domingo, 14 de diciembre de 2008

Psicoanálisis de la Adolescencia. Peter Blos. (Parte 5)

5. La adolescencia propiamente tal
La pubertad en forma implacable empuja al joven adolescente hacia adelante. Su búsqueda de relaciones de objeto o, por el contrario, el evitarlos, ilumina el desarrollo psicológico que está ocurriendo durante esta fase.
Durante la adolescencia propiamente, la búsqueda de relaciones de objeto asume aspectos nuevos, diferentes de aquellos que predominaron en la fase preadolescente y en la adolescencia temprana. El hallazgo de un objeto heterosexual se hace posible por el abandono de las posiciones bisexual y narcisista, lo que caracteriza el desarrollo psicológico de la adolescencia. en forma más precisa debemos hablar de una afirmación gradual del impulso sexual adecuado que gana ascendencia y que produce una angustia conflictiva en el yo. Los mecanismos defensivos y adaptativos en toda su compleja variedad pasan a primer plano en la vida mental. El complejo desenvolvimiento de los procesos mentales durante esta fase, hace imposible una presentación comprensiva de todos los aspectos más importantes que en ella ocurren. Es necesario dividir la complejidad del desarrollo mental en sus componentes y poner más atención a la enorme variabilidad del desarrollo.

El curso de la adolescencia propiamente tal, a menudo conocida como adolescencia media, es de finalidad inminente y cambios decisivos; en comparación con las fases anteriores, la vida emocional es más intensa, más profunda, y con mayores horizontes. El adolescente por fin se desprende de los objetos infantiles de amor, lo que con anterioridad ha tratado de hacer muchas veces, los deseos edípicos y sus conflictos surgen nuevamente. La finalidad de esta ruptura interna con el pasado agita y centra la vida emocional del adolescente; al mismo tiempo esta separación o rompimiento abre nuevos horizontes, nuevas esperanzas y también nuevos miedos.

La fase de la adolescencia que ahora vamos a explorar corresponde al segundo acto del drama clásico. Los personajes dramáticos han llegado a un momento donde irrevocablemente están metidos en el drama; el espectador se ha dado cuenta de que no puede haber un retorno a las situaciones de las escenas primeras y reconoce que los conflictos implacablemente conducirán a un final climático. Después del segundo acto los eventos han tomado un cambio decisivo, pero el resultado final es desconocido y solamente el último acto del drama nos podrá informar sobre esto. en forma semejante, durante la adolescencia propiamente tal los conflictos internos han alcanzado un punto de envolvimiento irrevocable, pero el final aún no puede predecirse, no podemos sino suponer y hacer pronósticos correctos en ocasiones y otras veces equivocados; solamente la adolescencia tardía nos podrá decir si vislumbramos correctamente el resultado.
Helene Deutsch (1944), resume su opinión sobre este problema diciendo: "Solamente el desarrollo subsiguiente puede mostrarnos si el fenómeno patológico está comprendido en tales casos o si simplemente son dificultades intensificadas de la adolescencia". Los estudios sobre predicción nos pueden ayudar a comprender y evaluar los aspectos no patológicos de esta fase del desarrollo, durante el cual la personalidad muestra normalmente muchos aspectos aparentemente patognomónicos. la investigación sobre la adolescencia puede ser estimulada por los estudios de predicción que han sido llevados a cabo sobre infancia y niñez temprana (M. Kris, 1957), así como la crítica de Anna Freud (1958) sobre esta investigación.

Durante la adolescencia propiamente tal, el adolescente gradualmente cambia hacia el amor heterosexual, y ahora expondré los cambios internos que son esenciales y en verdad precondicionales para el avance hacia la heterosexualidad. Este desarrollo comprende muchos procesos diferentes, y es su integración la que produce la maduración emocional esencialmente, los adolescentes, que en esta fase entran rápidamente en una actividad heterosexual, no alcanzan, por virtud de esta experiencia, la precondiciones para el amor heterosexual, y a medida que uno investiga los matrimonios de adolescentes puede darse cuenta de la forma tan lenta en que se desarrolla la capacidad para un amor heterosexual maduro. Desde el punto de vista psicoanalítico el problema principal reside en la naturaleza de los cambios catécticos relacionados a los objetos internos y al ser, más bien que en expresiones en la conducta por ejemplo: tener un empleo, o relaciones sexuales), como índices importantes del cambio o de la progresión psicológica.

El retiro de la catexis hacia los padres, o más bien de la representación de los objetos en el yo, produce una disminución de los objetos en el yo, produce una disminución de la energía catéctica en el ser. En el muchacho, tal como lo hemos visto, este cambio lleva a una elección narcisista de objeto basada en el yo ideal; podemos discernir en esta constelación libidinal los nuevos intentos de resolución de los aspectos remanentes reactivados del complejo de Edipo, positivo o negativo. En la muchacha, observamos una perseverancia del componente fálico. Una detención seria en el desarrollo de los impulsos aparece si este componente no es concedido al amor heterosexual en el tiempo adecuado. Es decir, que la formación de la identidad sexual es el logro final de la diferenciación del impulso adolescente durante esta fase.

En ambos sexos puede observarse un aumento en el narcisismo. Este hecho debe enfatizarse porque produce una gran variedad de estadios en el yo que son característicos de la adolescencia propiamente tal. Este aumento precede a la consolidación del amor heterosexual; para ser más exacto, está íntimamente ligado con los procesos de la búsqueda de objetos no incestuosos. Fácilmente puede observarse cómo los adolescentes abandonan su gran autosuficiencia y actividades autoeróticas, tan pronto como, por ejemplo, tienen sentimientos de ternura por una muchacha. El cambio de catexis del ser a un nuevo objeto altera la economía libidinal pues la gratificación se busca ahora en un objeto en lugar de en uno mismo. Tal como lo expresó un muchacho de 15 años: "Tan pronto como tengo una muchacha en la mente no tengo que comer como marrano o masturbarme todo el tiempo", la protección en contra de las desilusiones, los rechazos y los fracasos en el juego del amor, está asegurada por todas las formas de engrandecimiento narcisista. Además, este estadio permite la preocupación mental con ideas que llevan a selecciones inventivas o a construcciones mentales útiles, que a su vez derivan su fascinación del desplazamiento de los impulsos inhibidos, como la intelectualización. Sandy, un muchacho adolescente de 14 años, muy tímido y temeroso del rechazo, decidió invitar a una muchacha a salir con él. Al mismo tiempo Sandy dijo en su análisis que había pasado muchas horas del día pensando cómo "controlar la tierra". dos inventos, dice, son necesarios: "un productor de energía y un duplicador de la materia" (es decir, en el control del hombre y de la mujer). Con estas invenciones dijo, se podría controlar la tierra. El analista comentó también a "Jane". Sandy contestó: "Cuando marqué anoche el teléfono de jane estaba pensando en un sistema de control monetario en el mundo. Tartamudeé cuando contestó el teléfono, pero fingí que esto era nada más algo que yo estaba actuando".

La cualidad narcisista de la personalidad adolescente es bien conocida. El retiro de la catexis de objeto lleva a una sobrevaloración del ser, a un aumento de la autopercepción a expensas de la percepción de la realidad, a una sensibilidad extraordinaria, a una autoabsorción general, a un engrandecimiento. En el adolescente el retiro de la catexis de los objetos del mundo externo puede llevar a un retiro narcisista y a una pérdida de contacto con la realidad. Esto fue descrito primeramente por Bernfeld (1923), que señaló la semejanza de este estado a las psicosis incipientes. El empobrecimiento del yo se debe a dos cosas: 1) a la represión de los impulsos instintivos, y 2) a la incapacidad de extender la libido a los objetos infantiles de amor, así como el aceptar las emociones que esto representa. Esta última fuente puede también verse como una resistencia en contra de la regresión.

Las defensas narcisistas, tan características de la adolescencia, son ocasionadas por la inhabilidad de dejar al padre gratificante, en cuya omnipotencia el niño llega a depender, más que en el desarrollo de sus propias facultades; tal niño, al entrar en la adolescencia temprana se encuentra totalmente incapacitado para enfrentarse a la desilusión de sí mismo, por su logro real y limitado en la realidad. Esta condición, en su forma típica, será descrita en el Capítulo VII; es el problema central del atolladero patológico de la adolescencia prolongada. Debemos diferenciar la elección de objeto narcisista, de las defensas narcisistas y de la etapa narcisista transitoria que normalmente precede al encuentro de objeto heterosexual. Esta etapa transitoria, que discutiremos ampliamente, es la consecuencia de la catexis del padre o madre internalizado o, para ser más exactos, de sus representaciones de objeto. Esto resulta en procesos de identificación primitivos y transitorios que sirven a necesidades narcisistas y necesidades relativas al objeto.
El alejamiento que experimenta el adolescente en relación a los objetos familiares de su infancia es una consecuencia más de la "deslibidinización del mundo externo" (A. Freud, 1936). La difusión de los instintos en relación con representaciones de objeto influye en el comportamiento manifiesto del adolescente hacia sus padres o sustitutos a través de mecanismos proyectivos. Los introyectos "bueno" y "malo" se confunden con los padres actuales y su conducta real. La catexis de las representaciones de objeto los elimina como fuente de gratificación libidinal; consecuentemente, se observa en el adolescente un hambre de objeto, un deseo avaro que le lleva a uniones e identificaciones superficiales y constantemente variantes. Las relaciones de objeto en esta etapa llevan automáticamente a identificaciones transitorias, y esto previene a la libido objetal de ser totalmente agotada por deflexión en el ser. El hambre de objetos de esta fase puede asumir proporciones abrumadoras; un objeto, real o imaginario, puede servir como sostén en el mundo objetal. La identidad del objeto real de este hombre, sin embargo, es negada; es el padre del mismo sexo. La identificación, positiva o negativa, con el padre del mismo sexo tiene que llevarse a cabo antes de que pueda existir amor heterosexual. Los nuevos objetos no son sólo pantallas en contra de antiguas introyecciones, sino que son también intentos de neutralizar las "malas" introyecciones con "nuevas" introyecciones "buenas" (Grehson, 1954). Este concepto arroja luz en la función económica del flechazo. Las sensaciones de hambre y la tendencia a engullir comida están sólo parcialmente condicionadas por las necesidades físicas de crecimiento del adolescente; puede observarse que fluctúan significativamente con el surgimiento y la declinación de hambre primitiva de objeto, que es la función incorporativa. He observado en varios adolescentes de esta fase que las sensaciones de hambre o la necesidad de comida disminuyen claramente al tiempo que un objeto heterosexual significativo y gratificante entraba en su vida. El rol significativo que la oralidad juega en el proceso de separación, que envuelve intensificados anhelos orales, también explica la frecuencia de estados de ánimo depresivos en la adolescencia como una "regresión transitoria a la fase oral-incorporativa (alimenticia) del desarrollo" (Benedeck, 1956, a).

La etapa narcisista no es sólo una acción demoradora o apoyadora causada por repugnancia para renunciar definitivamente a los objetos tempranos de amor, sino que también representa una etapa positiva en el proceso de desprendimiento. Mientras que previamente los padres eran sobrevalorados, considerados con temor y no valorados realistamente, ahora se vuelven devaluados y son vistos con las ruines proporciones de un ídolo caído. La autoinflación narcisista surge en la arrogancia y la rebeldía del adolescente, en su desafío de las reglas, y en su burla de la autoridad de los padres. Una vez que la fuente de gratificación narcisista derivada del amor paternal ha cesado de fluir, el yo se cubre con una libido narcisista que es retirada del padre internalizado. El resultado final de este último cambio catéctico debe ser que el yo desarrolla la capacidad de asegurar, sobre la base de una ejecución realista, esa cantidad de abastecimiento narcisista que es esencial para el mantenimiento de la autoestima. Así vemos que la etapa narcisista opera al servicio del desarrollo progresivo, y está habitualmente entremezclada con la lenta ascendencia de hallazgos de objeto heterosexual. "Donde la formación del yo está envuelta, el narcisismo ... es un rasgo progresivo...hasta donde el desarrollo de la libido está en cuestión, este narcisismo es, por el contrario, obstructivo y regresivo." (Deutsch, 1944.) Esta etapa de narcisismo transitorio, se vuelve un nefasto rompimiento del desarrollo progresivo, sólo cuando el narcisismo es estructurado en una operación defensiva de sostén y así inhibe en vez de promover el proceso de desprendimiento. El proceso de separación y su facilitación son los que dan a la etapa narcisista su calidad positiva y progresiva. En cuanto a la regresión llevada a cabo bajo estos auspicios, el aforismo de Nietzche viene a la mente. "Dicen que está yendo hacia atrás, y desde luego; lo está porque intenta dar el gran salto". se podría también hablar de una "regresión al servicio del yo" que normalmente sucede en ese trance particular del desarrollo adolescente.

El aislamiento narcisista del adolescente es contrarrestado en muchas formas, que llevan a mantener su sujeción sobre las relaciones de objeto y sobre límites firmes del yo. Ambos sostenes están constantemente en peligro y la amenaza de tales pérdidas ocasiona ansiedad y pánico; también inicia procesos regresivos restitutivos que van desde leves sentimientos de despersonalización hasta estados psicóticos. Un territorio intermedio en el que el tirón de la regresión narcisista es contrarrestado por la ideación relacionada al objeto y a la aguda percepción de impulsos instintivos, existe en la vida de fantasía y sueños diurnos extraordinariamente ricos en el adolescente. Estas fantasías implementan los cambios catécticos por "acción de ensayo" y ayudan al adolescente a asimilar en pequeñas dosis las experiencias afectivas hacia las que se está moviendo su desarrollo progresivo. la vida de fantasía y la creatividad están en la cúspide en esta etapa; expresiones artísticas e ideacionales hacen posible la comunicación entre experiencias altamente personales que, como tales, se vuelven un vehículo para la participación social. El componente narcisista permanece obvio y, desde luego, la gratificación narcisista derivada de tales creaciones es legítima. Las fantasías privadas pueden ser comparadas a "un ensayo", porque muy frecuentemente son funciones preparatorias para iniciar transacciones interpersonales.

El siguiente pasaje de un cuento de George Baker (1951) expresa bien los singulares sentimientos del adolescente que está de paso a través de este territorio intermedio:
Esas tardes exquisitamente melancólicas de mi adolescencia cuando solía caminar con la abstracción de un sonámbulo a través de las húmedas avenidas de Richmond Park, pensando que yo nunca participaría activamente en la vida; preguntándome por qué el fuego contenido de mis esperanzas, ardiendo en mi vientre peor que alcohol puro, parecía no enseñar a los extraños que yo vagaba en los jardines. Y frecuentemente se me aparecía la frustración bajo el disfraz de una alucinación; mirando por entre los árboles que escurrían rocío colgante, algunas veces vi estatuas clásicas cobrar vida instantáneamente volviendo su belleza desnuda hacia mí; o escuchaba una voz salir de entre un arbusto: "Todos será contestado con tal de que no veas a tu derredor".

Y estoy parado aguardando, sin atreverme a ver hacia atrás, esperando una mano sobre mi hombro que me brinde una tarea, pero solamente hay el rumor del viento y una hoja de periódico que la brisa arrastra hacia abajo y que me roza como una interjección sucia. O un ciclista pasa veloz ofreciendo posibilidades hasta el momento en que llega a mí, posibilidades que desaparecen cuando él ha pasado. Aun así, estaba sufriendo de una simple pero devastadora propensión: esperaba vivir.

Es interesante notar cómo esta descripción indudablemente autobiográfica enfatiza la realzada agudeza de los órganos de los sentidos, el ojo y el oído especialmente. .Un cambio catéctico dota a los órganos de los sentidos de una percepción hiperaguda que obtiene su contenido especial y calidad de la proyección; los acontecimientos internos son ahora experimentados como percepciones externas, y su calidad frecuentemente se aproxima a las alucinaciones. Debe ser recordado que la vista, el oído y el tacto juegan un papel principal en el establecimiento de relaciones de objeto tempranas, en una época en que la diferenciación entre "yo" y "no yo" existe, pero que está siendo introducida por procesos introyectivos y proyectivos. Acaso esta hipercatexis adolescente de los sentidos ayuda al yo a agarrarse al mundo de los objetos que está constantemente en peligro de perder. En verdad, ¿no es esta propensión a proyectar procesos internos y experimentarlos como realidad externa la que da a la adolescencia su rasgo característico de funcionamiento seudopsicótico? Sentimientos de alejamiento, de irrealidad y despersonalización amenazan con romper la continuidad de los sentimientos del yo, y aunque éstas son condiciones extremas, persiste el hecho de que el adolescente experimente el mundo externo con una singular calidad sensitiva que él piensa que no es compartida por otros: "Nunca nadie ha sentido como yo", "Nadie ve el mundo como yo". La madre naturaleza se convierte en un corresponsal personal para el adolescente; la belleza de la naturaleza es descubierta y se experimentan estados emocionales exaltados.
Esta hipersensibilidad está particularmente presente en relación con el abrumado anhelo de amor. Un joven de 16 años describe su primera experiencia de tierno amor con una referencia particular a sensaciones táctiles: "Es una emoción amorfa -se puede convertir en cualquier cosa caminando descalzo en el pasto, caminando en el aire con los ojos cerrados y diciendo Eileen. Simplemente es querer amar a alguien. Cuando llueve tengo la ventana abierta y me empapo con el aire. Si acaso hay un ambiente primaveral me siento exuberante -Ahora yo vivo enteramente con el cambio de clima."
El papel normal de las fantasías y experiencias alucinatorias durante la adolescencia ha sido descrito por Landauer (1935): "La percepción constituye la internalización de la realidad externa y normalmente es preservada como objeto de amor y odio; el adolescente que está impulsado por la necesidad de amar regresa a la costumbre infantil de incorporar objetos por destrucción, para reproducirlos en alucinaciones o (menos drásticamente) en fantasías como una realidad externa que ahora es idéntica a su yo. Este fenómeno es parte de la doctrina del adolescente, que sostiene que el yo es el único existente".

