martes, 6 de mayo de 2008

Seis estudios de psicología (Jean Piaget)


El desarrollo mental del niño

El desarrollo psíquico, que se inicia al nacer y concluye en la edad adulta, es comparable al crecimiento orgánico: al igual que este último, consiste esencialmente en una marcha hacia el equilibrio. Así como el cuerpo evoluciona hasta alcanzar un nivel relativamente estable, caracterizado por el final del crecimiento y la madurez de los órganos, así también la vida mental puede concebirse como la evolución hacia una forma de equilibrio final representada por el espíritu adulto. El desarrollo es, por lo tanto, en cierto modo una progresiva equilibración, un perpetuo pasar de un estado de menor equilibrio a un estadio de equilibrio superior. Desde el punto de vista de la inteligencia, es fácil, por ejemplo, oponer la inestabilidad e incoherencia relativas de las ideas infantiles a la sistematización de la razón adulta. También en el terreno de la vida afectiva, se ha observado muchas veces cómo el equilibrio de los sentimientos aumenta con la edad. Las relaciones sociales, finalmente, obedecen a esta misma ley de estabilización gradual.
Sin embargo, hay que destacar desde el principio la diferencia esencial entre la vida del cuerpo y la del espíritu, si se quiere respetar el dinamismo inherente a la realidad espiritual. La forma final de equilibrio que alcanza el crecimiento orgánico es más estática que aquella hacia la cual tiende el desarrollo mental, y, sobre todo, más inestable, de tal manera que, en cuanto ha concluido la evolución ascendente, comienza automáticamente una evolución regresiva que conduce a la vejez. Ahora bien, ciertas funciones psíquicas, que dependen estrechamente del estadio de los órganos, siguen una curva análoga: la agudeza visual, por ejemplo, pasa por un maximum hacia el final de la infancia y disminuye luego, al igual que otras muchas comparaciones perceptivas que se rigen por esta misma ley. En cambio, las funciones superiores de la inteligencia y de la afectividad tienden hacia un "equilibrio móvil", y más estable cuanto más móvil es, de forma que, para las almas sanas, el final del crecimiento no marca en modo alguno el comienzo de la decadencia, sino que autoriza un progreso espiritual que no contradice en nada el equilibrio interior.
Así, pues, vamos a intentar describir la evolución del niño y del adolescente sobre la base del concepto de equilibrio. Desde este punto de vista, el desarrollo mental es una construcción continua, comparable al levantamiento de un gran edificio que, a cada elemento que se le añade, se hace más sólido, o mejor aun, al montaje de un mecanismo delicado cuyas sucesivas fases de ajustamiento contribuyen a una flexibilidad y una movilidad de las piezas tanto mayores cuanto más estable va siendo el equilibrio. Pero entonces conviene introducir una distinción importante entre dos aspectos complementarios de este proceso de equilibración: es preciso oponer desde el principio las estructuras variables, las que definen las formas o estados sucesivos de equilibrio, y un determinado funcionamiento constante que es el que asegura el paso de cualquier estadio al nivel siguiente.
Así, por ejemplo, cuando comparamos el niño al adulto, tan pronto nos sentimos sorprendidos por la identidad de las reacciones y hablamos en tal caso de una "pequeña personalidad" para decir que el niño sabe muy bien lo que desea y actúa como nosotros en función de intereses concretos como descubrimos todo un mundo de diferencias, en el juego, por ejemplo, o en la forma de razonar, y decimos entonces que "el niño no es un pequeño adulto". Sin embargo, las dos impresiones son ciertas, cada una en su momento. Desde el punto de vista funcional, es decir, considerando los móviles generales de la conducta y del pensamiento, existen mecanismos constantes, comunes a todas las edades, a todos los niveles, la acción supone siempre un interés que la desencadena, ya se trate de una necesidad fisiológica, afectiva o intelectual (la necesidad se presenta en este último caso en forma de una pregunta o de un problema); a todos los niveles, la inteligencia trata de comprender o de explicar, etc., etc. Ahora, si bien es cierto que las funciones del interés, de la explicación, etc., son, como acabamos de ver, comunes a todos los estadios, es decir, "invariantes" a título de funciones, no es menos cierto que "los intereses" (por oposición a "el interés") varían considerablemente de un nivel mental a otro, y que las explicaciones particulares (por oposición a la función de explicar) revisten formas muy diferentes según el grado de desarrollo intelectual. Al lado de las funciones constantes, hay que distinguir, pues, las estructuras variables, y es precisamente el análisis de estas estructuras progresivas, o formas sucesivas de equilibrio, el que marca las diferencias u oposiciones de un nivel a otro de la conducta, desde los comportamientos elementales del recién nacido hasta la adolescencia.
Las estructuras variables serán, pues, las formas de organización de la actividad mental, bajo su doble aspecto motor ó intelectual, por una parte, y afectivo, por otra, así como según sus dos dimensiones individual y social (interindividual). Para mayor claridad, vamos a distinguir seis estadios o períodos de desarrollo, que marcan la aparición de estas estructuras sucesivamente construidas: 1. El estadio de los reflejos, o montajes hereditarios, así como de las primeras tendencias instintivas (nutrición) y de las primeras emociones. 2. El estadio de los primeros hábitos motores y de las primeras percepciones organizadas, así como de los primeros sentimientos diferenciados. 3. El estadio de la inteligencia sensorio-motriz o práctica (anterior al lenguaje), de las regulaciones afectivas elementales y de las primeras fijaciones exteriores de la afectividad. Estos primeros estadios constituyen el período del lactante (hasta aproximadamente un año y medio a dos años, es decir, antes de los desarrollos del lenguaje y del pensamiento propiamente dicho). 4.- El estadio de la inteligencia intuitiva, de los sentimientos interindividuales espontáneos y de las relaciones sociales de sumisión al adulto (de los dos años a los siete, o sea, durante la segunda parte de la "primera infancia"). 5. El estadio de las operaciones intelectuales concretas (aparición de la lógica), y de los sentimientos morales y sociales de cooperación (de los siete años a los once o doce). 6. El estadio de las operaciones intelectuales abstractas, de la formación de la personalidad y de la inserción afectiva e intelectual en la sociedad de los adultos (adolescencia).
Cada uno de dichos estadios se caracteriza, pues, por la aparición de estructuras originales, cuya construcción le distingue de los estadios anteriores. Lo esencial de esas construcciones sucesivas subsiste en el curso de los estadios anteriores en forma de subestructuras sobre las cuales habrán de edificarse los nuevos caracteres. De ello se deduce que, en el adulto, cada uno de los estadios pasados corresponde a un nivel más o menos elemental o elevado de la jerarquía de las conductas. Sin embargo, cada estado comporta también una serie de caracteres momentáneos o secundarios, que van siendo modificados por el anterior desarrollo, en función de las necesidades de una mejor organización. Cada estado constituye, pues, por las estructuras que lo definen, una forma particular de equilibrio, y la evolución mental se efectúa en el sentido de una equilibración cada vez más avanzada.
Y ahora podemos comprender lo que son los mecanismos funcionales comunes a todos los estadios. Puede decirse, de manera absolutamente general (no sólo por comparación de cada estadio con el siguiente, sino también por comparación de cada conducta, dentro de cualquier estado, con la conducta que le sigue) que toda acción - es decir, todo movimiento, todo pensamiento o todo sentimiento - responde a una necesidad. El niño, en no menor grado que el adulto, ejecuta todos los actos, ya sean exteriores o totalmente interiores, movido por una necesidad (una necesidad elemental o un interés, una pregunta, etc.). Ahora bien, tal como ha indicado Claparede, una necesidad es siempre la manifestación de un desequilibrio: existe necesidad cuando algo, fuera de nosotros o en nosotros (en nuestro organismo físico o mental) ha cambiado, de tal manera que se impone un reajuste de la conducta en función de esa transformación. Por ejemplo, el hambre o la fatiga provocarán la búsqueda del: alimento o del descanso; el encuentro con un objeto exterior desencadenará la necesidad de jugar, su utilización con fines prácticos, o suscitará una pregunta, un problema teórico; una palabra ajena excitará la necesidad de imitar, de simpatizar, o dará origen a la reserva y la oposición porque habrá entrado en conflicto con tal o cual tendencia nuestra. Por el contrario, la acción termina en cuanto las necesidades están satisfechas, es decir, desde el momento en que el equilibrio ha sido restablecido entre el hecho nuevo que ha desencadenado la necesidad y nuestra organización mental tal y como se presentaba antes de que aquél interviniera. Comer o dormir, jugar o alcanzar un objetivo, responder a la pregunta o resolver el problema, lograr la imitación, establecer un lazo afectivo, sostener un punto de vista, son una serie de satisfacciones que, en los ejemplos anteriores, pondrán fin a la conducta particular suscitada por la necesidad. Podría decirse que en cada momento la acción se encuentra desequilibrada por las transformaciones que surgen en el mundo, exterior o interior, y cada conducta nueva no sólo consiste en restablecer el equilibrio, sino que tiende también hacia un equilibrio más estable que el que existía antes de la perturbación.
En este mecanismo continuo y perpetuo de reajuste o equilibración consiste la acción humana, y por esta razón pueden considerarse las estructuras mentales sucesivas, en sus fases de construcción inicial, a que da origen el desarrollo, como otras tantas formas de equilibrio, cada una de las cuales representa un progreso con respecto a la anterior. Pero hay que entender también que este mecanismo funcional, por general que sea, no explica el contenido o la estructura de las diversas necesidades, ya que cada uno de ellos está relacionado con la organización del nivel en cuestión. Por ejemplo, a la vista de un mismo objeto, podrán registrarse preguntas muy distintas en un niño pequeño, todavía incapaz de clasificaciones, y en uno mayor cuyas ideas son más amplias y más sistemáticas. Los intereses de un niño dependerán, pues, en cada momento del conjunto de las nociones que haya adquirido, así como de sus disposiciones afectivas, puesto que dichos intereses tienden a completarlas en el sentido de un mejor equilibrio.
Antes de examinar en detalle el desarrollo, debemos, pues, limitarnos a establecer la forma general de las necesidades e intereses comunes a todas las edades.
Puede decirse, a este respecto, que toda necesidad tiende: 1.0 a incorporar las cosas y las personas a la actividad propia del sujeto y, por consiguiente, a "asimilar" el mundo exterior a las estructuras ya construidas, y; 2.0 a reajustar éstas en función de las transformaciones sufridas, y, por consiguiente, a "acomodarlas" a los objetos externos. Desde este punto de vista, toda la vida mental, como, por otra parte, la propia vida orgánica, tiende a asimilar progresivamente el medio ambiente, y realiza esta incorporación gracias a unas estructuras, u órganos psíquicos, cuyo radio de acción es cada vez más amplio: la percepción y los movimientos elementales (aprensión, etc.) dan primero acceso a los objetos próximos en su estadio momentáneo, luego la memoria y la inteligencia prácticas permiten a la vez reconstituir su estadio inmediatamente anterior y anticipar sus próximas transformaciones. El pensamiento intuitivo viene luego a reforzar ambos poderes. La inteligencia lógica, en su forma de operaciones concretas y finalmente de deducción abstracta, termina esta evolución haciendo al sujeto dueño de los acontecimientos más lejanos, tanto en el espacio como en el tiempo. A cada uno de esos niveles, el espíritu cumple, pues, la misma función, que consiste en incorporar el universo, pero la estructura de la asimilación, es decir, las formas de incorporación sucesivas desde la percepción y el movimiento hasta las operaciones superiores, varía.
Ahora bien, al asimilar de esta forma los objetos, la acción y el pensamiento se ven obligados a acomodarse a ellos, es decir, a proceder a un reajuste cada vez que hay variación exterior. Puede llamarse "adaptación" al equilibrio de tales asimilaciones y acomodaciones: tal es la forma general del equilibrio psíquico, y el desarrollo mental aparece finalmente, en su organización progresiva, como una adaptación cada vez más precisa a la realidad. Vamos ahora a estudiar concretamente las etapas de esta adaptación


