martes, 13 de mayo de 2008

Para Psicoterapia: Piera Aulagnier


La violencia de la interpretación
Capítulo 2: El proceso originario y el pictograma
1.- El postulado de autoengendramiento
En la fase que analizamos, el conjunto de las producciones de la actividad psíquica se adecuará al postulado del autoengendramiento.
Hemos dicho, en principio, que el encuentro original se produce en el mismo momento del nacimiento, pero nos permitimos desplazar ese momento para situarlo en le una primera e inaugural experiencia de place: el encuentro entre boca y pecho.
Factores responsables de la organización de la actividad psíquica en el proceso originario:
1.- La presencia de un cuerpo cuya propiedad es preservar por autorregulación su estado de equilibrio energético. Toda ruptura con este estado me manifestara como sufrimiento. Toda aparición de esta experiencia suscita una reacción que apunta a eliminar la causa. Ante el sufrimiento la psique responde mediante la única acción a su alcance: la alucinación de una modificación en la situación de encuentro, que niegue su estado de falta.
Se observa desde ya el principal escándalo del funcionamiento psíquico: su primer respuesta “natural” es desconocer el cuerpo y “conocer” solamente el “estado” que la psique quiere reencontrar.. Este escándalo revela la presencia original de un rechazo de la vida en beneficio de la búsqueda de un estado de quietud y de un estado de no deseo, que constituyen un propósito siempre operante del deseo.

2.- Un podes de excitabilidad al que se debe la “representación en la psique de los estímulos originados en el cuerpo y que alcanzan el espíritu...” Esta definición que proporciona Freud de la pulsión se aplica en todos los aspectos a la que proponemos para la actividad pictográfica. (Es decir que esa representación sería el pictograma).

3.- Un afecto ligado a esta representación

4.- Desde un primer momento, la doble presencia de un vínculo y de una heterogeneidad entre la x de la experiencia corporal y el afecto psíquico, que se manifiesta en y por la representación pictográfica. Efectivamente, el afecto es coextenso con la representación, y la representación puede conformarse o no a la realidad de la experiencia corporal.

5.- La exigencia constante de la psique: en su campo no puede aparecer nada que no haya sido metabolizado previamente en una representación pictográfica. La representabilidad pictográfica del fenómeno constituye una condición necesaria para su existencia psíquica: ley universal e irreductible como la que decide las condiciones de audibilidad o visibilidad de un objeto. (Ya había planteado en la pagina 31: “...es evidente que, cualquiera que sea el sistema considera, el término “representabilidad” designa la posibilidad de determinados objetos de situarse en el esquema relacional característico del postulado del sistema.)


Las condiciones necesarias para la representabilidad del encuentro

La actividad del proceso originario es paralela con una experiencia responsable del desencadenamiento de la actividad de una o varias funciones del cuerpo.
Esta actividad y esta excitación exigen el encuentro entre un órgano sensorial y un objeto exterior que posea un poder de estimulación frente a él. La representación pictográfica de este encuentro exhibe la particularidad de ignorar la dualidad que la compone. Lo representado se presenta ante la psique como presentación de ella misma. La representación, así, es una “puesta en presentación” de la psique para la psique, autoencuentro entre una actividad originaria y un “producto”, también originario.
La primera condición de la representabilidad del encuentro nos remite, pues, al cuerpo y, más precisamente, a la actividad sensorial que lo caracteriza.
Veamos en qué condiciones la representación del encuentro puede ser una fuente de A.- placer y en cuales otras, B.- de displacer.

A.- En este punto encontramos una segunda ley general de la actividad psíquica: la meta ala que apunta nunca es gratuita, el gasto de trabajo que implica debe asegurarse una “prima de placer”; de no ser así, la no catextización de la actividad de representación pondría fin a la actividad vital misma.
Bien, es evidente, que si este “placer mínimo” fuese el único en juego, su sola meta podría ser la perennidad de una representación inaugural que se convertiría en soporte, primero y último, de la totalidad de la energía psíquica. Propósito imposible de realizar pero que testimonia, en nuestra opinión, la complicidad que existe desde un primer momento entre principio del placer y pulsión de muerte. Para que esta complicidad no se imponga con excesiva celebridad a la meta de Etos, es necesario que a este placer mínimo se le añada la búsqueda y la espera de una “prima de placer”, equivalente psíquico de un “placer de órgano”, se convierte en meta de la actividad psíquica.
La psique percibe muy precozmente un suplemento de placer cuando a la representación la acompaña una experiencia de satisfacción real: a condición, sin embargo, de que esta satisfacción pueda proporcionar placer y no se reduzca a calmar la necesidad.
La condición esencial para que esto sea posible es que esta experiencia pueda representarse como aportando placer a las dos entidades de lo que definiremos como “el objeto-zona complementario”. Así, la prima de placer se encuentra relacionada con la posibilidad de una representación y de una experiencia que puedan poner respectivamente en escena y en presencia la unión de dos placeres, el del representante y el del objeto que él representa.

