La entrevista es un instrumento o técnica fundamental del método clínico y es un procedimiento de investigación científica de la psicología. Tiene sus propios procedimientos o reglas empíricas con las cuales no sólo se amplía y se verifica el conocimiento científico, sino que al mismo tiempo se aplica. Identifica o hace confluir en el psicólogo las funciones de investigador o de profesional, ya que la técnica es el punto de interacción entre las ciencias y las necesidades prácticas; es así que la entrevista logra la aplicación de conocimientos científicos y al mismo tiempo obtiene o posibilita llevar la vida diaria del ser humano al nivel del conocimiento y la elaboración científica. Se incluye la técnica y la teoría de la técnica en la entrevista psicológica.
La entrevista puede ser de dos tipos fundamentales:
Entrevista cerrada: las preguntas ya están previstas, tienen un orden y una forma de ser planteadas que no pueden ser modificadas por el entrevistador. Es en realidad un cuestionario.
Entrevista abierta: el entrevistador tiene amplia libertad para las preguntas o para las intervenciones permitiendo toda la flexibilidad necesaria para cada caso particular. Hay una flexibilidad que permite que el entrevistado configure el campo de la entrevista según su estructura psicológica particular, o dicho de otra manera, que el campo de la entrevista se configure al máximo posible por las variables que dependen de la personalidad del entrevistado.
Considerada de esta manera, la entrevista abierta posibilita una investigación más amplia y profunda de la personalidad del entrevistado, mientras que la cerrada puede permitir una mejor comparación sistemática de datos.
Entrevista, consulta y anamnesis
La consulta consiste en la solicitud de asistencia técnica o profesional, la que puede ser prestada o satisfecha de múltiples formas, una de las cuales puede ser la entrevista. Consulta no es sinónimo de entrevista, porque esta última es sólo uno de los procedimientos con los que el profesional puede atender la consulta.
La entrevista no es una anamnesis. La anamnesis implica recopilación de datos previstos, de tal extensión y detalle, que permita obtener una síntesis tanto de la situación presente como de la historia de un individuo, de su enfermedad y de su salud. La preocupación y la finalidad residen en la recopilación de datos y el paciente queda reducido a un mediador entre su enfermedad, su vida y sus datos por un lado y el médico por el otro.
La entrevista psicológica es una relación de índole particular que se establece entre dos o más personas. Lo específico de esta relación es que uno de los integrantes es un técnico de la psicología que debe actuar ese rol, y el otro necesita de su intervención técnica. Consiste en una relación humana en la cual uno de sus integrantes debe tratar de saber que es lo que esta pasando en la misma y debe actuar según este conocimiento. La regla básica ya no consiste en obtener datos completos de la vida total de una persona, sino de su comportamiento total en el curso de la entrevista. Este comportamiento total incluye lo que recogeremos escuchando, vivenciando y observando, de tal manera que quedan incluídas las 3 áreas del comportamiento del entrevistado.
La entrevista como campo
En la entrevista tenemos configurado un campo, es decir que entre los participantes se estructura una relación de la cual depende todo lo que en ella acontece. Se podría decir que el entrevistador controla la entrevista, pero que quien la dirige es el entrevistado. La relación entre ambos delimita y determina el campo de la entrevista y todo lo que en ella acontece, pero el entrevistador debe permitir que el campo de la relación interpersonal sea predominantemente establecido y configurado por el.
Ninguna situación puede lograr la emergencia de la totalidad del repertorio de conductas de una persona, y por lo tanto, ninguna entrevista puede agotar la personalidad del paciente, sino solo un segmento de la misma.
Para obtener el campo particular de la entrevista que hemos reseñado, debemos contar con un encuadre fijo, que consista en una transformación de cierto conjunto de variables en constantes. Dentro de este encuadre se incluyen, no sólo la actitud técnica y el rol del entrevistador sino también los objetivos y el lugar y el tiempo de la entrevista. El encuadre funciona como una especie de estandarización de la situación, estímulo que ofrecemos al entrevistado pretendiendo, no que deje de actuar como estímulo para el, sino que deje de oscilar como variable para el entrevistador. Si el encuadre se modifica (p.ej: porque la entrevista se realiza en un sitio diferente), esta modificación tiene que ser considerada como una variable sujeta a la observación tanto como lo es el mismo entrevistado.
Concordancias y divergencias con la anamnesis
En la anamnesis se opera con el supuesto de que el consultante conoce su vida y está capacitado para dar datos sobre la misma, mientras que el supuesto de la entrevista es el de que cada ser humano tiene organizada una historia de su vida y un esquema de su presente, y de ellos tenemos que deducir lo que no sabe. En segundo lugar, lo que no nos puede dar como conocimiento explícito se nos ofrece o emerge a través de su comportamiento no verbal; y éste último puede informar sobre su historia y su presente en grados muy variables de coincidencia o contradicción con lo que verbal y conscientemente expresa. Por otra parte, además, en distintas entrevistas el entrevistado puede ofrecernos distintas historias o diferentes esquemas de su vida presente, que guardarán entre sí relación de complementación o de contradicción.
Las disociaciones y contradicciones que observamos, corresponden a disociaciones y contradicciones de la personalidad misma, y la entrevista, al reflejarlas, nos permite trabajar sobre ellas en el transcurso mismo.
Cuando se entrevista a los distintos integrantes de un grupo o institución estas divergencias y contradicciones son mucho más frecuentes y notorias, y constituyen datos muy importantes sobre cómo cada uno de sus miembros tiene organizado en la misma realidad un campo psicológico que le es específico.
La entrevista no consiste en aplicar consignas sino en investigar en la personalidad del entrevistado a la vez que en nuestras teorías y nuestros propios instrumentos de trabajo.
El observador participante
En la entrevista el entrevistador forma parte del campo, es decir, en cierta medida condiciona los fenómenos que él mismo va a registrar. Se plantea entonces el interrogante de la validez que pueden tener los datos recogidos en estas condiciones.
La máxima objetividad que podemos lograr, sólo se alcanza cuando se incorpora al sujeto observador como una de las variables del campo. Si el observador está condicionando el fenómeno que observa, se puede objetar que en tal caso no estamos estudiando el fenómeno tal cual es, sino en relación con nuestra presencia, con lo cual ya no se hace una observación en condiciones naturales.
Pero las condiciones naturales de la conducta humana son las condiciones humanas... toda conducta se da siempre en un contexto de vínculos y relaciones humanas y la entrevista no es una distorsión de las pretendidas condiciones naturales, sino todo lo contrario: la entrevista es la situación natural en que se da el fenómeno que nos interesa justamente estudiar: el fenómeno psicológico.
Entrevista e investigación
La entrevista es un campo de trabajo en el cual se investiga la conducta y la personalidad de seres humanos. Una entrevista tiene su clave fundamental en la investigación que se realiza en su decurso. Las observaciones que se registran en la misma, lo son siempre en función de hipótesis que va emitiendo el observador. La forma de observar bien es la de ir formulando hipótesis mientras se observa, y en el curso de la entrevista verificar y rectificar las hipótesis previas.
El pensar sobre lo que se está haciendo debe intervenir en todas las acciones humanas, y cuando esto se realiza sistemáticamente en un campo de trabajo definido, sometido a verificación lo que se ha pensado, se está realizando una investigación.
El grupo de la entrevista
Entrevistador y entrevistado constituyen un grupo, es decir, un conjunto o una totalidad. Se diferencia de otros grupos más generales, en que uno de sus integrantes asume un rol especifico y tiende a cumplir determinados objetivos.
La interdependencia e interrelación, el condicionamiento recíproco de sus respectivas conductas, se realiza a través del proceso de la comunicación, entendiéndose por tal, el hecho de que la conducta de uno (consciente o no) actúa (en forma intencionada o no) con estímulo para la conducta del otro, y a su vez, ésta reactúa en calidad de estimulo para las manifestaciones del primero. En este proceso la palabra juega un rol de enorme gravitación, pero interviene también activamente la comunicación preverbal: gestos, actitudes, timbre, y tonalidad afectiva de la voz, etc.
El tipo de comunicación que se establece es altamente significativo de la personalidad del entrevistado, especialmente del carácter de sus relaciones interpersonales, es decir de su modalidad para relacionarse con sus semejantes.
Transferencia y contratransferencia
La transferencia es la actualización de sentimientos actitudes y conductas inconscientes, por parte del entrevistado; que corresponden a pautas que éste ha establecido en el curso de su desarrollo, especialmente en la relación interpersonal con su medio familiar. La observación de estos fenómenos nos pone en contacto con aspectos de la conducta y de la personalidad del entrevistado que no entran entre los elementos que él puede referir o aportar voluntaria o conscientemente, pero agregan una dimensión importante al conocimiento de la estructura de su personalidad y al carácter de sus conflictos.
En la transferencia el entrevistado asigna roles al entrevistador y se comporta en función de las mismas. Con la transferencia el entrevistado aporta aspectos irracionales o inmaduros de su personalidad, su grado de dependencia, su omnipotencia y su pensamiento mágico. En ellos es donde el entrevistador podrá encontrar lo que el entrevistado espera de el.
En la contratransferencia se incluyen todos los fenómenos que aparecen en el entrevistador, como emergentes del campo psicológico que se configura en la entrevista; son las respuestas del entrevistador a las manifestaciones del entrevistado, el efecto que tiene sobre él. Dependen de alto grado de la historia personal del entrevistador, pero si aparecen o se actualizan en un momento dado en la entrevista es porque en ese momento hay factores que se operan para que ello suceda así.
Transferencia y contratransferencia son fenómenos que aparecen en toda relación interpersonal y por eso mismo también se dan en la entrevista. La diferencia reside en que en ésta última deben ser utilizados como instrumentos técnicos de observación y comprensión.
Ansiedad en la entrevista
La ansiedad constituye un índice del curso de una entrevista y debe ser atentamente seguida por el entrevistador, tanto la que se produce en él mismo como la que aparece en el entrevistado.
Entrevistado y entrevistador se enfrentan con una situación desconocida, ante la cual no tienen todavía estabilizadas pautas reaccionales adecuadas, y la situación no organizada implica una cierta desorganización de la personalidad de cada uno de los participantes; esa desorganización es la ansiedad.
El entrevistado solicita ayuda técnica o profesional cuando experimenta ansiedad o se ve perturbado por los mecanismos defensivos frente a la misma. Frente a la entrevista y durante la misma se pueden incrementar tanto su ansiedad como sus mecanismos defensivos, porque lo desconocido que se enfrenta no es solo una situación externa nueva, sino también el peligro de lo que desconoce de su propia personalidad.
La ansiedad del entrevistador es uno de los factores más difíciles de manejar, porque ella es el motor del interés en la investigación y del interés en penetrar lo desconocido. Toda investigación requiere la presencia de ansiedad frente a lo desconocido y el investigador tiene que poseer la capacidad para tolerarla y poder instrumentarla, sin lo cual se cierra la posibilidad de una investigación eficaz; esto último ocurre también cuando el investigador se ve abrumado por la ansiedad o recurre a mecanismos defensivos frente a la misma (racionalización, formalismo, etc.).
El entrevistador
El instrumento de trabajo del entrevistador es él mismo, su propia personalidad, que entra si o si en juego en la relación interpersonal; con el agravante de que el objeto que debe estudiar es otro ser humano; el contacto directo con seres humanos enfrenta así al técnico con su propia vida, su propia salud o enfermedad, sus propios conflictos y frustraciones. Si no gradúa este impacto su tarea se hace imposible: o tiene mucha ansiedad y entonces no puede actuar, o bien bloquea la ansiedad y la tarea es estéril.
El entrevistador debe operar disociado: en parte actuando con una identificación proyectiva con el entrevistado y en parte permaneciendo fuera de esta identificación, observando y controlando lo que ocurre, de manera de graduar así el impacto emocional y la desorganización ansiosa. Esta disociación con la que tiene que operar el entrevistador es a su vez funcional o dinámica, en el sentido que tiene que actuar permanentemente la proyección e introyección, y tiene que ser lo suficientemente plástica o porosa para que pueda permanecer en los límites de una actitud profesional.
Una mala disociación con intensa y permanente ansiedad, hace que el psicólogo desarrolle conductas fóbicas u obsesivas frente a sus entrevistados, y entonces evita hacer entrevistas o interpone instrumentos y test para evitar el contacto personal y la ansiedad consiguiente. El clásico apuro del médico, que tanto se emplea en la sátira, es una permanente fuga fóbica de los enfermos. La defensa obsesiva se manifiesta en cambio en entrevistas estereotipadas en que todo está arreglado y previsto, en la elaboración rutinaria de historias clínicas, es decir, la entrevista se transforma en un ritual. Otro riesgo es el de la proyección de los propios conflictos sobre el entrevistado y una cierta compulsión a ocuparse, indagar o hallar perturbaciones en la esfera en que las está negando en sí mismo.