Otros capítulos:
El desarrollo mental del niño

1. El recién nacido y el lactante (leer on line o bajar todo)

2. La primera infancia de los dos a los siete años (leer on line o bajar todo)
B. La génesis del pensamiento (leer on line o bajar todo)
C. La intuición (leer on line o bajar todo)
D. La vida afectiva (leer on line o bajar todo)


3. La infancia de siete a doce años (leer on line o bajar todo)
B. Los progresos del pensamiento (leer on line o bajar todo)
C. Las operaciones racionales (leer on line o bajar todo)

6 Génesis y estructura en psicología de la inteligencia (leer on line o bajar todo)

Toda génesis parte de una estructura y desemboca en una estructura (leer on line o bajar todo)
Toda estructura tiene una génesis (leer on line o bajar todo)


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lunes, 5 de mayo de 2008

Definición de ?


Vamos ahora con los términos contenidos en las letras "J y L" del diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis. Solo son las letras en "negritas" si pueden leer el resto, es muy significativo

Juicio de condenación
Operación o actitud mediante la cual el sujeto, aun cuando toma conciencia de un deseo, se prohibe su realización, principalmente por razones morales o de oportunidad. Freud ve en ello un modo de defensa mas elaborado y mas adaptado que la represión. Daniel Lagache ha propuesto considerarlo como un proceso de desprendimiento del yo, que actúa especialmente en la cura analítica.

Período de Latencia
Período comprendido entre la declinación de la sexualidad infantil (5 o 6 año) y el comienzo de la pubertad, y que representa una etapa de retención en la evolución de la sexualidad. Durante el se observa, desde este punto de vista, una disminución de las actividades sexuales, la desexualización de las relaciones de objeto y de los sentimientos (especialmente el predominio de la ternura sobre los deseos sexuales) y la aparición de sentimientos como el pudor y el asco y de aspiraciones morales y estéticas. Según la teoría psicoanalítica, el periodo de latencia tiene su origen en la declinación del complejo de Edipo; corresponde a una intensificación de la represión (que provoca una amnesia que abarca los primeros años), una transformación de las catexis de objetos en identificaciones con los padres y un desarrollo de las sublimaciones.

Libido
Energía postulada por Freud como substrato de las transformaciones de la pulsión sexual en cuanto al objeto (desplazamiento de la catexis),en cuanto al fin (por ejemplo, sublimación) y en cuanto a la fuente de la excitación sexual (diversidad de las zonas erógenas).
En Jung, el concepto libido se amplia hasta designar la energía psíquica en general, presente en todo lo que es tendencia a appetitus.

Libido del yo - libido objetal
Término introducido por Freud para distinguir dos modos de catexis de la libido: esta puede tomar como objeto la propia persona (libido del yo o narcisista) o un objeto exterior (libido objetal). Según Freud, existe un equilibrio energético entre estos dos modos de catexis, disminuyendo la libido objetal cuando aumenta la libido del yo y a la inversa.

Libido narcisista
Véase libido del yo – libido narcisista.

Ligazón
Término utilizado por Freud para designar, de un modo muy general y en registros relativamente distintos (tanto a nivel biológico como del aparato psíquico), un operación que tiende a limitar el libre flujo de las excitaciones, a unir las representaciones entre sí, a constituir y mantener formas relativamente estables.


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domingo, 4 de mayo de 2008

"Caso Dora" (1º parte)


Fragmento de análisis de un caso de histeria. (1905 [1901])
«Bruchstück einer Hysterie-Analyse»

Palabras preliminares.

En 1895 y 1896 formulé algunas tesis sobre la patogénesis de síntomas histéricos y sobre los procesos psíquicos que ocurren en la histeria. Ahora que, tras una larga pausa, procedo a sustentarlas mediante la comunicación circunstanciada del historial de un caso y su tratamiento, no puedo ahorrarme este prólogo, tanto para justificar mi proceder en diversos sentidos cuanto para reducir a un grado razonable las expectativas que pueda despertar.

Fue sin duda espinoso tener que publicar resultados de mis investigaciones, por añadidura de naturaleza sorprendente y poco halagüeña, sin que mis colegas tuviesen la posibilidad de controlarlos. No es menos espinoso empezar a exponer ahora al juicio público una parte del material que me permitió obtener aquellos resultados. No dejarán de hacérseme reproches. Si antes se me endilgó no comunicar nada acerca de mis enfermos, ahora se me dirá que comunico acerca de ellos lo que no debe comunicarse. Serán las mismas personas, lo espero, las que cambiarán así el pretexto para sus reproches, y de antemano renuncio a Desarmar alguna vez a estos críticos.