B.- Si analizamos ahora las condiciones relativas al afecto de displacer, diremos que este afecto esta presente en toda oportunidad en la que el estado de fijación es imposible y en que la actividad psíquica debe volver a forjar una representación. Podemos recurrir a la metáfora energética y decir que el trabajo requerido para el surgimiento de una nueva represetanción determina un estado de tensión, responsable de lo que llamaremos el “displacer mínimo”.

No es posible comprender la representación del afecto de displacer sin postular la presencia originaria de la antinomia típica de los dos propósitos del deseo: deseo de catectizar al objeto metabolizandolo y deseo de autoaniquilación.
El corolario y el sinónimo del displacer es un deseo de autodestrucción , primera manifestación de una pulsión de muerte que considera a la actividad de representación como la tendencia opuesta a su propio deseo de retorno al “antes” de toda representación.
Esta hipótesis nos facilita la comprensión de lo que separa a los dos conceptos llamados por Freud principio de Nirvana y pulsión de muerte. Al primero es posible concebirlo como la actualización de un principio de placer que tiende a la quietud y a la persistencia inmutable de una primera representación, que se ofrece a la psique como prueba de omnipotencia de autoengendramiento. En lo que se refiere a la pulsión de muerte, todo ocurre como el “tener que representar”, como corolario del “tener que desear”, perturbase un dormir anterior, un antes ininteligible para nuestro pensamiento y en cuyo transcurso todo era silencio.
Observamos la manifestación de un odio radical, presente desde un primer momento, contra una actividad de representación cuyo inicio presupone la percepción de un estado de necesidad que ella tiene como función anular.
Todo surgimiento del deseo de representar se origina en el deseo de precluir la posible irrupción de la necesidad y de lo que ella determina: así el deseo mismo puede descubrirse como deseante de un estado que lo haría inútil y sin objeto. El deseo de no tener que desear es un objetivo inherente al propio deseo. Deseo de no deseo: fórmula que expresa nuestra concepción de la pulsión de muerte. Al ser parte constitutiva de los objetivos del deseo, el odio corre el riesgo de imponerse en toda ocasión en que lo representado ya no logre ignorar la necesidad y, por eso mismo, en toda ocasión en la que corre el riesgo de acompañarse con una experiencia de displacer. En este caso, la psique considerará el resultado de su propio trabajo como demostración y prueba de la existe de su otro lugar, el espacio corporal.
El cuerpo, al mismo tiempo que es el sustrato necesario para la vida psíquica, obedece a leyes heterogéneas a la de la psique. Estas sin embargo, deberán imponer su exigencia y obtener una satisfacción real: de ese modo, el cuerpo aparecerá como prueba irreductible de la presencia de otro lugar...Pero también es cierto que, si la vida prosigue, el cuerpo se convierte en fuente y lugar de un placer erógeno, que permite que algunos fragmentos sean catectizados de inmediato por la libido narcisista al servicio de Eros.
Veremos que este autodescubrimietno del poder de sus funciones sensoriales se presentará en el pictograma a través del modelo de tomar en sí un objeto autoengendrardo.

Así hemos encontrado en forma sucesiva:

1.- una experiencia del cuerpo, a la que hemos designado como la x inconocible, que acompaña a una actividad de representación que da lugar al pictograma
2.- un afecto que esta indisolublemente ligado a esa experiencia, y que puede ser tanto de placer cuanto de displacer
3.- la presencia original de una ambivalencia radical del deseo frente a su propia producción
4.- por último, la ambivalencia de toda catexia concerniente al cuerpo. Cuerpo que aparecerá sucesivamente como conjunto de zonas erogenizadas y como “otro lugar” detestado en toda ocasión en la que denuncie los límites del poder de la psique.