El entrevistador tiene que jugar los roles que le son promovidos por el entrevistado, pero sin asumirlos en totalidad. Jugar el rol significa percibir el rechazo, comprender; hallar los elementos que lo promueven, las motivaciones del entrevistado para que ello ocurra y utilizar esta información para esclarecer el problema o para promover su modificación en el entrevistado. Cuanto más psicópata el entrevistado, tanto más fácil se posibilita que el entrevistador asuma y actúe los roles. Asumir el rol implica la ruptura del encuadre de la entrevista. Fastidio, ira, bloqueo, lástima, cariño, rechazo, seducción, etc., etc.... son todos indicios contratransferenciales que el entrevistador debe percibir como tales en la medida en que se producen y tiene que resolverlos analizándolos para sí mismo en función de la personalidad del entrevistado, de la suya propia y en función del contexto y el momento en que aparecen en la comunicación.
El entrevistado
En términos generales, para que una persona concurra a una consulta, debe haber llegado a una cierta percepción o insight de que algo no anda bien, de que algo ha cambiado o modificado o bien, se percibe a si mismo, con ansiedad y temores.
Schilder ha reunido en cinco grupos los individuos que concurren al médico, ellos son: 1) los que concurren por quejas corporales; 2) por quejas mentales; 3) por quejas debidas a la falta de éxito; 4) por quejas referentes a dificultades en la vida diaria; 5) por quejas de otras personas.
Siguiendo en cambio la división de P. Riviere de las áreas de conducta, podemos considerar tres grupos, según que el predominio recaiga sobre los síntomas, quejas o problemas en el área de la mente, del cuerpo o del mundo externo. El paciente puede tener quejas o acusaciones, en el primer caso predomina la ansiedad depresiva mientras que en el segundo la ansiedad paranoide.
Podemos reconocer y diferenciar entre el entrevistado que viene a la consulta del que traen o aquel que lo han mandado. El que viene, tiene u cierto insight de su enfermedad y corresponde al paciente neurótico; mientras que el psicótico, en cambio, es traído. El que no tiene motivos para venir pero viene porque lo han mandado, corresponde a la psicopatía: es aquél que hace actuar a otros y delega en otro sus preocupaciones y malestares.
El que viene a la consulta es siempre un emergente de los conflictos grupales de la familia; diferenciamos además entre el que viene solo y el que viene acompañado, que representan distintos grupos familiares.
El que viene solo es un representante de un grupo familiar esquizoide, en el que la comunicación entre sus miembros es precaria, vienen dispersos o separados, con un grado acentuado de bloqueo afectivo. Otro grupo familiar es aquél en el cual vienen varios a la consulta y el técnico tiene la necesidad de preguntar quién es el entrevistado o por quién vienen; es el grupo epileptoide, con un alto grado de simbiosis o interdependencia.
Otro tipo es el que viene acompañado por una persona, familiar o amigo, que es el caso del fóbico que necesita acompañante.
En los grupos que concurren a la consulta, el psicólogo no tiene por qué aceptar el criterio de la familia sobre quién es el enfermo, sino que debe actuar considerando a todos sus miembros implicados y al grupo como enfermo. En estos casos, el estudio del interjuego de roles y de la dinámica del grupo son los elementos que sirven de orientación para hacer tomar insight de la situación a todo el grupo.
Funcionamiento de la entrevista
Lo que ofrece el entrevistador debe ser lo suficientemente ambiguo como para permitir la mayor puesta en juego de la personalidad del entrevistado. Existe un límite donde la ambigüedad no debe existir, éste cubre todos los factores que intervienen en el encuadre de la entrevista: tiempo, lugar y rol técnico del profesional. El tiempo se refiere a un horario y un límite en la extensión de la entrevista; el espacio abarca el marco o el terreno ambiental en el cual se realiza la entrevista. El rol técnico significa que en ningún caso el entrevistador debe permitir ser presentado como un amigo en un encuentro fortuito. Tampoco debe el entrevistador entrar con sus reacciones ni con el relato de su vida, tampoco entrar en relaciones comerciales o de amistad, ni pretender ningún beneficio de la entrevista que no sean sus honorarios y su interés científico o profesional. Tampoco debe ser utilizada como una gratificación narcisista en la que se juega de mago con un despliegue de omnipotencia. La curiosidad debe limitarse a lo necesario para el beneficio del entrevistado. Todo lo que sienta como reacción contratransferencial debe ser considerado como un dato de la entrevista, no debiendo responder ni actuar frente al rechazo, la rivalidad o la envidia del entrevistado. La petulancia o actitud arrogante o agresiva del entrevistado no debe ser ni domada ni sometida; no se trata ni de triunfar ni de imponerse al entrevistado. Lo que nos corresponde es averiguar a qué se deben, como funcionan y qué efectos acarrea al entrevistado. El entrevistado tiene derecho, aunque tomemos nota de ello e inclusive advirtamos al mismo entrevistado sobre su represión o su desconfianza.
La apertura de la entrevista tampoco debe ser ambigua, pronunciando frases generales o de doble sentido. El entrevistado debe ser recibido cortésmente pero no efusivamente; si se tiene datos del entrevistado proporcionada por otra persona, se le debe informar tanto como anticipar al informante, al comienzo de la entrevista, que estos datos no serán mantenidos en reserva. La reserva del entrevistador para con los datos que proporciona el entrevistado se halla implícita en la entrevista, y si de la misma se eleva un informe a la institución, esto debe también conocerlo el entrevistado. La reserva y el secreto profesional rigen también para los enfermos psicóticos y para el material de las entrevistas con los niños; en este último caso, no debemos sentirnos autorizados para relatarle a los padre detalles de la entrevista con sus hijos.
El fin de la entrevista debe ser respetado como todo el encuadre, y la reacción a la separación es un dato de gran importancia, tanto como la evaluación de cómo se va el entrevistado y cómo quedamos nosotros contratransferencialmente con él.
La interpretación
Un interrogante frecuente e importante es el de si se debe interpretar en las entrevistas realizadas con fines diagnósticos. En este sentido hay posiciones muy variadas, entre las que se cuenta, por ejemplo, la de Rogers, quien no sólo no interpreta sino que tampoco pregunta, alentando al entrevistado a proseguir recurriendo a distintas técnicas.
En la entrevista diagnóstica se debe interpretar por sobre todo cada vez que la comunicación tienda a interrumpirse o distorsionarse. Otro caso muy frecuente en el que tenemos que intervenir es para relacionar lo que el mismo entrevistado ha estado comunicando. Para interpretar, nos debemos guiar por el monto de ansiedad que estamos resolviendo y por el monto de ansiedad que creamos, teniendo en cuenta también si se va a dar otras oportunidades para que el entrevistado pueda resolver ansiedades que vamos a movilizar. En todos los casos, debemos interpretar sólo sobre emergentes, sobre lo que realmente está operando en el aquí y ahora de la entrevista.
Además, siempre que se interprete, se debe saber que la interpretación es una hipótesis que debe ser verificada o rectificada en el mismo campo de trabajo por la respuesta que movilizamos o condicionamos al poner en juego dicha hipótesis.
El óptimo alcance de una entrevista es el de la entrevista operativa, en la cual se tiende a comprender y esclarecer un problema o una situación que el entrevistado aporta como centro o motivo de la entrevista.
martes, 5 de agosto de 2008
La Entrevista Psicológica - Bleger (Resumen)
lunes, 4 de agosto de 2008
Entrevista a Lacan - "Freud per sempre"
A raíz de la iniciativa de Olga Máter y de Alejandra Freschi convertida en la presente traducción de la entrevista realizada a Jacques Lacan por la periodista y escritora italiana Emilia Granzotto, elSigma ofrece la integridad de esta versión a sus lectores. Se trata de un material histórico en el que nos encontramos con un Lacan claro y preciso en sus conceptos, empeñado en dirigirse a un público más amplio que el académico.
El 21 de noviembre de 1974, al momento del reportaje, el ámbito psicoanalítico estaba atravesado por las vicisitudes de una época en transformación violenta. El mundo pulsional des-cubierto por Freud habla precisamente de ello como parte de la condición humana de todos los tiempos.
En el medio local se expandía más el pensamiento lacaniano mediante la fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires –la primera escuela lacaniana no fundada por Lacan imbuida por la transmisión de Oscar Masotta– acontecida cinco meses antes.
La irrupción de Paris como una de las capitales pujantes del psicoanálisis tras el eclipse progresivo de la Escuela Inglesa, ¿habrá motivado a su vez que un año antes se eligiera al primer francés para desempeñar la presidencia de la IPA: Serge Lebovici?
Nos situamos a 35 años de la muerte de Freud –el genial escritor de la huella psicoanalítica que nos recorre–, y en los 73 años de edad de Lacan –prominente teórico y orador que avanzó con novaciones sustanciales para nuestro quehacer en cuanto al pensamiento acerca del sujeto y a las implicancias clínicas de los nuevos abordajes–.
En 1974. Lacan tomó la dirección –en el Departamento de Psicoanálisis fundado cinco años antes por Serge Leclaire– de una cátedra del “Champ Freudien”. Pronuncio la “Conferencia de Roma”, y estaba al instante de la entrevista, a 20 días de sumergirse –“entre nudos”– en la primera clase del Seminario R.S.I. que dictaría hasta mayo del ’75.
Alberto Santiere
Del original: “Freud per sempre”
Colloquio con Emilia Granzotto. Publicado en la revista Panorama de Roma - Italia, 21 noviembre de 1974, pp. 159 sg.
Versión en Francés: Freud pour toujours – Entretien avec Jacques Lacan
www.ecole-lacanienne.net/documents/1974-11-21.doc
El malestar de la civilización moderna. La dificultad de vivir. El miedo y el sexo. La palabra como tratamiento de la neurosis. La angustia de los científicos. El psicoanalista viviendo lo más paradojal expone su doctrina y las razones de su fidelidad al maestro.
Jacques Lacan, 73 años, parisino, psicoanalista. Apóstol de Sigmund Freud. Se define como un “freudiano puro” y ha fundado en París una escuela freudiana que repropone infatigablemente, desde hace veinte años el retorno a las doctrinas del maestro y su relectura “en sentido literal”. Es considerado como herético del psicoanálisis oficial que lo acusa de histrionismo (Emilio Servadio, Presidente del Centro Psicoanalítico de Roma, lo ha definido como “profeta de opereta”) y lo ha expulsado de instituciones y sociedades.
Es venerado como un dios por sus seguidores, para los cuales él es “un genio que comunica por flashes”. Políticamente de izquierda, próximo al grupo marxista maoísta que dirige la revista Tel quel[1]. Padre espiritual, se ha dicho, de todos los izquierdistas franceses. Es igualmente un personaje legendario por el tono de profeta con el cual él despliega sus escritos, incomprensibles para cualquiera que no conozca profundamente los misterios del psicoanálisis, definido, en uno de sus ensayos, “como nada más que un artífice al cual Freud ha dado los fundamentos estableciendo que su conjunto engloba la noción de tales fundamentos”.
Sus conferencias y lecciones de los miércoles en la Facultad de Derecho de la Sorbonne son seguidas por una multitud de auditores, a pesar del lenguaje hablado tan confuso, así como sus escritos. El mismo dice: “Yo hablo a media palabra, es conocido, y al final nadie comprende nada”.
Mezcla palabras muy complejas (homeostasis, anamorfosis, afánisis) con neologismos que inventa a quemarropa (el más célebre es serhablante, sea el ser hablante, sea el hombre). Utiliza indiferentemente términos de jerga o directamente eufemismos buenazos al límite del ridículo; el falo, protagonista y dios feroz de la religión psicoanalítica, deviene simplemente e irónicamente en el lenguaje de Lacan, pito.
Bajo, cabello gris corto cepillado y siempre cuidadosamente peinado, una vaga semejanza que no le desagrada con Jean Gabin, ese monstruo sagrado de la cultura francesa se viste siempre como un dandi: camisa blanca bordada, cerrada al cuello con una banda abotonada como los sacerdotes, saco de terciopelo color ciruela o damasco por lo cual el tejido reúne lo brillante y lo mate. En su consultorio de la calle 5 de Lille, con su sofá imperio, Lacan recibe él Todo-París que cuenta.
Lacan se proclama estructuralista, está convencido que lingüística y psicoanálisis son hermanas, y que los analistas “deberían tener una cultura sociológica, lingüística y metafísica”. Sus ensayos están compilados en un volumen que se titula Escritos, ha vendido decenas de miles de ejemplares.
Panorama le ha solicitado a Lacan hablar de psicoanálisis, de sus métodos, en la técnica y la doctrina.
Emilia Granzotto *
Emilia Granzotto: -Profesor Lacan, se escucha cada vez más a menudo hablar de la crisis del psicoanálisis: se dice que Sigmund Freud está pasado de moda, la sociedad moderna ha descubierto que su doctrina ya no es suficiente, para comprender al hombre ni para interpretar a fondo su relación con el medioambiente, con el mundo.
Jacques Lacan: -Esas son historias. Primero, no hay crisis. El psicoanálisis no tiene del todo localizados sus límites, al contrario. Hay todavía muchas cosas por descubrir en la práctica y en la doctrina. En psicoanálisis no hay una solución inmediata, pero solamente a la larga, espera investigar los por qué.
Segundo: Freud. ¿Cómo se puede juzgar que está pasado de moda si nosotros no lo hemos comprendido totalmente? Lo que, sabemos es que ha hecho conocer cosas perfectamente novedosas que no se habían imaginado antes que él, problemas… desde el inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, del acceso a lo simbólico, a la sujeción a las leyes del lenguaje.