Debe mencionarse que el descubrimiento de la naturaleza y la belleza es representativo para un grupo social y educativo en particular, que más o menos coincide con la clase media y baja. Pero aunque el contenido de las fantasías varía mucho, el principio descrito se observa a través de esta fase. El aspecto más cambiante de un impulso es su objetivo, y el componente más variable de una fantasía es su contenido manifiesto. Esta variedad, que depende de la clase, región y tiempo histórico, no debe opacar el papel de la fantasía en la adolescencia, como un fenómeno transitorio interpuesto entre las etapas del narcisismo y del encuentro de un objeto heterosexual.
Típico de esta etapa intermedia es el hecho de llevar un diario. Escribir u diario es más frecuente actualmente en EE.UU., entre las jóvenes que entre los muchachos; posiblemente siempre haya sido así. La autoconcentración emocional que implica llevar un diario se ve fácilmente obstruida en un joven por connotaciones de pasividad; su necesidad de reafirmación física tanto agresiva como defensiva, desvían su atención de la introspección. Esto no siempre ha sido verdad; parece que con el advenimiento del cliché único de comportamiento, los tabúes más rígidos contra el así llamado "comportamiento inapropiado para el sexo" han sido derribados. Como quiera que sea, la diarista femenina comparte sus secretos con su diario como con un confidente íntimo. La necesidad de llevar un diario es proporcionalmente inversa a la oportunidad que tiene el adolescente de compartir sus necesidades emocionales con el medio ambiente. El soñar despierto, los acontecimientos y las emociones que no pueden ser compartidas con las personas reales, se confiesan al diario con desahogo. De este modo el diario asume una calidad de objeto. Esto es obvio si se leen los títulos, "Querido diario" o, como en el diario de Anna Frank (1947), "Querida Kitty". El diario de una joven es siempre su confidente femenino y ocupa un lugar entre el soñar despierto y el mundo de los objetos, entre la fantasía y la realidad, y su contenido y forma cambian con las diferentes épocas; porque el material que antes era ansiosamente guardado en secreto ahora se expresa abiertamente.
El adolescente contemporáneo, más sofisticado, ya no lleva un diario, registra las cosas, sin embargo, con miras a la posteridad y lo que dichos documentos ganan en calidad literaria generalmente lo pierden en autocrítica y espontaneidad. Actualmente, los diarios son más frecuentemente llevados por adolescentes de familias de clase media, donde los esfuerzos literarios son valorados y la facilidad de la palabra escrita no es poco común. Los temas que alguna vez fueron predominantes en los diarios -los conflictos instintivos acompañados de un humor depresivo, familiarmente conocido como Weltschmerz, una aflicción melancólica cósmica-, han dado lugar a diferentes temas, que pueden ser resumidos como una ansiedad difusa sobre la vida: Lebbensangst (Abegg, 1954). Así también la ingenuidad acerca de la política y el provisionalismo de días pasados han sido dramáticamente reemplazados por un conocimiento de la mayoría de los adolescentes acerca de los conflictos sociopolíticos de todo el mundo. Esta sofisticación no anula el hecho de que el diario aún tiene el mismo propósito psicológico, y que consiste en llenar el vacío emocional sentido cuando los nuevos impulsos instintivos de la pubertad no pueden estar por más tiempo unidos a objetos, así, la fantasía asume una función de lo más importante y esencial. Volcarse en el diario mantiene la fantasía, por lo menos parcialmente relacionada a un objeto y el hecho de escribir sus pensamientos mantiene las actividades mentales del adolescente más cerca de la realidad, ya sea que estas actividades impliquen afectos o deseos, fantasías, aspiraciones o esperanzas, o exceso de arrogancia o desesperación. Una chica reportó en su diario que en cuanto solía escribir sus fantasías sadomasoquistas éstas se volvían más excitantes y reales para ella. se volvían más efectivas al ser escritas de lo que eran tan solo como fantasía. La realización acerca siempre el contenido mental a la calidad de realidad. Viviendo experiencias y emociones a través de la escritura cierra la puerta por lo menos parcial y temporalmente a la actuación.

Debido a que normalmente la niña está más preparada para la heterosexualidad, su diario tiene la función de prevenir una actuación heterosexual prematura a través de la experimentación y la actuación de un papel en la fantasía. De este modo el diario llena más de una función: permite actuar un rol sin envolver la acción en la realidad; según Bernfeld (1931) el diario está primero al servicio del proceso de identificación; y finalmente el diario proporciona un mayor conocimiento de la vida interna, un proceso que por sí mismo da al yo más eficacia en sus funciones de conocimiento y síntesis.

El uso de los diarios de los adolescentes para el estudio sistemático de la psicología del adolescente fue introducido a la literatura psicoanalítica por Bernfeld (1927, 1931), quien desarrolló una metodología para su uso científico. Desafortunadamente, sus estudios acerca de los diarios de adolescentes fueron interrumpidos; de cualquier modo, algunas de sus observaciones merecen ser recordadas: "Los diarios de los adolescentes no ofrecen una fuente de marterial en el sentido de los datos históricos, por lo que se diría que la verosimílitud de sus autores está fuera de lugar. No se les puede usar para probar hechos, quizá únicamente con una precaución crítica y metodológica. Los diarios son representaciones deformadas por tendencias conscientes e inconscientes, exactamente como los sueños, fantasías y producciones poéticas de adolescentes. se pueden utilizar para 1) darnos conocimiento de sentimientos manifiestos (deformados por diversas tendencias ) de deseos y experiencias de la adolescencia; 2) son fuente para la interpretación de aquellas tendencias y del material psíquico que es deformado por ellas. Este tipo de interpretación requiere puntos de referencia. Ésta es la razón de por qué un diario, tal cual, sin más datos acerca del autor, tendrá un valor limitado desde el punto de vista del conocimiento psicológico del autor. Generalmente hay que estar satisfecho con el enriquecimiento fenomenológico que se pueda obtener."
Desde los estudios de Bernfeld, una extensa experiencia psicoanalítica con adolescentes ha establecido ciertas líneas de desarrollo que pueden ser consideradas como típicas para esta edad. Con creciente confiabilidad y desde luego con la precaución crítica metódica ya recomendada por Bernfeld, podemos reinstalar la producción verbal de los adolescentes en un plan de desarrollo del proceso del adolescente como un todo. En comparación con observaciones directas en niños, ya no aparece como no científico reconocer en un pequeño de cuatro años intolerancia a que se le toquen los dedos de los pies, como una manifestación de ansiedad de castración; ciertamente el rol que esta ansiedad asume en el funcionamiento total del niño es muy difícil de inferir a partir de la observación. la variedad de temas que aparecen en un diario comparada paralelamente con líneas de desarrollo clínico de funcionamiento psíquico ofrece datos fenomenológicos significativos. pero aparte de esto, y de mayor significado, el material del diario puede ser usado para verificar secuencias típicas que pueden permitir un conocimiento más detallado de la adolescencia. por esta razón, el estudio de los diarios de los adolescentes es de gran interés, aun en el caso de no tener más conocimientos del diarista, excepto sexo, edad, medio ambiente, y datos históricos. La mayoría de estos datos generalmente se manifiestan en el mismo diario.

El primer diario no expurgado de un adolescente publicado por un analista fue considerado en la época de su publicación como espantoso, y fue tildado de fraude. Hoy en día, a la luz de nuestro mayor conocimiento acerca de la vida mental del adolescente, la autenticidad del Diary of a Young Girl (Hug-Hellmuth, 1919) está fuera de duda. Desde luego, los mismos argumentos usados por Cyril Burt en contra de la verosimilitud del diario podrían, con igual lógica, aplicarse contra el Diario de Anna Frank (1947), y éste último no necesita defensa en este aspecto. Estos dos documentos y otros (Golan, 1954) ilustran dramáticamente la secuencia de las fases descritas en este libro, los diarios también son capaces de comunicar los sentimientos que acompañan los cambios tanto físicos como emocionales en tal forma que ninguna presentación teórica puede pretender igualar.

La propensión del adolescente a usar personas en presuntas relaciones esta muy ligada a la fantasía, especialmente para dotarla con cualidades con las que el adolescente intenta ejercitare sus propias necesidades libidinales y agresivas, estas relaciones carecen de una calidad genuina, constituyen experiencias creadas con el propósito de desligarse de objetos tempranos de amor. El autointerés complementario en tales relaciones entre dos adolescente, especialmente niño y niña, es rememorativo de una folie aux deux transitoria. El hecho de que esta relación con frecuencia es disuelta sin pena, sin dolor subsecuente, ni secuela de identificación, confirma su carácter. "La necesidad de reaseguramiento en contra de las ansiedades por los nuevos impulsos, le pueden dar a todas las relaciones de objeto un carácter no genuino; están mezcladas con identificaciones, y las personas son percibidas más como representaciones de imágenes que como personas, los caracteres neuróticos que tienen miedo de sus impulsos a lo largo de la vida frecuentemente dan una impresión de adolescentes". (Fenichel, 1945).

Anna Freud (1936) describió el rol que juega la identificación en la vida amorosa del adolescente, es usada para preservar el dominio sobre las relaciones de objeto en el tiempo del retiro al narcisismo. "Estas apasionadas y evanescentes fijaciones de amor, no son en lo absoluto relaciones de objeto, en el sentido en que usamos el término hablando de adultos. Son identificaciones de lo más primitivas, tales como las que encontramos en nuestro estudio sobre el temprano desenvolvimiento infantil antes de que algún objeto amoroso haya existido. Los siempre cambiantes encariñamientos y enamoramientos, las amistades devotas y apasionadas que son defendidas por el adolescente en contra de cualquier interferencia, como si la vida misma dependiese de ellas, pueden ser entendidos como un fenómeno de restitución. Previenen una regresión libidinal total al narcisismo, por medio de la asimilación del objeto en términos del modelo descrito por Helene Deutsch como el tipo de relación "como si", el adolescente enriquece su propio yo empobrecido. Todas estas relaciones ocasionan una sobreevaluación del amigo para gratificar necesidades narcisistas; pero aparte de este aspecto podemos reconocer un rol experimental, jugando con pequeñas cantidades de libido de objeto; un estado que ciertamente se continúa sobreponiendo por algún tiempo con el uso esencialmente narcisista del objeto. El componente experimental es un reforzamiento del yo, representa el aspecto del proceso total que se podría llamar adaptativo, puesto que funciona de acuerdo con un desarrollo progresivo.
Antes de que nuevos objetos amorosos puedan tomar el lugar de aquellos abandonados, existe un periodo durante el cual el yo e encuentra empobrecido por el retiro de los padres actuales y el alejamiento del superyo; en las palabras de Anna Freud (1936): "El yo se aleja del superyo", la unión del yo en el control instintivo ha dejado de funcionar en la forma dependiente acostumbrada, y además la decatexis de las representaciones de los padres se ha añadido al empobrecimiento del yo. Este estado de cosas no solamente está contrariado por un proceso transitorio de identificación, sino también por la creación de estados voluntariosos del yo, de una conmovedora percepción interna del ser. Landauer (1935) se refiere a este fenómeno adolescente como "experiencia exaltada del yo" (ërhöhtes Ich-Erlebnis). Este fenómeno de restitución puede ser visto en relación al yo corporal, al yo experimentador, al yo autoobservador. En la esfera del cuerpo es esfuerzo, dolor y excesiva movilidad, en el yo experimentador es la abrumadora carga afectiva y su explosiva descarga; en el yo autoobservador es la aguda percepción de la vida interna la que caracteriza la condición de un adolescente relegable al mecanismo de defensa. De hecho, estos estados del yo son importantes para formar la variante específica y egosintónica individual de la organización de los impulsos en el adulto.

Esta cuestión ocupará largamente nuestra discusión sobre la adolescencia tardía; aquí la ilustraré con algunos extractos del análisis de dos jóvenes de catorce años:
John entró en una nueva fase de su análisis hasta que finalmente venció la fijación que tenía en la madre fálica. Tuvo que afrontar la dócil sumisión de su padre mientras no era aún capaz de transferir sus necesidades libidinales a nuevos objetos. En este estado de aislamiento y de empobrecimiento afectivo de repente dio con la idea de hacer cosas que estaban fuera de lo común, y que le darían una desconocida y poco usual sensación de audacia, libertad y descubrimiento. Así, se levantó a las dos de la mañana, cuando todos estaban dormidos, fue a la sala y se sentó en "la silla de papá" a leer; en la escuela se especializa en hacer bromas para sorpresa de sus compañeros y maestros; empezó a usar una chistosa gorra y a observar sus propios sentimientos cuando otros le miraban. Alan, otro muchacho de la misma edad, usó mecanismos similares; siempre estaba cansado y excitado por el apuro, la tardanza y la carencia de tiempo. Llegó a darse cuenta de que la sensación de apuro era un estado autoinducido de tensión, por decirlo así, un estimulante autoadministrado para continuar sintiéndose vivo. Él dijo "He descubierto que la agitación en que me meto cuando intento hacer la tarea es autoimpuesta. Realmente yo provoco mi estado de ansiedad y tensión. Es lo mismo cuando de repente parezco muy interesado en baseball, en la serie mundial; de hecho, no me importa." Ambos muchachos reconocieron únicamente durante el curso de su análisis que los estados del yo eran autoinducidos a propósito, parcialmente defensivos, parcialmente libidinales y agresivos, parcialmente adaptativos y experimentales; y que fueron sentidos como egosintónicos. Si los estados del yo adolescente giran hacia gratificaciones masoquistas, o hacia la desesperación, expresada en llanto, sufrimiento, autocastigo, entonces, de acuerdo con Helene Deutsch (1944), estas gratificaciones narcisistas a través del sufrimiento usualmente tienden a un estado de ánimo depresivo conectado con sentimientos de inferioridad, y pueden cristalizar en una depresión real, que puede desencadenar una severa neurosis de adolescencia.
A esta categoría de sentimiento de exaltación del yo pertenecen los estados autoprovocados de esfuerzo, dolor y agotamiento que son típicos del adolescente, aparte de los aspectos defensivos, la importancia del sentimiento del yo corporal exaltado no debe ser menospreciada. No necesitamos tomar en cuenta más que un ejemplo de este bien sabido fenómeno, aquel tomado de la biografía de Gerald Manley Hopkins (Warren 1945). "En el internado se autonegó el uso de la sal por una semana; en otra ocasión, hizo una apuesta de no tomar agua u otros líquidos por una semana, apuesta que ganó aunque al final cayó desfallecido".

Los estados del yo autoinducidos de intensidad afectiva y sensorial, permiten al yo experimentar un autosentimiento y, así, protegen la integridad de sus límites de cohesión; es más, estos estados promueven la vigilancia del yo sobre la tensión instintiva. estas tensiones instintivas son parcialmente aliviadas por procesos de descarga al exterior, vía expresión motora; también son parcialmente descargadas hacia el interior y son la causa de tantos problemas fisiológicos (de funcionamiento en este período, se mantienen bajo control, en parte, por los mecanismos de defensa. de hecho, la oscilación entre las formas en que el yo y el impulso instintivo llegan a un entendimiento o modus vivendi, es la regla, más que la excepción, durante esta fase de la adolescencia. Siempre que este modus vivendi enfatiza la moderación, el idealismo o el repudio instintivo, recibe mucho encomio del medio ambiente; si los impulsos instintivos llevan la de ganar, entonces el adolescente puede entrar en conflicto abierto con la sociedad. Así, normalmente oscila entre ambas posiciones, su tumulto se aplaca con el aumento gradual de principio de control inhibitorios de guía y evaluativos, que rinden deseos, acción, pensamientos y valores egosintónicos orientados hacia la realidad. Esto, por supuesto, puede ser logrado sólo después de que estos principios se han desconectado de los objetos de amor y odio -las imágenes de los padres, hermanos y otras- que originalmente los provocaran. Como una etapa intermedia, el yo se convierte en el recipiente de la líbido separado de representaciones de objeto; todas las funciones del yo, no solamente el ser, pueden ser catequizadas en el proceso. esta circunstancia le da al individuo un falso sentido de poder, que a su vez implica su juicio en situaciones críticas, casi siempre con consecuencias catastróficas. Un buen ejemplo son los frecuentes accidentes automovilísticos de los jóvenes.

La debilidad relativa del yo en contra de las demandas del instinto mejora durante esta fase adolescente, cuando el yo cede en su aceptación de los impulsos. Este progreso es paralelo al aumento de los recursos del yo al canalizar la descarga de los impulsos por una pauta altamente diferenciada y organizada. Sin embargo, este paso no puede darse mientras los objetos de amor de la temprana infancia continúan luchando por su supervivencia, mientras el complejo de Edipo continúa afirmándose. La fase de la adolescencia propiamente tiene dos temas dominantes: el revivir del complejo de Edipo y la desconexión de los primeros objetos de amor: Este proceso constituye una secuencia de renunciación de objetos y de encontrar objetos, que promueven ambos el establecimiento de la organización de impulsos adultos. Se puede describir esta fase de la adolescencia en términos de dos amplios estados afectivos: "duelo" y "estar enamorado". el adolescente sufre una perdida verdadera con la renunciación de sus padres edípicos, y experimenta un vacío interno, pena y tristeza que son parte de todo luto. "El trabajo de estar de luto... es una tarea psicológica importante en el período de la adolescencia" (Root 1957). La elaboración del proceso de duelo es esencial para el logro gradual de la liberación del objeto periodo; requiere tiempo y repetición. Similarmente en la adolescencia la separación de los padres edípicos es un proceso doloroso que únicamente puede lograrse gradualmente.
El aspecto de "estar enamorado" es un componente más familiar de la vida del adolescente, señala el acercamiento de la libido a nuevos objetos; este estado se caracteriza por un sentimiento de estar completo, acoplado con un singular abandono. El amor heterosexual a un objeto implica el fin de la posición bisexual de fases previas en las cuales las tendencias ajenas al sexo necesitaban constante carga contracatéctica, ya que amenazaban constantemente con hacerse presentes, dividiendo la unidad del yo ("autoimagen"). Estas tendencias pueden satisfacerse sin restricción en el amor heterosexual sólo concediendo al compañero el componente del impulso ajeno al sexo. Es re modelo fue descrito por Weiss (1950), quien le llamó "fenómeno de resonancia". Aparece primeramente en la adolescencia y juega un papel importante en la resolución de las tendencias bisexuales. en la adolescencia se puede observar fácilmente cómo el hecho de enamorarse o de adquirir un novio o novia hace que se aumenten marcadamente rasgos masculinos o femeninos, este cambio significa que las tendencias ajenas al sexo han sido concedidas al sexo opuesto y pueden ser compartidas en el mutuo pertenecer de los compañeros. En otras palabras, el componente sexual en propiedad del objeto de amor que a su vez es catectizado con libido de objeto.


A la adolescencia en sí pertenece esta experiencia única, el amor tierno. El amor tierno comúnmente precede a la experimentación heterosexual, que no debe confundirse con el juego sexual más inocente de etapas anteriores -aunque este juego a veces se extiende a la adolescencia en sí en el espíritu competitivo de los muchachos para la conquista de las muchachas, y la forma deseada de intimida física (que es dictada en gran parte por el medio y el grupo al cual pertenece el adolescente). El acercamiento ruidoso y voraz de los muchachos llega a una cima en esta fase pero, antes o después, estos bruscos intentos son interrumpidos de repente por un sentimiento erótico que inhibe y extasía al joven macho. Se percata de que el sentimiento que ha entrado en su vida es nuevo en un aspecto; es decir, que su actitud hacia la muchacha implica también un sentimiento de ternura y devoción. Predominan la preocupación por preservar el objeto de amor, y el deseo de pertenecerse exclusivamente -aunque sólo sea espiritualmente-el uno al otro. La pareja no representa solamente una fuente de placer sexual (juego sexual); más bien, ella significa un conglomerado de atributos sagrados y preciosos, que llenan al joven de admiración. No debe omitirse que este nuevo sentimiento es experimentado por el muchacho al principio como la amenaza de una nueva dependencia, así que la unión en sí despierta miedo de sumisión y de rendición emocional. Esta reacción apareció claramente en el análisis de un joven de 15 años, cuando hizo su aparición el amor tierno. El miedo de dependencia de la madre fálica había ocupado hasta entonces gran parte del trabajo analítico. El joven describió su torbellino emocional como sigue: "Hay algo raro en mi vida sexual con las muchachas. Varias muchachas me siguen, hay una que me gusta más que las otras, pero casi no le presté atención en la fiesta de la semana pasada: el modo en que me comporto es loco. Tengo miedo. o algo así, de hacerle saber que me gusta. a estas alturas sentía yo que tenía el control de la situación, que estaba en la cumbre y que no corría ya ningún peligro... Todo este asunto es tonto o anormal. Tengo miedo de que ella conozca mis sentimientos de que ella realmente me quiera y que yo sea un objeto en sus manos. Entonces no podré estar yo encima."

