podemos ubicar, el análisis sobre Hamlet (1958), su Seminario de las “Formaciones del inconsciente”, “La dirección de la cura” y el Seminario “El deseo y su interpretación”, entre otros), Lacan articula el síntoma con la estructura y lo define como metáfora. El síntoma neurótico es una lengua que expresa la represión (Lacan, Seminario 3. 1955-6). Describe al síntoma obsesivo como un dialogo interior en sus relaciones con el narcisismo (J. Gorog, G.Miller, M. Susini, 1987).
Ahora bien, al igual que el síntoma el deseo del obsesivo adquiere un modo particular, diferente al de la histeria. ¿Cuál es su forma? Si en la histeria existe la pregunta sobre el deseo, en la obsesión, en cambio, hay lo que Lacan formula como deseo cero. Así como la histeria necesita de un deseo insatisfecho más allá de la demanda, el obsesivo también lo necesita, y lo hace produciendo un deseo prohibido. La obsesión, dice Lacan, se caracteriza por la función de un “deseo imposible” (Lacan, Seminario 6, 1958-9). ¿Cuáles son los argumentos de Lacan para explicar estas proposiciones? El vinculo del obsesivo con su deseo esta determinado por el hecho de que ante al primer acceso a su deseo y el paso por el deseo del Otro, su deseo fue destruido, anulado. Por lo cual, experimenta el deseo como algo que se destruye, lo que implica que en todo acercamiento a su deseo éste se desvanece. Es imperioso que se mantenga a distancia de su deseo para hacerlo subsistir. Además, su deseo implica la destrucción del deseo del Otro y su estrategia para realizarlo es degradando al Otro al lugar de objeto, pero al mismo tiempo retrocede para conservarlo. El obsesivo no quiere saber nada del deseo del Otro, por lo cual, reduce el deseo del Otro a la demanda, mortificándose por el pedido del Otro.
La duda y la procastinación, figuran la dificultad del obsesivo para realizar su deseo, él se anticipa siempre demasiado tarde y sufre por ello, protegiéndose de esta manera de poner en juego su deseo. “Debe” realizar proezas, hazañas, ubicando al Otro como espectador, buscando de esta manera el permiso del Otro, “pedir permiso es ponerse en la más extrema dependencia con respecto a él” (Lacan, Seminario 5, 1957-8: 420).
En el Seminario 10 (1962-3) ya con la introducción del objeto a, Lacan hablará del deseo anal del obsesivo, en tanto deseo de retención. Es al rededor de la demanda del Otro, de la madre, que entra el excremento en la subjetivación. Al niño se le pide retener y soltar las heces. Él podrá reconocerse en un objeto alrededor del cual gira la demanda de la madre. “Lo que está allí en esa primera relación con la demanda del Otro, es a la vez él y no debe ser él; por lo menos, e incluso más allá: no es de él. (Lacan, Seminario 10: 314). Este es el origen de las ambivalencias del obsesivo”, el objeto a excremencial es la causa de la ambivalencia, de ese si y no; es de mi —síntoma— pero sin embargo no es de mi “(Lacan, Seminario 10: 315). Es en función del objeto cesible, del objeto anal causa del deseo que se podrá concebir el mecanismo del deseo del neurótico obsesivo.

Algunas coordenadas para la dirección de la cura
Si el síntoma y el deseo en la neurosis obsesiva adquieren una forma particular, es posible extraer algunas coordenadas para la dirección de la cura. Esta va, dice Lacan, de las rectificaciones del sujeto con lo real hacia la transferencia y de ella hacia la interpretación (Lacan, La dirección de la cura, 1958).
En primer lugar, tanto Freud como Lacan, parten de la idea de que el síntoma queda constituido solo cuando el sujeto de percata de él. Ahora bien, ¿qué sucede con el obsesivo? Él “no tienen noticia del texto de sus propias representaciones obsesivas” (Freud, 1916: 237), por lo cual, es importante orientar al obsesivo a la constitución de su síntoma, es decir, que ya no forme parte del rasgo de carácter. Así, el síntoma será un efecto del dispositivo analítico. Para que ello acontezca debe dirigir su pregunta al Otro y no hacia si mismo, de esa manera podrá comenzar a inscribirse en la cura. En este sentido Lacan dice que en la cura “solo se dan los primeros pasos, cuando se consigue que el sujeto dé a sus síntomas todo su desarrollo, lo cual puede presentarse como un agravamiento clínico” (Lacan, Seminario 5: 478).
Igualmente, es preciso hacerlo reconocer como espectador invisible de la escena, “a quien le une la mediación de la muerte” (Lacan, 1955: 121). No hay que desculpabilizarlo, tampoco realizar comentarios interpretativos adelantados, porque entonces tendríamos que ir más lejos, y nos encontraremos accediendo y concediendo para nuestro prejuicio, al mecanismo a través del cual nos quiere hacer comer, su propio ser, su mierda.(Lacan, Seminario 8, 1960-1).
Además es importante cernir la angustia anal en el obsesivo, la cual se vincula directamente con el borde pulsional. Lacan manifiesta que perseguirlo “hasta la emergencia de esa angustia delimitada en lo somático no ocurre casi nunca, pero cuando ocurre “revela la verdadera dominancia, el carácter de núcleo irreductible y en ciertos casos casi indominable de la aparición de la angustia, al extremo de parecer un punto terminal del análisis” (Seminario 10: 305). Se trata entonces, de histerizar al obsesivo, es decir, de intentar que el síntoma se presente en la dimensión del cuerpo, esto es, ligar el síntoma a los bordes pulsionales (Lombardi) y resituar al sujeto en su posición deseante.