Su doctrina ha puesto en cuestión la verdad, un asunto que importa a cada uno, personalmente. Nada tiene que ver con una crisis. Yo repito: se está lejos de los objetivos de Freud. Es también porque su nombre ha servido para cubrir muchas cosas, desviaciones, los epígonos[2] no han seguido siempre fielmente el modelo, esto ha creado la confusión.
Después de su muerte, en el ‘39, mismo algunos de sus alumnos han pretendido hacer el psicoanálisis de otra manera, reduciendo su enseñanza a algunas pequeñas fórmulas banales: la técnica como rito, la práctica reducida al tratamiento del comportamiento y, como objetivos, la readaptación del individuo a su medioambiente social. Es decir la negación de Freud, un psicoanálisis acomodaticio, de salón.
El lo había previsto. Decía que hay tres posiciones imposibles de sostener, tres intervenciones imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar. Hoy poco importa qué responsabilidades tiene el gobernante, y todo el mundo se pretende educador. En cuanto a los psicoanalistas, desgraciadamente, ellos prosperan como los magos y los curanderos. Proponer a la gente ayudarlos significa el éxito asegurado y la clientela detrás de la puerta. El psicoanálisis es otra cosa.
- ¿Qué exactamente?
- Yo lo defino como un symptôme[3], revelador del malestar de la civilización en la cual nosotros vivimos. No es, por supuesto, una filosofía, yo aborrezco la filosofía, hace mucho tiempo que ella no dice nada interesante. No es tampoco fe, y no me gusta llamarla ciencia. Decimos que es una práctica que se ocupa de lo que no marcha bien, terriblemente difícil porque ella pretende introducir en la vida cotidiana lo imposible y lo imaginario. Hasta ahora, ella ha obtenido ciertos resultados, pero no tiene todavía reglas y se presta a toda clase de equivocaciones.
No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, que tiene relación con la medicina, o con la psicología o con las ciencias afines. Ella es también muy joven. Freud ha muerto hace a penas 35 años. Su primer libro La interpretación de los sueños ha sido publicado en 1900, y con muy poca repercusión. Creo que ha tenido 300 ejemplares vendidos por aquellos años. Tenía también muy pocos alumnos, que pasaban por locos, y ellos mismos no se ponían de acuerdo sobre la manera de poner en práctica y de interpretar lo que habían aprendido.
- ¿Qué es lo que no marcha bien en el hombre?
- Hay una gran fatiga de vivir, resultado del camino hacia el progreso. Se espera del psicoanálisis que descubra hasta donde se puede ir arrastrando esta fatiga, este malestar de la vida.
- ¿Qué empuja a la gente a psicoanalizarse?
- El miedo. Cuando le pasan cosas, mismo cosas que ha querido, que él no comprende, el hombre tiene miedo. Sufre por no comprender y poco a poco entra en un estado de pánico, es la neurosis. En la neurosis histérica el cuerpo enferma por el temor de estar enfermo, sin estarlo en realidad. En la neurosis obsesiva el miedo pone cosas bizarras en la cabeza… pensamientos que uno no puede controlar, fobias en las cuales formas y objetos adquieren significaciones diversas y espantosas.
- ¿Por ejemplo?
- Llega a la neurosis de sentirse empujado por una necesidad horrorosa, de ir a verificar decenas de veces si la canilla está verdaderamente cerrada o si tal cosa está bien en su sitio, sabiendo con certeza que la canilla está como debe ser, y que todo está en su sitio. No hay píldora que cure esto. Tú debes descubrir por qué se llega y saber lo que esto significa.
- ¿Y el tratamiento?
- La neurosis es una enfermedad que se trata con la palabra, ante todo con la suya. Él debe hablar, contar, explicar,... el mismo Freud lo define así “asunción de la parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otro”.
El psicoanálisis es el rey de la palabra, no hay otro remedio. Freud explicaba que el inconsciente, no es tan profundo más bien es inaccesible a la profundidad conciente. Y decía también que en este inconsciente “eso habla”: un sujeto en el sujeto, transcendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.
- ¿Palabra de quién?; ¿del enfermo o del psicoanalista?
- En psicoanálisis, los términos enfermo, médico, medicina, no son exactos, no son utilizados. Mismo las fórmulas pasivas que son utilizadas habitualmente no son justas. Se dice “hacerse psicoanalizar”. Eso es falso. Quien hace el verdadero trabajo en análisis es el que habla, el sujeto analizando, mismo si lo hace sobre al modo sugerido por el analista que le indica como proceder y lo ayuda por las intervenciones. Las interpretaciones le son abundantes, parecen al principio dar sentido a lo que el analizando dice.
En realidad la interpretación es más sutil, tiende a borrar el sentido de las cosas por las cuales el sujeto sufre. El objetivo es mostrarle a través de su propio relato que su symptôme, digamos la enfermedad, no está en relación con nada, está desprovista de todo sentido. Mismo si en apariencia es real, no existe.
Las vías por las cuales esta acción de la palabra procede demandan una gran práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la medida son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber medir la ayuda que uno da al analizante; es por esto que el psicoanálisis es difícil.
- Cuando se habla de Jacques Lacan, se asocia inevitablemente ese nombre a una fórmula: “el retorno a Freud”; ¿qué significa esto?
- Exactamente lo que he dicho. El psicoanálisis es Freud. Si uno quiere hacer psicoanálisis, es necesario referirse a Freud, a sus términos, a sus definiciones, leídos e interpretados en su sentido literal. Yo he fundado en París una escuela freudiana justamente para eso.
De esto hace veinte años y más que yo vengo explicando mi punto de vista: el retorno a Freud significa simplemente despejar el campo de las desviaciones y de los equívocos, de las fenomenologías existenciales, por ejemplo el formalismo institucional de las sociedades psicoanalíticas, retomando la lectura de su enseñanza según los principios definidos y catalogados en su trabajo. Releer Freud quiere decir solamente releer Freud. Aquel que no haga esto en psicoanálisis utiliza formas abusivas.
- Pero Freud es difícil. Y Lacan se dice lo vuelve incomprensible. ¿Se reprocha a Lacan de hablar, sobre todo de escribir, de tal manera que solo algunos iniciados puedan esperar comprender?
- Yo lo sé. Tengo la reputación de ser un confuso que oculta su pensamiento en las nubes de humo. Me pregunto por qué. A propósito del análisis repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo real”. ¿Está claro? Pero el psicoanálisis no es algo simple.
Mis libros son famosos incomprensibles. ¿Pero por qué? Yo no los he escrito para todos, para que sean comprendidos por todos. Al contrario, yo no me he preocupado un instante de disfrutar con algunos lectores. Yo tenía cosas que decir y las he dicho. Me basta con tener un público que lee, si no comprende tanto peor. En cuanto al número de lectores, yo he tenido más suerte que Freud. Mis libros son tan leídos que me asombra.
Estoy convencido que dentro de diez años como máximo, quien me leerá me encontrará transparente como un bonita copa de cerveza.
- ¿Cuáles son las características del lacanismo?
- Es un poco pronto para decirlo porque el lacanismo todavía no existe. Se percibe apenas el olor, como un presentimiento.
Quien crea que sea, Lacan es un señor que practica desde hace cuarenta años el psicoanálisis y que lo estudia desde tanto tiempo. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. Yo escribí en uno de mis libros que “a lo que nos conduce el descubrimiento de Freud es a la importancia del orden en el cual hemos entrado, en el cual estamos, si se puede decir, nacidos por segunda vez, saliendo del estado llamado justamente ‘infans’, sin palabra”.
El orden simbólico sobre el cual Freud ha fundado su descubrimiento está constituido por el lenguaje, como momento del discurso universal concreto. Es el mundo de las palabras quien creó el mundo de las cosas, inicialmente confusas en el todo devenir. Solo las palabras dan un sentido consumado a la esencia de las cosas. Sin las palabras nada existiría. ¿Qué sería del placer sin el intermediario de la palabra?
Mi idea es que Freud enunciando en sus primeras obras (La interpretación de los sueños, Más allá del principio del placer, Tótem y Tabú) las leyes del inconsciente, ha formulado, precursor de los tiempos, las teorías con las cuales Ferdinand de Saussure ha abierto el camino a la lingüística moderna.
- ¿Y el pensamiento puro?
- Sometido, como todo el resto, a las leyes del lenguaje, solo las palabras pueden introducirlo y darle consistencia. Sin el lenguaje, la humanidad no daría un paso adelante en las búsquedas sobre el pensamiento. Así el psicoanálisis. Cualquiera sea la función que se quiera atribuirle, agente de curación, de formación o de sondeo, sólo hay un medio para servirse: la palabra del paciente. Y cada palabra demanda una respuesta.
- ¿El análisis como dialogo, entonces? Hay personas que lo interpretan más bien como un sucedáneo laico de la confesión…
- Pero qué confesión. Al psicoanalista uno no confiesa nada. Uno va a decirle simplemente todo lo que le pasa por la cabeza. Palabras precisamente. El descubrimiento del psicoanálisis, es el hombre como animal hablante. Es el analista a quien le corresponde poner en serie las palabras que escucha y de darle un sentido, una significación. Para hacer un buen análisis, es necesario un acuerdo, una afinidad entre el analizando y el analista.
A través de las palabras de uno, el otro busca hacerse una idea de lo que se trata, y encontrar más allá del symptôme aparente el nudo difícil de la verdad. Otra función del analista es explicar el sentido de las palabras para hacer comprender al paciente lo que puede esperar del análisis.
- Es una relación de extrema confianza.
- Más bien un intercambio. En el cual lo importante es que uno habla y el otro escucha. Mismo en silencio. El analista no hace preguntas, y no tiene idea. Da solamente las respuestas que quiere dar a las cuestiones que suscitan su oportuna voluntad. Pero, a fin de cuentas, el analizando va siempre donde el analista lo lleva.
- Eso es la cura. ¿Y las posibilidades de curación? ¿Se sale de la neurosis?
- El psicoanálisis tiene éxito cuando desembaraza del campo, tanto del symptome como de lo real, así llega a la verdad.
- ¿Se puede explicar este concepto de una manera menos lacaniana?
- Yo llamo symptome a todo lo que viene de lo real. Y lo real es todo lo que no va, lo que no funciona, lo que hace obstáculo a la vida del hombre y a la afirmación de su personalidad. Lo real vuelve siempre al mismo sitio, se lo encuentra siempre ahí con las mismas manifestaciones. Los científicos tiene una bella fórmula: que no hay nada de imposible en lo real. Hace falta ser muy caradura para hacer afirmaciones de este género, o bien como yo lo sospecho, poseer una ignorancia total de lo que se hace, y de lo que se dice.
Lo real y lo imposible son antitéticos; no pueden ir juntos. El análisis empuja al sujeto hacia lo imposible, le sugiere considerar al mundo como es verdaderamente, es decir, imaginario y sin ningún sentido. Mientras que lo real, como un ave voraz, no hace más que nutrirse de cosas sensatas, de acciones que tienen un sentido.
Siempre se escucha repetir, que es necesario dar un sentido a esto y aquello, a sus propios pensamientos, a sus propias aspiraciones, a los deseos, al sexo, a la vida. Pero de la vida nosotros no sabemos nada de nada, aunque los científicos quieran dar explicaciones.
Mi temor es que por su error, lo real, cosa monstruosa que no existe, terminará por tomar la delantera. La ciencia esta substituyendo a la religión, con tanto despotismo, de oscuridad y de oscurantismo. Hay un dios átomo, un dios espacio, etc. Si la ciencia o la religión le ganan, el psicoanálisis ha terminado.
- ¿Cuál es la relación hoy entre la ciencia y el psicoanálisis?
- Para mi la única ciencia verdadera seria a seguir, es la ciencia ficción. La otra, la que es oficial, quien tiene sus altares en los laboratorios avanza a tientas sin destino y comienza incluso a tener miedo de su sombra.
Parece que ha llegado también para los científicos el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, revestidos de sus batas almidonadas, esos viejos niños que juegan con cosas desconocidas, manipulando aparatos cada vez más complicados, e inventando fórmulas cada vez más recónditas, comienzan a preguntarse lo que podrá sobrevenir mañana y lo que terminarán por aportar sus investigaciones siempre nuevas. En fin, diría yo, ¿y si fuera demasiado tarde? Se los llama biólogos, físicos, químicos,... para mí son locos.
Recién ahora, cuando ellos están destruyendo el universo, se les ocurre preguntarse si por casualidad esto no podría ser peligroso. Y ¿si todo estallara?; ¿si las bacterias tan amorosamente criadas en los blancos laboratorios se transmutaran en enemigos mortales?; ¿si el mundo fuera arrollado por una horda de esas bacterias con toda la mierda que lo habita, comenzando por los científicos de los laboratorios? A las tres posiciones imposibles de Freud, gobernar, educar, psicoanalizar, yo agregaría una cuarta: la ciencia. Salvo que ellos, los científicos, no saben que están en una posición insostenible.
- ¿Es una visión pesimista de lo que comúnmente se define como el progreso?