Examinaremos a continuación la relación psique-cuerpo, aclarando así a qué nos referimos cuando hablamos de lo que se “toma prestado” del modelo corporal


3.- El “préstamo” tomado del modelo sensorial por la actividad de lo originario


Partimos de la hipótesis de que el fundamento de la vida del organismo consiste en una oscilación continua entre dos formas elementales de actividad: “tomar en sí” y “rechazar fuera de sí”.
Actividades éstas que se acompañan con un trabajo de metabolización de lo “tomado”, que lo transforma en un material del propio cuerpo: los residuos de esta operación, por su parte son expulsados del cuerpo.
Respiración y alimentación constituyen un ejemplo simple y claro de esto.
En términos psicoanalíticos, el “tomar en sí” y el “rechazar fuera de sí” pueden traducirse desde un primer momento en otro binomio: la catectización y la descatectización de aquello de lo que es informado y del objeto de excitación responsable de esta información.
Importa señalar que, en esta fase, la representación pictográfica de los conceptos “tomar” y de “rechazar” es la única representación posible de toda experiencia sensorial:

1) lo percibido por la vista, el oído, el gusto lo será por la psique como una fuente de placer autogenerado por ella, que forma parte por excelencia de lo que “es tomado”, o
2) de lo contrario, como fuente de sufrimiento que debe rechazar: en tal caso, este rechazo implica que la psique se automutila de aquello que pone en escena al órgano y a la zona, fuente y sede de la excitación.

Se plantea el problema de la relación que existe entre el término “préstamo” que proponemos y el de apuntalamiento utilizado por Freud: su semejanza es evidente, pero se distinguen en un aspecto. En la acepción que le otorga Freud el apuntalamiento se relaciona en mayor medida con una “astucia de la psique” que aprovecharía el camino que abre la percepción de la necesidad para permitir a la pulsión que la informe de sus exigencias vitales...
La heterogeneidad entre necesidad y pulsión no impide que entre estas dos entidades exista una relación que ya no pertenece al orden del apuntalamiento, sino de la dependencia efectiva. Nuestra hipótesis acerca de lo originario como creación que se repite indefinidamente a lo largo de la existencia implica una enigmática interacción entre lo que llamamos el “fondo representativo” sobre el que funciona todo sujeto y una actividad orgánica...


4.- Pictograma y especularización

Mucho antes del estadio del espejo, desde el origen mismo de la actividad psíquica, se comprueba la presencia y la pregnancia de un fenómeno de especularización: toda creación de la actividad psíquica se presenta ante la psique como reflejo, representación de sí misma, fuerza que engendra esa imagen de cosa en la que se refleja.
Si se acepta que en esta fase el mundo no existe fuera de la representación pictográfica que lo originario forja acerca de él, se deduce que la psique encuentra al mundo como un fragmento de superficie especular, en la que ella mira su propio reflejo. De lo “exterior a sí” solamente conoce en un principio lo que puede presentarse como imagen de sí... representante y representación del mundo son complementarios entre sí

Hemos escogido como punto de partida de nuestra construcción la experiencia inaugural de una vivencia de placer debido a la función que acordamos a la actividad sensorial, fuente original de un place que constituye condición necesaria y causa de la catectización de una actividad corporal cuyo poder descubre la psique. Experiencia de un placer que ella obtiene y que constituye la condición previa necesaria para la catectización de la actividad de representación y de la imagen que en ella se origina.
Se debe señalar con claridad la imbrincación sincrónica de esos diferentes momentos:

a) percepción sensible de un ruido, de un gusto, de un tacto, de un olor, de algo visto, fuente de placer, que coincide temporalmente con la experiencia de la satisfacción de la necesidad alimenticia y la excitación efectiva de la zona oral; pero que coincide también con la satisfacción de una expectativa de la organización sensible...;
b) descubrimiento de un poder “ver, oír, oler, tocar, gustar” que será metabolizado por la psique en la representación de su poder de autoengendrar el objeto y el estado de placer;
c) representación de esta dualidad “zona sensorial-objeto causante de la excitación” mediante una imagen que los pone en escena como una entidad única e indisociable; a esta entidad la llamamos “la imagen del objeto-zona complementario”. Esta imagen es el pictograma, en cuanto puesta en forma relacional en que el representante se refleja como totalidad idéntica al mundo.