Pero aun si no hago caso de esas personas malintencionadas y torpes, publicar mis historiales clínicos sigue siendo para mí una tarea de difícil solución. Las dificultades son en parte de orden técnico, y en parte se deben a la naturaleza de las circunstancias mismas. Si es verdad que la causación de las enfermedades histéricas se encuentra en las intimidades de la vida psicosexual de los enfermos, y que los síntomas histéricos son la expresión de sus más secretos deseos reprimidos, la aclaración de un caso de histeria tendrá por fuerza que revelar esas intimidades y sacar a la luz esos secretos. Es cierto que los enfermos no habrían hablado si sospechaban que sus confesiones podrían: ser objeto de un uso científico, y también es cierto que sería vano pretender que ellos mismos autorizasen la publicación. Personas delicadas, más bien pusilánimes, harían prevalecer en estas condiciones el deber de la discreción médica y lamentarían no poder contribuir al esclarecimiento científico. Pero yo opino que el médico no sólo ha contraído obligaciones hacia sus enfermos como individuos, sino hacia la ciencia. Y decir hacia la ciencia equivale, en el fondo, a decir hacia los muchos otros enfermos que padecen de lo mismo o podrían sufrirlo en el futuro. La comunicación pública de lo que uno cree saber acerca de la causación y la ensambladura de la histeria se convierte en un deber, y es vituperable cobardía omitirla, siempre que pueda evitarse el daño personal directo al enfermo en cuestión. Creo haberlo hecho todo para impedir que mi paciente sufra ese daño. He escogido a una persona cuyas peripecias no tuvieron por escenario a Viena, sino a una remota y pequeña ciudad de provincia, y cuyas circunstancias personales, por ende, tienen que ser totalmente desconocidas en Viena. Y desde el comienzo he guardado con tanto celo el secreto del tratamiento que un solo colega, digno de toda confianza, puede saber que esa muchacha fue mi paciente; concluido el tratamiento, esperé todavía cuatro años para su publicación, hasta enterarme de que en la vida de la paciente había sobrevenido un cambio por el cual supuse que su interés en los hechos y procesos anímicos aquí relatados podría haberse desvanecido. Como es natural, no he conservado ningún nombre que pudiera poner sobre la pista a un lector ajeno a los círculos médicos; por lo demás, la publicación en una revista especializada, estrictamente científica, servirá como protección frente a tales lectores no especializados, Desde luego, no puedo impedir que la paciente misma sufra una impresión penosa si por casualidad le cae en las manos el historial de su propia enfermedad. Pero no se enterará de nada que no sepa ya, y podrá decirse a sí misma que muy difícilmente otro averigüe que se trata de su persona.

Sé que hay -al menos en esta ciudad- muchos médicos que (cosa bastante repugnante) querrán leer un caso clínico de esta índole como una novela con clave destinada a su diversión y no como una contribución a la psicopatología de las neurosis. A esta clase de lectores les aseguro que todos los historiales clínicos que tal vez publique en lo sucesivo burlarán su sagacidad mediante similares garantías de secreto, aunque este propósito me obligue a restringirme enormemente en el uso de mi material.

Ahora bien; en este historial clínico, el único que hasta ahora he podido arrancar a las limitaciones de la discreción médica y a lo desfavorable de las circunstancias, se elucidan con total franqueza relaciones sexuales, se llama por sus verdaderos nombres a los órganos y funciones de la vida sexual, y el lector casto puede convencerse por mi exposición de que no me ha arredrado tratar de tales asuntos y en semejante lenguaje con una joven. ¿También debo defenderme de este reproche? Reclamaré para mí simplemente los derechos del ginecólogo -o, mejor dicho, unos mucho más modestos-, y si alguien llegara a suponer que esas conversaciones son un buen medio para excitar o satisfacer apetitos sexuales, declararé que eso indica en él una extraña y perversa salacidad. En lo demás, me inclino a expresar mi juicio con palabras de otro:

«Es lamentable tener que hacer lugar en una obra científica a tales protestas y garantías. Pero no se me lo reproche a mí; acúsese al espíritu de la época, que nos ha llevado hasta el extremo de que ningún libro serio puede estar seguro de sobrevivir». (Schmidt (1902, «Prefacio»))

Paso a comunicar ahora la manera en que vencí en este historial clínico las dificultades técnicas que supone la redacción de los informes. Esas dificultades son muy grandes para el médico que cotidianamente tiene que realizar seis u ocho tratamientos de esta clase y no puede tomar notas durante la sesión misma, pues ello despertaría la desconfianza del enfermo y perturbaría la recepción del material por parte de aquel. Además, para mí sigue siendo un problema no resuelto el modo en que debo fijar para su comunicación el historial de un tratamiento muy prolongado. En el presente caso vinieron en mi auxilio dos circunstancias: la primera, que la duración del tratamiento no superó los tres meses; la segunda, que los esclarecimientos se agruparon en torno de dos sueños -uno contado hacia la mitad de la cura y el otro al final-, que puse textualmente por escrito enseguida de terminada la sesión y pudieron proporcionarme un apoyo seguro para la trama de interpretaciones y recuerdos que se urdió desde ahí. En cuanto al historial clínico mismo, lo redacté sólo después de concluida la cura apoyándome en mi memoria, cuando aún tenía su recuerdo fresco y avivado por el interés de la publicación. (Freud había intentado publicar el trabajo inmediatamente después de concluir su redacción) Por ello el registro no es absolutamente -fonográficamente- fiel, pero puede reclamar una gran confiabilidad. Nada esencial alteré en él, si bien, para mayor coherencia expositiva, en muchos pasajes modifiqué la secuencia de los esclarecimientos.

Ahora paso a señalar lo que se hallará en este informe y lo que se echará de menos en él. Originariamente el trabajo llevaba por título «Sueños e histeria», que me parecía muy apto para mostrar cómo la interpretación de los sueños se entreteje en el historial de un tratamiento y cómo con su ayuda pueden llenarse las amnesias y esclarecerse los síntomas. No sin buenas razones hice preceder, en 1900, un laborioso y exhaustivo estudio sobre el sueño a las publicaciones que me proponía hacer sobre la psicología de las neurosis. Es verdad que la recepción que él tuvo me permitió advertir cuán insuficiente comprensión muestran los colegas, todavía hoy, hacía tales empeños. Y en este caso no era válida la objeción de que, por haber yo retaceado el material, mis tesis no podían producir un convencimiento basado en el control crítico. En efecto, cualquiera puede someter a indagación analítica sus propios sueños y, por las indicaciones y ejemplos que yo daba allí, era fácil aprender la técnica de su interpretación. Hoy como entonces debo aseverar que la profundización en los problemas del sueño es una condición previa indispensable para comprender los procesos psíquicos que ocurren en la histeria y en las otras psiconeurosis, y nadie que pretenda ahorrarse ese trabajo preparatorio tiene la menor perspectiva de avanzar un solo paso en este campo. Por tanto, el presente historial clínico presupone el conocimiento de la interpretación de los sueños; su lectura resultará insatisfactoria en alto grado para quienes no cumplan con ese presupuesto. En vez del esclarecimiento buscado, no hallarán sino motivos de extrañeza; y sin duda proyectarán la causa de esta sobre el autor, al que declararán fantaseador. En realidad, esa extrañeza es inseparable de los fenómenos mismos de la neurosis; no es sino nuestro acostumbramiento médico el que la oculta, y a cada intento de explicación sale de nuevo a la luz. Sólo se la podría eliminar del todo si se lograse derivar exhaustivamente la neurosis de factores que ya se nos hubieran hecho familiares. Pero todo indica, al contrario, que el estudio de las neurosis nos moverá a hacer muchos supuestos nuevos, que sólo poco a poco se convertirán en objeto de un conocimiento seguro. Ahora bien, lo nuevo ha suscitado siempre extrañeza y resistencia.