- En absoluto, yo no soy pesimista. No pasará nada. Por la simple razón que el hombre es bueno para nada, incluso incapaz de destruirse. Una calamidad total promovida por el hombre, personalmente yo encontraría eso maravilloso. La prueba que finalmente él hubiera tenido éxito en fabricar algo con sus manos, con su cabeza, sin intervención divina, natural u otra.
Todas esas bellas bacterias bien alimentadas se pasean en el mundo, como los saltamontes bíblicos, significarían el triunfo del hombre. Pero eso no pasará. La ciencia tiene su buena crisis de responsabilidad. Todo entrará en el orden de las cosas, como se dice. Yo lo he dicho, lo real irá ganando como siempre, y nosotros estaremos perdidos como siempre.
- Otra de las paradojas de Jacques Lacan. Se le reprocha no solamente la dificultad del lenguaje y la oscuridad de los conceptos, los juegos de palabras, las bromas lingüísticas, los retruécanos a la francesa, y precisamente las paradojas. El que escucha o quien lee tiene el derecho de sentirse desorientado.
- Yo no agrado del todo, digo cosas muy serias. Salvo que yo utilice las palabras, como los científicos utilizan sus alambiques y sus artilugios electrónicos. Yo busco siempre remitirme a la experiencia del psicoanálisis.
- Usted dice: lo real no existe. Pero el hombre medio sabe que lo real es el mundo, todo lo que lo rodea, lo que se ve con el ojo desnudo, se toca…
- En primer lugar, saquemos este hombre medio que para comenzar no existe, es solamente una ficción estadística, existen individuos y es todo. Cuando yo escucho hablar del hombre de la calle, de sondeos, de fenómenos de masa o de cosas parecidas, pienso en todos los pacientes que he visto pasar sobre el diván de mi consultorio en cuarenta años de escucha. No hay uno, quien sea de alguna manera parecido al otro, ni uno con las mismas fobias, las mismas angustias, la misma manera de contar, el mismo miedo de no comprender. El hombre medio ¿quién es? ¿yo, usted, mi portero, el presidente de la República?
- Nosotros hablamos de lo real, del mundo que todos nosotros vemos…
- Precisamente. La diferencia entre lo real, a saber lo que no va, y lo simbólico y lo imaginario, a saber la verdad, es que lo real es el mundo. Para constatar que el mundo no existe, que no es, basta pensar en todas las cosas banales que una infinidad de personas estúpidas creen ser el mundo. Y yo invito, a los amigos de Panorama, antes de acusarme de paradojal, a reflexionar acerca de lo que ellos acaban de leer.
- Cada vez más pesimista, se diría…
- Eso no es verdad. Yo no me ubico ni entre los alarmistas ni entre los angustiados. Cuidado si un psicoanalista no ha superado su estado de angustia. Es verdad, hay alrededor nuestro, cosas horripilantes y devoradoras como la televisión, por las cuales la mayoría de nosotros se encuentra regularmente fagocitada. Pero es solamente porque las personas se dejan fagocitar, ellos llegan a inventarse un interés por lo que ven.
Después, hay otros artilugios monstruosos también devoradores, los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo del mar, etc.,… todas cosas que devoran, pero no hay por qué hacer un drama. Yo estoy seguro que cuando nos cansemos de tantos cohetes, de la televisión y de todas sus malditas investigaciones vacías, encontraremos otras cosas para ocuparnos. Hay una reviviscencia de la religión, ¿no?; ¿Y qué mejor monstruo devorador que la religión, un mercado continuo, para divertirse durante siglos como ya ha sido demostrado?
Mi respuesta a todo esto es que el hombre siempre ha sabido adaptarse al mal. El solo real concebible al cual nosotros tendríamos acceso es precisamente este, será necesario inventarse una razón. Dar un sentido a las cosas como se diría. De otro modo, el hombre no tendría angustia. Freud no habría devenido célebre y yo sería profesor de colegio.
- Las angustias: ¿son siempre de este tipo o bien hay angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a ciertas etapas históricas, a ciertas latitudes?
- La angustia del científico que tiene miedo de sus propios descubrimientos puede parecer reciente, pero qué sabemos nosotros de lo que ha pasado en otras épocas, de los dramas de otros investigadores? La angustia del obrero remachado a la cadena de montaje como al remo de una galera, es la angustia de hoy en día. ¿O simplemente está ligada a las definiciones y a las palabras de hoy?
- ¿Pero qué es la angustia para el psicoanálisis?
- Algo que se sitúa en el exterior de nuestro cuerpo, un temor, un temor de nada que el cuerpo, pueda motivar. En suma, el miedo al miedo. Muchos de esos miedos, muchas de esas angustias, al nivel donde nosotros los percibimos, tienen algo que ver con el sexo.
Freud decía que la sexualidad, para el animal parlante que llamamos hombre, no tiene remedio ni esperanza. Uno de los deberes del analista es encontrar en las palabras del paciente el lazo entre la angustia y el sexo, ese gran desconocido.
- Ahora que se pone al sexo en todas las salsas, sexo en el cine, sexo en el teatro, en la televisión, en los diarios, en las canciones, en la playa, uno escucha decir que las personas están menos angustiadas por los problemas ligados a la esfera sexual. Los tabúes han caído, se dice, el sexo no da más miedo...
- La sexomanía galopante es solamente un fenómeno publicitario. El psicoanálisis es una cosa seria que mira, repito, una relación estrictamente personal entre dos individuos: el sujeto y el analista. No existe un psicoanálisis colectivo, como no existen angustias o neurosis de masa.
Que el sexo sea puesto al orden del día y expuesto en todas las esquinas de las calles, tratado de la misma manera que cualquier detersivo en los carruseles televisivos, no constituye absolutamente una promesa de algún beneficio. No digo que esté mal. Por supuesto, esto no sirve para curar las angustias y los problemas singulares. Esto es parte de la moda, de esta falsa liberación que nos ha sido provista por la supuesta sociedad permisiva. Pero no sirve al nivel del psicoanálisis.
* Autora del libro: Caterina da Siena. Umile e sapiente vergine domenicana
Traducido por:
Olga Mabel Máter – licmater@fibertel.com.ar
Alejandra Freschi – alejandra_freschi@hotmail.com
Referencias
[1] Revista Tel quel, publicación de difusión en Francia.
[2] Epígono: Término que señala “El que sigue las huellas de otro. Se dio esta denominación a los hijos de los siete héroes que en la guerra contra Tebas perecieron al mando del rey Adrasto de Argos y fueron vengados por aquellos diez años después.” Agrega el diccionario: “Seguidor de una escuela o estilo anterior.”. Gran Enciclopedia Universal Tomo 14 página 4278. (2005).
[3] Se respeta como se presenta en la versión original, debido a las connotaciones teórico-clínicas que implica dicho significante en la enseñanza lacaniana.
Fuente: El Sigma
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Una Introducción a Lacan (Parte 6)
Digamos primero que el Otro es alteridad radical, recuerden la otra escena de la que hablaba Freud a propósito de los sueños. Ya habíamos dicho que el Otro, (A), vean el grafo de la clase anterior, es quien sanciona el mensaje. Ahora tenemos que precisar que no se trata de alguien; es una alteridad no personal. Es el lugar donde el decir es leído y sancionado como dicho. Lacan dirá que es un sitio para destacar que no es un lugar espacial; de aquí se desprende que es el tesoro del significante y las reglas de su empleo.
Dijimos ni alteridad personal ni lugar espacial. Sin embargo alguien puede encarnar al Otro, pero presten atención: que el interlocutor esté para el hablante en el lugar del Otro, no quiere decir que lo sea. Usamos deliberadamente el verbo encarnar para dejar traslucir que se trata de una carnada, que como en la pesca es un engaño. Es que el Otro no es el interlocutor sino el lugar evocado en el recurso a la palabra. Aclaramos que cuando decimos palabra aludimos al habla en el sentido saussureano.
El Otro es el compañero del lenguaje, mas precisamente el hecho de que haya lenguaje implica que el habla este dirigida a un otro. Para que este otro pueda sancionar una palabra como tal es necesaria la función del Otro como tesoro del significante. Desde esta perspectiva ¿que se dice cuando se habla de dependencia? Se tiende a pensar que se trata de dependencia con respecto a alguien: la llamada dependencia afectiva. En verdad no hay dependencia que no sea dependencia del lenguaje. Vayamos a Freud y a su "Proyecto...". En el punta titulado "La experiencia de satisfacción", se plantea que el organismo humano es incapaz al principio de realizar por si solo acciones especificas (tendientes a lograr el retorno al equilibrio de cantidad); ante las cargas solamente puede recorrer la vía de la alteración interior (grito, expresión de las emociones, etc.); este modo de descarga ineficaz es sancionado como mensaje por el asistente, quien con su ayuda permite realizar la acción especifica. La vía de descarga adquiere la función secundaria del entendimiento; según Ballesteros, de la comunicación. Remarquemos que la función de la comunicación es un efecto del encuentro con el Otro. Es obvio que se depende de alguien, pero de alguien que diga que el sujeto dice: función que no podría cumplir si no estuviera soportado por el lenguaje.
Lo dicho hasta ahora nos lleva al Otro de la primera dependencia: la madre, que es quien primordialmente encarna al Otro. Es en la madre como función donde el sujeto se encuentra con el significante -de ahí que se hable de lengua materna-, no con el código de la madre sino con el lugar del Otro que la madre encarna. Esto demuestra que el lenguaje siempre viene del Otro. El sujeto mas que con la madre se encuentra con el significante en la madre. En tanto ella encarna al Otro el sujeto puede tener la ilusión de una relación intersubjetiva, cuando en verdad se encuentra con la radical alteridad del significante.
Reflexionemos sobre esta radical alteridad. Nada resulta tan extraño y ajeno como lo inconsciente. Seguramente ustedes habrán escuchado la formula de Lacan, "El inconsciente es el discurso del Otro"; agreguemos que es ese discurso el que instaura en el sujeto ese lugar Otro que es el inconsciente. Digamos mejor que es sujeto el que es instaurado en ese lugar ya que habla a partir de allí. Tomemos el ejemplo del lapsus y la pregunta que se impone: ¿quien habla en el lapsus? Conocemos por Freud la respuesta la que implica que el verdadero sujeto de la palabra es el inconsciente.
Seguramente encontraran la mayor dificultad para entender esto en el hecho de que, como dice Lacan, quien (habla y a quien se habla suponen una misma pregunta y una misma, respuesta: el Otro. Antes dijimos que el Otro es el tesoro del significante, ahora decimos que es lo inconsciente, y agreguemos, las leyes del inconsciente son las leyes del significante o sea su articulación. Insistamos: el significante es consustancial a la articulación, no es otra cosa que la articulación. Cuando planteamos que el significante es diferencia, esta diferencia aparece sostenida en la articulación. Afirmación tan fuerte en Lacan que llega a decir que no hay nada que se nos presente como articulado que no sea significante, "... solo se habla de articulación en el mundo porque esta el significante".
Hay también un sentido de apelación al Otro; de hecho hablar es llamar al Otro porque el Otro es el lugar donde el decir se plantea como verdadero. Señalemos de paso que el problema de la verdad solo puede ser planteado y solo es atinente al significante y por lo tanto al Otro como lugar. Si hablar es llamar al Otro para situar la verdad de lo que se dice, entonces hablar es hacer resurgir la verdad cada vez que se habla. La verdad entonces no tiene características de permanencia, por así decirlo, sino que no es más que fugacidad.
La función del Otro determina la posición del sujeto; con esto queremos decir, por ejemplo, su posición dentro de la cadena de las generaciones, lo que evoca la función paterna con todo lo de orden e interdicción que supone. Piensen que no habría posibilidad de ubicarse generacionalmente si no fuese en una articulación significante; seria impensable ser hijo de un padre fuera del campo del lenguaje.
Faltaría agregar que el Otro es también el Otro sexo, mas específicamente la mujer (en rigor deberíamos tachar el la) es el Otro sexo tanto para el hombre como para una mujer. Recuerden el enigma de la femineidad del que hablaba Freud.
Partes publicadas:
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4
Parte 5
Parte 6
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Diálogo con Piera Aulagnier
Los temas a los que Piera Aulagnier hace referencia en esta entrevista son:
La pulsión de muerte: deseo de no deseo
Pasión de transferencia. Alienación y ética del psicoanálisis
El Psicoanálisis francés contemporaneo
La relación teórica-clínica
Luis Hornstein. Usted teoriza sobre el principio de permanencia y el de cambio en el proceso identificatorio. Para facilitar la tarea de sus lectores y trasladando esto a su obra, ¿qué es lo que permanece y qué es lo que cambia en su proceso de investigación?
Piera Aulagnier. Creo que en mi investigación lo que persiste es una manera de concebir la teoría analítica como la que intenta esclarecer las condiciones necesarias para que el yo pueda existir y la actividad de pensamiento sea posible. En resumen, yo he privilegiado en mi investigación -lo que también creo es un hilo conductor en Freud- la problemática de la identificación. Eso es así desde el comienzo y -así lo espero- será verdadero hasta el final. Creo que por los interrogantes que nos plantea la identificación podemos entender mejor la complejidad del aparato psíquico del cual el yo cree ser el único que lo habita, siendo esa una ilusión que él defiende contra viento y marea.