Lo que la actividad psíquica contempla y catectiza en el pictograma es el reflejo de si misma que le asegura que, entre el espacio psíquico y el espacio de lo exterior a la psique, existe una relación de identidad y de especularización recíprocas.
Debemos señalar que a partir de la experiencia de placer, todo placer de una zona es al mismo tiempo, y debe serlo, placer global del conjunto de las zonas...

A partir de estas comprobaciones podemos definir del siguiente modo lo que caracteriza a la representación pictográfica: la puesta en forma de una percepción mediante la que se presentan, en lo originario y para lo originario, los afectos que allí se localizan en forma sucesiva, actividad inaugural de la psique para la que toda representación es siempre autorreferente y nunca puede ser dicha ya que no puede responder a ninguna de las leyes a las que debe obedecer lo “decible”.


5.- Pictograma y placer erógeno

La totalidad sincrónica de la excitación de las zonas erógenas es la condición previa necesaria para la integración del cuerpo como unidad futura. Además esta sincronía de los placeres erógenos es coextensa con una primera experiencia de amamantamiento que reúne una boca y un pecho y se acompaña con un primer acto de ingestión de alimento que hace desaparecer su estado de necesidad. El importantísimo lugar que ocupa el concepto de oralidad se origina en el hecho de que remite a esta experiencia inaugural de placer, que hace coincidir: a) la satisfacción de la necesidad; b) la ingestión de un objeto incorporado; c) el encuentro de objetos fuente de excitación y causa de placer.
El pecho es el dispensador de la totalidad de los placeres. Por su presencia se desencadena la actividad del sistema sensorial y de la parte del sistema muscular necesaria para el acto de succión: de ese modo, la psique establecerá una identidad entre lo que realmente es efecto de una actividad muscular y lo que se origina en la excitación sensorial que, a su vez, podríamos decir, “ingiere” el placer que experimenta en el momento de su excitación.
Por ello la boca se convertirá en representante, pictográfico y metonímico, de las actividades del conjunto de las zonas.. El pecho será representado como fuente global y única de los placeres sensoriales. Zona y objeto primordiales son indisolubles. Esta “objeto-zona complementario” es la representación primordial mediante la cual la psique pone en escena toda experiencia de encuentro entre ella y el mundo. Ella es la protorrepresentación de lo que se observará como fuente de la actividad fantaseada de lo primario, es decir, la fantasía originaria de una escena primaria.
Así, la presentación pictográfica, que lo primario transformará en una escena primaria, metaboliza a la pareja parental en la representación de dos partes que únicamente pueden existir bajo una forma indisociada: incorporación o rechazo.

Hasta ahora hemos hablado del objeto-zona complementario como coextenso a una experiencia de placer. Pero también puede de fuente de displacer.
La complementariedad zona-objeto y su coroloraio, es decir, la ilusión de que toda zona autoengendra el objeto adecuado a ella, determina que el displacer originado en la ausencia del objeto o en su inadecuación, exceso o defecto de la zona misma. En este estadio, “el objeto malo” es indisociable de una “zona mala”.
Pero como en el registro pictográfico su indisolubilidad sigue siendo total, ello dará lugar a la puesta en escena de una imposible separación, de un desgarramiento violento y recíproco, que se perpetúa entre zona y objeto: una boca que intenta arrancar el pecho, un pecho que intenta arrancarse del a boca.
La primera ilustración del “rechazar fuera de sí” es la del a puesta en escena de un rechazo mutuo entre zona y objeto.... El resultado será que el rechazo del objeto, su descatectización, implicarán un mismo rechazo y descatectización de la zona complementaria. En lo originario, el deseo de destruir el objeto se acompañara siempre con el deseo de aniquilar una zona erógena y sensorial, al igual que la actividad que se produce en ella.
En esta mutilación de una zona-función fuente de placer se observa el prototipo arcaico de la castración que lo primario tendrá que remodelar. En lo originario, todo órgano de placer puede convertirse en algo de lo que es posible mutilarse para anular el displacer con respecto al cual aquel, súbitamente se muestra causante