La idealización del objeto de amor inicia el refinamiento y enriquecimiento de la vida sentimental en el muchacho, deriva su intensidad y calidad de un grado normal de fijación materna. El sentimiento de amor tierno en la relación heterosexual puede lograrse probablemente sólo cuando las posiciones narcisistas y bisexuales son cambiadas hacia la rendición final del componente dominante sexual a un miembro del sexo opuesto. La catexis del objeto de amor con la libido narcisista es responsable de su idealización. En caso de infatuación extrema la catexis deja al yo agotado; el resultado es que frecuentemente se ignoran la protección esencial de la salud tanto física como mental con peligrosas consecuencias. De cualquier modo, el aparecer de este tierno sentimiento marca en el joven un punto cambiante: las primeras señales de heterosexualidad se manifiestan y se empieza a llevar a cabo la elaboración adolescente de masculinidad. Sin embargo sólo cuando progresa desde esta etapa primaria de infatuación hacia la fusión del amor tierno y sexual, se hace aparente lo genuino de este desarrollo previo. No debe olvidarse que la masculinidad del joven, incluyendo la del joven pasivo es poderosamente reforzada por la maduración de la pubertad en sí. Esta ganancia aparente muchas veces cubre un pasividad continuada, que nuevamente se presenta cuando el surgimiento púber de la sexualidad masculina ha bajado de intensidad.
Típicamente el desarrollo sigue el esquema de acuerdo con el cual el componente pasivo femenino del macho se rinde a la pareja heterosexual; un sentimiento de estar completo se deriva de su polarización. En su primera etapa la unión con el ser amado se experimenta en parte en fantasía; por ej., sólo un pequeño estímulo tal como el recuerdo de una muchacha conocida con anterioridad o una muchacha desconocida vista por un momento o a distancia, puede hacer que surjan fuertes manifestaciones de afecto. A esta última categoría pertenece la experiencia del primer amor que describe Thomas Mann (1914) en Tonio Kröger.
La rubia Inge, Ingeborg Holm, hija del doctor del mismo apellido, que vivía en la Plaza del Mercado, donde se erigía, puntiaguda, la gran fuente gótica, era la joven a quien amaba Tonio Kröger cuando frisaba en los diecisiete años.

¿Cómo se produjo aquello? La había visto otras mil veces; pero una noche determinada la vio bajo una luz muy particular hablando con una amiga de una manera muy animada, riéndose a su manera peculiar, ladeando un poco la cabeza, llevando de una manera muy graciosa la mano a la nuca -una mano pequeña que no era ni muy delgada ni muy fina- mientras su blanca manga de gasa se deslizaba más arriba del codo; oyó cómo acentuaba una palabra, una palabra completamente anodina, en un tono muy dulce y agradable, poniendo en la voz sonoridades insospechadas, e invadió su corazón un encanto muchpisimo más intenso que el que sentía tiempo atrás al conversar con Hans Hansen, en auqellos días lejanos en los que no era más que un muchacho pequeño y tonto.
Aquella noche grabó en su mente la imagen de Inge; con el minúsculo y apretado mopo rubio, los ojos rasgados y azules llenos de risa y la sombra de algunas pecas que hacían su rostro más atractivo. No pudo conciliar el sueño, pues aún le parecía oír el sonido de su voz; intentaba en silencio imitar su acento, aquel acento con el que había pronunciado la anodina palabra, y al hacerlo se estremecía todo su cuerpo. La experiencia le enseñaba que aquello era el amor. Y si bien sabía exactamente que l amor le tenía que acarrear mucho daño, disgusto y humillaciones, y que además de todo ello destruía su paz y le llenaba hasta el borde el corazón con nuevas melodías, sin que le fuera dable recobrar la tranquilidad en el futuro para dar forma definitiva a la amada ni fin a ninguna empresa...,no obstante eso, acogió con alegría aquel amor, se entregó a él por completo y lo cuidaba con ternura infinita, pues sabía que le haría fuerte y dichoso, y él ¡anhelaba tanto ser fuerte y dichoso, en vez de dedicarse a forjar quimeras y ensueños nunca realizados!...
La primera elección de un objeto de amor heterosexual está comúnmente determinada por algún parecido físico o mental con el padre del sexo opuesto, o por algunas disimilitudes chocantes. En el caso de Tonio el contraste entre la chica teutónica, rubia, regordeta y prosaica y su madre exótica, morena, poética y delicada no puede menos de impresionar al lector. Por supuesto que dichos primeros amores no son relaciones maduras, sino intentos rudimentarios de desplazamiento que adquirirían madurez amorosa sólo con la solución progresiva del complejo de Edipo revivido. El fracaso final de Tonio de alcanzar una relación amorosa estable puede ser descrito aquí, aunque va más allá de la fase que se discute. En la primera etapa de su madurez tomó como pareja amorosa a una mujer que era el extremo opuesto de la joven Inge: "Su pelo castaño, con un peinado apretado, algo gris en las sienes, rodeaba un rostro sensitivo, simpático, de tez oscura, de características eslavas por sus altos pómulos y pequeños ojos brillantes". Aparentemente la madre había sido descartada al elegir su primer amor adolescente se había convertido en el conflicto de su vida amorosa posterior. Tonio se aleja de la casa paterna y se convierte en artista, pero nunca encuentra como hombre a la mujer con la cual casarse. Eventualmente Tonio encuentra a Hans e Inge, quienes se han casado. Los dos primeros amores de Tonio estaban hechos el uno para el otro; los dos fueron decididos en un intento de complacer al padre; un muchacho como Hans hubiese sido amado por el padre de Tonio como un hijo y, escogiendo una chica como Inge, eliminaba Tonio el deseo conflictivo de poseer a la madre o a alguien que se le pareciese. Sentimientos positivos y negativos hacia sus padres estaban así articulados en la elección que el joven hizo de su primer amor homosexual y su primer amor heterosexual.

Un joven de 15 años describió su primera experiencia de amor tierno con estas palabras: "Fue el sentimiento más raro que había experimentado hacia una muchacha. íbamos juntos en el tren hacia un campo de veraneo; amaba yo a la muchacha, pero no podía tocarla o besarla. Esto duró casi todo el verano. Siempre pensé, 'Sería demasiado para ella; si la toco podría arruinar nuestra relación'. ¡Que esto me tenga que suceder a mí! Yo que siempre creí ser tan audaz con cualquier muchacha en cualquier momento, me tomaba 20 minutos llegar al primer beso. Esta vez era diferente, al pensar en las anteriores conquistas rápidas me decía: 'Caray, ¿qué importa un beso de aquellos?'." Este joven altamente egocéntrico y fijado oralmente pudo sobreponerse por medio de la terapia a su dependencia pasiva por la identificación con la madre activa. En vez de ser el objeto de amor protector y el cuidado excesivo de su madre , los volcó en la joven amada. Al hacer eso podía tolerar las tensiones crecientes del trabajo y la abstinencia. Logró un grado de masculinidad al conceder la modalidad del impulso receptivo femenino a su pareja heterosexual; de este modo podría por reflejo compartir el componente del impulso repudiado.

El progreso del joven a la heterosexualidad es propiciado en gran parte por la ayuda de una unión emocional profunda con una pareja amorosa que lleve, por decirlo así, la mitad de la carga del proceso de polarización. Siempre que no pueda ser abandonada la organización de impulsos de la primera adolescencia, puede ocurrir la precipitación hacia un matrimonio prematuro o a relaciones sexuales transitorias, como un intento de saltarse una fase específica de la adolescencia en sí. Cuando esto ocurre en el hombre, podemos discernir una unión insuperable a la madre amamantadora, por ej., la madre activa, esta fijación durante la adolescencia toma la forma de esfuerzos homosexuales pasivos que casi siempre están latentes en actuaciones heterosexuales. Frecuentemente ocurren en esta fase episodios homosexuales en muchachas y muchachos, y no hay modo de predecir la duración de su efecto en la formación de la masculinidad o feminidad, sin saber qué organización de impulsos específicos se refuerzan a través de estas experiencias que se comparan, patológicamente, con la maduración del púber. En la joven dos predicciones favorecen la elección de objeto homosexual. Una es la envidia del pene, que se compensa con desdén por el macho; en estos casos la joven misma actúa como muchacho en relación con otras jóvenes. La segunda precondición es una fijación temprana en la madre; en estos casos la joven actúa como una niña dependiente, extremadamente obediente y confiada, sobrecogida por sentimientos de felicidad y contento en su presencia de la madre. Algunos problemas de alimentación (gula) frecuentemente acompañan este último síndrome clínico.

En el joven, tres precondiciones favorecen la canalización de la sexualidad genital hacia la relación homosexual en la pubertad. Uno es el miedo a la vagina como órgano devorador y castrante. En este concepto inconsciente reconocemos derivados del sadismo oral proyectado. la segunda precondición reside en la identificación del joven con su madre, una condición que ocurre comúnmente cuando la madre fue inconsistente o frustrante mientras que el padre fue maternal o rechazante. Una tercera condición se ramifica del complejo de Edipo que asume la forma de una inhibición o restricción en que equipara a todas las mujeres con su madre, y considera que la introyección es una prerrogativa del padre. Todas estas etapas pueden observarse latentes o manifiestas durante la adolescencia en sí, cuando la resurrección de las tempranas relaciones de objeto pasan a primer plano. Las manifestaciones edípicas de la adolescencia muestran las visicitudes específicas que el complejo de Edipo ha sufrido durante la vida del individuo.
La lucha de los instintos, que ocurre al terminar la primera infancia, logra una tregua con la adquisición de relaciones de objeto relativamente estables dentro de la familia, con el establecimiento del superyo y con la elaboración preliminar de la identidad sexual. Esta tregua abre la puerta a la experiencia exclusivamente humana del periodo de latencia. La adolescencia en sí logra tareas similares dentro de un cuerpo que ha llegado a la madurez física sexual. Consecuentemente el desarrollo emocional debe tender en dirección a relaciones de objeto estables con ambos sexos, fuera de la familia y hacia la formación d una identidad sexual irreversible. A la luz de estas adquisiciones, el hombre no puede menos de embonar activamente en las organizaciones sociales e instituciones de su mundo inmediato. Sólo a través de la adaptación aloplástica puede procurarse satisfacción a sus necesidades instintivas, y además dar expresión a esas energías libidinales y agresivas que trascienden la realización instintiva y aparecen en una forma altamente compleja, cuya meta se encuentra inhibida. Una forma sublimada, la elaboración del rol social y privado, es un proceso que empieza a formarse durante la adolescencia en sí, pero que de ningún modo termina en esta fase.
Volvamos al padre edípico. De los historiales clínicos pertenecientes a esta fase, resulta bastante claro que es imprescindible el alejamiento decisivo del padre antes de que pueda hacerse la elección de un objeto no incestuoso. Durante las etapas previas a este alejamiento decisivo hay rasgos de venganza y rencor que son destinados a herir al padre, que no puede satisfacer por más tiempo las necesidades del niño. Estas acciones significan que aún prevalece el status de infancia. Podemos presenciar en muchachos y muchachas el resurgimiento de la conciencia de la vida íntima de los padres; a esta curiosidad de imaginación se añaden sentimientos de culpa y vergüenza. Esta relación edípica se hace presente en la actitud crítica del adolescente hacia uno de sus padres; en la joven, casi siempre es la madre el blanco de reproches y acusaciones; más de una joven está convencida de que ella comprende mejor a su padre que a su misma madre. Ella (según un pensamiento muy típico), nunca lo molestaría con las trivialidades con que su madre lo recibe a la puerta después de un día de pesado trabajo; la joven generalmente se da cuenta del aspecto negativo de sus sentimientos hacia su madre; el lado positivo está disfrazado en fantasías, sueños diurnos, o lo experimenta en forma desplazada con mucha dramatización y fantasía. Esto nos recuerda a la joven que "se enamora" de un joven cuya máxima distinción es el ser incomprendido por los demás. Dependiendo de la clase social y casta a la que pertenece la joven, el muchacho puede ser de raza, color o religión especial, o simplemente "bueno para nada", un paria de la sociedad. Esta elección de objeto sigue el patrón edípico de competencia y venganza. los sentimientos de culpa que siguen son aplacados con autocastigo, ascetismo y estados de depresión.

Un episodio de la psicoterapia de una joven de 17 años ilustra lo anterior. Mary había empezado una relación con un joven psicótico que, en la opinión de ella, era incomprendido por su familia, su doctor y el mundo en general. En su casa ella peleaba con su familia por el derecho de salir con Fred, su novio, esta relación tenía todas las características de una actuación; esto es, la descarga de una tensión conflictiva o impulsiva en interacción con el mundo externo, en vez de experimentarla como una crisis egosintónica. Mary se aferraba a esta relación que aparentemente no le traía felicidad, pero causaba a sus padres gran angustia. Un día, madre e hija tuvieron una violenta pelea por responsabilidades en el trabajo de la casa, hacia el cual la hija era remisa. Mary se sentía maltratada, rechazada e incomprendida por su madre y en el apogeo de la discusión, le hice esta observación: "Yo sé qué es lo que pensaste cuando dejaste a tu madre hablando sola."
"¿Qué?" "Que te acostarás con Fred este fin de semana." "¿Cómo lo supo usted?", fue la respuesta. Este efecto sorpresivo hizo que Mary comprendiera que cuando buscaba el amor de Fred le impulsaba una profunda decepción de su madre. La relación con Fred era para tomar represalias, competitiva y vengativa; podía ser parafraseada: "¿Conque no me amas? ¡Otra persona lo hará!" Desde este momento la chica perdió el interés en Fred, y en el tratamiento surgió material de contenido edípico, material que por primera vez puso ser recordado y comunicado en palabras en vez de acciones. Actuando "esta forma especial de recordatorio en la que un viejo recuerdo es reestablecido" (Fenichel 1945) se evita que la memoria esté alerta y se hace inaccesible a intervenciones transformantes que emanen del exterior o el interior. para hacer justicia a la complejidad del caso de Mary, debemos añadir que el reto de la joven a su madre sirvió también otro propósito, el de resistencia ante la regresión; el problema del negativismo como una forma de contrarrestar el tirón regresivo es de gran importancia para el adolescente. parece ser teóricamente convincente y clínicamente demostrable que el "negativismo al por mayor" del adolescente disminuye en proporción directa al yo, según éste domina el tirón regresivo por medidas adaptativas o defensivas, pero primordialmente por un movimientos progresivo de la libido hacia relaciones de objeto heterosexuales, extrafamiliares y no ambivalentes.

Como señalamos anteriormente los caminos que un joven y una muchacha siguen para la resolución de un conflicto edípico son diferentes. Lo que cierra la fase edípica para un joven, a saber, la ansiedad de castración, abre a su vez la fase edípica para una muchacha. La resolución de la fase edípica nunca es llevada a cabo por una joven con la misma rigidez y severidad con que lo hace un muchacho. El cambio de la joven hacia la heterosexualidad en la adolescencia en sí, y su uso defensivo en la preadolescencia se efectúa sólo con sus ansias edípicas ligeramente reprimidas; como la represión de las ansias edípicas del joven es más severa, su resurgimiento es lento y resistente a la estimulación puberal. La resolución del complejo de Edipo se deja inconclusa cuando la inmadurez del niño necesita del abandono de las ansias edípicas; la renunciación de éstas asume la forma de represión; por el contrario, la joven continúa tejiendo la hebra de la alfombra edípica a través de su periodo de latencia. Este hecho subraya por un lado su conflicto edípico y lo conduce por el campo amplificado der experiencias latentes; por otro lado contribuye al enriquecimiento de la vida interna de la joven. Ésta, consecuentemente, llega a la adolescencia en sí con un amplio precedente emocional expresado en fantasía, intuiciones y empatía, muy bien descritos por Helen Deutsch (1944). estos ricos orígenes de la vida interna permiten a la joven tolerar el aplazamiento de la gratificación genital. Se ha mencionado muchas veces que la joven fácilmente disocia la urgencia sexual y su gratificación masturbadora, tanto de la acción pensada como de la consciente, por la localización anatómica de su órgano excitable el clítoris y a veces la vagina. la anatomía de la joven permite la estimulación y excitación por medio de presión ,muscular y posiciones posturales, resultantes en descargas tensionales que van desde el orgasmo hasta simples sensaciones. En el joven, al contrario, el órgano sexual es exterior, visible y palpable, y cualquier excitación sexual es muy perceptible; es más, la masturbación masculina es físicamente eyaculación (orgástica) y su naturaleza sexual no puede escapar a la vista.

En lo que respecta a la resolución del complejo edípico, debemos recordar nuevamente que ni en el joven ni en la muchacha encontraremos soluciones ideales. En ambos sexos quedan residuos de ansias edípicas positivas y negativas; es decir en el joven quedan remanencias de ansias femeninas y la muchacha mantiene por un largo tiempo fantasías de naturaleza fálica. El análisis de muchachas adolescentes ha mostrado que la resolución de conflictos edípicos las prepara para el amor heterosexual, y el sometimiento del ""complejo de masculinidad" produce sentimientos maternales, por ejemplo: el deseo de tener un niño. Helene Deutsch (1944) descubrió este desarrollo en una joven: "De cualquier modo, la joven reprime la realización consciente del deseo instintivo directo por un tiempo más largo y de un modo más exitoso que el joven. Este deseo se manifiesta indirectamente en sus ansias amorosas intensas y en la orientación erótica de sus fantasías -en suma, con dotar a su vida interna con esas cualidades emocionales que reconocemos como específicamente femeninas". La polaridad de "masculino" y "femenino" recibe su fijación final e irreversible durante esta fase de la adolescencia en sí. La menarca inicia y enfatiza esta polaridad. La reacción emocional en la joven normal para este acontecimiento, envuelve dos procesos psíquicos esenciales. Por un lado la renunciación y por otro lado la identificación con su madre como prototipo reproductor. Benedek (1959) ha dicho que "la madurez hacia la meta reproductiva femenina depende de la identificación de desarrollo previo con la madre. Si la identificación no está cargada de hostilidad, la joven puede aceptar sus deseos heterosexuales sin ansiedad y la maternidad como una meta deseada. Esto, a su vez, determina la reacción de la joven hacia la menstruación".