Es a partir de una teoría del yo que podemos dar cuenta de los obstáculos que debe enfrentar el sujeto para poder lograr ese mínimo de autonomía que es necesario para su funcionamiento psíquico. El proceso identificatorio es la cara oculta de ese trabajo de historización.
El yo no puede advenir más que siendo su propio biógrafo. Su historia es tanto libidinal como identificatoria. Esta historia exigirá periódicamente la inversión de una parte de sus parágrafos, hará necesaria la desaparición de algunos y la invención de otros para arribar a una versión que el sujeto cree definitiva pero que debe permanecer abierta para ese trabajo de reconstrucción, de reorganización de sus contenidos, y especialmente de sus causalidades cada vez que ello se revele necesario. Es sólo porque esta versión de su historia es modificable que el sujeto puede asegurarse su propia permanencia y aceptar los inevitables cambios psíquicos y físicos. Por eso -para responder a su pregunta- lo que perdura es el privilegio que le otorgo a la problemática identificatoria.
EL VINCULO REALIDAD PSÍQUICA-REALIDAD
Luis Hornstein. Luego de haber renunciado -con razón- a convertir el análisis en una ortopedia del yo, se visualiza en los analistas franceses con más trayectoria teórica una preocupación creciente por temas vinculados a la instancia yoica, al pensamiento y al narcisismo. Laplanche, en 1970, decía que es preciso construir una teoría analítica del yo; también Pontalís escribió en 1975 que los analistas franceses se estaban enfrentando al retorno de lo represor, aludiendo a la necesidad de dar cuenta teóricamente tanto del yo como del superyó. Actualmente, tanto usted como otros (Anzieu, Mc. Dougall, Green, Rosolato, Enriquez, Dayan) se interrogan acerca del problema del yo y de la realidad. Pareciera que los analistas franceses han decidido que el yo es demasiado importante para entregarlo a la ego-psychology. ¿Cómo ve usted esta relativa convergencia?
Piera Aulagnier. Creo que efectivamente hay una tendencia en el análisis francés -que debe mucho a Lacan- a abordar de otra manera el concepto de yo [moi] freudiano. Persiste la crítica que Lacan inauguró al registro de la ego-psychology que tiene su área de influencia en Estados Unidos. Pero no diría que la mayor parte de los analistas franceses le asignan gran importancia a la relación entre el yo y la realidad. Más bien he sido criticada por algunos analistas porque le otorgo importancia a la realidad. Crítica que -debo decirlo- creo justificada. Si hay una cuestión a la que el analista está siempre enfrentado es a la relación realidad psíquica-realidad. No veo cómo puede ser estuadiada esa relación sin tomar en cuenta el vínculo que el sujeto tiene con la realidad. Para mí, desconocer uno de los aspectos de esa relación es tan absurdo como estudiar la relación lactante-madre dejando de lado a la madre como representante de la realidad. Así como en el otro extremo, no considerando la fantasmatización del niño y postular que ésta es una respuesta pasiva del niño al deseo inconsciente materno.
Asignar -como la mayoría de los analistas- un lugar predominante a la madre no implica un olvido del padre. Desde el comienzo de la vida el padre ejerce una acción modificante sobre el medio ambiente que rodea al recién nacido. Pero en la casi generalidad de los casos una persona -generalmente la madre- tiene un papel fundamental en la respuesta a las necesidades del bebé -tanto de autoconservación como libidinales-. Es, por lo tanto, la fuente de las primeras experiencias de placer y de sufrimiento. Es por eso que a partir de ella surgirá el primer signo de la presencia del padre o de su ausencia, y la elección de esos "signos" dependerá de su relación con ese padre. Ulteriormente el niño podrá recusar esos signos para forjar los suyos e instaurar una relación con el padre en acuerdo o en desacuerdo con aquella que la precedía. Es indudable que en el registro temporal la relación con la madre es previa así como el embarazo induce en ella una forma de investimiento que es diferente del investimiento con el que el padre espera a su hijo.
Creo que hay que abordar la problemática de lo psíquico teniendo siempre presente que el sujeto adviene en un espacio relacional. Hay dos tendencias que se pueden caracterizar así: la primera, que se considera heredera del pensamiento freudiano y kleiniano, para la cual el campo de la psicopatología sería totalmente reductible a un develamiento de la actividad fantasmática. Llevada al límite, pueden decir que no importa cuál sea la realidad siempre habrá una fantasmatización que será la misma, y los cambios y reelaboraciones fantasmáticas no serán jamás en función de aquello que aparece en la realidad sino en función de una economía interna (gran tolerancia o no a la frustración, desintrincación pulsional, fijaciones, etc.). Todo reenvía a la problemática interna del sujeto. Es verdad que esto exagera algo que estuvo presente en Freud en algunos de sus escritos. La segunda tendencia -que va al otro extremo- es la que se encuentra en la Escuela de Palo Alto y en ciertas teorías francesas que conciben al niño psicótico como expresión de la patología familiar o en ciertas postulaciones antipsiquiátricas que conciben la psicosis desde la sociogénesis. Creo que ambas tendencias son erróneas.
Pienso que ciertas circunstancias vividas imponen a la psique lo que llamo fantasmatización obligada. Así como ciertos encuentros en el campo objetal y social pueden perturbar un trabajo de elaboración fantasmática, de identificaciones que el yo había podido lograr antes de esos encuentros. Esa es mi posición en relación con el vínculo realidad psíquica-realidad que se diferencia de la tendencia más extendida en los analistas que tienden a otorgar una exclusividad en el registro de la causalidad a la problemática interna del sujeto.
PSICOSIS, REPRESENTACIÓN, HISTORIA
Luis Hornstein. Su teoría de la psicosis no se reduce a concebirla como mero producto de un proceso deficitario. Al definir la problemática psicótica por sus carencias se ilustran ciertas regresiones pero no se da cuenta del trabajo de reinterpretación que efectúa el psicótico. Según la mejor tradición freudiana usted utiliza la psicopatología para construir la metapsicología. Sus elaboraciones sobre el pensamiento delirante, ¿qué conclusiones le permiten extraer acerca del pensamiento en general?
Piera Aulagnier. No es una pregunta fácil. Creo que es verdad que la psicosis me ha enseñado mucho y no sé si tendría la misma concepción de la metapsicología si desde los comienzos de mi práctica no me hubiera interesado de manera privilegiada en la psicosis. Puede sonar como una boutade pero enfrentada a un psicótico siempre me he preguntado cuáles son las condiciones que permiten que un sujeto no sea psicótico. Eso es lo que primordialmente he aprendido en mi contacto con la psicosis.
Es cierto lo que usted dice, que rechazo concebir al pensamiento psicótico como efecto de no se sabe qué déficit o de una represión que no se ha producido, y que jerarquizo todo ese trabajo de construcción que debe hacer el sujeto que ha basculado hacia la psicosis para poder lograr insertarse en una temporalidad que no lo condene a vivir indefinidamente en el presente lo que ha vivido en el pasado, para intentar tener un proyecto identificatorio.
A partir de la psicosis me he planteado, efectivamente, cuáles son las condiciones que deben estar presentes en el discurso y en el comportamiento materno para preservar al niño de un devenir psicótico. Quiero decir algo que me parece importante: ningún analista que conozca todo lo posible a una pareja que ha tenido un hijo, supongamos que los hubiera analizado y conociera sus problemas, sus fantasías, sus conflictos, etc., etc., podría concluir: ya que la pareja funciona así, el niño será así. Eso es el tipo de causalidad estrictamente imposible. Felizmente existe lo impredecible en el devenir del sujeto. Eso no quiere decir que no podamos decir algo. Si se puede decir que a partir de una cierta relación en la pareja, de lo que va a representar el niño para la pareja y para cada uno de los padres, a partir de la historia que precede -y sostiene- al deseo de tener un niño en cada uno, el analista puede decir que hay grandes probabilidades de que el niño tienda a construir una defensa psicótica, neurótica o somática. Hay probabilidades pero no certezas. Y no hay certezas porque no debemos nunca olvidar el poder de metabolización, de renegociación, de transformación que la psique puede operar a partir de las experiencias que vive. Felizmente hay un margen para lo impredecible en el funcionamiento psíquico.
Volviendo al tema, ¿cuáles son las condiciones para evitar que el niño deba recurrir a una defensa psicótica? Si bien hay una primera violencia tan abusiva como necesaria que hace que la madre interprete al niño y sus expresiones corporales y que hace que el sujeto entre al campo de discurso, esta violencia primaria es positiva si es limitada en el tiempo. Pero, ¿qué pasa en ciertas relaciones madre-hijo? Uno ve la imposibilidad para la madre de aceptar que cambie aquel momento en que ella era para el niño condición de vida.
Luis Hornstein. Usted escribió que hay un deseo en la madre que si emerge es nefasto para el niño: que nada cambie.
Piera Aulagnier. Así es, "que nada cambie". En ese caso opera la violencia secundaria que puede -si el niño no encuentra una respuesta que lo proteja- conducir a una mutilación de la actividad de pensamiento. Una segunda condición es aquella que he intentado conceptuar como el derecho al secreto. Es la posibilidad que el niño tiene de poder preservar algunos pensamientos como propios y para los cuales la madre y el mundo exterior en general no tienen derecho de mirada.
Por supuesto es preciso considerar lo que significa en el inconsciente de la madre el ser madre. En la madre hay una realidad psíquica ya historizada que anticipa aquello que se juega, en su encuentro con el niño y que decodifica los primeros signos de éste a través del filtro de su propia historia, escribiendo de esa manera los primeros parágrafos de eso que devendrá la historia del niño. La relación de esa madre con el niño, por su propia historia infantil, por aquello que retorna desde su Otra escena, por su relación con su propio cuerpo; todos estos elementos organizan el tipo y calidad de investimiento libidinal del niño.
DESEO DE HIJO, DESEO DE MATERNIDAD
Luis Hornstein. Usted plantea que el niño hereda un anhelo que prueba que él mismo no es la realización plena del deseo materno y esa no estagnación fetichista de sí mismo le permite ser sucesor de un deseo que circula. También diferencia usted el deseo de hijo del deseo de maternidad.
Piera Aulagnier. Sí; la diferencia que yo establezco es que en ciertos casos si uno escucha el discurso manifiesto de la madre, o si uno presta atención al vínculo con el niño se puede constatar que tienen el deseo de tener un niño, pero es necesario diferenciar el deseo de hijo con toda la evolución que ello implica: tener un hijo de la madre, tener un hijo del padre hasta llegar a desear un hijo del hombre que se lo puede dar. Este deseo de hijo debe ser diferenciado del deseo de maternidad que es el deseo de repetir en forma especular su relación con la madre. Este deseo es catastrófico para el niño. Lo catastrófico es que para estas mujeres es imposible aceptar lo nuevo. En francés decimos "nuevo nacido" (recién nacido). Estas mujeres pueden aceptar que alguien haya nacido pero no que sea algo nuevo. En El aprendíz de historiador elaboré una hipótesis acerca de otro tipo de drama que se encuentra en algunas mujeres, al que llamé el crimen de lesa Tánatos. En esos casos, el nacimiento es vivido como la consumación de un crimen -eso me parece evidente en la madre de Philippe-. Traté de mostrar cómo en ella hay una desconexión del registro temporal.
En un texto recién publicado analicé otra particularidad que llamé traumatismo del encuentro; hay ciertas mujeres que al enfrentarse al niño no pueden establecer una relación entre la representación psíquica del niño que esperaban y del niño real que está ante ellas. Sabemos que todo investimiento de un objeto real presupone el investimiento de la representación psíquica de ese objeto.
Luis Hornstein. Eso me recuerda su viejo concepto de cuerpo imaginado, previo al de sombra hablada.
Piera Aulagnier. Sí, ciertamente, pero si bien es algo que va en el mismo sentido, hay diferencia -por suerte, porque pasaron 20 años-. Cuando hablaba de cuerpo imaginado me refería a madres que ubicaba del lado de la psicosis. En estos casos, a los que me refiero actualmente, se trata de madres que no pueden enfrentar lo imprevisto del cuerpo del niño real. Es una situación absolutamente dramática y lo vinculo a ciertas formas de autismo precoz. El infans debe ser investido por la libido materna pero, ¿cómo investir a alguien del cual no se tiene representación psíquica? No es posible investir una representación que rompe la propia historia y que no puede insertarse en ella. El recién nacido se sitúa fuera de su historia y pone en riesgo la totalidad de su construcción identificatoria.
EL LENGUAJE, EL INCONSCIENTE Y EL YO
Luis Hornstein. Hay en su obra una ausencia que llama la atención: el superyó.
Piera Aulagnier. Usted tiene razón. Aunque no puedo decir que yo no tenga un superyó. Cuando me refiero a esa instancia, utilizo el término ideal del yo. En mi manera de concebir la psique, la acción del superyó la veo en los ideales que el yo se propone con todas sus exigencias y sus excesos posibles. Tal vez haya otra razón y es que utilizo el término yo que no es equivalente al yo [moi] freudiano y que, a partir de esto, para mí el ideal del yo tome el lugar que en la metapsicología freudiana tiene el superyó. Creo que ésa es la razón.