Fuente

Leer Mas...

martes, 1 de julio de 2008

Exámenes de Julio - Agosto 2008

Lunes 21 de julio

034- 9hs. ORIENTACION VOCACIONAL –J.Pássera– C.Stábile -H.Martínez (V.Peralta)

039- 9hs. IDIOMA INGLES –C.Beltramino – G. Pereno

064- 9hs. NEUROPSICOLOGIA –D.Mías – M.Isaía – A. Querejeta (C. Collino)

102- 10hs. CURSO DE NIVELACION- P. Marchetti – L. Ponce – E. Sellán (A. Faas)

294- 15hs. PSIC. DE URGENCIAS EN SALUD MENTAL –A. Rossi –M. Tuja – C. de la Cruz



Martes 22 de julio

011- 9hs. ESC.CORR.Y SIST.DE LA PSIC. –J.Godoy - R: Gómez –H. Rigotti (G.Sananez)

019- 9hs. PSICOLOGIA SOCIAL A. Correa - H.Paulín – Rodigou Nocetti (J.López)

040- 9hs. IDIOMA FRANCES – A. Correa

070- 9hs. ANTROPOLOGIA CULTURAL –S.Ferrucci – A. Milesi – M. Castro (L.Ledesma)



Miércoles 23 de julio

012- 9hs. BIOLOGIA EVOL. HUMANA –R.Montenegro - L.de Bima - R.Murialdo (A.Sarach) 018- 10hs. PSICOANALISIS “B” –R.Musicante- A. Yosífides – A. Rostagnotto (M.Gómez)

067- 13hs. PSIC.DE MASAS Y MEDIOS DE COM. –A. Cilimbini -E.Virdó – J. Yurman

309- 9hs. SINTOMAS Y SIGNOS DE LA CLINICA- Maldonado de Lozano – C. de la Cruz – N. Lozano

312- 9hs. PSIC. DE LOS EDUCANDOS CON NEC. ESP. –M.Santucci – J. Mattus –R. Guzman

350- 9hs. PSICOLOGÍA Y DISCAPACIDAD – R. Guzmán – M. Santucci – J. Mattus



Jueves 24 de julio

013- 9hs. PSICOESTADISTICA – A.Alderete – A. Urrutia – O.Bertone (M.Morales)

026- 9hs. TEORIA Y TECNICAS DE GRUPO –S. Vera –C. Morón –L.Gil

049- 14hs. PSICOLOGIA SANITARIA “A” A.Dávila – V. Cotaimich – M.Escalante (G. Sananez)

049- 14hs. PSICOLOGIA SANITARIA “B” –E. Mosso – C. Berra – A. Machado

074- 9hs. PSIC.EVOL.DE LA ADOL. Y JUVENTUD- G. Cardozo -S.Arce-M.G.Cabello- (M. Perticarari) 088- 15hs. ENTREVISTA PSICOLOGICA –C.de Bauducco – M. Zachetti – T. Huespe (M.Soave)



Viernes 25 de julio

014- 9hs. NEUROFISIOLOGIA Y PSICOF. –C.Beltramino –D. Miás– E. Isaias (C. Collino)

021- 9hs. PSICOLOGIA EDUCACIONAL –M.Moller–H.Maldonado-G. Zamprogno (E. López Molina)

037- 9hs. IDIOMA ITALIANO –L. de Bima

046- 9hs. PROB.EPISTEMOL. DE LA PSIC. –A.Saal - J.Ahumada – L.Minhot (J. Sotelo)

053- 9hs. IDIOMA ALEMAN –A. Saal

214- 13hs. PSICOPATOLOGIA DE LA ADOLESCENCIA- C.Cardozo -P.Dubini –R. Ardiles

339 13hs. DIAG. Y PREV. DE LA PROBL. ACTUALES EN LA ADOLESC. G.Cardozo-R. Ardiles -P.Dubini