El muchacho, al sobreponerse a los restos femeninos de su oposición edípica negativa, se vuelve hacia artificios sobrecompensatorios que le hacen aparecer beligerantemente afirmativo de sus poderes y prerrogativas masculinas. Es más, se une a grupos masculinos o se afilia a pandillas ("callejeras", "escolares", de la "baja sociedad" o de la "alta sociedad") que permiten que sus tendencias inhibidas en busca de la mujer encuentren un escape y, al mismo tiempo, inician al adolescente en un códice colectivo de virilidad.
Estas soluciones pueden ser consideradas como estaciones o posiciones tomadas en el desarrollo progresivo. Por sí mismas, no indican el logro de esos cambios internos catécticos e identificativos a los que puede uno referirse en su totalidad como identidad sexual. De hecho, la sumisión sin reservas a las presiones sociales que fuerzan al individuo a actuar en cierta forma, a pesar de la capacidad interna correspondiente para integrar la experiencia a la continuidad de su yo, comúnmente produce un estado de confusión interna. Como resultado, se manifiesta clínicamente la ruptura de las funciones del yo; esto se presenta en las fallas típicas del adolescente para sobrellevar las demandas normativas de su vida, tales como el estudio, cumplir con un horario, autoorientarse para el futuro, juzgar las consecuencias de la acción, etc. Estos estados de confusión y colapso indican frecuentemente un esfuerzo patognómico para evadir los procesos de transformación internos de la adolescencia en sí, por medio del comportamiento que simule sus logros. Este intento es universal y generalmente pasajero. La tendencia a preservar los privilegios de la infancia y a gozar simultáneamente de las prerrogativas de la madurez es casi un sinónimo de la adolescencia misma. Todo adolescente tiene que atravesar por esta paradoja; aquellos que se hallan fijados en esta etapa tienen un desenvolvimiento desviado.

El declinamiento del complejo de Edipo en la adolescencia es un proceso lento, y llega hasta la adolescencia tardía. Se completa probablemente sólo cuando, durante el curso natural de los hechos, el individuo se restablece en una nueva familia; entonces las fantasías edípicas pueden ser desechadas para siempre. Más cautelosamente -y quizá más correctamente- se puede decir que a través de la formación de una familia nueva el joven adulto crea una constelación emocional con la ayuda de la cual él espera dominar cualquier remanente edípico que amenace con reaparecer.
Existen dos fuentes de peligro interno durante la adolescencia que requieren de medidas preventivas, tanto auto como aloplásticas, para impedir un estado de pánico. Una es el empobrecimiento del yo, que lleva a los estados anormales del yo que ya han sido descritos en conexión con los esfuerzos físicos respecto al mantenimiento del contacto con la realidad y continuidad en los sentimientos del yo. La otra fuente es la ansiedad instintiva despertada durante el movimiento progresivo de la libido hacia la heterosexualidad. Esta ansiedad pone en juego los mecanismos defensivos típicos de esta fase. Desde luego, durante todos los años de adolescencia, las reacciones defensivas juegan un papel importante, y realmente algunas fases han sido definidas por su uso de defensas específicas (por ej., la regresión en la fase específica para el muchacho durante la preadolescencia). Comoquiera que sea, parece que en la adolescencia escogen defensas propias con una mayor discreción idiosincrática. se podría decir que la elección de defensa está de acuerdo con el surgimiento progresivo del carácter. La formación del carácter en sus aspectos positivos y negativos, en su liberación y restricción del yo bajo circunstancias normales, deriva su calidad y estructura de las actividades del yo que empiezan casi siempre como medidas defensivas y gradualmente asumen una fijación adaptativa.
Los mecanismos de defensa que parecen ser entidades dinámicas en esta fase de la adolescencia, revelan ser en una observación más detallada un compuesto de procesos componentes divergentes. "Observación más detallada" se refiere aquí a observaciones longitudinales que se extiende más allá de la fase en cuestión para estudiar el destino último de la defensa; es decir, ver cómo se separa en componentes distintos que sirven a funciones diferentes como, por ej., funciones defensivas, adaptativas y restitutivas. El retiro de la libido de los objetos infantiles de amor, que es una condición indispensable para la progresión adecuada de la fase hacia la elección de objeto no incestuosa, no es consecuentemente una defensa en el sentido propio de este término. Se vuelve una defensa sólo si reprime la posición inalterada de la libido y así se retira de movimientos progresivos y transformaciones.

Ciertos esfuerzos característicos realizados por el yo para contrarrestar su emprobrecimiento y su débil sostén en la realidad, llevan los signos del fenómeno de restitución. La integridad del yo -su cohesión y continuidad- está amenazada por la decatexis de objetos de amor infantil; para arreglar este daño intrapsíquico se inician procesos restitutivos. La decatexis de objetos infantiles origina un aumento en el narcisismo que no implica una regresión a la fase narcisista o indiferenciada; en cambio, puede ser entendido como la consecuencia de un cambio catéctico dentro del yo al servicio de un desarrollo progresivo. Secundariamente, podemos entonces aislar, de acuerdo con Anna Freud (1958), "defensas en contra de las ataduras infantiles de objeto" de las que el "desplazamiento" y la "reversión de afecto" son las más prominentes. Estas defensas eventualmente abrirán camino a procesos adaptativos (Hartmann, 1939,a). Sabemos por la observación que la transición de procesos restitutivos a defensivos y adaptativos es intrincada y requiere estudio. Este problema, desde luego, va hacia el fondo del proceso del adolescente en sí, en términos de diferenciación y maduración. El concepto d defensa es por supuesto muy limitado para hacer justicia a la complejidad de la adolescencia; un énfasis demasiado grande en él ha oscurecido otros temas igualmente significativos de este periodo.

Los mecanismos de defensa de la adolescencia fueron descritos por Anna Freud (1936). El ascetismo y la intelectualización han sido particularmente bien estudiados. Ambos aparecen ampliamente en una clase social en la que un estado prolongado de la adolescencia se ve favorecido por demandas especiales de la educación. El ascetismo prohíbe la expresión del instinto; fácilmente cae en tendencias masoquistas. "La tendencia de la intelectualización es la de vincular los procesos instintivos con los contenidos ideacionales y así hacerlos accesibles a la conciencia y sujetos a control"(Anna Freud, 1936). La intelectualización favorece al conocimiento activo y permite la descarga de la agresión en forma desplazada. "Un juicio negativo", de acuerdo con Spitz (1957), "es el sustituto intelectual para la represión". Ambas defensas , ascetismo e intelectualización, que son tan características de la crisis de la adolescencia, demuestran bien el papel de los mecanismos de defensa en la lucha del yo en contra de los instintos. Además en cierto modo, anuncian el surgimiento del carácter y de interés especiales, de preferencia talento y elecciones vocacionales definitivas. Aparentemente la intelectualización contiene más potencial positivo, mientras el ascetismo es esencialmente restrictivo del yo; sirve como una acción de posesión y tiene poco esfuerzo afectivo con el cual comunicarse y relacionarse con el mundo exterior.

En el Retrato del artista adolescente (1916) James Joyce, minuciosa y conmovedoramente, describe su lucha juvenil contra el deseo carnal. En las medidas que Stephen Dedalus emplea para controlar sus impulsos a partir de su primera experiencia sexual en un encuentro con una prostituta, podemos reconocer dos defensas clásicas, intelectualización y ascetismo.
La descripción de Joyce acerca de estas defensas indica la enormidad de la lucha que este joven sostuvo. primero Stephen intentó dominar sus impulsos sexuales por simple represión, por una ferviente desaprobación de su rebeldía y urgencia con la esperanza de encontrar paz interna. Se pueden apreciar sentimientos edípicos inconscientes por el sentimiento culpable del muchacho al alejarse de su familia:
¡Cuán necio había sido su intento! Había tratado de construir un dique de orden y elegancia contra la sórdida marea de la vida que le rodeaba y de contener el poderoso empuje de su marejada interior por medio de reglas de conducta y activos intereses y nuevas relaciones filiales. Todo inútil. Las aguas habían saltado por encima de sus barreras lo mismo por fuera que por dentro. Y las aguas continuaban su empuje furioso por encima del malecón derruido.

Y vio también claramente su inútil aislamiento. No se había acercado ni un solo paso a aquellas vidas a las cuales había logrado echar un puente sobre el abismo de vergüenza y de rencor que lo separaba de su madre y de sus hermanos. Apenas si sentía la comunidad de sangre con ellos, apenas si sentía la comunidad de sangre con ellos más que por una especie de misterioso parentesco adoptivo: hijo adoptivo y hermano adoptivo. (El artista adolescente, Madrid, Biblioteca Nueva, 1963).

El bastión temporal de Stephen contra sus impulso sexuales falló en su intento de establecer nuevas relaciones filiales desprovistas del componente del impulso púber, y representaba la solución regresiva del conflicto edípico revivido; pero no le llevaba a nada. Debía primero completar el alejamiento de sus objetos tempranos de amor y odio dentro de la familia, antes de poder sacudirse la culpa edípica, "el pecado mortal" de su educación religiosa, y encontrar aquella libertad de alma que ansiaba tan fervientemente. La resolución de las fijaciones edípicas produce crudas fantasías sexuales y acciones que son compulsivas y desafiantes, al igual que sentimientos sublimes de amor tierno.
Por lo general, existe una disociación durante la etapa de experimentación por un lado y, por otro, el contenido ideacional -la reexperimentación sexual, si no es indebidamente prolongada de modo que los aspectos del placer anticipado estén dotados de cualidades permanentemente saciantes, sirve como introducción a las sensaciones sexuales de la pubertad; el acto de disociación les permite estar menos cargados de culpa edípica. Estas preetapas en el avance a la heterosexualidad demandan lo suyo antes de que se pueda obtener la etapa de consolidación y unificación de emociones irreconciliables en la postadolescencia.

Cuando Stephen Dedalus finalmente supo quién era y qué quería, pudo exclamar "bienvenida, oh vida, por la millonésima vez voy al encuentro de la realidad de la experiencia y a forjar en el yunque de mi alma la conciencia aún no creada de mi raza". pero antes de llegar a esta meta de la liberación tuvo que sobreponerse a los conflictos y tumultos emocionales de la adolescencia misma. El siguiente extracto describe la lucha masturbatoria de Stephen y los consiguientes conflictos emocionales de Stephen y los consiguientes conflictos emocionales que finalmente le llevan a aceptar la invitación de una prostituta.
Se dedicó a aplacar los monstruosos deseos de su corazón ante los cuales todas las demás cosas le resultaban vacías y extrañas. Se le importaba poco de estar en pecado mortal, de que su vida se hubiera convertido en un tejido de subterfugios y falsedades. Nada había sagrado para el salvaje deseo de realizar las enormidades que le preocupaban. Soportaba cínicamente los pormenores de sus orgías secretas, en las cuales se complacía en profanar pacientemente cualquier imagen que hubiera atraído sus ojos. Día y noche se movía entre falseadas imágenes del mundo externo. Tal figura que durante el día le había parecido inexpresiva e inocente, se le acercaba luego por la noche entre las espirales sombrías del sueño con una malicia lasciva, brillantes los ojos de goce sexual. Sólo el despertar le atormentaba con sus confusos recuerdos del orgiástico desenfreno, con el sentido agudo y humillante de la trasgresión.
Y volvió a sus correrías. Los atardeceres velados del otoño le invitaban a andar de calle en calle como lo habían hecho antes por las apacibles avenidas de Blackrock. Pero faltaba ahora la visión de los jardines recortados y de las acogedoras luces de las ventanas, que hubiera podido ejercer una influencia calmante sobre él. Sólo a veces, en las pausas del deseo, cuando la lujuria que le estaba consumiendo dejaba espacio para una languidez más suave, la imagen de Mercedes atravesaba por el fondo de su memoria.
Y volvía a ver la casita blanca y el jardín lleno de rosales en el camino que lleva a las montañas y recordaba el orgulloso gesto de desaire que había de hacer allí, de pie, en el jardín bañado en luz lunar, tras muchos años de extrañamiento y aventura. En estos momentos, las dulces palabras de Claude Melnotte subían hasta sus labios y aplacaban su intranquilidad.

Sentía un vago presentimiento de aquella cita que había estado buscando, y a pesar de la horrible realidad interpuesta entre su esperanza de entonces y lo presente, preveía aquel sagrado encuentro que en otro tiempo había imaginado y en el cual habían de desprenderse de él la debilidad, la timidez y la inexperiencia.
Tales momentos pasaban pronto, y las devoradoras llamas de la lujuria brotaban de nuevo. los versos se borraban de sus labios y los gritos inarticulados y las palabras bestiales nunca pronunciadas, brotaban ahora de si cerebro tratando de buscar salida. Su sangre estaba alborotada. Erraba arriba y abajo por calles oscuras y fangosas, escudriñando en la sombra de las callejuelas y de las puertas, escuchando ávidamente cualquier sonido. Gemía como una bestia fracasada en su rapiña. Necesitaba pecar con otro ser de su misma naturaleza, forzar a otro ser a pecar con él, regocijarse con una mujer en el pecado. Sentía una presencia oscura que venía hacia él de entre las sombras, una presencia sutil y susurrante como una riada que le fuera anegando completamente. Era un murmullo que le cercaba los oídos: tal el murmullo de una multitud dormida. Ondas sutiles penetraban todo su ser. Las manos se le crispaban convulsivamente y apretaba los dientes como si sufriera la agonía de aquella penetración. En la calle extendía los brazos para alcanzar la forma huidiza y frágil que se le escapaba incitándole... Hasta que, por fin, el grito que había ahogado tanto tiempo en su garganta brotó ahora de sus labios. Brotó d él como un gemido de desesperación de un infierno de condenados y se desvaneció en un furioso gemido de súplica, como un lamento por un inocuo abandono, un lamento que era sólo el eco de una inscripción obscena que había leído en la rezumante pared de un urinario.

Había estado errando por el laberinto de calles estrechas y sucias. De las malolientes callejuelas venían tumultos de voces roncas y de disputas, lentas tonadas de cantores borrachos...
Estaba aún en mitad del arroyo sintiendo que el corazón le clamaba tumultuosamente en el pecho. Una mujer joven, vestida con un largo traje color rosa, le puso la mano en el brazo para detenerle y le miró a la cara. (ibid).
El encuentro con la prostituta no fue para el joven Stephen una solución de su conflicto emocional, no lo es para la mayoría de los jóvenes; es un acto de afirmación de la sexualidad masculina, pero no rompe por sí mismo ataduras de objeto infantiles. El progreso a nuevos objetos de amor no sigue comúnmente a la experiencia sexual. Por el contrario, la lucha interna se intensifica y el levantamiento agresivo contra la figura de autoridad masculina (padre) resalta a primer plano. Stephen recurrió a medidas defensivas para prevenir el surgimiento del impulso agresivo a pensamiento consciente; es decir, usó la defensa de la intelectualización. Buscando esta meta, él usó -como siempre se da el caso- el sistema de ideas que se origina en el medio ambiente del adolescente y que adquiere por lo tanto importancia de valencia negativa o positiva. Fácilmente reconocemos el desplazamiento de afecto de objetos de amor y odio a controversia ideacional, y la dominación del conflicto psíquico por métodos dialécticos. Joyce, el alumno de siempre de una escuela jesuita, necesariamente articula el mecanismo de defensa de intelectualización en términos de las ambigüedades en el dogma religioso.

Cuando sentado en su pupitre contemplaba fijamente la cara astuta y enérgica del rector, la mente de Stephen se deslizaba sinuosamente a través de aquellas peregrinas dificultades que le eran propuestas. Si un hombre hubiera robado una libra esterlina en su juventud y con aquella libra hubiera amasado luego una enorme fortuna, ¿qué era lo que estaba obligado a devolver, sólo la libra que había robado, o la libra con todos los intereses acumulados, o el total de su inmensa fortuna? Si un seglar al administrar el bautismo, vierte agua antes de pronunciar las palabras rituales, ¿queda el niño bautizado? ¿Es válido el bautismo con agua mineral? ¡Cómo puede ser que mientras la primera bienaventuranza promete el reino de los cielos a los pobres de corazón, la segunda promete a los mansos la posesión de la tierra? ¿Por qué fue el sacramento de la Eucaristía instituido bajo las especies de pan y vino, siendo así que Jesucristo está presente en cuerpo y sangre, alma y divinidad en el pan solo y en el vino solo? ¿Contiene una pequeña partícula del pan consagrado todo el cuerpo y la sangre de Jesucristo, o sólo una parte de ellos? Si el vino se agria y la hostia se corrompe y se desmenuza, ¿continua Jesucristo estando presente bajo las especies como Dios y como hombre? (ibid)
Un posible surgimiento del impulso sexual no puede controlarse seguramente por la defensa de la intelectualización. Los sentidos y la sensualidad en general deben ser escudriñados de cerca. La defensa del ascetismo, que Joyce describe en el siguiente pasaje, opera sin duda con más cercanía al cuerpo y sus necesidades; permite la gratificación de instintos componente, específicamente el sadomasoquismo. El ascetismo, como defensa del adolescente, permite la descarga de impulsos libidinales y agresivos en relación al ser y a su cuerpo. Esta condición favorece una fijación de esta modalidad de impulso siempre que prevalezca una fuerte tendencia masoquista; es más, da a la ambivalencia en las relaciones de objeto un nuevo vigor a través de refuerzos sadomasoquistas. El ascetismo de Stephen Dedalus no le evita por completo las manifestaciones impulsivas como el enojo y la irritación, sino sólo el impulso sexual, la "tentación de pecar mortalmente". Esta defensa, le protege contra su "enojo al oír a su madre estornudar". Es contra su madre, como objeto de amor, que la defensa opera en el caso de Stephen; su contacto con ella pude continuarse sin peligro, sólo mientras tenga aspectos negativos. Joyce describe el elaborado régimen ascético de Stephen como sigue:

Pero había sido prevenido contra los peligros de la exaltación espiritual y no se permitió, por tanto, cejar en la más nimia o insignificante de sus devociones, tendía también por medio de una constante mortificación más a borrar su pasado pecaminoso que a adquirir una santidad llena de peligros. Cada uno de sus sentidos estaba sometido a una rigurosa disciplina. Con objeto de mortificar el sentido de la vista, se puso como norma de conducta el caminar por la calle con los ojos bajos, sin mirar ni a derecha ni a izquierda y ni por asomo hacia atrás. Sus ojos evitaban todo encuentro con ojos de mujer. Y de vez en cuando los refrenaba mediante un repentino esfuerzo de voluntad, dejando a medio leer una frase comenzada y cerrando de golpe el libro. Para mortificar el oído dejaba en libertad su voz, que estaba entonces cambiando, no cantaba ni silbaba nunca y no hacia lo más mínimo para huir de algunos ruidos que le causaban una penosa irritación de los nervios como el oír afilar cuchillos en la plancha de la cocina, el ruido de recoger la ceniza con el cogedor o el varear de una alfombra. Mortificar el olfato le resultaba más difícil, porque no sentía la menor repugnancia instintiva de los malos olores, ya fueran exteriores, como los del estiércol o el alquitrán, ya fueran de su propia persona. Entre todos ellos había hecho muchas comparaciones y experimentos, hasta que decidió que el único olor contra el cual su olfato se rebelaba, era una especie de hedor como a pescado podrido o como orines viejos y descompuestos; y cada vez que le era posible, se sometía por mortificación a este olor desagradable. para mortificar el gusto se sujetaba a normas estrictas en la mesa; observaba a la letra los ayunos de la iglesia y procuraba distrayéndose apartar la imaginación del gusto de los diferentes platos. Pero era en la mortificación del tacto donde su inventiva y su ingenuidad trabajaron más infatigablemente. No cambiaba nunca conscientemente de posición en la cama, se sentaba en las posturas menos cómodas, sufría pacientemente todo picor o dolor, se separaba del fuego, estaba de rodillas toda la misa, excepto durante los evangelios, dejaba parte de la cara y del cuello sin secar para que se le cortaran con el aire y, cuando no estaba rezando el rosario, llevaba los brazos rígidos, colgando a los costados como un corredor, y nunca metía las manos en los bolsillos ni se las echaba a la espalda.
No tenía tentaciones de pecar mortalmente. Pero le sorprendía, sin embargo, el ver que después de todo aquel complicado curso d piedad y de propia contención, se hallaba a merced de las más pueriles e insignificantes imperfecciones. Todos sus ayunos y oraciones le servían de poco para llegar a suplir el movimiento de cólera que experimentaba al oír estornudar a su madre o al ser interrumpido en sus devociones. Y necesitaba un inmenso esfuerzo de su voluntad para dominar el impulso que le excitaba a dar salida a su irritación. (ibid).