Luis Hornstein. Cuando usted insiste en la diferencia entre el yo [moi] freudiano y su yo ¿en qué piensa?
Piera Aulagnier. Pienso esencialmente que mi concepción del yo debe mucho a Lacan. Para mí el yo es una instancia que está directamente vinculada al lenguaje. No hay lugar en mi concepción metapsicológica para el concepto freudiano yo-ello indiferenciado. En ese sentido, no se puede hacer una equivalencia entre la manera como Freud se sirve del concepto de yo [moi] y lo que he definido como yo. Definí un concepto para mí fundamental que es el yo anticipado y no se puede hablar de un yo [moi] anticipado en el discurso maternal. En esto soy fiel (fiel no quiere decir que no lo interprete a mi manera) al lugar que Lacan da al discurso en el nacimiento de esa instancia que llamo yo y que se constituye por la apropiación de esos primeros enunciados identificantes construidos por la madre. El yo anticipado es un yo historizado que inscribe al niño desde el comienzo en un orden temporal y simbólico. Mi diferencia con Lacan es que para mí el yo no está condenado al desconocimiento ni es una instancia pasiva. Si bien sus primeros identificados son provistos por el discurso materno, el yo es también una instancia identificante y no es un producto pasivo del discurso del Otro. Si todo discurso es engañoso es también engañoso el discurso que dice que todo discurso es engañoso. Una cosa es decir que no hay verdad definitiva y otra decir que toda verdad es un error que será reemplazada por otro error. Este enunciado es paradójico y sólo se sostiene porque aquel que lo enuncia está convencido de que estos enunciados acerca de lo que es verdadero y falso son verdaderos. He ahí la paradoja. Si se lleva esto hasta sus últimas consecuencias se descalifica toda relación con la realidad.
Luis Hornstein. ¿Por qué utiliza el término metabolización?
Piera Aulagnier. Para subrayar que para mí la psique es en todos sus procesos una actividad de representación. Alguien a quien aprecio mucho, André Green, me ha preguntado por qué no utilicé en lugar de metabolización el término de transformación y decir que la psique transforma una información exterior en representación.
Le respondí que para mí metabolización tiene un sentido más duro, más esencial que transformación, ya que alude a la transformación de lo heterogéneo en lo propio.
Luis Hornstein. ¿Usted dice que el yo está estructurado desde el lenguaje?
Piera Aulagnier. Porque para mí el yo se origina en los primeros enunciados producidos por el discurso maternal. Por el contrario, no creo que el ello esté estructurado como un lenguaje.
Luis Hornstein. A eso iba mi pregunta, ¿y el inconsciente reprimido?
Piera Aulagnier. En eso soy freudiana. Lo reprimido alude a un cierto número de representaciones y de representacines identificatorias que se han vuelto incompatibles con la posición que el yo ha advenido a ocupar. Creo que en mi manera de concebir, lo reprimido permanezco muy fiel a la manera como Freud concebía lo reprimido.
LA PULSION DE MUERTE: DESEO DE NO DESEO
Luis Hornstein. En "Condenado a investir" usted dice que la pulsión de muerte se manifiesta clínicamente como un movimiento de desinvestidura del objeto; desinvestidura que no se realiza en beneficio de otro objeto sino que amenaza todo objeto. Define como meta de Tánatos el deseo de no deseo. Postula que el sufrimiento que se prolongue en el tiempo corre el riesgo de facilitar el trabajo de desinvestidura propio de Tánatos. Usted parece postular un sufrimiento elaborativo todavía al servicio de Eros y otro no elaborativo. Parafraseando a Freud, ¿habría un sufrimiento traumático y otro señal?
Piera Aulagnier. Postulo efectivamente que hay un tipo de sufrimiento que está ligado al investimiento preservado del objeto y se sufre por la pérdida. Generalmente ése es el registro del sufrimiento neurótico y es cierto que ese sufrimiento nos permite trabajar analíticamente, ya que se repite en la relación transferencial. Es el trabajo del duelo del que hablaba Freud pues está ligado al desinvestimiento de un objeto para poder recuperar la libido y ponerla al servicio de otro investimiento.
El otro tipo de sufrimiento se encuentra especialmente en la psicosis y en depresiones graves. Deja en la vida psíquica un agujero, un borramiento de toda huella de que un objeto había sido investido. Esta desinvestidura no se realiza en beneficio de otro objeto sino que amenaza todo objeto, toda experiencia que para poseer una existencia psíquica exige la actividad de ligar, propia de Eros. Todo acto de desinvestidura logrado no deja ninguna huella y conduce a la abolición, la disolución, el borramiento definitivo de la representación del objeto. La victoria de la pulsión de muerte conlleva una nada en ese conjunto de objetos que constituyen el capital representativo del sujeto y en el conjunto de soportes del que podría disponer su capital libidinal. Por ello propuse hace tiempo que la meta de Tánatos es un deseo de no deseo y su forma de lograrlo es a través de una desinvestidura que, más allá del objeto preciso al que parece apuntar, concierne a la totalidad de los objetos investidos por Eros. La meta última de la pulsión de muerte es la desaparición de la totalidad de los soportes cuya investidura es simultáneamente la manifestación, la exigencia y la meta de las pulsiones eróticas. Es -entonces- la meta de Tánatos hacer desaparecer a todo objeto cuya ausencia se hace responsable del surgimiento del deseo y que obliga a reconocerse deseante de un objeto que falta. La meta de Eros es lograr que la desinvestidura se desarrolle paralelamente a la búsqueda y la localización de un nuevo soporte que pueda ser investido libidinalmente. No uso el concepto de pusión de muerte en forma metafórica, sino que para mí -como para Freud- el dualismo pulsional Eros-Tánatos está siempre en juego en el conflicto psíquico al cual accedemos clínicamente. Para mí la pulsión de muerte no es una categoría metafísica.
En el tipo de sufrimiento en que no hay investimiento del objeto para que el análisis sea posible hay que crear ciertas condiciones. Estas no están dadas de entrada, a diferencia del neurótico que ya está libidinalmente dispuesto para ingresar al campo transferencial. En aquellos casos no es así y es preciso todo un trabajo previo para hacer que la relación analítica sea posible. Desgraciadamente no creo que haya reglas generalizables. Todo va a depender de nuestra capacidad y de nuestra posibilidad de ubicarnos en la historia singular. Lo poco que persiste de la capacidad de investimiento hace que la relación sea muy frágil.
Hay que ser muy cuidadoso porque en estos casos los errores pueden ser muy graves para el sujeto -no me refiero al analista sino al sujeto que consulta-. Toda forma de aproximación muy brusca puede producir la interrupción del vínculo. Nuestra principal tarea es darle el mínimo de sentido al sufrimiento que él padece; si lo logramos el análisis se vuelve posible.
PASIÓN DE TRANSFERENCIA. ALIENACIÓN Y ETICA DEL PSICOANALISIS
Luis Hornstein. Desde hace tiempo usted enfatiza la importancia del proyecto terapéutico. ¿Cómo vincular esta reivindicación de la dimensión terapéutica del análisis con sus elaboraciones sobre la pasión de transferencia y la alineación? ¿Cómo se relaciona ello con la ética del psicoanálisis?
Piera Aulagnier. Para retomar la última parte de su pregunta no veo cómo la ética del psicoanalista puede olvidar su función terapéutica. El sujeto no viene a vernos porque forma parte de una intellegentsia, tampoco porque está movido por no sé qué deseo de saber, sino que viene porque sufre y para que lo ayudemos a superar su conflicto psicótico, neurótico u otro que es causa de su sufrimiento. Por ello es que pienso que la dimensión terapéutica es parte integrante de lo que hago cotidianamente cuando trabajo como analista.
Usted me pregunta cómo ligar esta reivindicación de la dimensión terapéutica con mi elaboración sobre la pasión transferencial y la alineación como consecuencia. Creo justamente que es el olvido de esta dimensión terapéutica el responsable mayor en convertir el amor de transferencia necesario en una pasión transferencial que no puede conducir sino a la alineación. Creo que la pasión transferencial tiene como principal responsable a un deseo inconsciente del analista. Es el analista quien induce en la mayor parte de los casos la pasión.
Luis Hornstein. Usted escribió que tanto el silencio abusivo como la interpretación a ultranza favorecen la pasión transferencial. El exceso de silencio, porque demuestra al analizando la insignificancia de su discurso y de todo discurso y porque el analista da cuerpo a una ilusión de que sabe todas las verdades universales que el discurso no hace otra cosa que velar y disfrazar. En dicha postura todo aquello que el analizando podría decir y pensar es entendido como confirmación de la mentira característica de todo discurso, como montaje artificioso, como señuelo. La interpretación prefabricada porque enfrenta al sujeto con un modelo generalizable. En ambos casos la creencia en la singularidad de la historia será implícitamente denunciada como una dimensión engañosa que es preciso perder para alcanzar la suprema sabiduría que lleva a proclamar que lo que el analizando puede elaborar de sus determinaciones históricas corresponde al registro de lo imaginario. Se pierden entonces las referencias freudianas mayores en cuanto al hacer consciente lo inconsciente, el lugar de las interpretaciones y construcciones y la función esencial que Freud le asignaba a la reelaboración.
Piera Aulagnier. No critiqué tanto la interpretación prefabricada por generar una pasión transferencial, sino más bien por otras razones. Pero sí el silencio a ultranza. Este genera en el analizando una idealización. Es fácil idealizar a un mudo.
Además creo que la pasión transferencial es favorecida por una serie de comportamientos y técnicas de moda en cierta práctica del análisis. Si uno atiende a un paciente cinco minutos, sólo puede esperar dos consecuencias: o bien la fuga del paciente -y por razones muy largas de explicar no es lo más frecuente- o bien, y eso es muy grave, lleva al analizando a renunciar a juzgar lo que efectivamente pasa en la relación analítica por una idealización masiva del analista que conduce a una relación de alienación. Cada vez estoy más convencida de que la modalidad técnica de conducir una cura es la responsable de la alienación y, en general, el analista es también víctima de su alienación en una teoría para la cual él es incapaz de asumir una posición crítica.
EL PSICOANALISIS FRANCES CONTEMPORÁNEO
Luis Hornstein. A pesar de tener una tradición clínica de varias décadas, en nuestro país estamos pendientes de la Otra escena que es siempre Europa. Usted dice que hay épocas de valorización excesiva de la teoría y épocas de decepción y vuelta a la clínica. En nuestro país ya se dio la decepción con la escuela kleiniana a la que siguió luego una ilusión con los desarrollos de Lacan. A comienzos de la década del 70 la lectura de Lacan tuvo en nuestro medio gran importancia ya que -por la hegemonía absoluta del kleinismo- no se leía casi a Freud. Gracias a Lacan recuperamos a Freud y es indudable que los aportes de Lacan posibilitaron comprensiones inéditas de dimensiones esenciales de la obra de Freud. En resumen: Lacan nos hizo pensar. Pero para algunos las formulaciones de Lacan padecen de una petrificación ontológica y se convierten en verdades absolutas; para ellos se da un cogito modificado: "El piensa (Lacan), luego yo existo".
Me parece útil profundizar la categoría de alienación cultural para dar cuenta de algunos procesos que ocurren en países dependientes como el nuestro. Me interesaría saber su opinión al respecto.
Piera Aulagnier. Usted sabe, no creo que la alienación sea un fenómeno de su país, creo sí que es patrimonio de vuestro país la forma que asumió el terror social en el gobierno militar. Creo que la alienación del pensamiento no es un hecho particular de un país dado. La alienación tiene por meta la exclusión de toda duda, de toda causa del conflicto e implica la muerte de la actividad de pensamiento. Poder reconocerse un derecho a pensar implica renunciar a encontrar en la escena de la realidad una voz que garantice lo verdadero y lo falso, y presupone el duelo por la certeza perdida. Tener que pensar, tener que dudar de lo pensado, tener que verificarlo: tales son las exigencias que el yo no puede esquivar.
En algún texto planteé que la duda es el equivalente de la castración en el registro del pensamiento. Aquel que aliena su pensamiento a un discurso le otorga el mismo grado de certeza que en la psicosis tiene la reconstrucción delirante con respecto a la realidad. Todo pensamiento -sobre todo si tiene cierto valor- hace que mucha gente se precipite en él para no tener que seguir pensando. Esa no es una particularidad argentina. En Francia también tenemos modas y hay modas peligrosas.
Luis Hornstein. Hablando de modas. Sabemos que el estructuralismo había evacuado al acontecimiento y, en el límite, a la historia misma. Al definir al yo como historiador, al jerarquizar la realidad histórica y los efectos de los encuentros como lo que hace pasar de una potencialidad a sus manifestaciones clínicas pareciera que usted se ha distanciado del estructuralismo. ¿Es así?
Piera Aulagnier. Usted sabe, siempre estuve muy lejos del estructuralismo. Eso no es nuevo. Lacan estuvo siempre interesado en lo que podía aportar el estructuralismo al psicoanálisis, pero yo siempre me sentí alejada del estructuralismo. No creo que el estructuralismo aportara gran cosa al pensamiento analítico.