Más adelante cita a Freud, quien en La pulsión y sus destinos plantea que la relación de odio con el objeto es anterior al amor. De acuerdo con nuestra concepción, el odio no es ni anterior ni posterior al amor: ambos términos designan el afecto y la meta, característicos de dos representaciones inaugurales. El amor se origina en el propósito globalizador, unificador y centrífugo de Eros que da forma a la imagen de un mundo en el que todo objeto tiende y confluye hacia su complemento, se une con él para reencontrar una totalidad perfecta. El odio, nace en el área de Tánatos, su fin ser la aniquilación del deseo y de su búsqueda, su tendencia será odiar radicalmente a todo aquello que demuestre la dependencia de la zona en relación con el objeto, y recordará así que la psique podría descubrirse en estado de falta, verse obligada a desear lo que no está presente.
La puesta en escena del desgarramiento y del rechazo entre zona y objeto es también la representación de la relación de odio entre Tánatos y Eros, a partir del momento en que este último ya no logra apresar al primero en la trampa de una fijación entre la libido y el objeto que cree la ilusión de un retorno a un silencio y a un statu quo eternos.


6.- La reproducción de lo mismo


La relación que existe entre la energía en acción y su producción tiende al mantenimiento de un estado estático. Este objetivo puede realizarse de dos manera:

1.- Mediante la fijación de la energía a un soporte (lo representado) que ella catectiza ... Esa tendencia hacia la representación, ese deseo de presencia, es lo que llamamos Eros.

2.- Mediante el intento de anular toda razón de búsqueda y de espera, gracias al retorno a un silencio primero, a un antes del deseo, momento en el que se ignoraba estas “condenado a desear”. Esta tendencia regresiva hacia un antes imposible es lo que llamamos Tánatos. Lo deseado no es la muerte sino ese antes impensable para el discurso: antes de la vida, antes del deseo, antes de un placer...

Así el conflicto está presente desde un primer momento, ya que en toda oportunidad en la que surja el estado de deseo se producirá, al mismo tiempo, una búsqueda del objeto esperado y un rechazo de toda actividad de búsqueda, deseo de presencia y odio ante un encuentro... Por lo tanto, Eros puede imponerse sólo si la espera del placer no se prolonga, ya que su astucia consiste en ofrecer a Tánatos por la vía del objeto la ilusión de que ha alcanzado su meta: el silencio del deseo, el reposo de la actividad de representación.

Hemos dicho que en la escena psíquica nada puede aparecer salvo en y a través de esta representación: a ello se debe la importancia atribuida a lo que se figura sobre la escena, al “préstamo” tomado del modelo sensorial y al concepto de pictograma consecuente. El pictograma no es sino la primera representación que se da acerca de sí misma la actividad psíquica a través de su “puesta en forma” del objeto-zona complementario y del esquema relacional que ella impone a estas dos entidades.

Cualquiera que sea la diversidad de las experiencias de placer o de displacer del infans la experiencia misma, la experiencia en sí, podríamos decir, será metabolizada... En otras palabras, la psique contempla en la representación su propia forma de actividad (incorporar o rechazar)...En nuestra opinión, este esquema relacional, primera metabolización de la relación psique-mundo y de la relación de la psique con sus producciones sigue operando siempre...Alegría y dolor, como sentimientos del Yo, serán metamorfoseados a través de este proceso en jeroglíficos, corporales.... toda producción en este espacio será metabolizada por lo originario y representada como efecto de su poder de engendramiento del objeto de placer...