Lo que el artista tan lúcidamente describe es recordado vagamente por el adulto promedio; más frecuentemente, las extravagancias emocionales de la mente y cuerpo jóvenes se pierden para la conciencia. Sólo el artista mantiene abierta a la preconciencia todo el recorrido y la profundidad de las experiencias afectivas y verdaderas de su existencia total. Habitualmente, los recuerdos del periodo de la adolescencia se vuelven vagos al final de ésta, enterrados bajo un velo de amnesia. Los hechos son bien recordados, pero la parte afectiva de la experiencia no pude ser claramente recordada. La represión toma cargo a la declinación del complejo de Edipo, resucitado como ya se había hecho antes cuando se erró la fase edípica. Sin embargo, al acabarse la fase edípica el recuerdo de hechos -el concretismo del dónde, cuándo, cómo y quién-, es de preferencia borrado o se le da un frente falso, en la forma de recuerdos velados, mientras los estados sentimentales son más fácilmente accesibles al recuerdo. Al final de la adolescencia, lo opuesto es verdad: el recuerdo de los afectos es obstruido, caen en una prisión amnésica, mientras los hechos permanecen accesibles a la conciencia. Volveremos a este punto en la discusión del yo en la adolescencia.
Parece ser que las defensas de ascetismo e intelectualización son particularmente típicas de la juventud europea, donde fueron originalmente estudiadas. Este hecho es un ejemplo del modo en que la cultura influye en la formación de defensas, especialmente durante la adolescencia, cuando el individuo se aleja de la familia para encontrar su lugar en la sociedad. La clase media educada de Europa, por ejemplo, siempre ha puesto un interés enfático en esfuerzo intelectuales de una naturaleza filosófica, especulativa, analítica y teorética; ninguno de los compañeros y adultos se ve con buenos ojos, tales esfuerzos los dota por así decirlo con valor preferente. Lo mismo puede ser dicho del ascetismo. Estas dos defensas son determinadas por las experiencias educacionales del niño y la influencia sugestiva del medio ambiente. Como estas dos defensas representan un compuesto de mecanismos de defensa, no nos debería sorprender que el arreglo particular de compuestos sea flexible y susceptible a influencias del medio ambiente. El psicoanalista norteamericano no encuentra una prevalencia de estas defensas en las formas clásicas en el adolescente norteamericano.
De mi propia experiencia, con adolescentes norteamericanos he reconocido otra defensa bastante común, que sin duda tiene sus raíces en la estructura de la familia norteamericana y, en particular, en las actitudes sociales favorecidas por la sociedad norteamericana. Me refiero a la tendencia del adolescente a recurrir a aceptar un código de comportamiento, en forma tal que le permite divorciar los sentimientos de la acción en la lucha del yo en contra de los impulsos y en contra de ataduras infantiles de objeto. El impulso sexual no es negado en esta maniobra defensiva; por el contrario, es afirmado, pero se codifica a través de acciones que llevan la marcha del comportamiento medio del compañero. Bajo una presión copada hacia el conformismo, se ensancha la división hacia la emoción genuina y el comportamiento medio socialmente permitido; el resultado es que la percepción interna de lo que constituye los estímulos manejables se ve embotada. La motivación reside en ser igual en la conducta externa con los demás, o en llenar los requisitos de la norma de un grupo. Esto va más allá de la imitación; su resultado eventual es la superficialidad emocional o el sentimentalismo debido al sobre énfasis excesivo del componente de la acción en el interjuego entre el ser y el medio ambiente. El impulso parece perder su peligro al ser desviado en una ejecución competitiva y uniforme, que favorece al narcisismo debido al fluir de libido objetal. La formación del grupo es constreñida por el hecho de que la mayor fuente de seguridad está en el código compartido de lo que constituye una conducta adecuada y en la dependencia del mutuo reconocimiento de igualdad.
Llamo a esta defensa tan prevalente en la juventud norteamericana: uniformismo. es un fenómeno de grupo, que protege al individuo dentro del grupo en contra de la ansiedad proveniente de cualquier lado. El joven o la joven que no encaja dentro del uniformismo particular que ha sido establecido por un grupo determinado es generalmente considerado como una amenaza; y como tal es evitado, ridiculizado, desterrado o tolerado condescendientemente.

Varios mecanismos de defensa son fácilmente reconocibles en el uniformismo tales como la identificación, la negación y el aislamiento; también tiene una calidad contrafóbica, que aparece como en busca de peligro con la predicción triunfante. "No tiene la menor importancia" esta defensa parece ser responsable de la reacción de jóvenes visitantes europeos que adquieren la impresión de que el joven adolescente norteamericano es altamente regulado en sus formas sociales por una conducta obligatoria y sigue el código del comportamiento adolescente por un tiempo excepcionalmente largo. El uniformismo es condicionado por una importancia válida que se modela de este modo: "cuanto más pronto mejor, cuanto más grande mejor, cuánto más rápido mejor".
Las diferencia individuales y la buena disposición emocional son en gran parte ignoradas en la carrera hacia la autoafirmación e igualamiento, que dan la falsa impresión de una madurez temprana. Esta carrera hacia el comportamiento precoz estandarizado hace corto circuito con la diferenciación de individualidad, y prepara así el terreno para los problemas de identidad. Esta condición es adversa al idealismo de la juventud, a su dedicación al conocimiento e investigación, a su espíritu revolucionario que espera cambiar y mejorar al mundo, todo lo contrario, el formalismo se considera como el guardaespaldas de la seguridad, esto es en parte, la respuesta a la pregunta de (Spiegel, 1958): "...Acaso hay fuerzas culturales en nuestro país que tienden a interferir con el proceso de la adolescencia, con el establecimiento de la primacía genital, amor de objeto y un fuerte sentido del ser."

Ilustraré ahora la transformación ahora de un proceso defensivo en uno adaptativo durante el curso del análisis de un joven de 14 años. El resumen del caso muestra el uso simultáneo de varios mecanismos de defensa poco o muy amalgamado, pero todos dirigidos hacia un mismo propósito, atar la ansiedad. Generalmente hablando analizaremos en este caso el surgimiento de un interés, el interés en la historia, y demostraremos cómo esta meta intelectual tomó su tenacidad de una fijación infantil; es más, este interés tenía relación con la lucha púber contra los instintos y ataduras de un objeto infantiles y, por último pero no menos importante era usado para dominar la ansiedad y establecer continuidad en la experiencia del yo. Este fragmento de un análisis sirve para ilustrar cómo más de un mecanismo de defensa -en este caso la regresión y la negación- se entretejen en el esfuerzo mental total y son reconocibles en la intensidad y calidad de un interés intelectual, el cual sirve a necesidades infantiles y debido a esta fijación duradera, no rinde ninguna satisfacción genuina, por ej., egosintónica.
Tom, de inteligencia poco común, era inhibido, deprimido y obeso; le gustaba rumiar mentalmente y tenía intereses solitarios; pasaba las horas jugando solo a un intrincado juego de guerra con fichas de póker, o moneditas, en el cual el más débil de los contendientes, después de haber estado a punto de ser derrotado muchas veces emergía siempre como vencedor. Desarrolló muchas versiones de este juego; por ejemplo, la conquista de un archipiélago por un bravo héroe de cuyo pueblo había sido exiliado por un malvado jefe a una pequeña isla, desde la cual al fin se lanzaba a una invasión audaz que resultaba en la destrucción del enemigo; este juego le daba alivio a sus aprensiones y ansiedades; a que el débil pudiese ser destruido; siempre había esperanzas. El origen de estos juegos provenía de la fase de preadolescencia cuando representaba el tema de la ansiedad de castración con la madre preedípica. El análisis de su interés en la historia como defensa se inició cuado Tom leyó un libro sobre historia griega en la escuela. Se quejó enojado sobre lo incompleto de la información que contenía. Lo que el deseaba saber era "¿Qué sucedió después de la destrucción de una civilización. ¿Dónde quedó? ¿Qué pasó con su gente? ¿Desaparecieron simplemente? Por supuesto que no." La historia nunca nos da una respuesta completa. El esfuerzo por penetrar y entender el pasado fue fútil; Tom descubrió que los libros de historia nunca lo decían todo y eso tornó su lectura en decepcionante e irritante. El pasatiempo de los crucigramas no alivió la tensión del joven por mucho tiempo, de repente quería comprar algo grande, pero al final terminaba jugando con su viejo tren eléctrico que no había usado por años. Este pasatiempo resultó agradable pues la idea de que estaba “perdiendo tiempo” invadía su mente. A esta altura se volvió en contra de la humanidad y en contra de sus maestros en particular, a todos los declaró estúpidos. Tom odiaba a todas las gentes, pero especialmente a su amigo “que sirve sólo para hablar especialmente de muchachas y sexo”. Un humor depresivo se posesionó de él nuevamente, y retornó a sus viejos y solitarios juegos de guerra. Pero tampoco estos juegos le satisfacían ya. El arreglo simétrico de las fichas, la ejecución ordenada y metódica de la batalla le irritaban contra sí mismo y exclamaba desesperado: “Oh, soy tan ordenado que es nauseante.”

Al fin Tom volvió al tema de la historia: “¿Qué sucedió en Atenas y Babilonia después de la invasión? Me he preguntado lo mismo desde cuarto año, ya sé que Babilonia se localiza entre el Eufrates y el Tigris, pero, ¿dónde exactamente? ¿Por qué no nos lo dicen?, por cierto Babilonia siempre me ha hecho pensar en `Baby´.” El analista: “Alone Baby (un bebé solitario).” “Bueno, tenía yo 5 años cuando mi nana me dejó.” De niño se había sentido muy unido a su nana, y después de la separación se le declaró una tos nerviosa que le despertaba a media noche. Iba entonces a la recámara de sus padres donde su madre le servía chocolate caliente que aliviaba su tos. Finalmente, el niño se dormía en medio de sus padres. Esto nos recuerda de Baby-lon (niño solitario), entre dos ríos protectores. Tom se embarcó en un resumen de su historia personal. Desde su punto de vista, en su vida había tres fases, separados por dos barrancos cataclísmicos. Actualmente vivía en su tercera fase, la adolescencia. El primer quiebre ocurrió cuando tenía 5 años y su nana se fue; este hecho dio un fin traumático a su temprana infancia. El siguiente quiebre ocurrió cuando su familia se mudó de Baltimore a Nueva York, cuando tenía 8 años. “Este cambio fue la mayor catástrofe; fue la declinación y caída de Roma. Todas mis cosas de bebé habían desaparecido.”Procedió a enumerar todos sus juguetes y objetos perdidos, acusando a su madre de haber robado sus posesiones. Su enojo era grande y con celo de arqueólogo reconstruyó el contenido de su juguetero, hasta “un pequeño soldado de juguete o un indio que había perdido un brazo”. Reconstruyó en mente el librero de su cuarto infantil y recordó la apariencia y las descomposturas de cada precioso artículo. Esta empecinada búsqueda del pasado á la recherche du temps perdu, es un intento de revivir el pasado, de reconstruir su historia personal para penetrar en los lapsos oscuros del tiempo. La corriente ascendente de los impulsos libidinales y agresivos dirigidos hacia sus padres edípicos eran dominados, en el caso de Tom, por los procesos de pensamiento. La curiosidad infantil fue desviada hacia la investigación histórica. Esta actividad intelectual, sin embargo, sólo podía por cortos lapsos de tiempo evitar el retorno de los estados de ánimo depresivos y de enojo y de los afectos que había experimentado en su infancia, y que hoy, en la pubertad, se adherían a la defensa de la intelectualización con un rendimiento sólo parcialmente exitoso.
Tom atacó el problema histórico con nuevas fuerzas, quería trazar ahora todo el panorama de la migración humana, las conquistas y aniquilaciones de naciones, y la destrucción de imperios. Lo que todo eso tenía en común era que estas violentas dislocaciones habían llevado a “mezclas entre conquistador y conquistados, culminando en el nacimiento de una nueva tribu”.

Tom se embarcó en un ambicioso proyecto al hacer un esquema a gran escala de la “cuna de la civilización” del Mediterráneo. Colocó a varios pueblos en el mapa representando a cada “tribu” con un pedazo de cartón. Repasó entonces diversas etapas históricas, haciendo di versos movimientos con los pueblos. Como se concentraba demasiado y se excitaba con este proyecto, se sentía culpable y se acusaba a sí mismo: “no debería yo estar haciendo esto”- es decir, ser testigo de batallas entre contendientes y el nacimiento de nuevas tribus. Sin embargo, continuaba con el proyecto. Cuando llegaba a la historia contemporánea mezclaba a soldados americanos de la segunda Guerra Mundial con mujeres “sexy2 de Italia y daba nacimiento a nuevas tribus. Las asociaciones sexuales se hicieron mas recuentes hasta que el vacío en la historia personal, era llenado. Esto se hacía o por medio de la reconstrucción con material primordial de escenas fantasiosas, conceptos sadomasoquistas sobre el acto sexual, culpa edípica, identificación ambivalente con ambos padres, miedo a la madre fálica, la depresión que siguió a la separación de su nana. finalmente, la historia había contado todo.

Los temas de historia personales dieron a la historia mundial una persistencia decisiva y fascinaron a Tom. También eran culpables por la satisfacción que acompañaba su estudio. La disforia, insatisfacción, futilidad, enojo y depresión se rindieron al análisis de la lucha defensiva, pero el interés en la historia sobrevivió; más ahora, su estudio resulto comprensible y libre de conflictos. el interés histórico se desconectó de la fijación institintiva, y le fue dada avanzar de status, al de una actividad autónoma intelectual. Debe mencionarse que cuando el análisis de Tom trató su intelectualización, él se había convertido ya en un buen historiador, con un amplio conocimiento de hechos. Estos hechos, a decir verdad, generalmente representaban ejercicios mentales sin significado aparente; por ejemplo la memorización pedante del linaje completo de los reyes de Francia. Esta preocupación defensiva por simples hechos dio paso a un entendimiento y apreciación de valores humanos mayores que el estudio de la historia implica. Un interés que operaba al servicio de la defensa se había convertido en una actividad adaptable, compensatoria y llena de significado social y personal, que no requería más el gasto de energía contracatéctica. Esta trasformación promovió, en el caso de Tom, un movimiento de libido hacia delante.

La economía del yo se vio afectada en términos de un vigoroso a la realidad, al pensamiento racional, y a la observación objetiva. La autoestimación creció con la habilidad de dominar el conocimiento sin culpa. En la fase de la adolescencia en sí, cuando el conflicto edípico se mueve hacia su solución, la retracción de la libido, de los padres “puede vincularse sólo con el cuerpo del adolescente y dar lugar allí a sensaciones hipocondríacas y sentimientos de cambios corporales que son clínicamente conocidos por las etapas iniciales de la enfermedad psicótica”. A. Freud (1958, a.). Helene Deutsch (1944) enfatiza la importancia de la fantasía en el proceso adolescente de la joven y describe las condiciones en las que la imaginación es experimentada c0omo realidad. Si la vinculación libidinal a un objeto incestuoso es nuevamente experimentada, no en relación a un nuevo objeto sino sólo en fantasía, de modo que el adolescente permanece inconscientemente fiel al objeto anterior, entonces la primera realidad dotara a la presente fantasía de amor con un carácter de realidad. “Durante la pubertad cualquier realidad que pudiera gratificar los deseos sexuales puede parecer peligrosa, y se lleva acabo una agresión a la fantasía y la pseudología. La pseudología es usada como defensa; la joven adolescente toma su fantasía por realidad, para renunciar a una realidad que considera quizá más peligrosa.” (Deutsch, 1944).
Los niños que durante su crecimiento desarrollan una grave ansiedad del superyo son propensos a mofarse de todas las reglas durante una fase de su adolescencia; no transigen en nada para evitar que la debilidad o la sumisión se declaren nuevamente. Éste es el adolescente “, que no se compromete a nada”, descrito por Anna Freud (1958, a). El adolescente más moderado conserva adhesión al código moral, mientras sea que él mismo escoge y hace. Los viejos odres se llenan con vino nuevo. Las normas de conducta que son escogidas por él mismo significan alejamiento de la disciplina de los padres, pero, de todos modos, preservan la modalidad de disciplina en las innovaciones frecuentemente revolucionarias en la moralidad y en la ética.