Luis Hornstein. A partir de las dos revistas -a mi juicio- más representativas del análisis francés actual, Nouvelle Revue y Topique, se puede inferir que hay cambios. Pareciera que ya han sobrepasado la época de las duras escisiones, y que los debates son más conceptuales que creenciales. ¿Es así? ¿Cómo describiría la coyuntura del análisis francés hoy?
Piera Aulagnier. Algo que es preciso decir es que en las nuevas generaciones no existen esas barreras entre los diversos grupos analíticos. Dejo de lado algunos grupitos lacanianos que son una cuestión aparte. Soy frecuentemente invitada por diversas instituciones, y no soy en este caso una excepción. Estoy en Argentina invitada por la A.P.A. a pesar de que yo y mi grupo no pertenecemos a la I.P.A. Hay en este momento una apertura y se valora a cada analista por lo que él aporta independientemente de la institución a la que pertenezca.
Luis Hornstein. Usted es una de las fundadoras del cuarto grupo. Uno de los objetivos fue encarar de manera diferente la formación de analistas. Después de más de 17 años, ¿cómo evaluaría la experiencia?
Piera Aulagnier. Yo diría de las sociedades analíticas que no hay buena sociedad así como no hay buen salvaje, como lo creía Rousseau. Diría que no es más mala que las otras. En el cuarto grupo intentamos un sistema de formación que respeta al máximo la libertad del sujeto que quiere devenir analista. La propuesta que creo central en el cuarto grupo es que la institución no obstaculice el proceso analítico de aquel que quiere ser analista. Tenemos muchas exigencias: que el candidato haya hecho un análisis con quien él quiera, que haga dos supervisiones, que tenga un trabajo de elaboración, de discusión con algunos analistas de nuestro grupo durante un tiempo que permita una suerte de reconocimiento recíproco. No es fácil devenir analista en el cuarto grupo.
LA RELACION TEORIA-CLINICA
Luis Hornstein. En Freud hay armonía entre las elaboraciones metapsicológicas y sus consecuencias técnicas. En los anglosajones hay una referencia clínica constante que incluso descuida -relativamente- los aspectos teóricos. En Francia por tradición se tiene tendencia al teoricismo, lo que implica un cierto menosprecio de la investigación clínica. En su último libro escribe que un trabajo clínico expone mucho más al analista que una elaboración teórica y advierte contra los riesgos de convertir a la clínica en algo inefable. ¿Está usted sola en esta empresa o hay otros analistas franceses que están dispuestos a asumir ese riesgo? En otras palabras, ¿hay un retorno a la clínica?
Piera Aulagnier. Creo que después de años de fascinación teórica -y no puedo negar que personalmente tengo una fascinación por la teoría y casi podría decir que para mí la investigación teórica es mi forma de toxicomanía-, pienso, le decía, que desde hace una docena de años se visualiza en el análisis francés, efectivamente, un mayor interés por la clínica. Eso creo que es verdaderamente cierto. Es verdad que, a pesar de esto que le digo, en Francia no se ha llegado todavía a la importancia que le asignan a la clínica los trabajos anglosajones. En El aprendíz de historiador le consagro más de cien páginas al caso de Philippe, cosa poco frecuente en Francia y habitual en la literatura anglosajona. Es verdad también que yo le reprocharía el pragmatismo -a pesar de todo lo positivo que pueda tener- a los anglosajones, de dejar de lado la teoría y de conformarse con ciertas aproximaciones. No creo que uno se pueda interesar verdaderamente en la teoría sin acordar el mismo interés a la clínica, que debe ser -como usted dice- el campo de la puesta a prueba de la teoría. ¿Qué valor puede tener una teoría que no se confronta con la clínica?
Creo que es verdad, que los analistas más jóvenes, sobre todo en el campo analítico francés, le acuerdan más importancia a la clínica. Tal vez porque se enfrentan a cuadros psicopatológicos nuevos que no pertenecen simplemente al registro de las neurosis y que corresponden a esas problemáticas que se suelen llamar borderline, estructuras narcisistas o del orden de lo psicosomático. Tal vez el hecho de verse enfrentados tan masivamente a un tipo de sintomatología que plantea nuevos problemas explica, parcialmente, este mayor interés por la clínica.
Fuente: Antroposmoderno
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viernes, 1 de agosto de 2008
Un típico caso de paranoia y las especulaciones teóricas pertinentes ("caso Erika") Rudy

DOCTORA ANAFREUDIANA TRAUMENGARTEN
TEXTO ESTABLECIDO POR: RUDY
Prrróloco
El sekimiento de éste kaso cllínnico me ha llevado a plantearrr algunas dudas, lo kie me hitzo sentirr muyy ancustiada, al punto tal kie estuve pensando serriamente la posibilidad de psicoanalizarrrme, tal como me lo sugirrierra varias veces mi colega y amigo herr prrofesorr Karl Psíquembaum.
Lueco de haberr kónsultado a varrrios kólegas, ninguno me convenció, ya quié, dada mi condición de experrimentadísima psikanalista, requerrirría un prrófesional de kran experriencia, adecuados conocimientos y kie no me kobrarra honorrarios.
De modo kie, finalmente, decidí kie la amustia erra contrratrransferrencial, y se debía a cierta proyección de mi paciente, kie prrovokaba una térrrrible pikazón en mi pecho cada vez kie comenzaba una sesión de su tratamiento.
Este piekazón de mi pecho bueno, erra, en realidad, la kausa de mi ancustia y muís dudas. ¿Erra una sómatizacion mía?. ¿Erra una proyección? ¿Errran pulkas? ¿¡Errran piojos!? ¿¡Errra sarrrrrrrna!'?
A falta de analista, kónsulte con un derrrmatólogo, kien me explico kie erra una problema psíkiko, y me recomendó un analista parra mí y otrro parra mi paciente.
No le hice caso y seguí investigando.
Fynalmente krrreio haber descubierrto serrrios elementos quie sin duda énriqueceran la teorría psikanalítica, laprráctika y la klínica, porr lo kie decidí publicar este kaso.
Kónvencida porr mis amñigos, he kóntratado un kórrektor para kie adekue el texszkto de este caso a la órtocrafiya castellana.
Las entrevistas
Nunca voy a olvidar la primera entrevista con Erika. [Así decidí llamar a mi paciente para mantener el secreto profesional. En realidad, se llamaba Dora] Tampoco voy a recordarla nunca, porque me provoca escalofríos. Erika llegó sin que yo lo notase, pues estaba durmiendo la siesta en mi sillón favorito, que, casualmente, es el mismo que utilizo para atender.
En un momento dado desperté y la vi sentada junto a mí, lo que me hizo lanzar un contratransferencial aullido de terror. Esto me hizo pensar que Erika tenía mucho miedo a su primera entrevista conmigo; que por dentro estaba sumamente asustada, aunque parecía estar de lo más tranquila.
Me refregué los ojos y bostecé, también contratransferencialmente. Erika intentaba tapar su terror mostrando aburrimiento.
"Típico caso de paranoia", pensé. "Erika disimula terror con aburrimiento y lo proyecta en mí."
Me maravillé por mi rapidez diagnóstica y decidí aumentar los honorarios, dada mi eficacia profesional. Luego recordé que Erika estaba presente y le pregunté su nombre.
—Dora —me dijo.
"Típico caso de fijación histérica", pensé. Ella dice llamarse Dora como la famosa paciente de Freud que inspiró el "caso Dora¨ (Que, en realidad, no se llamaba así), pero para mí que se llama Eduviges.
Decidí llamarla Erika.
—¿Qué edad tiene, Erika? —le pregunté.
No me respondió.
Su silencio era por demás elocuente. Erika estaba angustiada frente a este nombre impuesto por mí, tal como la angustiaba cualquier tipo de norma, límite o regla impuestos por la sociedad, que se le tornaba totalmente persecutoria.
"Típico caso de paranoia", volví a pensar.
Erika permanecía en silencio, tal vez esperaba algo de mí. Yo también permanecía en silencio, como esperando algo de ella. Al fin y al cabo, ella era mi paciente y nadie la había obligado a venir.
"Típico caso de primera entrevista", pensé.
Decidí que esta competencia de "quien se queda más tiempo sin hablar, gana" no tenía sentido (Algunos analistas ortodoxos sí les otorgan sentido a estos verdaderos "torneos de resistencia", en los que demuestran tener aun más resistencia que el paciente. Conozco un caso en el que, luego de tres años de silencio, el analista decidió reclamar sus honorarios, y el paciente, que era mudo, abandonó el tratamiento. No era sordo.) y opté por hablar yo.
—¿Qué le ocurre? —pregunté.
—¿A quién? —respondió.
Su respuesta era por demás elocuente. Típico caso de paranoia, insistí; la paciente se escinde de la pregunta cual esquizofrénica, proyecta hacia otros como paranoica, permanece indiferente cual histérica, y evita responder a la mejor manera de una fóbica.
"Típico caso complicado", pensé.( En realidad, lo único claro es que el de Erika es un caso típico) Erika, con su silencio y sus respuestas esquivas no ayuda a mi labor interpretativa, lo que puede pensarse como una clara resistencia a nivel transferencial. "Vaya una a saber quién soy yo para el inconsciente de Erika", pensé. "Vaya una a saber quién soy yo", seguí, presa de una crisis de identidad en la que Erika me metía, tal vez proyectando transferencialmente su propia crisis de identidad.
Decidí dar por terminada esa entrevista. Miré mi documento para recordar mi nombre, y me volví a dormir.
Segunda entrevista
A la segunda entrevista Erika no vino.
Me senté a esperarla en el horario convenido y, pese a la somnolencia que me aquejaba, intenté pensar acerca de lo que había ocurrido en la entrevista anterior (Para evitar pensar en su ausencia. Me ponen muy triste las ausencias) y llegué a la conclusión de que algo le pasaba a Erika. Algo le debía estar pasando, por lo cual no venía, y debía ser algo muy grave; sólo así podía comprenderse su ausencia en este momento en el que tanto necesitaba mi ayuda. Mi agudo olfato profesional me hizo oler algo muy raro. Me dirigí hacia la cocina de mi casa y apagué el horno que había dejado encendido por error, dentro del cual había una torta quemándose.
"Esta torta", pensé, "bien podría ser Erika, quemándose simbólicamente a causa de que yo la dejé abandonada en el horno, a lo que ella respondía ausentándose. Típico caso de paranoia".
Esta brillante interpretación fue interrumpida por un bostezo. Otra vez los aspectos simuladores de Erika intentaban llenar la escena de sueño para evitar la angustia.
Fue en ese preciso momento cuando me empezó a picar el pecho bueno, lo cual me llamó poderosamente la atención e hizo que dejara de preocuparme por la ausencia de Erika. Se me ocurrió que ella trataba de compensarme de su ausencia con la picazón, proyectándola en mí. Otra típica proyección paranoica —por lo demás, terriblemente molesta—. Decidí dar por terminada la segunda entrevista.
Tercera entrevista
Llegada la hora de la entrevista de Erika, ella no vino, pero la picazón de mi pecho se hizo presente. Comencé a preguntarme qué aspecto del inconsciente de Erika podía estar jugando en este síntoma que se reproducía contratransferencialmente en mi cuerpo. Llegué a la conclusión de que se trataba de una "imago picarona", pero sólo como hipótesis.
Le interpreté a Erika que por algún motivo le resultaba muy difícil venir (Diría que imposible), como tal vez le había resultado difícil esperar a que su madre le diera de mamar cuando ella lo solicitaba con urgencia. La interpretación dio en el blanco, pero Erika no estaba allí. La única respuesta fue el silencio. Yo opté por tomar este detalle como un dato más, y como un elemento resistencial a tomar en cuenta. Propuse trabajar dos veces por semana y, como Erika no respondió, interpreté su silencio como acuerdo.
Recordé las palabras de mi amigo y colega Karl Psíquembaum (No deseo aclarar en qué circunstancias me lo dijo): "Es frecuente que los pacientes ausentes no respondan a nuestras interpretaciones".
Pero Erika fue más allá. Se quedó en silencio durante todo el contrato, lo que pudo haber tenido graves consecuencias en su tratamiento si yo no lo hubiese tenido en cuenta.
El tratamiento
Durante las primeras sesiones siguió manifestándose la terrible picazón del pecho bueno que coincidía con el lapso correspondiente a la sesión de Erika. Ella, por su parte, no vino nunca.
Es claro que Erika trataba de evitar que yo me angustiara, lo que en realidad era una manera de evitar, identificada conmigo, su propia angustia frente a su madre ausente cuando ella, bebé, quería mamar.
Sólo así podía entenderse la constante picazón que me aquejaba y la permanente ausencia de Erika, que, por lo demás, ni siquiera venía una vez por mes a pagar mis honorarios. Parecía ignorar mi existencia. Más de una vez, dada la elevada suma de dinero que me debía, pensé en suspender su tratamiento.
Pero en esos momentos la teoría acudió en mi ayuda y reconocí que eso hubiera sido un acto psicopático, un acting, sería repetir una escena traumática infantil, el abandono de una beba, tal como lo había hecho su madre (Y la mía).
El tratamiento de Erika prosiguió su accidentado curso.