Erraría quien creyese que los sueños y su interpretación ocupan en todos los psicoanálisis una posición tan destacada como en este ejemplo. (Se hallará una evaluación ulterior del papel que cumple la interpretación de los sueños en el método psicoanalítico en el trabajo que Freud dedicó a ese tema (1911e))

Si el presente historial clínico parece privilegiado en lo tocante al empleo de los sueños, en otros puntos, en cambio, resultó más pobre de lo que yo hubiera deseado. Pero sus defectos dependen de las mismas circunstancias a que debemos la posibilidad de publicarlo. Ya dije que no sabría dominar el material de un historial de tratamiento que se extendiese todo un año. Este historial, que duró sólo tres meses, es abarcable y memorizable, pero sus resultados quedaron incompletos en más de un aspecto. El tratamiento no prosiguió hasta alcanzar la meta prefijada, sino que, llegado cierto punto, fue interrumpido por voluntad de la paciente. En ese momento, algunos de los enigmas del caso no se habían abordado todavía, y otros se habían aclarado de manera incompleta; de haberse proseguido el trabajo, con seguridad se habría avanzado en todos los puntos hasta el último esclarecimiento posible. Por eso no puedo ofrecer aquí sino un fragmento de análisis.

Quizás algún lector familiarizado con la técnica de análisis que expuse en Estudios sobre la histeria [Breuer y Freud, 1895] se asombrará de que en tres meses no se haya podido obtener la solución definitiva al menos de los síntomas abordados. Pero esto se volverá comprensible sí comunico que desde los Estudios la técnica psicoanalítica ha experimentado un vuelco radical. En aquella época, el trabajo partía de los síntomas y se fijaba como meta resolverlos uno tras otro. He abandonado después esta técnica por hallarla totalmente inadecuada a la estructura más fina de la neurosis. Ahora dejo que el enfermo mismo determine el tema del trabajo cotidiano, y entonces parto de la superficie que el inconciente ofrece a su atención en cada caso. Pero así obtengo fragmentado, entramado en diversos contextos y distribuido en épocas separadas lo que corresponde a la solución de un síntoma. A pesar de esta desventaja aparente, la nueva técnica es muy superior a la antigua, e indiscutiblemente la única posible.

En vista del carácter incompleto de mis resultados analíticos, no me queda otra opción que seguir el ejemplo de aquellos exploradores: que, tras largas excavaciones, tienen la dicha de sacar a luz los inapreciables aunque mutilados restos de la antigüedad. He completado lo incompleto de acuerdo con los mejores modelos que me eran familiares por otros análisis, pero, tal como haría un arqueólogo concienzudo, en ningún caso he omitido señalar dónde mi construcción se yuxtapone a lo auténtico.

Hay otra clase de insuficiencia que yo mismo deliberadamente he introducido. En efecto, en general no expuse el trabajo interpretativo a que fue preciso someter las ocurrencias y comunicaciones de la enferma, sino meramente sus resultados. Por tanto, y aparte de los sueños, la técnica del trabajo analítico sólo fue mostrada en unos pocos lugares. Es que en este historial clínico me interesaba poner de relieve el determinismo {determinierung} de los síntomas y el edificio íntimo de la neurosis; si al mismo tiempo hubiera intentado cumplir también las otras tareas, se habría producido una inextricable confusión. Para la fundamentación de las reglas técnicas, halladas las más de las veces por vía empírica, sin duda habría que reunir el material de muchos historiales de tratamiento. No se imagine, empero, muy grande la mutilación que pueda ocasionar la omisión de la técnica en este caso. justamente la pieza más difícil del trabajo técnico no estuvo en juego con la enferma; en efecto, el factor de la «transferencia», de que se habla al final del historial clínico, no fue examinado en el curso del breve tratamiento.

De una tercera insuficiencia de este informe, ni la enferma ni el autor tienen la culpa. Es evidente que un único historial clínico, aunque fuera completo y no dejara lugar a dudas, no podría dar respuesta a todas las preguntas que plantea el problema de la histeria. No puede ponernos en conocimiento de todos los tipos de contracción de la enfermedad, ni de todas las conformaciones de la estructura interna de la neurosis, ni de todas las variedades de trabazón entre lo psíquico y lo somático posibles en la histeria. De un solo caso no puede pedirse razonablemente más que lo que puede brindar. En cuanto a aquellos que no han querido creer hasta ahora en la validez universal y sin excepciones de la etiología psicosexual en la histeria, difícilmente adquirirán esa convicción por el conocimiento de un historial clínico. Lo mejor que pueden hacer es posponer su juicio hasta adquirir por su propio trabajo el derecho a tener una convicción. (Nota agregada en 1923. El tratamiento aquí comunicado se interrumpió el 31 de diciembre de 1899. [Debería decir «1900»]Redacté el informe sobre él en las dos semanas subsiguientes, pero sólo en 1905 lo publiqué. No podría esperarse que más de dos decenios de trabajo continuado no modificarían en nada la concepción y exposición de un caso patológico como este, pero evidentemente sería absurdo poner «up to date» este historial clínico mediante correcciones y ampliaciones, adecuarlo al estado actual de nuestro saber. Por tanto, lo he dejado intacto en lo esencial, y sólo he mejorado en su texto algunos descuidos e imprecisiones sobre los que llamaron mi atención mis destacados traductores ingleses, el señor James Strachey y su esposa. Lo que me pareció admisible en materia de agregados críticos, lo incorporé en notas añadidas al historial clínico, de suerte que el lector tiene derecho a suponer que todavía sustento las opiniones expuestas en el texto cuando en las notas no se diga lo contrario. El problema de la discreción médica que me ocupó en este prólogo no cuenta para los otros historiales clínicos contenidos en este volumen [véase más adelante]; en efecto, tres de ellos se publican con el expreso consentimiento de los pacientes (en el caso del pequeño Hans, el de su padre), mientras que en el cuarto caso (el de Schreber) el objeto del análisis no es propiamente una persona, sino un libro escrito por ella. En el caso de Dora, el secreto se guardó hasta este año.
Durante largo tiempo no tuve noticias de ella, pero recientemente me enteré de que, enfermapor otras razones, confió a su médico que de muchacha había sido analizada por mí; entonces mi colega, un hombre muy bien informado, la reconoció como la Dora de 1899. [También aquí debería decir «1900».] Ningún crítico imparcial de la terapia analítica reprochará a esta que en esos tres meses de tratamiento sólo se finiquitase el conflicto que la paciente tenía entonces, sin protegerla de enfermedades que pudiera contraer después. [Esta nota apareció por primera vez en el octavo volumen de los GesammelteSchriften de Freud (1924), y, en inglés, en el tercer volumen de sus Collected Papers (1925). Cada uno de esos volúmenes contenía sus cinco historiales clínicos más extensos, o sea, además del presente, los casos (mencionados en esta nota) del pequeño Hans (1909b), del «Hombre de las Ratas» (1909d), de Schreber (1911c) y del «Hombre de los Lobos» (1918b). Acerca de la posterior historia de Dora, véase el trabajo de Felix Deutsch (1957).])


El cuadro clínico.

El Primer sueño. Se publicará el día 18/5/08

El Segundo sueño y el Epílogo. Se publicará el día 25/5/08

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sábado, 3 de mayo de 2008

Ciclo de Cine y Psicoanálisis



Soledades y enlaces contemporáneos

En el marco de los aniversarios que este año celebra nuestra unidad académica, se presenta esta propuesta extensionista de Cine y Conferencias co-organizada entre las asignaturas "Momentos y Herramientas de la cura psicoanalítica" y "Semiótica, psicoanálisis y subjetividad actual" y el Programa de Investigación "Psicoanálisis, Ciencia y Época del Centro de Estudios Avanzados de la UNC.

En esta oportunidad se presentarán cinco filmes representantes del modo en que los lazos sociales...se han modificado en las últimas décadas y los conferencistas invitados expondrán su análisis particular a partir de las postulaciones teóricas del psicoanálisis.
Todas las proyecciones se realizarán el Salón de Actos del Pabellón Argentina a las 20:00 con entrada libre y gratuita.

Programa

Martes 6 de Mayo EL DIABLO SE VISTE DE PRADA (Director: David Frankel. USA. 2006)
Conferencia a cargo de: Mariana Gómez, Javier Ferreyra, Alejandro Willington
Martes 13 de Mayo: EL TIEMPO (Director: Kim Ki-duk. Corea. 2007)
Conferencia a cargo de: Diana Paulozky, Ximena Triquell
Martes: REINAS 20 de Mayo
Conferencia a cargo de: Lorena Cuestas, Demián Orosz
Martes 3 de Junio: LA VIDA DE LOS OTROS (Director: Florian Henckel Von Donnersmarck. Alemania. 2006)
Conferencia a cargo de: Soledad Bentolila, Jorge Assef

Fuente: Prensa Facultad de Psicología

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viernes, 2 de mayo de 2008

El grafo del deseo

El grafo del deseo debe ser unos de los temas más complejos del psicoanálisis Lacaniano.