Un ejemplo de esta etapa en la transformación del superyo ocurrió en un joven de quince años con controles obsesivo-compulsivos, quien había logrado una aceptación más tolerante de sus impulsos sexuales y, principalmente agresivos, durante el análisis. Un día dijo que había desarrollado una nueva filosofía: “soy un muchacho cambiado”. Su filosofía estaba compuesta de “axiomas” basados en la siguiente proposición: “Puesto que tengo que seguir viviendo será mejor que lo disfrute”. Seis axiomas regularon la conducta de su vida “1)Si tengo miedo de alguien digo ‘al diablo contigo’ y hago lo que me place; 2) No te jactes tanto; 3) No comas tanto; 4) No te masturbes tanto; los números 2, 3, 4 no tienen importancia cuando tengo una novia; 5) Haz cosas inesperadas en tiempos no habituales; 6) Soporta los sermones de mamá y no la dejes que te haga perder el control.” Después de recitar los axiomas agregó: “Por favor date cuenta que mis axiomas, por lo menos los más importantes, no dicen ‘haz esto y no hagas el otro’; sino que dicen ‘no hagas esto en demasía, o haz esto más’. Mientras que la abstinencia es buena para mí, ningún axioma la recomienda. ¿Te das cuenta de la diferencia?”.Concluyó con una observación de autoironía jocosa: “Desde luego, yo no sé cuánto va a durar todo esto. Pero me hace sentirme muy bien”.
Las diferentes medidas defensivas empleadas durante la adolescencia en sí, son en circunstancias normales medidas temporales de emergencia. Son desechadas tan pronto como el yo ha ganado resistencia al unir sus fuerzas con el movimiento progresivo de la libido hacia la heterosexualidad, tan pronto como la ansiedad y la culpa han disminuido a través de cambios catéticos internos. Desde un punto de vista social o de comportamiento este desenvolvimiento puede ser descrito en términos de un ajuste adaptativo en consonancia o correspondencia con instituciones sociales existentes. En la sociedad contemporánea este proceso requiere tiempo y es necesariamente lento. Sabemos que una consumación cronológicamente más temprana del estado adulto ocurrió en un pasado no muy lejano, pero hay dificultades intrínsecas en la interpretación de estos hechos, puesto que las medias sociales que permiten al proceso del adolescente desenvolverse por experiencias de transacción, toma diferentes matices en diferentes tiempos históricos (Erikson, 1946). No podemos decir con certeza qué ocurrió en la adolescencia tradicionalista estructurada sobre diferentes clases sociales hace cien años, cuando se acostumbraba el matrimonio a temprana edad, y el proceso adolescente evolucionaba parcialmente dentro de los limites de esa institución. Se explorará este punto más adelante en una discusión sobre determinantes del medio ambiente en los que las diferentes “estaciones”, como sea, son vistas en términos de la interrelación entre desarrollo individual y cultural. En el mundo occidental contemporáneo, hay dos peligros en la adolescencia, a saber, la precipitación a la heterosexualidad a expensas de la diferenciación de personalidad, y la expresión masiva de impulsos sexuales con una consecuente deformación de carácter y un desarrollo emocional desviado.

Este progreso decisivo en el desenvolvimiento emocional durante la adolescencia reside en el progreso hacia la heterosexualidad. Este estado sólo puede ser alcanzado después de que los impulsos pregenitales han sido relegados a un rol iniciativo y subordinado a favor de la sexualidad genital o potencial orgásmica.
El placer previo es una innovación de la pubertad envuelve un arreglo jerárquico de impulsos genitales y pregenitales. Como sucedió anteriormente en el desarrollo psicosexual, el yo obtiene otra vez su pista de la organización dominante de los impulsos; y durante la adolescencia en sí aparece paralelamente una organización jerárquica de funciones del yo. Aparece un ordenamiento superior de pensamiento, reconocible en el desarrollo de teorías y sistemas; consecuentemente, un orden más discernible se asigna a los preceptos. Es más, hay una conciencia progresiva de la relevancia que tienen las propias acciones el papel y el lugar presente y futuro en la sociedad. La selección vocacional –bien sea ingeniería o maternidad- requiere el relego de algunos modelos yoicos, ideales, posibles seres, para subordinar posiciones. La adolescencia es la fase durante la cual estos procesos estratificatorios son iniciados. Durante la adolescencia tardía asumen una estructura definitiva. Cuando ocurre una tardanza o una falla en la organización jerárquica de los impulsos sexuales, hay un retraso o falla en la correspondiente fase adecuada del desarrollo del yo.
Alteraciones autoplásticas tales como “la división del yo”, o “deformaciones yoicas” frecuentemente fallan en esta temprana para relevar la extensión a la cual se ha desviado la fase de la organización del impulso de la adolescencia.

Inhelder y Piaget (1958) estudiaron el pensamiento adolescente en su forma típica; sus resultados ostentan este desarrollo correlativo de “vida afectiva” y “procesos cognoscitivos”, o impulso y yo, a los que me refiere. Para Inhelder y Piaget es el “asumir roles de adulto” lo que “implica una total reestructuración de la personalidad en la que las transformaciones intelectuales son paralelas o complementarias a las trasformaciones afectivas”. Algunos de estos resultados están muy ligados a mi concepto de un arreglo jerárquico de las funciones del yo en la adolescencia. El adolescente “comienza a considerarse igual a los adultos y a juzgarlos”; “comienza a pensar en el futuro –por ejemplo, en su trabajo y futuro en la sociedad”, también tiene la idea de cambiar esta sociedad”. “El adolescente difiere del niño, sobre todo, en que piensa más allá del presente”; “se confía a las posibilidades”.
“El adolescente es el individuo que empieza a construir ‘sistemas’ o ‘teorías’ en el sentido más amplio de la palabra. El niño no construye sistemas...el niño no tiene ese poder de reflexión: por ejemplo, no tiene pensamientos de segundo orden que critiquen a su propio pensamiento. Ninguna teoría puede ser construida sin esa reflexión. En contraste, el adolescente es capaz de analizar su propio pensamiento y construir teorías.” Esto corresponde a la formulación de que el pensamiento, como acción de juicio, se convierte en la adolescencia en un modo de trato con la interacción entre el individuo y su medio ambiente, el presente y el futuro. Como acción de juicio, en la adolescencia, el pensa- miento es constantemente interferido por la propensión a la acción y al acting out (actuación), el alcance del ensayo y error se amplifica en el pensamiento abstracto, que eventualmente se formaliza en sistemas y teorías. Estas ideaciones sirven el propósito de proporcionar “bases cognoscitivas y evaluativas para asumir roles de adulto... Son vitales en la asimilación de los valores que definen a las sociedades o clases sociales como entidades en contraste con relaciones simples interindividuales “. Spiegel (1958) ha demostrado que “un tipo de pensamiento conceptual, por ejemplo, la estética se desarrolla en esta etapa”.

Inhelder y Piaget (1958) hacen hincapié que en el desarrollo del pensamiento, el adolescente recapitula los diferentes estadios del desarrollo infantil “en los planos de pensamiento y realidad que son nuevos para las operaciones formales”. Como siempre, van del egocentrismo hacia el descentramiento. El egocentrismo que es observado en el proceso de pensamiento del adolescente ha sido descrito como narcisismo adolescente. Precede en turno a nuevas relaciones de objeto, correspondiendo al concepto de descentramiento de Piaget. El descentramiento promueve “objetividad”, el descentramiento es “continuo reenfoque de prospectiva”. En el proceso de descentramiento la entrada del adolescente en el mundo ocupacional representa el punto principal. “El trabajo conduce al pensamiento lejos de los peligros del formalismo hasta regresar a la realidad.” “El descentramiento se lleva a cabo simultáneamente en los procesos de pensamiento y en relaciones sociales”. Lo que ha sido referido como el arreglo jerárquico de funciones yoicas puede ser descrito en relación a funciones cognitivas como una progresión de estructuras formales en el pensamiento adolescente que son parte de su egocentrismo hacia una objetividad del pensamiento que promueve el descentramiento especialmente en el análisis de los hechos. “La observación lo laboriosa y lenta que puede ser esta reconciliación de pensamiento y experiencias. “En conclusión –dicen Inhelder y Piaget-: las adquisiciones fundamentales afectivas de la adolescencia igualan las adquisiciones intelectuales. Para entender el rol de estructuras formales de pensamiento en la vida adolescente, encontramos que en el ultimo análisis tuvimos que situarlas en su personalidad total.”

La notable realización del adolescente en el reino del pensamiento y su creatividad artística también poco común han sido documentadas y estudiadas hace algunos años (Bernfeld, 1924). La notable declinación de esta actividad, frecuentemente sorprendente, al final de la adolescencia hace aparente que es una función del proceso adolescencia. La alta introspección o la intimidad psicológica hacia los procesos internos en conjunción con la distancia hacia los objetivos externos, permiten al adolescente una libertad de experiencias y un acceso hacia sus sentimientos que promueven un estado de delicada sensibilidad y percepción. Las producciones artísticas de los adolescentes son frecuencia francamente autobiográficas y alcanzan su altura durante fases de retraimiento libidinal del mundo objetal, o en tiempos de amor sin objeto definido ya se homosexual o heterosexual. La productividad creativa representa así un esfuerzo para completar tareas urgentes de trasformaciones internas. La catexis de pensamientos e introspección permite una concentración y dedicación al proceso creativo de pensamiento e imaginación que es casi desconocido antes o después en la vida del individuo promedio. El proceso creatividad en la adolescencia acrecienta la infatuación con el ser; frecuentemente se ve acompañado por la emoción y lleva a la convicción de ser una persona escogida y especial.

La actividad creadora sublimada puede ser descrita en estos términos esenciales: 1) es altamente autocentrada; esto es, narcisista; 2) está subordinada a las limitaciones de un medio artístico y, en consecuencia, orientada parcialmente a la realidad; 3) funciona dentro de la modalidad de “dar vida a una nueva existencia”al ser; 4) constituye una comunidad con el medio ambiente y está, por lo tanto, parcialmente relacionada con objetos. La actitud creadora del adolescente es un proceso complejo, cuyas partes componentes pueden trabajar en conjunto en relativa armonía o ser dominadas completamente por un componente creativo. De este modo, la creatividad puede gratificar necesidades narcisistas, puede alcanzar un apoyo en la realidad, puede remplazar objetos de amor o puede preparar la canalización de un don innato en un modo de vida perdurable. La observación ha demostrado que el florecer la productividad creativa está restringido al adolescente de las clases educadas; pero debe enfatizarse que el adolescente que rehuye el retraso de la educación y que se esfuerza por alcanzar la adultez por la ruta más corta no obstante participa en este proceso creativo tomando prestadas fantasías prefabricadas y emociones estereotipadas del medio masivo, como películas y revistas. Estos estereotipos complacen sus propósitos seguramente a un nivel muy primitivo, pero son similares en funcionamiento a los actos creativos observados en adolescentes más sofisticados y diferenciados. Spiegel (1958) expreso la opinión de que la creatividad de la adolescencia puede estar vinculada indirectamente a oscilaciones catécticas, “es decir, a la fluidez del desplazamiento catéctico del ser a representaciones del objeto... A través de la creación artística, lo que es ser puede volverse objeto y luego externalizarse y así puede ayudar a establecer un balance de catexis narcisista y objetal”.

La descripción de la adolescencia en sí envuelve una consideración detallada de tantos aspectos separados que resumen puede ser útil en este punto. Es aparente que, en términos de organización de impulsos, la adolescencia en sí marca un avance hacia la posición heterosexual, o más bien esta organización, mientras está incompleta, gana en claridad e irreversibilidad. Hacia este fin, la libido objetal se externa otra vez, ahora hacia objetos no incestuosos del sexo opuesto; concomitantemente declina el narcisismo. La vuelta hacia nuevos objetos de amor reactiva fijaciones edípicas, positivas y negativas. El proceso de desligamiento del padre especial le da a esta fase de la adolescencia su aspecto especial. La labor adecuada del sexo de esta fase reside en la elaboración de la feminidad y masculinidad; nuevamente vemos que este proceso no queda completo, sino que guarda a fases subsecuentes para su confrontación final. Sin embargo, el modo especial en que la pregenitalidad queda relegada al placer previo, y el modo particular en que los conflictos edípicos llegan a una resolución o compromiso, crean una organización de impulsos que operará dentro de confines altamente idiosincrásicos.

El yo, durante la adolescencia en sí, inicia medidas defensivas procesos y acomodos adaptativas. Su elección muestra mayor variación individual de la que fue discernible en fases previas, un hecho que anuncia su influencia selectiva definitiva en la formación del carácter. Es más, los arreglos jerárquicos de las funciones yoicas hacen su aparición, modeladas tras el surgimiento de la organización de impulso. Los procesos se hacen más objetivos y analíticos; el reinado del principio de la realidad se inicia. La innovación jerárquica por sí misma hace que sobresalgan diferentes intereses, capacidades, habilidades y talentos, que son probados experimentalmente por el uso y apoyo en el mantenimiento de la autoestimación; de este modo la elección vocacional se solidifica o, cuando menos, hace oír su voz. El final de la adolescencia trae una nueva calidad a este reinado de anhelos hacia posibles seres; en términos generales podemos decir que la adolescencia en sí a su fin delineación de un conflicto idiosincrásico y la constelación de impulso que durante el final de adolescencia se trasforma en un sistema unido e integrado. La adolescencia en sí elabora un centro de lucha interna que resiste las trasformaciones del adolescente; los conflictos y las fuerzas desequilibradas se mueven en un ángulo agudo. Es la labor del fin de la adolescencia llegar a un arreglo que la persona joven subjetivamente siente como “mi modo de vida”. La inquietante pregunta que tanto se hacen los adolescentes “¿Quién soy yo?” retrocede lentamente al olvido. Durante el final de la adolescencia emerge una claridad de propósitos autoevidente, y un conocimiento del ser que se describe mejor con las palabras “éste soy yo”. Esta frase declaratoria rara vez se pronuncia en voz alta, pero está expresada por la vida particular que lleva el individuo, o que da por sentada, cuando la adolescencia llega a su fin. A continuación discutiremos este periodo que lleva a su culminación a los procesos adolescentes.

Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4
Parte 5
Parte 6


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martes, 28 de octubre de 2008

Preguntero para el 2 parcial de experimetal

Nos llega por mail un preguntero lo subimos para todos. saludos
Universidad Nacional de Córdoba
Facultad de Psicología
Cátedra de Psicobiología Experimental
PREGUNTERO GUÍA DEL SEGUNDO PARCIAL

1) La disciplina que estudia el efecto de un psicofármaco sobre la química nerviosa, se denomina:
a) Neurofarmacología
b) Neurofisiología
c) Neuroanatomía
d) Neuroquímica
2) Indicar cuál sería la variable dependiente y cuál la independiente, en la siguiente situación experimental:
a) “Se administra fenciclidina intracraneal a ratas”: variable………………………
b) “Se evalúa la alteración de proteínas cerebrales específicas”: variable………………………
3) ¿Cuál sería el soporte técnico para la administración de fenciclidina en este caso?
a) El Test de Morris
b) La Autorradiografía
c) La Resonancia Magnética Nuclear
d) El Aparato Estereotáxico
4) ¿Y cuál sería la técnica de evaluación más apropiada para el ejemplo dado?
a) La de Golgi
b) Una inmunohistoquímica
c) La angiografía
d) Una argéntica supresora
5) Y si se quisiera medir ansiedad en estas ratas, ¿cuál sería la técnica más apropiada?
a) Un laberinto en T común
b) Un laberinto elevado en cruz
c) Un test de condicionamiento sexual
d) Un test de Wisconsin
6) La Resonancia Magnética Funcional permite detectar:
a) Consumo de glucosa en regiones cerebrales activas
b) Actividad eléctrica y neuroquímica
c) El sistema circulatorio
d) Flujo de oxígeno en sangre en regiones cerebrales activas
7) La Tomografía por Emisión de Positrones permite:
a) Detectar proteínas específicas
b) Observar tumores y meningiomas
c) Detectar el consumo de glucosa cerebral
d) Determinar la actividad eléctrica cerebral
8) En un modelo Predictivo de Parkinson, ¿se evaluaría la efectividad de qué psicofármaco?
a) Clozapina
b) L-DOPA
c) Barbitúricos
d) Fencilcidina
9) En un modelo Predictivo de Isquemia, ¿se evaluaría la efectividad de qué psicofármaco?
a) Clozapina
b) L-DOPA
c) Barbitúricos
d) Fencilcidina
10) Según los criterios del DSM IV ¿Cuál de los siguientes fármacos induce trastornos amnésicos, demencia y delirium por abstinencia?
a) Alcohol
b) Alucinógenos
c) Nicotina
d) Anfetaminas
11) Según los criterios del DSM IV ¿Cuál de los siguientes fármacos induce trastornos en el estado de ánimo (tipo depresión)?
a) Cafeína
b) Cannabis
c) Nicotina
d) Cocaína
12) ¿Cuál, de éstos psicofármacos, tiene un efecto combinado sobre los receptores de dopamina (DA), serotonina (5HT), y/o norepinefrina (NE)?
a) Morfina
b) Ketamina
c) Barbitúrico
d) Antidepresivos Tricíclicos (ATC)
13) ¿Cuál, de estos psicofármacos, actúa DIRECTAMENTE sobre receptores dopaminérgicos (DA)?
a) Neurolépticos
b) Fenciclidina
c) Benzodiacepinas
d) Heroína
14) ¿Qué psicofármaco actúa como “bloqueante de la recaptación” de la neurotransmisión?
a) Nicotina
b) Ansiolíticos
c) Anfetamina
d) Antipsicóticos clásicos
15) ¿Qué psicofármaco es un “antagonista post-sináptico” de su vía específica?
a) Inhibidor reversible de la MAO A (IRMA)
b) Antidepresivos Tricíclicos (ATC)
c) Ketamina
d) Barbitúricos
16) El insomnio inducido por ingesta de cocaína, podría contrarrestarse con:
a) Anfetamina
b) Inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS)
c) Éxtasis
d) Benzodiacepinas
17) ¿Cuál, de éstos psicofármacos, tiene acción combinada sobre receptores de GABA y Glutamato?
a) Alcohol
b) Heroína
c) Éxtasis
d) Nicotina
18) Que la fenciclidina (PCP) induzca un cuadro psicótico tan completo, implicaría que en esquizofrenia:
a) Hay aumento de histamina
b) Hay un déficit glutamatérgico
c) Hay un déficit dopaminérgico
d) Hay incremento en la actividad glicinérgica
19) La eficacia farmacológica de los antidepresivos tricíclicos (ATC) induciría a suponer que en depresión:
a) Hay déficit de la actividad GABAérgica
b) Hay aumento de dopamina nigro-estriatal
c) Hay déficit de monoaminas
d) Hay aumento de la actividad glutamatérgica
20) La eficacia farmacológica de las benzodiacepinas induciría a pensar que para calmar la ansiedad es necesario:
a) Un aumento de la actividad GABAérgica
b) Una disminución glicinérgica
c) Un aumento en la acción colinérgica
d) Frenar la actividad dopaminérgica


Fuente: aula virtual


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sábado, 25 de octubre de 2008

Evaluación de las unidades 4, 5 y 6 Niñez

1- Cuando el niño atribuye a los objetos y hechos físicos las propiedades de los entes vivos, es decir que les atribuye cualidades vitales y psicológicas tales como voluntad o conciencia a los objetos y fenómenos naturales. Este tipo de tendencia intelectual, se denomina:
a) Artificialismo
b) Realismo crítico
c) Realismo ingenuo
d) Animismo
e) Realismo infantil

2- La experiencia de la cooperación del juego en común, más particularmente de los juegos reglamentados, es importante porque:
a) Desarrolla poco a poco una moral en el niño
b) Desarrolla la función simbólica
c) Desarrolla la función de asimilación
d) Desarrolla la moral eterónoma
e) Desarrolla las capacidades exteroceptivas