Fragmento de una sesión
Rasc-rasc. Froto mis uñas contra mi pecho. El escozor calma. Le pregunto a Erika:
—Así que tampoco has venido hoy, ¿eh?
Erika sigue sin responder, sin venir, sin nada. Opto por llamarla por su nombre de pila, Dora (Un colega me señaló una posible explicación del caso, mediante una condensación del nombre "de pila, Dora" con "depiladora", y me dijo que tal vez ése fuera el trabajo de Erika, y que, al tener que trabajar en su horario de sesión, no pudiese venir. No lo creo; es muy complicado), y hasta "Dorita", o "querida Dorita", pero no obtengo respuesta.
El silencio ausente me hace sospechar un mutismo esquizofrénico, pero mi experiencia clínica me dice que debo esperar, que debo respetar el tiempo de esta paciente, y que algún día volverá. Yo no debo ser una madre castradora, ni una abuela represora, ni una tía autoritaria, ni siquiera una vecina chismosa.
"Típico caso de paranoia", volví a pensar. Evidentemente, mis pensamientos se repetían merced a la red transferencial tejida por Erika, y al sueño contratransferencial que me invadía. Di por concluida la sesión.
Fragmento de otra sesión
La sesión comienza en silencio. Hoy se cumplen 234 sesiones sin que Erika haya concurrido a una sola. La picazón es muy grande y me tienta rascarme. Estoy segura de que Erika no lo notará si lo hago; claro, no se dará cuenta a nivel consciente, pero ¿y lo inconsciente? ¡Ah, ésa es la pregunta! Es claro que a nivel inconsciente Erika percibe que me pica y, peor aún, si me rascara, lo tomaría como un hecho compensatorio a consecuencia del daño que ella, en su fantasía proyectada, le infligiera a mi pecho, que en realidad es el pecho de su madre, que en realidad es su propio pecho, que en realidad es un pecho pero no se sabe de quién es... Perdón, ¿alguien vio un pecho por ahí?
"Típica situación esquizo-paranoide", pensé. Decidí no rascarme, verbalizar la transferencia en lugar de actuarla.
—¿Te molesto si me rasco? —le pregunté, interpretando su angustia.
Erika se mantuvo en total, hermético silencio. Sin embargo, la interpretación trajo cierto alivio, ya que, después de verbalizarla, me rasqué durante varios minutos, con la consecuente disminución de mi picazón.
Erika permanecía indiferente. En realidad, no permanecía.
Di por finalizada esta sesión.
El seguimiento
Seguí investigando el caso y mis asociaciones sobre Erika me ayudaron a aproximarme a sus fantasías inconscientes.(Tuve que usar mis asociaciones, porque no disponía ni siquiera de una de Erika)
—¿De modo que tú ves en mí a una madre que no te alimenta? —deliré.
El silencio de Erika, más que elocuente, fue silencioso. Una vez más mi interpretación había dado en la tecla, aunque yo no sabía en cuál. Lo importante es que la picazón cedió.
Era evidente que Erika proyectaba transferencialmente hacia mí la bronca hacia la madre que no la alimentaba. Era algo así como: "Yo la odio (porque no me da de mamar) —> Ella me odia —> Yo me rajo".
(Creo innecesario destacar que se trata de un caso típico de paranoia. A esta altura del relato, los lectores avispados ya se habrán dado cuenta.)
Erika se sentía perseguida por su madre y, transferencialmente, por mí. Para evitar ser dañada, y, proyectivamente, dañarnos, se ausentaba, tomaba distancia, se borraba.
Una vez más, había acertado. Me felicité y prometí gratificarme con una porción de torta de chocolate ni bien finalizara la sesión. Le comuniqué todo esto a Erika, menos lo de la torta, y ella no me respondió. "El que calla, otorga", pensé. ( Frase tomada del refranero psicoanalítico. [Cfr. Jean-Delaparole: Les refrans et sa relation avec l'inconsdence])
Le di el alta a Erika, ya que habíamos resuelto los nudos más complejos de su personalidad, pero, así como no había venido, tampoco se fue.
Por ese motivo hubo que dedicar algunas sesiones al duelo por la finalización del tratamiento. Más que algunas sesiones, fueron varios años, ya que Erika continuaba sin irse. Finalmente, opté por citar a otro paciente en el horario de Erika. Éste se recostaba en el diván sin notar la ausencia de Erika, y así se fue elaborando el duelo.
Epicrisis
Casos como el de Erika no se presentan a menudo en nuestra práctica. Ausencias que dicen todo lo que una posible presencia podría ocultar. Relaciones transferenciales persecutorias e interpretaciones que caen en el vacío total. A veces, los poetas se adelantan, con sus fantasías, a la ciencia. Vean, si no, esta frase de Pablo Neruda: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente". Podría adaptarse perfectamente al caso Erika, aunque aquí diríamos: "Cuando estás ausente, callas". Erika, la ausente; Erika, la perseguida; Erika, la que en realidad se llamaba Dora, o Eduviges, o, por qué no, Epicrisis.
Erika buscó una salida histérica a una paranoia, haciéndose llamar Dora. Cuando mi brillante interpretación de la primera entrevista puso esto al descubierto, mostró lo que en realidad era, un ser vacío, ausente, abandonado, que proyectaba esta situación abandonando a los demás.
Es difícil trabajar con estos típicos pacientes paranoicos, porque a menudo interrumpen el tratamiento.
De todos modos, caben unas últimas reflexiones sobre la problemática de Erika. Sin duda, la madre la trataba como si ella estuviera ausente, no acudía a sus llamados pidiendo ser alimentada, le daba lo mismo que Erika estuviera o no. Del padre podemos decir que Erika no lo mencionó nunca, lo que nos habla de una figura ausente que, junto a la madre abandónica, lleva a esta joven a una problemática edípica que la conduce a la paranoia.
Nunca más supe nada de Erika.
Apéndice del doctor Jean-Jean Dusignifiquant
Para comenzar, diré que me parece extraordinario el relato de la doctora Traumengarten, colega con la que tengo el gusto de compartir cursos, conferencias y pacientes.
Su transcripción es de un discurso vívido, que transmite totalmente lo por ella sentido durante el caso, al punto tal que los bostezos que ella dio al comienzo de la primera entrevista me fueron transmitidos a lo largo de todo el relato, impidiéndome en algún momento seguirlo atentamente.
La claridad con la que nos muestra lo ocurrido a Eduviges (¿por qué llamada Erika? Es totalmente arbitrario) es, por momentos, brillante, y en los otros momentos, tal vez los más extensos, no.
Un primer detalle que quisiera articular es el hincapié que hace la doctora en la contratransferencia. Más que hincar el pie, lo mete hasta el fondo. Esto la lleva a considerar válidos un montón de señalamientos e interpretaciones realizados a una paciente que, en realidad, no estaba allí, no existía como paciente, no asociaba, ni nada. ¡Ni siquiera daba cuenta de los honorarios!
Por otro lado, es por demás elocuente la omisión de un detalle que cualquier alumno de primer año de mi escuela hubiera advertido: la metáfora.
¿Qué otra cosa, sino la metáfora, nos permite conocer a Eduviges?
Eduviges se fue. Eso quiere decir que "se las picó". Se las picó bien picadas, y este irse, al no ser verbalizado por la analista, es el motivo de "la picazón" que aqueja a la doctora en el pecho por ella llamado "bueno". El irse simbólico no verbalizado vuelve entonces desde lo real del cuerpo de la analista.
Si esto hubiera sido dicho, nada hubiera pasado.
Quiero terminar mi intervención volviendo a señalar la riqueza de este relato, y agradeciendo a la doctora Traumengarten por llamarme para que le señalara los errores, humildemente.
Apéndice del doctor Karl Psíquembaum
No creo que sea correcto titular de esta manera este trabajo, pues, para hacer honor a la verdad, mi apéndice lo he perdido en una operación, cuando contaba con la tierna edad de diez años. Pero vayamos al trabajo. He leído con particular detenimiento el texto de la doctora Traumengarten, colega y amiga, y la no menos brillante acotación del doctor Dusignifiquant, no menos colega ni amigo. ¡Cuán brillantes me resultan ambas ponencias! ¡Qué orgulloso me siento de que hayan seguido mis enseñanzas! Sin embargo, hay ciertos detalles que escapan en este "Caso Ernestina" (¿por qué llamada Eduviges, o Erika?) a la preclara intuición y profesionalísimo accionar de ambos colegas.
Anafreudiana no se preocupa porque Ernestina se haya ido, y repite de alguna manera lo que ella misma denuncia en la epicrisis: se hace cargo, en la transferencia, del rol de madre a la que no le importa si su hija está presente o no.
Jean-Jean denuncia algo semejante a esto, pero remite toda la picazón, síntoma sin duda peculiar, a una mera metáfora: "Yo me las piqué, ahora a ti te pica", redice el brillante analista francés. Pero la picazón que aquejaba a Anafreudiana era insoportable, y nada metafórica. Le picaba en serio, según me comentó.
Pensemos un poco. ¿Qué es la picazón?
La definición nos lleva a separar dos componentes. Por un lado, el “prurito”, aspecto que simboliza la represión. "Prurito" se usa vulgarmente como sinónimo de "prejuicio": "No hice tal cosa por prurito", se dice.
Por el otro lado, es una sensación de escozor que invita a rascarse. Es una sensación relativamente agradable, relativamente molesta, más suave en todo caso que el dolor. Hay suavidad, placer, dolor y tensión en la picazón, sobre todo si se debe esperar para poder satisfacerla, como en este caso. Se produce cada vez más placer, tensión y molestia, hasta que de pronto, con gran placer, cede. Además, "invitación", término que le otorga una cualidad "compartida" a la picazón. Uno invita, otro rasca.
A esta altura de los hechos y la teoría, no podemos dejar de otorgarle a la picazón un contexto sexuado. O sea, la sensación de Anafreudiana era claramente sexual, ubicada en su pecho bueno.
Pero el caso es que los pechos son dos, y si a ella le molestaba uno solo, bien podríamos sospechar que en realidad no era el pecho a lo que inconscientemente afectaba esta "picazón" (que a esta altura bien podríamos denominar "calentura").
Si aplicamos la ecuación pecho = pene, asociados además por la silaba “pe” con la que ambos comienzan, resulta que la doctora Traumengarten sentía claros deseos de penetrar a su paciente (calentura inconsciente en su pene, del cual ella carece, pero su inconsciente no lo sabe). Anafreudiana estaba entonces enamorada de Ernestina, y le resultaba, como a cualquier otra enamorada, insoportable la ausencia de su amada.
Así, la espera de Anafreudiana se entiende como la de una amante desesperada que sufre su soledad.
Debo destacar finalmente la excelente calidad de este relato, que lleva a la discusión psicoanalítica a su más alto nivel.
Creatividad (Parte 4)
IV. PROGRAMAS DE INTERVENCIÓN
“Enseñar para la creatividad presupone inicialmente promover no solo actividades creadoras, sino sobre todo actitudes creadoras, por lo tanto se debe excluir el principio simplista de que el individuo es creador efecto de la herencia”
Los programas de intervención destinados a promover la creatividad pueden desarrollarse en distintos ámbitos desde los educativos a los recreativos y laborales; lo importante es que en uno u otro se persigan algunos objetivos como:
- Estimular la percepción del medio y su transformación.
- Alentar la adquisición de habilidades para la solución de problemas.
- Facilitar la adquisición de fluidez, flexibilidad, originalidad y pensamiento divergente.
- Alentar las actitudes destinadas a la transformación del medio: curiosidad, tolerancia, disposición al cambio.
En el caso de los niños, se considera que el juego es la primera actividad creativa, el primer medio de creación “En el juego, y solo en él, pueden el niño o el adulto crear y usar toda la personalidad, y el individuo descubre su persona solo cuando se muestra creador “ Jugando, el niño desarrolla las aptitudes propias de la creatividad: curiosidad, flexibilidad, resolución de problemas, anticipación y adaptación a situaciones nuevas. Todo lo cual seguramente provoca un incremento del pensamiento divergente.
Todos los autores que investigan acerca de la importancia del juego en el desarrollo coinciden en señalar que contribuye a desarrollar “el espíritu constructivo, la imaginación y la capacidad de sistematizar, que conduce al trabajo, sin el cual no habría ni ciencia ni arte”
Bibliografía:
- De Bono, E: “El pensamiento creativo” Ed. Hurope, Barcelona, 1994.
- Garaigordobil, M.: “Intervención psicológica para desarrollar la personalidad infantil”- Ediciones Pirámide, España, 2003.
- Lowenfeld,V.: “Desarrollo de la capacidad creadora” Ed. Kapelusz, Bs. As. 1990.
- Roche Olivar, R : Desarrollo de la inteligencia emocional y social desde los valores y actitudes prosociales en la escuela. Ed. Ciudad Nueva.Ed. Libris. Bs. As.1999.
- Winnicott, D.: “Realidad y juego” Editorial Gedisa, España, Barcelona 1990.
Organización del material:
I Creatividad - algunas definiciones (Publicado acá)
II Modelos teóricos (Publicado acá)
III Parámetros que definen la creatividad (Publicado acá)
IV Programas de intervención
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