Se han escrito libros interesantísimos sobre el tema. Nosotros queremos compartir con ustedes el capítulo 1 del libro “Introducción a la lectura de Lacan” de Joêl Dor en el que nos habla del grafo.

Esperamos les sea útil.


El grafo del deseo 1:
De la puntada al molino de palabras
(Joêl Dor)

La relación del sujeto con su deseo, se basa en la dimensión de la falta, no está fundada de ningún modo sobre una armonía preestablecida, ya que el deseo es deseo de otra cosa, que puede vehicular la demanda. En esto reside la paradoja del deseo: aunque se base en “el mas acá” de la demanda, el deseo encuentra en ella materia significante para articularse y hacer oír, mas allá de ella, una verdad inconsciente del sujeto que se dice sin que él lo sepa.
El deseo, obligado a convertirse en palabra dentro del molde que le impone la demanda, se ve prisionero del proceso del lenguaje. Sin embargo, en realidad el lenguaje queda atrapado en las redes de las determinaciones inconscientes del deseo. La evidencia mas inmediata de la interrelación entre el deseo, el icc. Y el lenguaje es el carácter contingente del sentido. El despliegue del discurso en el ser parlante acarrea como consecuencia que no exista el sentido en sí mismo. Solo hay sentido metafórico. El sentido surge únicamente de la sustitución de un significante por otro significante dentro de la cadena de significante. Se trata de la primacía del significante sobre el significado. Para Lacan, la segmentación significativa (primacía del significante sobre el significado) aparece como la relación inmediata de un flujo de significantes con un flujo de significados; esta segmentación interrumpiría momentáneamente el “deslizamiento indefinido de la significación. La puntada (esquema hecho en clases), constituye esta operación de segmentación que recuerda la función del valor del signo puesto en práctica el proceso de significación. A partir de ésta, introducida por Lacan, se perfila el proceso del discurso en una dimensión de ante-lingüística: la dimensión del deseo. Esta representación topográfica de esta segmentación constituye el elemento de base del grafo del deseo.

En el grafo 1, el vector &$ esquematiza la operación de almohadillado de la cadena de significante materializada por SS´. El vector &$ es el vector de los significados. La metáfora del almohadillado determina así una doble intersección que ilustra la propiedad del discurso según la cual el último termino de una secuencia hablada es el que le otorga su significado primero y a los que le siguen.
Si bien la puntada ilustra claramente el principio del vínculo entre el significado y el significante en el proceso del lenguaje, este vínculo no puede reducirse, sin embargo a una simple intersección, tal como lo deja entender el grafo 1. Es necesario recurrir a una representación mas estructurada. La S y la & constituyen un punto de partida y la S` y la $ un punto de llegada (no pude dibujar por eso lo escribí en palabras).


En esta nueva figura, la cadena de significante está representada por el vector * Y A *`.
Dada la primacía del significante sobre el significado, esta cadena constituye un lugar favorable a posibilidades de operaciones metafóricas y metonímicas ya que, como vimos antes, las metáforas y las metonimias se elaboran a la manera de sustituciones significantes.
Por otra parte ese vector, estará constituido esencialmente por fonemas, es decir, por unidades mas pequeñas desprovistas de sentido, cuya combinación garantizara la producción de significantes. Los fonemas están especificados por el código de cada lengua y por lo tanto los mensajes se distinguen unos de otros gracias a su sistema de oposición. A causa de su estructura fonemática, el vector podrá prestarse potencialmente a la actualización de una pluralidad de efectos de significantes.
Completaremos la representación de la puntada agregando un nuevo circuito: el circuito A BB y .


Este nuevo circuito representa el circuito del discurso, del discurso racional. Designado por Lacan como círculo del discurso. Ese discurso, que no es más que el discurso corriente, el discurso común, está constituido por semantemas, es decir, elementos significativos. Dentro del círculo del discurso se encuentra determinado el empleo de significantes, es decir, lo que en el uso de ese discurso constituye los puntos fijos determinados por el código.
El código se define como el conjunto de signos y de símbolos que permiten no solo representar, sino también transmitir información. El código del discurso no solo autoriza sino que también funda la comunicación intersubjetiva.
En consecuencia, el círculo del discurso es un lugar de discurso relativamente vacío, un lugar de palabra vacía, es decir, el lugar del discurso concreto del ser hablante que se esfuerza por hacerse oír.
El punto A es el lugar del referente simbólico, es decir, eso a lo que se refiere el discurso en tanto que presenta una aptitud intersubjetiva que lo distingue precisamente del discurso delirante, que no se apoya en ese garante simbólico. El lugar del código aparece así como el lugar del Gran Otro, que Lacan denomina por esa razón “tesoro de los significantes” y simultáneamente “compañero del lenguaje”.
El segundo punto de intersección, el punto Y, en donde cierra el aro, es el lugar de encuentro con la cadena significante en donde va a constituirse el sentido a partir del código. Es entonces el lugar del mensaje. El mensaje es una secuencia de señales, de símbolos que corresponden a reglas de combinación estrictamente determinadas por un código. La significación del mensaje solo puede ser captada en función de ese código ya que, finalmente, percibir la significación de un mensaje siempre es decodificar la forma de un mensaje inicialmente codificado. Es también el lugar en donde algo del orden de la verdad de aquel que hable es más susceptible de aparecer bajo la forma de una palabra llena. En general ninguna verdad adviene en el lugar del mensaje por que el discurso no atraviesa verdaderamente la cadena de significantes. Hace cortocircuito en esta cadena en lugar d pasar por el circuito del gran aro AY que va del código al mensaje. Este cortocircuito que esta representado en el grafo por el segmento BB hace que un discurso no pueda decir nada desde el punto de esa verdad por que gira en falso en una inagotable repetición. A través de ese circuito, el ser hablante da lo mejor de si mismo agotándose en el registro de la palabra vacía del molino de palabras (Lacan). El cortocircuito del molino de palabras pasa por esos puntos específicos B y B` en la medida que encarna dos instancias. El punto B` es el lugar donde se sitúa el objeto metonímico, es decir, el que siempre esta metonimicamente delegado en el lugar del objeto de deseo. En cuanto al punto B es el que específica al sujeto, el yo (je), es decir, al lugar, en el discurso, de aquel que habla.

Entonces; en primer lugar queda claro que un mensaje, cualquiera que sea solo puede elaborarse si existe ese dispositivo en su totalidad. Por otra parte, el habla autentica de un sujeto (la palabra plena) solo puede advenir al lugar del mensaje si una cadena de significante se despliega bajo la tutela de un código que gobierna su uso. En consecuencia, todo sujeto que compromete su discurso en el cortocircuito del “molino de palabra” necesariamente hace escuchar mucho más de lo que intenta decir.
Puede ponerse en evidencia el mecanismo constitutivo de esta creación de sentido si examinamos el funcionamiento del conjunto del dispositivo a partir de una formación del icc. En efecto, si bien la articulación del lenguaje es susceptible de crear sentido, puedo hacerlo únicamente basándose en procesos metafóricos y metonímicos. Ahora bien, estos procesos son, los mecanismos preferidos de las producciones icc.





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jueves, 1 de mayo de 2008

Definición de ?


Estos son conceptos bajo la "letra I" del diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis.Poco a poco iremos publicando más. Es solo la parte de "letras negritas" del diccionario, si tienen oportunidad de leer el resto de el significado, es muy enriquecedor

Ideal del yo
Término utilizado por Freud en su segunda teoría del aparato psíquico: instancia de la personalidad que resulta de la convergencia del narcisismo (idealización del yo) y de las identificaciones con los padres, con sus substitutos y con los ideales colectivos. Como instancia diferenciada, el ideal del yo constituye un modelo al que el sujeto intenta adecuarse.

Idealización
Proceso psíquico en virtud del cual se llevan a la perfección las cualidades y el valor del objeto. La identificación con el objeto idealizado contribuye a la formación y el enriquecimiento de las instancias llamadas ideales de la persona (yo ideal, ideal del yo).

Identificación
Proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones.