3- La oposición y negativismo de los tres años, son un signo indudable de:
a) Retroceso en la evolución del psiquismo
b) Socialización secundaria
c) Un impulso autoerótico
d) Una necesidad lúdica
e) Un progreso en la distinción yo-otro

4- De acuerdo con Piaget, la moral del niño en la edad escolar es predominantemente:
a) Eterónoma
b) Autónoma, forzada
c) Autónoma, de cooperación
d) Autónoma y forzada
e) Autónoma e irracional

5- El juego simbólico, según Piaget, se caracteriza por:
a) El predominio absoluto de las funciones
b) Convertirse en el medio propio de expresión, es decir, el sistema de
significantes construidos por él y adaptable a sus deseos
c) La presencia de reglas compartidas con los adultos que sirven de modelos
d) Por la presencia de rasgos típicos del constructivismo
e) Porque se desenvuelve con otros pares, para compartir y colaborar

6- Una de las conductas con las cuales los niños expresan su capacidad y posibilidad de repressentar es el dibujo, entonces decimos que dibujar es :
a) la representacion de las experiencias kinestesicas
b) la representacion grafica de las experiencias con la realidad
c) la expresion grafica de los estimulos auditivos
d) la expresion grafica de los propios estados subjetivos
e) la expresion grafica de sus operaciones

7- En la consideracion de la evolucion de la actividad ludica, consideramos que los juegos que tienen lugar a partir de los dos años son:
a) los juegos funcionales
b) los juegos deportivos
c) los juegos con sonidos
d) los juegos simbolicos
e) los juegos de reglas

8- Según Piaget la seriacion consiste en :
a) disponer los objetos de acuerdo a sus semejanzqas y diferencias individuales
b) yuxtasponer objetos en filas, cuadrados, circulos
c) ordenar objetos según sus dimenciones en forma creciente o decreciente
d) agrupar los objetos por sus similitudes
e) ninguna es correcta

9- Para Piaget las operaciones son:
a) transformaciones irreversibles
b) transformaciones reversibles
c) transformaciones temporales
d) transformaciones esporadicas
e) transformaciones unilaterales

10 – El conjunto de conductas que implica la evocacion representativa de un objeto o de un acontecimiento ausente, es denominado como :
a) operaciones concretas
b) imagen mental
c) esquemas de accion
d) funcion simbolica o semiotica
e) reacciones circulares

11- Una de las instancias del aparato psiquico constituye el sedimento de la cultura y se elabora a traves de la relacion con los padres:
a) Inconsciente
b) Super YO
c) objeto libidinal
d) represion
e) fijacion


12 Desde la aparicion de lenguaje hasta los cuatro años se da en la teoria de Piaget el momento del pensamiento naciente y que se denomina :
a) razonamiento
b) pre conceptual
c) intuitivo
d) conceptual
e) ninguno

13- La aparicion de la funcion simbolica puede vislumbrarse en las siguiebntes conductas:
a) imitacion diferida, juego simbolico, dibujo, destete, imagen mental
b) imitacion diferida, juego de ejercicio, dibujo, imagen mental, lenguaje
c) imitacion diferida, juego simbolico, marcha, imagen mental
d) imitacion diferida, juego simbolico, dibujo, lenguaje, imagen mental
e) imitacion diferida, juego funcional, juego simbolico, imagen mental

14- Según Hubert la primera infancia se caracteriza por ser:
a) una fase de exploracion del mundo interno orientada hacia la construccion del tiempo
b) una fase de exploracion del mundo cultural orientada hacia la estructuracion del objeto
c) una fase de destruccion del mundo exterior orientada hacia la contruccion de un mundo interno
d) una fase en la que corresponde todo lo expresedo en los items anteriores

15- en la etapa de latencia , el psiquismo infantil esta constituido por: a) las tres instancias ello yo y Super Yo, b) solo por el super yo, c) no esta diferenciado. La respuesta correcta es:
a) ninguna
b) todas son correctas
c) a es la repuesta correcta
d) b es la respuesta correcta
e) b y c son correctas

16- entre los 18 meses y lo 3 años, el niño, según el psicoanalisis, atraviesa la etapa anal denominada asi porque manifiesta placer:
a) en el acto de retener y expulsar sus excrementos
b) en los intercambios sociales de tipo cooperativo con sus pares
c) en el acto de observar y juaga con las heces
d) en la consideracion de sus heces como una produccion parsonal que desea que la valoren como un verdadero obseuquio
e) a, c, d

17- cuando el niño atraviesa la crisis del personalismo, presenta alguos rasgos caracteristicos, como por ejemplo, se refiere a si mismo diciendo “yo” y utiliza el termino “mio”, con lo cual expresa:
a) su posibilidad de reconocer la reciprocidad de las acciones
b) su posibilidad de tomar conciencia y afirmarse a si mismo como individualidad distinta
c) su posibilidad de captar las necesidades de los demas de manera objetiva
d) su posibilidad de disociar completamente lo que le sucede a uno y otro
e) su posibilidad de distinguir las intenciones propias y las ajenas, en un proceso deductivo

18 –con Piaget decimos que el niño es capas de representacion cuando:
a) utiliza solo significantes diferenciados
b) significante y significado estan unidos por el dato perceptivo
c) utiliza significantes diferenciados de los significados que representan
d) reconoce situaciones a partir de un dato perceptivo
e) utiliza indicios y señales

19- En la tesis Walloniana, las fases del desarrllo se presentan de manera alternativa. Aquella que esta orientada a la construccion del mundo, a la relacion del sujeto con el objeto y a la adaptacion objetiva es:
a) centralista
b) centrifuga
c) estatica
d) dinamica
e) simbolica





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viernes, 10 de octubre de 2008

Psicoanálisis de la Adolescencia. Peter Blos. (Parte 4)

4. Adolescencia temprana
La maduración puberal normalmente saca al muchacho de su preadolescencia autosuficiente y defensiva y de la catexis pregenital, la muchacha es igualmente forzada hacia el desarrollo de su feminidad. Antes de que ella pueda dar este paso es necesario que abandone su recién adquirida identidad preadolescente, como la amazona, enmascarada como la ninfa, la que por algún tiempo la ha salvaguardado en contra de la regresión hacia la madre preedípica. los muchachos y las muchachas buscan en forma más intensa objetos libidinales extrafamiliares; es decir, con esto se ha iniciado el proceso genuino de separación de las ligas objetales tempranas. Este proceso atraviesa por varios estadios hasta que final e idealmente se establecen relaciones maduras de objeto. La característica distintiva de la adolescencia temprana radica en la falta de catexis en los objetos de amor incestuoso, y como consecuencia encontramos una libido que flota libremente y que clama por acomodarse.

Antes de que continuemos con esta línea de pensamiento, debemos discutir algunas de las consecuencias de la falta de catexis, típica de esta fase. El proceso como un todo, puede ser descrito en términos de dinámicas inter e intrasistémicas primero que nada el superyo, una agencia de control cuyas funciones son para inhibir y regular la autoestimación, disminuye en eficiencia; esto deja al yo sin la dirección simple y presionante del la conciencia. El yo ya no puede depender de la autoridad del superyo, sus propios esfuerzos para mediar entre los impulsos y el mundo externo son torpes e ineficaces. En verdad el superyo es un a función de su origen constitutivo; principalmente la internalización de los padres al resolverse el conflicto edípico. Por un tiempo cuando el adolescente joven se separa de los padres, pari-passu, la falta de catexis también comprende las representaciones de objeto y los valores morales internalizados que residen en el superyo.

En esta edad, los valores, las reglas, y las leyes morales han adquirido una independencia apreciable de la autoridad parental, se han hecho sintónicas con el yo y durante la adolescencia temprana el autocontrol amenaza con romperse y en algunos extremos surge la delincuencia. Actuaciones de esta clase, las cuales varían en grado e intensidad, habitualmente están relacionadas con la búsqueda de objetos de amor; también ofrecen un escape de la soledad, del aislamiento y la depresión que acompaña a estos cambios catécticos. El caso de Nancy (véase capítulo VII), nos ilustra claramente el desarrollo de la temprana adolescencia con una conducta delincuente subyacente.

Normalmente este tipo de actuación puede detenerse recurriendo a la fantasía, al autoerotismo, a las alteraciones en el yo como, por ejemplo, una deflexión de la líbido de objeto hacia el ser; es decir, una vuelta al narcisismo.

El retiro de la catexis de objeto, y la ampliación de la distancia entre el yo y el superyo dan como resultado un empobrecimiento del yo. Esto es experimentado por el adolescente como un sentimiento de vacío, de tormento interno, el cual puede dirigirse a buscar ayuda, hacia cualquier oportunidad de alivio que el ambiente pueda ofrecerle. La intensidad de la separación de objetos tempranos está determinada no solamente por el aumento y la variación del ritmo de la tensión instintiva, sino también por la capacidad del yo para defenderse de esta angustia conflictiva. Algunos niños no experimentan ningún conflicto en relación con sus padres; ya sea que han reprimido el impulso sexual o que su dotación instintiva es baja y que por lo tanto el yo posee la capacidad para manejarlos. Esta última idea aún no está comprobada para que pueda servirnos como un concepto explicativo total; por otro lado, uno se impresiona con el grado tan pequeño con el cual la madurez sexual en sí misma afecta la adaptación emocional del adolescente. Siempre que se observan reacciones directas y paralelas, un escrutinio más profundo puede revelar que existe una condición psicológica que comparte la responsabilidad para una situación conflictiva aguda. Lo mismo es cierto para las condiciones ambientales si éstas están dentro de límites normales. Tanto los cambios puberales como las condiciones ambientales pueden anunciar o intensificar las reacciones adolescentes, pero no pueden crearlas en forma exclusiva. estas ideas están elaboradas más ampliamente en el Capítulo VI.

Regresemos ahora a la idea inicial de que en la adolescencia temprana hay una falta de catexis de los objetos de amor familiares y como consecuencia una búsqueda de objetos nuevos. El adolescente joven se dirige hacia "el amigo"; de hecho, el amigo adquiere una importancia y significación de la que antes carecía, tanto para el muchacho como para la muchacha. La elección de objeto en la adolescencia temprana sigue el modelo narcisista. En esta edad la amistad entre los muchachos es diferente de las compañías preadolescentes, así como entre las muchachas el compartir un secreto al compañero; desde luego que estas cosas no dejan de existir repentinamente.

El muchacho hace amistades que exigen una idealización del amigo; algunas características en el otro admiradas y amadas por que constituyen algo que el sujeto mismo quisiera tener y en la amistad él se apodera de ellos. Esta elección sigue el modelo de Freud (1914): "Cualquiera que posea la cualidades sin las cuales el yo no puede alcanzar el ideal, será el que es amado". Freud explica que esta etapa de expansión en la vida amorosa del individuo conduce a la formación del yo ideal, y, por lo tanto, internaliza una relación de objeto que en otra forma podría conducir a la homosexualidad latente o manifiesta. La fijación en la fase de adolescencia temprana sigue este curso.

El yo ideal como formación psíquica dentro del yo no solamente remueve al superyo de la posición tan segura que había tenido hasta ahora, sino que también absorbe la libido narcisista y homosexual. Los comentarios de Freud (1914) que son importantes para esta discusión son los siguientes: "En esta forma, grandes cantidades de libido, esencialmente homosexual son utilizadas en la formación del yo ideal narcisista y encuentran salida y satisfacción en mantenerla"... Continúa: "El yo ideal ha impuesto condiciones severas para la satisfacción de la libido a través de los objetos; ya que algunos de ellos son rechazados por medio e su censor, como incompatibles. Cuando este ideal no se ha formado, la tendencia sexual aparece sin cambiar en la personalidad en la forma de una perversión. Ser una vez más el propio ideal, en relación a tendencias sexuales y no sexuales como en la niñez -es lo que a la gente le gustaría para su felicidad". La nueva distribución de la libido favorece la búsqueda del objeto heterosexual y sirve para mantener relaciones estables.

El yo ideal que representa el amigo puede ceder bajo el deseo sexual y llevar a un estado de homosexualidad con voyeurismo, exhibicionismo y masturbación mutua (latente o manifiesta). Esencialmente, las fantasías masturbatorias neutralizan la angustia de castración. Los temas sadomasoquistas heterosexuales de tales fantasías se convierten fácilmente en algo molesto y el alivio se encuentra en el cambio hacia la elección de objeto homosexual. En estas fantasías, el amigo, como compañero de armas a menudo participa en batallas y orgías heterosexuales. Los sentimientos eróticos que frecuentemente acompañan las amistades de la adolescencia temprana constituyen una explicación parcial de la ruptura repentina de estas relaciones. otros factores que contribuyen a la terminación de estas amistades radican en la inevitable frustración que implica una amistad exclusiva: el amigo idealizado se reduce a proporciones ordinarias cuando el yo ideal está establecido en forma independiente del objeto en el mundo externo.

Parece ser que en la formación del yo ideal en el muchacho, se repite un proceso que anteriormente, en la declinación del periodo edípico consolidó el superyo a través de la identificación con el padre. En ambos casos se establece una agencia controladora, la cual da vida a una nueva dirección y significado; simultáneamente esta agencia es también capaz de regular y mantener la autoestimación (equilibrio narcisista). La megalomanía del niño pequeño se ve amenazada por la indiscutible posición de privilegio y poder del padre; sus remanentes son absorbidos por el superyo, el cual participa de las "magnificencia del padre". En la adolescencia temprana la megalomanía que da al niño una sensación de perfección siempre y cuando sea parte del padre, es ahora tomada por el yo ideal . "Como siempre, cuando se refiere a la libido, el hombre una vez más se muestra incapaz de abandonar la satisfacción de que antes ha disfrutado. No está dispuesto a dejar la perfección narcisista de su niñez, y cuando crece se siente molesto por las amonestaciones de otros y por el despertar de su juicio crítico, de ahí que no pude mantener esta perfección, que trata de recuperar en la nueva forma del yo ideal. Lo que proyecta ante sí como su ideal es el sustituto del narcisismo perdido de la niñez en el cual él era su propio ideal". (Freud, 1914).
La amistad típica de la adolescencia temprana del muchacho, en donde se mezclan la idealización y el erotismo en un sentimiento muy especial ha sido descrita clásicamente en el libro de Thomas Mann (1914) llamado Tonio Kröger. La historia comienza cuando Tonio está esperando después de la escuela a su amigo Hans Hansen. Habían planeado tomar un paseo juntos. Tonio se siente profundamente lastimado cuando se da cuenta de que Hans había olvidado la cita, pero lo perdona al percatarse del arrepentimiento de su amigo, y en este estado de ánimo se disponen a tomar su paseo.* (Tomado de Tonio Kröger Editorial Plaza y Janés, Barcelona, 1951).

Tonio no hablaba. sentía un intenso dolor. mientras fruncía sus cejas algo oblicuas y tenía los labios redondeados para silbar, miraba hacia la lejanía con la cabeza ladeada. Aquel ademán y aquel aire eran característicos en él.

Hans, de repente, deslizó su brazo bajo el de Tonio, al mismo tiempo que le dirigía una mirada de soslayo, pues comprendía muy bien en qué estaba pensando su amigo Tonio. Y si bien éste continuó callando durante algunos minutos, al fin se sintió sumamente conmovido.

Es que yo no lo había olvidado, Tonio -observó fijando la mirada en la acera-, sino que me parecía que hoy, por el tiempo tan malo que hace, debido al viento y a la humedad, no era día apropiado. pero de veras que a mí no me importa esto y me parece magnífico que, a pesar de todo me hayas esperado. yo creía que te habías marchado a casa, y estaba un poco amoscado...
...Era que Tonio quería mucho a Hans Hansen y había ya sufrido mucho por su causa. El que quiere más se halla siempre en situación de inferioridad y ha de sufrir más también. El alma de catorce años de Tonio había experimentado , impuesta por la vida, esta ley tan sencilla como dura, y su espíritu se impresionaba con tan agrias realidades, si bien estas impresiones no alterasen su conducta ni sacase de tales experiencias ninguna enseñanza práctica.

Su carácter le inducía a considerar como muchísimo más interesantes estas amargas lecciones de la vida que los conocimientos que se le pudieran suministrar en la escuela, e incluso, durante las horas de clase, en la sala gótica de aquel viejo centro docente, se recreaba en apurarlas hasta las heces, llevando su meditación a las últimas consecuencias. Y esta ocupación le producía satisfacciones completamente análogas a la que lograba paseándose por su cuarto con el violín en la mano, pues sabía pulsarlo tan suavemente que se creyera que la música surgía por sí sola en medio del dulce chasquido del surtidor cuyo hilo de agua, abajo en el jardín, bailaba entre las ramas del viejo nogal...
... Puesto que en su domicilio pasaba el tiempo sin hacer nada serio y durante la clase blasonaba de un temperamento tan apático como distraído, con la consiguiente mala opinión de sus maestros, solía llevar constantemente a casa las notas más lamentables. por lo cual su padre -un caballero de alto, vestido con gran distinción y que siempre llevaba en el ojal una flor silvestre- se mostraba terriblemente contrariado. En cambio, para la madre de Tonio -su hermosa madre, cuyo nombre de soltera era Consuelo y que no sólo en el color de su pelo, completamente negro, sino en todo, era absolutamente distinta de las demás damas de la ciudad, y a la que su esposo había ido a buscar a una comarca situada en el extremo sur del mapamundi-, para su madre, digo, las calificaciones de la escuela no tenían la menor importancia...
Tonio quería mucho a su madre, que tocaba el piano y la mandolina; y estaba muy contento de que no se disgustara por la reputación que él tenía. Mas. por otro lado, comprendía en su fuero interno que el disgusto y severidad de su padre eran más dignos y pertinentes. En el fondo estaba completamente de acuerdo con él, admitía casi con humildad sus reprensiones, pues la indiferencia y tolerancia de su madre le parecían de todo punto injustificables.