Lunes 28 de julio

015- 9hs. PSICOLOGIA EVOLUTIVA DE LA NIÑEZ- M. Cordera - A.Ahumada-G.Rosales –(G.Cabello)

022- 9hs. TECNICAS PSICOMETRICAS –S.Tornimbeni-A. Fernández-E.Pérez (M.Morales) 028- 14hs. PSICOPATOLOGIA –J.Argañaraz – M. Paz – Rostagnotto (M.Paulosky)

032- 9hs. PSICOLOGIA LABORAL -A. Pujol – C.San Emeterio – C. Dal’Asta (J.Navarra)

062- 9hs. PSICOPATOLOGIA II – J.Argañaraz – A. Rostagnotto - E.Agüero (M.Paulosky )

087- 9hs. PSICOTERAPIA –C. Bauducco– E.Sellán – K.Gioachini

090- 9hs. PSICOLOGIA Y DERECHOS HUMANOS-A.Colaski – Valles – Ataide Cabral



Martes 29 de julio

051- 14hs. PSICOLOGIA CRIMINOLOGICA –H.Marchiori-O.Puente-G.Lucientes (A.López )

063- 9hs. CLINICA PSIC. Y PSICOTERAPIA –C. de la Cruz –D. Klor – S. Balaguer

069- 15hs. PROBLEMAS DE APRENDIZAJE–H.Maldonado- C.Torcomián- M. Tuja

275- 9hs. PSICOLOGIA Y ARTE –S. Martínez – P. De Cara – S. Ferrucci

303- 9hs. PSICOLOGIA FORENSE – H.Ñañez – M.Scarafía – J:Mattus



Miércoles 30 de julio

003- 16hs. INTROD. A LA PSICOLOGIA –E.Cosacov – P. Marchetti - C.Disogra (J. Marino)

025- 9hs. TECNICAS PROYECTIVAS –C.de Bauducco – M.Soave – T. Huespe (C.Ferrer)

029- 15hs. PSICOBIOLOGIA EXPERIMENTAL – A. Bueno - C.Torti – M. Cruz

031- 9hs. PSICOLOGIA CLINICA –C.González - M.Salvetti - G:Gentes (A.Ginocchio)

060- 9hs. PSIC..DEL ADULTO Y SENEC.– M.Cornacchione-A. Urrutia - L.Ferragut (S.Arce)

068- 16hs. PSICOLOGIA ORGANIZACIONAL –N.Carola - M.Pan – A.Aragonés (A.Pujol)



Jueves 31 de julio

036- 9hs. IDIOMA PORTUGUES -Leticia Minhot

048- 9hs. METOD.DE LA INVEST.PSICOLOGICA –A.Alderete - C. de Menne - P.Scherman (L.Furlán)

073- 15hs. PSICOLOGIA Y PENOLOGIA –O.Puente – D.Porta – G. Lucientes (H.Marchiori)

333- 15hs. SEMIÓTICA,PSICAN. Y SUBJ.ACTUAL –M.Gómez- S.Bentolila- A.Rostagnotto

322- 15hs. EL METODO BIOGRAFICO COMO FUND. DE LA HIST. –M.Cabanillas – De la Cruz – J.Argañaraz



Viernes 1 de agosto

052- 15hs. DEONTOL. Y LEGISL. PROFESIONAL –H.Martínez- - V.Peralta - M.Gómez – (G-Degiorgis)

072- 15hs. CRIMINOLOGIA CLINICA –G. Lucientes – C.Ferrer –J.Mattus

217- 9hs. LA INTERDISC. EN CS. HUMANAS –C:Guibelalde – S. Tornimbeni – R. Gomez

292- 9hs. INTERV. PSIC. INSTIT. EDUCATIVAS –M.Duarte – D. Lemme – E.Scocco

295- 15hs. PSICOSOMÁTICA, TEORIA Y CLINICA – A.Stabio – A. Guardado – De la Cruz

319- 13hs. DROGADICCION, ENFOQUE PSIC. Y SOCIAL –J. Mansilla – M. Tuja – G.Sananez

326- 9hs. HOSPITAL PUBL. Y PROCESO DE TRANSF.INST. G. Bustos – A. Espeche – De la Cruz

334- 15hs. PSIC. EL CUERPO EN LA CL. ABORDAJE Y TEORIA - A.Stabio – A. Guardado – De la Cruz

061- 15hs. ESTRAT.DE INTERV.COMUNITARIA –S. Plaza –O. Barrault - A.Díaz



Fuente:  aula virtual

Leer Mas...