Identificación con el agresor
Mecanismo de defensa aislado y descrito por Anna Freud (1936): el sujeto, enfrentando un peligro exterior (representado típicamente por una crítica procedente de una autoridad), se identifica con su agresor, ya sea reasumiendo por su cuenta la agresión en la misma forma, ya sea imitando física o moralmente a la persona del agresor, ya sea adoptando ciertos símbolos de poder que lo designan. Según Anna Freud sería el preponderante en la constitución de la fase preliminar del superyo, permaneciendo entonces la agresión dirigida hacia el exterior y no volviéndose todavía contra el sujeto en forma de autocrítica.

Identificación primaria
Modo primitivo de constitución del sujeto sobre el modelo de otro, que no es secundario a una relación previamente establecida en la cual el objeto se presentaría desde un principio como independiente. La identificación primaria esta en íntima correlación con la relación llamada incorporación oral.

Identificación proyectiva
Termino introducido por M. Klein para designar un mecanismo que se traduce por fantasmas (fantasía) en los que el sujeto introduce su propia persona (Self), en su totalidad o en parte, en el interior del objeto para dañarlo, poseerlo y controlarlo.

Imaginario
En la acepción dada a este término por Lacan (utilizándose casi siempre como substantivo): uno de los tres registros fundamentales (lo real, lo simbólico, lo imaginario) del campo psicoanalítico. Este registro se caracteriza por el predominio de la relación con la imagen del semejante.

Imago
Prototipo inconsciente de personajes que orienta electivamente la forma en que el sujeto aprehende a los demás; se elabora a partir de las primeras relaciones intersubjetivas reales y fantaseadas con el ambiente familiar.

Imago de los padres acoplados
Término introducido por m. Klein para designar una teoría sexual infantil que se expresa en diversas fantasías que representan a los padres como unidos en una relación sexual ininterrumpida: la madre conteniendo el pene del padre o al padre en su totalidad; el padre conteniendo el pecho de la madre o a la madre en su totalidad; los padres inseparablemente confundidos en un coito.
Se trataría de fantasías muy arcaicas e intensamente ansiógenas.

Inconsciente
A) El adjetivo inconsciente se utiliza en ocasiones para designar el conjunto de los contenidos no presentes en el campo actual de la conciencia, y esto en un sentido descriptivo y no tópico, es decir, sin efectuar una discriminación entre los contenidos de los sistemas preconsciente e inconsciente.
B) En sentido tópico, la palabra inconsciente designa uno de los sistemas definidos por Freud dentro del marco de su primera teoría del aparato psíquico; está constituido por contenidos reprimidos, a los que ha sido rehusado el acceso al sistema preconsciente – consciente por la acción de la represión.
Los caracteres esenciales del inconsciente como sistema pueden resumirse del siguiente modo:
a) Sus contenidos son representantes de las pulsiones.
b) Estos contenidos están regidos por mecanismos específicos del proceso primario, especialmente la condensación y el desplazamiento.
c) Fuertemente catectizados de energía pulsional, buscan retornar a la conciencia y a la acción; pero solo pueden encontrar acceso al sistema en la formación de compromiso, después de haber sido sometidos a las deformaciones de la censura.
d) Son especialmente los deseos infantiles los que experimentan una fijación en el inconsciente.
La abreviatura Ics. Designa el inconsciente en su forma substantiva como sistema; es la abreviatura del adjetivo inconsciente, en tanto que este califica, en sentido estricto, los contenidos del citado sistema.
C) Dentro del marco de la segunda tópica freudiana, la palabra inconsciente se emplea sobre todo como adjetivo; en efecto, inconsciente no es ya lo propio de una instancia particular, puesto que califica al ello y a una parte del yo y del superyó. Pero conviene observar:
a) que los caracteres atribuidos, en la primera tópica, al sistema Ics, se atribuyen, de un modo general, al ello en la segunda tópica;
b) que la diferencia entre el preconsciente y el inconsciente, si bien ya no se basa en una distinción intersistémica, persiste como una distinción intrasistémica (por ser el yo y el superyó en parte preconsciente y en parte inconsciente).

Incorporación
Proceso en virtud del cual el sujeto, de un modo más o menos fantasmático, introduce y guarda un objeto dentro de su cuerpo. La incorporación constituye un fin pulsional y un modo de relación de objeto característico de la fase oral; si bien guarda una relación privilegiada con la actividad bucal y la ingestión de alimento, también puede vivirse en relación con otras zonas erógenas y otras funciones. Constituye el prototipo corporal de la introyección y de la identificación.

Instancia
Algunas de las diferentes subestructuras, dentro de una concepción a la vez tópica y dinámica del aparato psíquico. Ejemplo: instancia de la censura (primera tópica), instancia del superyó (segunda tópica).

Instinto

a) Clásicamente esquema de comportamiento heredado, propio de la especie animal, que varia poco de uno a otro individuo, se desarrolla según una secuencia temporal poco susceptible de perturbarse y que parece responder a una finalidad.
b) Término utilizado por algunos autores psicoanalíticos franceses como traducción o equivalente del término freudiano Trieb, para el cual, en una terminología coherente, conviene recurrir al término francés”pulsión”.


Intelectualización

Proceso en virtud del cual el sujeto intenta dar una formulación discursiva a sus conflictos y a sus emociones con el fin de controlarlos.
La mayoría de las veces, el término se toma en sentido peyorativo; designa, especialmente durante la cura, el predominio otorgado al pensamiento abstracto sobre la emergencia y el reconocimiento de los afectos y de los fantasmas.

Interés del yo
Término utilizado por Freud en el marco de su primer dualismo pulsional: energía de las pulsiones de autoconservación, en contraposición a la libido o energía de las pulsiones sexuales.

Interiorización
a) Término utilizado a menudo como sinónimo de introyección.
b) En un sentido más específico, proceso en virtud del cual las relaciones intersubjetivas se transforman en relaciones intrasubjetivas (interiorización de un conflicto, de una prohibición, etc.).

Interpretación
A) Deducción, por medio de la investigación analítica, del sentido latente existente en las manifestaciones verbales y de comportamiento de un sujeto. La interpretación saca a la luz las modalidades del conflicto defensivo y apunta, en último término, al deseo que se formula en cada producción del inconsciente.
B) En la cura, comunicación hecha al sujeto con miras a hacerle accesible este sentido latente, según las reglas impuestas por la dirección y la evolución de la cura.

Interpretación anagógica
Término utilizado por Silberer: modo de interpretación de las formaciones simbólicas (mito, sueños, etc.), que explicitaría su significación moral universal. Por consiguiente, dado que orienta el símbolo hacia ideales elevados, se opondría a la interpretación analítica, que reduciría los símbolos a su contenido particular y sexual.

Introversión
Término introducido por Jung para designar, de un modo general, el desprendimiento de la libido de sus objetos exteriores y su retirada hacia el mundo interno del sujeto.
Freud recogió el término, pero limitando su utilización a una retirada de la libido que conduce a la catexis de formaciones intrapsíquicas imaginarias, lo cual se debería diferenciar de una retirada de la libido hacia el yo (narcisismo secundario).

Introyección

Proceso puesto en evidencia por la investigación analítica: el sujeto hace pasar, en forma fantasmática, de fuera a dentro objetos y cualidades inherentes a estos objetos.
La introyección está próxima a la incorporación, que constituye el prototipo corporal de aquella, pero no implica necesariamente una referencia al límite corporal (introyección en el yo, en el ideal del yo, etc.).
Guarda íntima relación con la identificación.


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Situaciones catastróficas. Pichon Riviere

Pichon Riviere está presente en el blog. Para nuestro deleite, una clase dictada el 02-08-1968 donde hace una caracterización del psiquismo humano ante una situación de catástrofe.

"Hoy vamos a tratar algunos temas extraños a los habituales, de la situación catastrófica que tiene un aspecto manifiesto y otro latente. La situación catastrófica coincide... con la aparición de la enfermedad mental en un miembro de un grupo familiar, pero además la situación catastrófica ha sido ampliada en los últimos años al estudio de situaciones colectivas de ansiedad y pánico, características, como inundaciones, terremotos, movimientos de origen telúrico que toman a una colectividad humana desprevenida.

Hace años nos dedicamos al estudio de la inundación, como tema típico de la situación catastrófica .