A veces llegaba a pensar esto, poco más o menos: Es suficiente que yo sea tal como soy, sin pretender cambiarme, ni poderlo: abandonado, desidioso y entregándome a cosas en las que los demás no reparan siquiera. Convendría, pues, que, a lo menos, se me reprendiera y castigase por ello, en vez de pasarlo todo por alto entre besos y música de piano y mandolina. En realidad no somos gitanos que viajan en un carricoche pintado de verde, sino personas honorables, la familia del cónsul Kröger, del linaje de los Kröger...
Y no pocas veces pensaba también: ¿Por qué soy yo tan extraño y tan opuesto a todo, riñendo con los profesores y distanciándome cada día más de los otros muchachos de la escuela? Fíjate en esos buenos estudiantes y también en los que se caracterizan por su incorregible medianía. Ellos no encuentran grotescos a los profesores, no escriben versos tontos y sólo piensan en los asuntos en que precisamente debe pensarse y que es lícito mencionar en voz alta. ¡Cuán ordenados son y qué bien concuerdan con todo y con todos! Eso debe ser muy bueno y agradable... Pero ¿qué me pasa a mí, y a qué va a conducirme todo esto?
Esta manera de considerarse a sí mismo y a su relación con la vida desempeñaba un papel importantísimo en el amor de Tonio por Hans Hansen. le quería, ante todo, por ser un muchacho guapo; y luego, porque, desde todos los puntos de vista, se le aparecía como su antagonista y contrincante. Hans Hansen era un colegial excelente y, además, un chico vivaracho que hacía gimnasia, nadaba como un pez y disfrutaba con pasión ; le llamaban por su nombre de pila y le ayudaban por todos los medios; los compañeros de clase procuraban conquistar su agrado y favor, y en la calle de veía constantemente detenido por damas y caballeros, que le cogían por los mechones de su cabellera rubia de querubín, que sobresalía bajo su gorra de marinero danés y le decían:

-Hola, Hans Hansen, ¡tú siempre con tus preciosos rizos! ¿Sigues siendo el primero de la clase? Saluda a papá y a mamá, simpático...
Así era Hans Hansen, y desde el día en que Tonio le conoció, experimentó cierta melancolía; en cuanto lo atisbaba, le invadía un sentimiento como de envidia, que se agarraba a su pecho y le quemaba. ¡Quién pudiera tener ojos tan azules -pensaba- y quién pudiera vivir como él, en el seno de la más feliz comunidad de afectos con todo el mundo! "Tú siempre te mueves en el medio más honorable y respetado. En cuanto has hecho tus deberes, tomas lecciones de equitación o trabajas con tu pequeña sierra, e incluso en las vacaciones te entregas por completo a remar en la orilla del mar, a tu natación o a tus viajes en yate, mientras yo holgazaneo en la playa, contemplando con ojos asombrados los cambios misteriosos que se suceden en el mar. ¿Tendrás por eso los ojos tan azules? ¡Quién pudiera ser como tú!...".
No hizo el menor intento para lograrlo y acaso su deseo de ser como Hans Hansen no fuera verdaderamente auténtico. Sin embargo, ansiaba verse estimado por él a su manera, hacía todo cuanto podía por lograr su amistad, una manera lenta e íntima, hecha de abandono y renunciación, de sufrimientos y nostalgias, pero que se traducía en una inclinación sentimental capaz de arder más profunda y agotadoramente que una pasión impulsiva, la cual no hubiera podido esperarse d un espíritu tan extrañamente pasivo como el suyo.
No buscaba el cariño de Hans estérilmente, pues éste, en cierto modo, parecía reconocer en él cierta superioridad de inteligencia, tal vez una mayor facilidad de expresión, y comprendió perfectamente que Tonio le profesaba u afecto poco común, intenso y delicado y por ello se mostraba agradecido a éste y le deparaba no poca e íntimas satisfacciones, aunque algunos arrebatos de celos y algunos instantes de amarga decepción. Pero lo curioso era que Tonio, que envidiaba el género de vida e Hans Hansen, intentaba continuamente atraerle por todos los medios a su especial modo de ser, lo que sólo podía conseguir parcialmente y por breves momentos tan fugaces como dichosos.
Terminaron el paseo: Tonio trató en vano de establecer con Hans una comunicación íntima sobre las ideas poéticas que le producían sentimientos tan profundos. Se despidieron y Tonio se fue caminando solo a su casa.

... Y Tonio atravesó la antigua puerta de la ciudad, bordeó el puerto y subió la accidentada, ventosa, y húmeda calle de las casas de tejados puntiagudos, hasta la casa de sus padres. En aquella ocasión su corazón volvía a latir con renovada alegría; había en él una nostalgia y envidia melancólica, y un poquitín de desprecio y una grande y muy casta felicidad.
La amistad de Tonio y Hans muestra claramente cómo el amigo representa las perfecciones de las que uno carece. En el caso de Tonio la amistad refleja el conflicto de la identificación con su madre y con u padre, o más bien su falla para integrarlas. Hans es el muchacho que su padre hubiera querido llamar hijo; pero renunciar a este ensueño significaría renunciar a su amada madre. Su yo ideal, que perpetuaba la envidia por su padre y por las cosas que él representa, se expresan ahora en una declaración positiva y entran en la vida de Tonio en una forma positiva. Se establece un compromiso: "Amo a Hans porque representa las cosas que significan algo para mi padre".

Solamente la adolescencia propiamente puede mostrar cómo este recién adquirido yo ideal puede influir en la elección de objeto heterosexual; y solamente la adolescencia tardía puede mostrar cómo este estado de falta de unidad interna puede resolverse. Volveremos a discutir a Tonio ya que Mann presentó la secuencia psicológica de los sucesos importantes de su vida como un muchacho adolescente y después como un joven.
Los sentimientos de ternura por su padre y en verdad su tendencia a someterse a los deseo, valores e indicaciones del padre, representan una constelación conflictiva para el joven adolescente. Esto encuentra una solución en la oposición franca hacia el padre, o también puede expresarse en una gratificación inhibida de metas, de intereses compartidos y con camaradería. Si el padre hubiera jugado un papel materno importante atendiendo a las necesidades físicas del niño pequeño los deseos de ternura y de pasividad hacia él serían poderosamente reforzados. En relación con esto mencionaré el sueño de un adolescente temprano.
Jorge estaba en análisis porque era afeminado, sufría de insomnio y tenía dificultades para aprender y para concentrarse. Había tenido un sueño repetitivo el año anterior que se acompañaba de angustia. "Es como una imagen en la pantalla del cine. En donde hay formas que adquieren diferentes formas y cualidades. Como un objeto que fuese enorme y ancho y a la vez tan delgado como un alambre, liso y suave, pero también rugoso y rasposo. Todo cambia en una rápida transición y entonces viene la música. esto lo descubrí anoche. la voz de mi padre, es suave y melodiosa, también dura, alta y rasposa". las sesiones lo llevaron al recuerdo de su padre, quien le cantaba canciones para dormirlo desde los 3 hasta los 6 años; en esa edad él no podía dormirse; "cuando mi padre me cantaba siempre me ayudaba a que me durmiera". Las formas que se movían, que recuerdan un poco la pantalla del sueño de Lewin (pecho), se mezclaban en el sueño e Jorge con la voz cálida y melodiosa de su padre. La melodía de la canción inducía al sueño al igual como lo había hecho anteriormente el mamar del pecho materno. En verdad, la lactancia es el modelo de una experiencia que induce al sueño, el amor tierno del padre ofrecía a sus deseos orales un objeto que inevitablemente le lleva a tener tendencias homosexuales en la adolescencia temprana y, de hecho, retardaron la progresión hacia la adolescencia propiamente.

Veamos ahora a la muchacha en su adolescencia temprana, que no muestra un paralelismo cercano al desarrollo del muchacho. Es cierto que la amistad juega un papel igualmente importante en su vida. La falta de una amiga puede llevarla a una gran desesperación, y la pérdida de una amiga puede precipitar una depresión y ka falta de interés en la vida. Helene Deutsch (1944) menciona diferentes ocasiones en las que ha observado la "aparición de psicosis en muchachas que han perdido a sus amigas y que no pudieron encontrar compensación en sus madres".

Una forma típica de idealización entre las muchachas es el "flechazo". Esta idealización y unión erotizada se extiende tanto a hombres como a mujeres aparece en su forma no adulterada. Los objetos escogidos tienen cierta similitud o son totalmente diferentes de los padres. En el Diario de una joven (Hug-Hellmuth, 1919) nos encontramos la descripción de un flechazo, el cual es tan frecuente en la actualidad como cuando fue anotado por la autora del diario. A los 11 años la muchacha de este diario estaba preocupada con las implicaciones de su menstruación ("curso de sangre"), del coito, con especulaciones fascinantes sobre la maduración corporal del hombre y de la mujer, incluyendo aquellos equivalentes a la menstruación en el muchacho. Su salvación de la angustia y la excitación ocurrió al encontrarse con una mujer guapa a quien secretamente llamó "hada dorada". El pensar en esta mujer hacía que la muchacha se llenara con la bendición inocente de la niñez. Cuando finalmente se enteró de la edad de su amada escribió en su diario: "Treinta y seis, qué número tan amoroso, me gusta mucho, no sé por qué pero cuando oigo a alguien decir ese número me suena como cuando una ardilla está brincando en el bosque".

El objeto del flechazo es amado en forma pasiva, con el deseo de obtener atención o afecto o también el sentirse invadido por toda clase de afectos eróticos o sexualizados. Este desarrollo continúa en la adolescencia propiamente. Las cualidades masoquistas y pasivas del flechazo son un estadio intermedio entre la posición fálica de la preadolescencia y la progresión a la feminidad. Es, de hecho, el estadio intermedio bisexual de la adolescencia temprana de la mujer, que ha descrito Helene Deutsch (1944) en su forma típica para la muchacha de esta edad. "La presencia de una tendencia bisexual intensa, un poco antes de los conflictos de la adolescencia..., está menos reprimida en las muchachas que en los muchachos. En este periodo de su vida las muchachas muestran con mucha facilidad su masculinidad mientras que el muchacho se siente avergonzado de su feminidad y la niega" (Tonio Kröger ilustra este punto claramente).
La muchacha está conscientemente más ocupada por la idea: "¿Soy un hombre o soy una mujer?" A menudo las muchachas tienen la creencia de que pueden decidir por cualquier orientación; el resultado es que cambian ciertos sentimientos y estados del yo en algunas ocasiones y en otras cambian a un énfasis bisexual. Las muchachas en esta edad experimentan una extraña sensación de vaguedad en relación con el tiempo y el espacio. Se imaginan recuerdos de cosas que en su casa les dicen que nunca ocurrieron, o que tampoco pasaron en una forma particular. Esta vaguedad hacia la realidad y en la percepción yoica es un aspecto concomitante de la ambigüedad bisexual. El tema de la bisexualidad en la muchacha fue presentado en una forma muy atinada por Virginia Woolf en Orlando, en el cual el personaje principal se transforma de hombre en mujer.

Para ilustrar el estadio bisexual de la muchacha transcribo parte de la grabación de una entrevista con una joven adolescente de 15 años. En la conversación con el entrevistador, Betty habló de su fantasía den la cual la posición bisexual encuentra una expresión elocuente (Bloss, 1944).

Entrevistador: ¿Sueñas mucho?
Betty: Anoche me acosté a las 9:15 y tenía rizos en mi cabello. Debería haber estado despierta media hora más. Pero siempre sueño... hablando así en general sueño con peces... fantasmas...coches...y de todo. Si estoy despierta hasta las 10:00 ya no puedo dormirme.
E: ¿Quieres decir nada más imágenes en tu mente?
B: Sí. de mí misma y de diferentes gentes. Todo en general.
E: ¿Qué clase de imágenes?
B: primero una muchacha como jane, y después un hombre como una muchacha, y después una muchacha que se cambia en otro muchacho que es otra muchacha. Todo está mezclado, pero principalmente que soy una muchacha vestida como muchacho. No sé por qué.
E: ¿Has tenido esta imagen por muchos años?
B: Sí, al principio cuando era joven, era una muchacha que estaba vestida como muchacho y nadie sabía que era muchacha. Después era una muchacha vestida como muchacho, pero sólo algunas gentes sabían que era muchacha. Finalmente era una muchacha vestida como muchacho y entonces la mitad del tiempo era una muchacha. recuerdo que una noche me transformé en un muchacho y después en una muchacha y así pasó todo el tiempo, tratando de decidirme.
E: ¿Qué fue lo que decidiste?
B: Decidí ser una muchacha vestida como muchacho y decirle a todo el mundo que era una muchacha y sólo en ciertas ocasiones...
E: ¿Cuándo fue esto?
B: esto debió ocurrir el año anterior a esto y también este año, yo era una muchacha vestida como muchacho y ya ve, yo tenía que ser sincera con mi sexo y vestirme como muchacho y entonces diseñé todo para ser una muchacha vestida como muchacho. No sé por qué.
E: ¿Y ésta es la historia que has guardado desde que eras una chica pequeña?
B: Sí desde que tenía 4 años.
E: Algo así cómo una cosa imaginaria, ¿algo así como un argumento?
B: Todos los que me gustan están ahí y tienen su lugar.
E: ¿Esto te hace dormirte algunas veces?
B: Me quedo dormida en medio de esto.
E: ¿Qué eras en el sueño antes de tomar tu decisión?
B: Era una muchacha.
E: ¿Una muchacha?
B: Sí...
E: Ya que no serías muchacho por un tiempo, ¿decidiste ser una muchacha?
B: Ah, usted dice eso. Yo pensé que se refería a otra decisión.
E: ¿Qué otra decisión?
B: Oh, la parte en que cambié de muchacha a muchacho.
E: Decidiste en esa película que ibas a ser una muchacha, no usabas ropa de muchacho, pero tú misma eras la muchacha de hace un año y medio.
B: Sí.
E: Bien, ¿qué decidiste la otra noche? Después de que tú y Jean tomaron la resolución (La decisión de no salir con muchachos por 2 años.)
B: Oh.
E: ¿Eras todavía una muchacha?
B: Sí, todavía era una muchacha.
E: Pero, ¿siempre terminas siendo una muchacha?
B: Sí, algunas veces me veo y pienso que soy un muchacho y termino en esa forma.
E: Y bien, ¿cómo terminas casi siempre?
B: Como muchacha.
E: ¿Has cambiado algo en el argumento desde que Jean y tú tomaron la decisión?
B: Bien, todavía no lo termino.
E: Me doy cuenta de que vas a dejar pasar el tiempo a ver cómo sale.
B: Por el momento, yo soy ya grande como un muchacho y alguien se dio cuenta de que era una muchacha y entonces me visto como muchacha, pero estaba con todos esos muchachos y ahora soy una muchacha con los muchachos.
E: Ah, ya veo, eso es lo que eres ahora, vas a continuar con la historia y a ver a dónde te lleva.
B: No sé que es lo que va a pasar ahora.
E: Pues parece muy interesante.
B: Siempre que veo una película sigue muy raro...
E: ¿Por qué?
B: No sé. Siempre saco ideas extrañas de las películas.
E: ¿Qué clase de ideas?
B: Por ejemplo si veo... si alguien dice querida, pienso en las palabras y tengo que ponerlas.
E: Entonces tú tienes que ser una muchacha ¿no es así?
B: No, no la muchacha de la película; entonces tengo que decir algo que es adorable o alguien me lo tiene que decir.
E: Sí, en su película.
B: Sí, si veo un argumento que es muy bueno, yo lo compongo.
E: Entonces, ¿pones una persona en el argumento?
B: Sí, y unas cuantas gentes más, pero quiero decir que las caras de las gentes y las situaciones son un poco distintas.
E: Bien, bien, ¿qué clase de argumento por ejemplo?
B: Oh, no sé, no sé cómo explicarlo bien... veamos... ¿vio usted La vida de un lancero de Bengala?
E: Sí.
B: Bien, yo era el guapo (no el que matan porque no me gusta ser como él es), entonces yo era él y Jean era otro, él era, no era ninguno de ellos simplemente algún otro. Ella era otra persona que no estaba ahí, no me acuerdo quién era...quién era él...la persona a quien matan era algún otro, quizá era Mabel, que no me cae bien.
E: ¿Cuando eras chiquita hubieras preferido ser un muchacho?
B: Sí, cuando era muy chiquita yo quería ser un muchacho.
E: ¿Por qué? ¿Te acuerdas?
B: Yo quería ser un muchacho... no sé por qué...ahora quiero ser muchacha porque me gusta...porque me molesta cómo se visten los muchachos, creo que es terrible, pero no sé por qué quería ser un muchacho, casi soy, porque estoy más acostumbrada a los muchachos, porque quiero decir que si me gusta un muchacho estoy perdida. si es que pasa esto, todavía no ha pasado, pero tengo un par de amigas que están locas por los muchachos y que no les hace nada bien, porque nunca le pueden pedir a un muchacho que vaya con ellas. Si yo fuera un muchacho esto sería muy simple.

La posición bisexual de la muchacha en la adolescencia temprana está relacionada íntimamente al problema del narcisismo. En la adolescencia temprana la elección de objeto narcisista es prevalente, mientras que en la adolescencia propiamente las defensas narcisistas ganan en amplitud. El pene ilusorio se mantiene como una realidad psíquica para proteger a la muchacha en contra de la vaciedad narcisista; ser igual a los muchachos es todavía una cuestión de vida o muerte. la representación bisexual con percepciones más o menos vagas del cuerpo encuentra expresión en toda clase de intereses, preocupaciones y ensueños. Esta condición continúa existiendo hasta que la muchacha vacía en todo su cuerpo aquella parte de libido narcisista que ha estado ligada con la imagen corporal bisexual, y busca completarse no en sí misma sino en el amor heterosexual. Más tarde veremos cómo ocurre este cambio que la lleva de la posición bisexual en la temprana adolescencia a la siguiente fase de orientación bisexual. Los cambios en la muchacha al pasar de la preadolescencia a la adolescencia propiamente fueron descritos en un estudio clínico longitudinal (Bloss, 1941), del cual cito algunas observaciones pertinentes.

A pesar del completo conocimiento que Luisa tenía sobre los hechos sexuales, la transición de su actitud masculinoide de los 12 o 13 años, a la del sentimentalismo enfermizo de los 15 a los 16 fue extraordinariamente difícil, dolorosa y desagradable. Habiendo siempre presumido de su inmunidad a estas estúpidas sensaciones -sintiéndose muy superior-, se criticó mucho cuando se sintió tocada al ver a un muchacho y al sentirlo cerca. Se sintió muy disgustada con su extraño interés en lo que hasta entonces no tenía importancia en relación con su cuerpo y aspecto general. Cuando se descubrió deseando atención, se sintió al mismo tiempo rechazada; su enojo con ella misma no tuvo límites. Se volvió mórbida, un poco grosera, perdió la confianza en sí misma, la cual casi la llevó a un estado drástico; por fortuna pudo tomar otra actitud y enfrentarse a los hechos en una forma inteligente, pasando a través de una actitud un tanto desafiante y vulgar. Durante este último periodo le gustaba mucho jugar con palabras tales como fornicar, adulterio, ilegitimo. esta etapa de vulgaridad y de desafío pasó y Luisa se sintió satisfecha de ser la mujer que es. Durante la etapa de vulgaridad, Luisa presumía con sus amigas de sus muchas "aventurillas".

La declinación de la tendencia bisexual marca la entrada en la adolescencia. En la adolescencia temprana la muchacha muestra una gran facilidad para vivir a un sustituto, por ejemplo en identificaciones temporales. Existe el peligro de que esta actitud la lleve a una actuación, a una relación sexual prematura para la cual la muchacha no está preparada. estas experiencias tienen especialmente un efecto muy traumático, favorecen un desarrollo regresivo y pueden llevar a desviaciones en el desarrollo de la adolescencia. las amistades, los enamoramientos, las actividades atléticas y la preocupación con el arreglo personal protegen a la muchacha en contra de esta actitud precoz, es decir, de una actividad heterosexual defensiva. Sin embargo, la última medida de seguridad de la muchacha en este pasaje normal a través de esta fase, es la accesibilidad emocional de los padres, especialmente la madre o el sustituto materno.

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