Se llama situación catastrófica cuando toma a un conjunto humano, que en un momento dado se ve sometido a frustraciones, miedos, con fenómenos de explosividad y paralización. Es una comunidad no operativa, que difícilmente se defiende de la situación y que no puede planificar. En los EE.UU. existe un departamento de situaciones catastróficas, dependientes de un ministerio, porque allá el problema de las inundaciones es muy frecuente, sobre todo en el sur. A través de eso se han establecido una cantidad de técnicas e incluso se ha sistematizado el enfoque para resolver situaciones de este tipo.

Hace dos o tres años publicamos un trabajo, estudiando detenidamente una situación de inundación que hubo, que en realidad era repetición de muchas que yo había vivido en la costa.

La situación catastrófica puede seguir varios pasos; estudiamos tres. En la primera situación, supongamos la inundación, la primera es una faz subliminal, donde se niega una cantidad de aspectos concretos. Por ej. en la inundación hay síntomas característicos, sobre todo en el Paraná, que es la aparición de camalotes y de un olor particularisimo, a barro, y que todo hombre de la región conoce.

Lo mas curioso es que cuando aparece se reprime y al reprimirse se le adjudica al vecino de la zona una serie de daños en otros términos, es decir, por su actuación o por el ganado que tiene, etc., es decir que se da la adjudicación paranoica al otro, pero deformada y lo que no quieren percibir es precisamente aquello de lo cual tienen experiencia de sobra porque las inundaciones son frecuentes.

Yo hice el estudio en una zona urbana, donde la inundación tomaba tres grandes instituciones del pueblo: una capilla, el cementerio y el prostíbulo.

La capitación subliminal se da por el hecho de que al observar el río hay un aumento de velocidad y de corriente y hay con gran frecuencia la aparición de troncos. También hay animales, que junto con otros en putrefacción provocan un olor particular; ese olor particular es el mas primitivo de todos, es el que da la posibilidad de reconocer la situación catastrófica. Pero es negada porque hay un sentimiento ecológico de no movilidad de la región; la prueba es que una vez pasada la inundación vuelven al mismo lugar.

Esta situación de negación del hecho es fundamental y puede ser explicada en términos de ecología humana y de pensamiento mágico, por el hecho de que el no moverse del lugar significa para ellos no perjudicar a la zona, como si al negar el daño se provocara una paralización o una suspensión de la inundación.

El segundo periodo empieza con los esfuerzos del equipo de salvataje que tropieza inmediatamente con dificultades y con serios conflictos, hasta conflictos armados, donde los marineros de la Subprefectura tienen que sacar a las personas y son recibidos a tiros y agredidos. Por ej. una anécdota de la correlación entre las comisiones de salvataje y los inundados es por había una familia que estaba en el techo, pasó una lancha de salvataje y preguntó "cuantas personas hay?", para llevarlos, y uno contestó "no hay nadie", y la lancha siguió. Fue el colmo pero por parte de ambos, porque también el hombre que se ocupa de los salvatajes suele ser de la región y ha sufrido situaciones semejantes.

Así que el segundo periodo lo podemos clasificar como el enfrentamiento del equipo de salvamento y accidentados o siniestrados. Eso puede pasar en cualquier situación colectiva, donde el siniestro es mas o menos general.

No hay técnica racional para manejar estas situaciones, porque generalmente en los subgrupos (los que quieren irse y los que quieren quedarse), hay un líder de resistencia al cambio o que tiene compromisos en la zona. En la inundación que refiero, en una isla cerca de Paraná, había un sujeto que con fusil en mano defendió su dotación; después que fue reducido se encontró que tenia la madre por ahogarse. Pero la fantasía inconsciente que tenia era que como eso coincidía con posibilidades de un golpe, entonces el, mágicamente, quedándose en la isla, aseguraba que la inundación iba a cesar e iba a ser posible el ultimo golpe político. Yo recuerdo inundaciones cuando yo era muy pequeño, donde el esfuerzo que todos hacíamos, donde todos colaborábamos, fue convencerlos para que evacuaran una zona sumamente peligrosa, donde la necesidad de llevarse cosas, y ahí uno entiende lo que es ecología humana, es decir la relación del hombre con su ambiente, llevarse un catre, un colchón, cosas que podían ser reemplazadas; es decir que el sentimiento de pertenencia al pago era de tal intensidad que el salvataje era muy difícil.

En el tercer periodo, que es la conducta de los siniestrados salvados, empezaban a tener un monto de pretensiones y de reivindicaciones, como si la inundación hubiera sido provocada con una finalidad determinada. Había una racionalización de que la inundación había sido provocada, en esa época, por razones políticas para evitar un golpe.

Muchas situaciones surgen cuando se produce el salvataje, por momentos aprecian verdaderas guerras marítimas, porque se oían descargas.

Una vez evacuados, en terreno firme, empezaba un fenómeno muy curioso, que era un fenómeno de disolución. es decir por mala técnica en el manejo social, se vio que se encargaban de dividir a la familia, había una escisión, lo que debilitaba considerablemente al grupo familiar, teniendo una angustia muy grande por el provenir del grupo segregado, por el hecho de que en esas épocas pueden aparecer determinadas epidemias y enfermedades.

Esa situación de reinstalación dentro de un medio ambiente seguro, va seguida, antes de la total, de ubicación en regimientos, en hospitales, en iglesias, etc. Parecían pacientes porque mostraban falta de capacidad que antes habían mostrado en otras tareas operativas; en este caso parecía que tenían un bloqueo instrumental donde no trabajaban y donde recibían un cierto material de abrigo, que sistemáticamente eran vendidas. Alrededor de un grupo de siniestrados se formaba otro de pequeños compradores que negociaban lo adquirido por el Estado; se establecía un comercio de una actividad febril y un estado de exaltación particular, que iba en ascenso, con la ayuda del alcohol, y entraban en estados de carnaval, es decir, con grupos que se constituían en representantes de otros, con música y también con gran frecuencia de robos. La característica de estos robos eran la característica de las raterias, pequeños robos. También se dieron casos de violaciones, crímenes, secuestros de algunos habitantes de la zona seca que pretendían llevar a su medio ambiente. Ahora, siempre se veía que eran sustitutos de otros que habían desaparecido. Pero la cosa mas dramática en la situación que yo vi era la relación con el cementerio y la inundación y la búsqueda del "muerto ahogado", es decir que el río se llevaba todas las señales y entonces se producía una búsqueda desenfrenada de los lugares, que muchas veces eran encontrados; nunca he oído la magnitud del llanto de esos grupos y también había un luto particular, porque todos estaban de luto; todos buscaban el lugar donde sus parientes habían sido enterrados, eran muertos que habían muerto por segunda vez y entonces se veía el duelo real por primera vez y con una intensidad desenfrenada. Eso daba motivo a un trabajo de duelo intensivo que aliviaba a la comunidad, como todos los rituales funerarios.

Toda tentativa de adjudicación de tierras en lugares nuevos fracasaba. La vuelta tenia que ser al lugar originario y construían la casa de la misma manera que antes, lo cual no era resolver la situación.

También había subgrupos con ideologías diferentes, que entraban en conflicto porque evidentemente había autoridades locales que no hacían nada, cuya tarea única era pasar en lancha y preguntar quien esta, si hay alguno todavía.

De esa manera terminaba todo como un festín, con fiestas, con vuelta al lugar, otra vez con borracheras y desmanes de todo tipo y había momentos de grave peligrosidad para las pequeñas poblaciones que eran realmente asaltadas por ellos, como si fueran responsables y depositarios de la responsabilidad.

Estas situaciones catastróficas han sido estudiadas en EE.UU. con mucho cuidado, porque son muy frecuentes, y se ha creado un instituto de situaciones catastróficas, donde se forman psicólogos sociales especializados, con técnicas de salvamento, de persuasión, o de grupos que pueden influir sobre las otras comunidades, para poderlos evacuar a tiempo, porque todo el problema esta en la evacuación a tiempo, que no se realiza por esa lentitud característica.

Dentro de las situaciones catastróficas en general, aparece como estado principal el pánico que en algunos casos paraliza y en otros promueve la fuga. Un caso de situación catastrófica en medio urbano fue el incidente de River Plate, donde evidentemente existieron una cantidad de factores que impidieron la evacuación, donde la mayoría de los muertos fueron por asfixia y se vio una montaña de zapatos en las fotos, que representaban que la presión por los dos lados hacia que cada uno fuera para arriba, y hubo un paciente que murió posteriormente, que se elevó 25 mts., como impulsado por una catapulta. Esta, como otras situaciones catastróficas pueden ser previstas; en este caso el encuentro frontal entre hinchas de Boca y la policía trajo el inconveniente principal, el cierre o no de las puertas fue secundario. El mecanismo de fuga frente a amenazas provocadas a la policía, porque les tiraron de todo, fue el elemento principal.

Otra situación catastrófica típica fue la de Lima, unos años antes, donde la intervención de dos líderes provocadores, desencadenó una situación de dispersión y ruptura de todas las pautas de conducta; la situación catastrófica estaba dada por la perdida de los roles habituales de cada uno y con la perdida absoluta de la comunicación, donde había personas que gritaban su peligro y que podían ser salvados por otros, pero ya no había un lenguaje comprensible.

En toda situación de pánico se produce, como primer signo, un trastorno de la comunicación y lo importante es que se produce una negación del peligro y negación de la identidad de las personas, que pueden encontrarse en la situación de pánico. Por supuesto que como situación de pánico o catastrófica mas intensa, tenemos la guerra, pero por el hecho de que en la guerra los soldados están institucionalizados en sus cargos, con sus defensas adecuadas, no ceden.

El psicólogo social puede hacer mucho en situaciones como las de inundación, manejando las situaciones grupales y tratando de crear ideologías especiales de salvamento, contra líderes que siempre aparecen, oposicionistas, como si la inundación fuera mandada por el gobierno. En toda situación de pánico, base de la situación catastrófica, el psicólogo social puede actuar haciendo grupos, esclareciendo la intensidad de los miedos a la perdida y al ataque, que coexisten y cooperan en el mismo momento; de ahí la paralización de algunos o la fuga de otros, es decir, se pierde completamente el sentido de la cooperación en una situación de peligro máximo. La tarea especifica del psicólogo social es tomar contacto con aquellas personas que no quieren salir y que provocan retardos y conflictos de todo tipo, y que además son líderes no solamente de la permanencia, sino que son además líderes oposicionistas desde el punto de vista político, como si a través de eso se realizara una acción mágica que derrotara al gobierno existente.

La situación catastrófica tiene un aspecto curioso, por eso lo relacionamos con las psicosis hípnicas; tiene una oscuridad y un pánico que puede ser definido como la presencia simultánea del miedo a la perdida y el miedo al ataque, con una intensidad tal que paralizan o de desorientación total, o de fuga hacia el lugar de peligro.

Relacionamos este tema con las psicosis hípnicas y confusionales que la psiquiatría describe, donde en los estados catastróficos se ve justamente la confusión de roles entre los miembros, es decir los miembros de un grupo determinado tiene sus roles confundidos, no puede operar y necesita entonces personal que lo oriente. Se parece, desde el punto de vista individual, a estados confusionales de otro tipo, que obedecen a múltiples causas y que pueden ser relacionados todos con la pesadilla o con la noche, el soñar y el dormir, porque estudiando grupos de gente siniestrados se ve que tienen estados de insomnio para estar en estado de vigilancia permanente. En esas noches aparecen situaciones semejantes a las situaciones hípnicas individuales, ligadas a la mitología, el folklore, etc., y que temen la aparición de un lobizon, o cualquiera de esos personajes.

Los estados confusionales son la base de toda comunidad siniestrada, donde la gente pierde operatividad por la confusión. Esa confusión se debe a un incremento súbito de los miedos básicos, que les impide operar, y están como estuporosos o hacen fugas muchas veces inadecuadas.

Las psicosis hípnicas pueden ser agrupadas de acuerdo a los mecanismos del sueño. En el sueño hay un estado en el predormir; un estado de somnolencia; hay un estado de dormir con sueños y hay otro de dormir con actividad motriz.

Corresponden a los estados confusionales de la psiquiatría, y hemos establecido una correlación entre ellos. Entre las psicosis hípnicas confusionales, la primera se llama confusión simple, en la cual se advierte como síntoma característico la confusión de identidades, trastornos de la memoria y trastornos de la propia identidad, donde el sujeto se siente confundido, donde realiza permanentemente un gesto como de quitarse algo de la frente, que se llama obnubilación, como si tuviera una nube en la mente. La confusión simple carece de contenidos psicológicos generalmente o muy poco contenido, y puede aparecer en cualquier momento del dia.

Las otras formas mas típicas son las de confusión mental con onirismo, son las confusiones mentales, los esta dos de obnubilación mas la proyección de estados del sueño en la realidad. Son estados oniroides, que se ven en los chicos con gran frecuencia, porque el chico con temperatura con un nivel de excitación especial los padece. Entonces comienza a proyectar sus sueños angustiosos y entonces tiene un gran

miedo frente a eso. Son estados característicos de trastornos tóxicos o infecciosos y constituyen el gran numero de las llamadas psicosis exógenas. Estos enfermos, con un tratamiento adecuado pueden resolver su situación muy rápidamente y la verdadera prevención de la enfermedad mental residen en las primeras 24 horas de todo paciente, que sufre este estado confusional que va alimentar después cuadros mas serios.

La otra enfermedad es equivalente al dormir con agitación motriz, es decir la forma sonambulica; tiene una actividad, una agitación tan desesperada, que hay una liberación de la motricidad, que no aparece en el sueño normal, donde la motricidad esta inhibida. Es lo que se llama sonambulismo y somniloquia (el hablar en sueños). Estos estados pertenecen generalmente a la histeria.

El caso tipo de confusión es la confusión mental estuporosa, es el estado de sueño profundo, llamado por algunos sueño de plomo y donde tienen la sensación de no soñar, cosa que no sucede porque la actividad cerebral esta en funcionamiento y nadie deja de soñar, lo que se prueba con el electroencefalograma.

Los cuadros de confusión simple como equivalente a la somnolencia, la confusión mental oniroide que es la confusión con sueños proyectados, la confusión mental agitada y la estuporosa, constituyen cuatro estados confusionales o psicosis hípnicas, llamadas así porque son psicosis de la noche, no solamente del dormir sino de la noche, y que significan desde el punto de vista diagnóstico y pronóstico, un buen dato, el hecho que comiencen de noche.

Lo importante es que las psicosis confusionales se ligan a muchísimos estados, sobre todo postinfecciosos.

La importancia que tiene el insistir en estos estados confusionales, que aparecen por momentos a voces, es decir que el sujeto entra en confusión y sale, entra y sale, es que estos estados sirven para alimentar situaciones psicóticas mas profundas y son llamadas momentos claves de las psicosis crónicas por el hecho que el sujeto que empieza a tener una actividad de vigilia anormal (por ej. que se siente observado o vigilado) resulta que un sueño de ese tipo refuerza por lo que se llama ideas postoniricas, las ideas delirantes como realidad y despiertan con la idea de que lo vivido durante el sueño es una realidad concreta, y alimenta entonces el sistema psicótico.

Detrás de todo eso tenemos el pánico que se produce por una interferencia brusca de las dos ansiedades y una disgregación, en cierto sentido, con confusión relativa, características de situaciones que hemos descripto como situaciones patorritmicas. La enfermedad que mas produce estos estados es la histeria y la epilepsia. En la histeria tenemos la característica de la pesadilla y en la epilepsia el pavor nocturno. En la pesadilla el niño sueña angustiado pero puede ser despertado, y al despertar proyecta sobre las paredes de su habitación, el contenido de sus sueños y queda despierto. En el caso del pavor nocturno, muy difícilmente son despertables; están con los ojos abiertos, como si estuvieran despiertos, y apenas expresa el contenido de un sueño angustioso se duerme inmediatamente. Es decir que tiende inmediatamente a una regresión mayor y una incorporación de esos contenidos en su mente, mientras que en el histérico quedan con miedo. En la epilepsia, el pavor nocturno se caracteriza por un dormir con los ojos abiertos, angustiado y realizando algunas maniobras como la enuresis , la encopresis, crisis masticatorias, rechinamiento de dientes, crisis de todo tipo, donde la epilepsia visceral, que toma todos los órganos, se manifiesta con gran facilidad de noche, haciendo un síndrome nocturno, a veces como un abdomen agudo, una apendicitis aguda, siendo un equivalente de epilepsia visceral.

La conexión que hicimos entre situaciones catastróficas y situaciones hípnicas, tiene la particularidad de que son todas de carácter súbito, se da el pánico como situación básica."

Fuente: Espiral Dialéctica www.espiraldialectica.com.ar

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