7.- A propósito de la actividad de pensar


A partir de un momento dado, que caracteriza el pasaje del estado del infans al del niño, la psique adquirirá conjuntamente los primeros rudimentos del lenguajes y una nueva “función”: ello dará lugar a la constitución de un tercer lugar psíquico en el que todo existente deberá adquirir el status de “pensable”, necesario para que adquiera el de decible. Se instaura así una función de intelección cuyo producto será el flujo ideico que acompañará al conjunto de la actividad. Toda fuente de excitación, toda información, solo logra tener acceso al registro del Yo si puede dar lugar a la representación de una “idea”. Debemos añadir que toda actividad del yo se traducirá entonces en un “flujo pensante”...
Lo decible entonces constituye la cualidad característica de las producciones del yo. Si consideramos ahora lo primario diremos que en él tiene lugar lo “pensable”; que se observan representaciones ideicas; que, después de una primera fase, imagen de palabra e imagen de cosa se han constituido...
En un primer momento, el surgimiento de la “función de intelección” como nueva forma de actividad se añadirá a las funciones parciales preexistentes. Ella se presenta ante la psique como una nueva “zona-función” erógena cuyo objeto apropiado y cuya fuente de placer sería la idea. Es esta una condición necesaria para que el proceso primario catectice esta “zona pensante”... Podemos decir que la actividad de pensar, condición de existencia del Yo, se constituye como el equivalente de una función y de un placer “parcial” que se impondrán a la catectización de lo primario por la erogenización que este placer induce.
Para el yo lo que no puede tener una representación ideica no tendrá existencia, lo que no quiere decir que no pueda sufrir sus efectos. Por ello la actividad del yo comporta una producción ideica, una autoinformación, especie de comentario de la vivencia en juego y objetivo de la actividad de pensar, función de lo secundario. Lo que se desarrolla en este registro se acompaña con lo que llamamos los sentimientos del yo, es decir, el afecto en su forma consciente.

Nuestra hipótesis acerca del pictograma postula su copresencia, en un lugar precluido al yo y a su entendimiento en el caso de todo pensamiento, de toda vivencia. Ello determinará que todo acto de catectización operado por el yo y, por consiguiente, el conjunto de las relaciones presentes entre el yo y su objeto darán lugar a una triple inscripción en el espacio psíquico:
1.- En el registro del yo observamos la inscripción del enunciado de un sentimiento...
2.- En el registro de lo primario, los anhelos del yo y sus sentimientos se traducirán en una fantasía
3.- En el registro de lo originario, se tendrá un pictograma en el cual el propio yo se presenta como zona complementaria y el objeto catectizado interviene como “lugarteniente” del objeto complementario.

Esta hipótesis implica que la idea, es decir, el enunciado del sentimiento, fuente de placer o de sufrimiento, se representará mediante el objeto indisociablemente unido a esta zona complementaria que representa para lo originario la actividad del yo


8.- El concepto de originario: conclusiones

La especificidad de la actividad de lo originario reside en su metabolización de todas las experiencias, fuente de afecto en un pictograma.
A única condición necesaria para esta metabolización es que el fenómeno responsable de la experiencia responda a los caracteres de la representabilidad.

Podemos plantear entonces una primera separación entre dos tipos de “existentes”:
1) el primero abarca lo que el sujeto no conocerá nunca;
2) El segundo comprende dos subconjuntos:
1) el subconjunto de lo representable y 2) el subconjunto de lo inteligible.

1) En lo referente al primer tipo, su única existencia para el hombre es la que se origina en el saber mítico o científico
2) A la inversa, el segundo registro comprende lo existente que se abre un camino en el espacio psíquico: a) los fenómenos representables (las producciones de lo originario); b) los fenómenos figurables y pensables (producciones de lo 1rio. y 2rio.)

So bien todo pensable tiene un representante en el espacio de lo representable, inversamente, las representaciones originarias son precluidas del espacio que comprende lo primario-secundario.
Volvamos al registro de lo representable: la información sensorial que debemos a las propiedades de estimulación que poseen una serie de objetos determina el conjunto de la actividad de los órganos de los sentidos
Esta caracterización de la actividad sensorial constituye la condición misma de existencia de una vida psíquica, ya que es condición necesaria para la catectización de la actividad de representación. En efecto, toda información sensible solo es tal en la medida en que dispone de una representación en el espacio psíquico: “excitación, erogenización, representación” ... designan las tres cualidades que un objeto debe necesariamente poseer para que pueda existir ante la psique.
En nuestra opinión, es indudable que la catectización de la actividad de representación constituye una condición necesaria para la vida.

El pictograma es la representación que la psique se da de sí misma como actividad representante; ella se representa como fuente que engendra el placer erógeno de las partes corporales, contempla su propia imagen y su propio poder en lo que engendra, es decir, en lo visto, en lo oído, en lo percibido que se presenta como autoengendrardo por su actividad.

Puntualizaciones:

1.- El espacio y la actividad de lo originario son, para nosotros, diferentes del inconsciente y de los procesos primarios. La propiedad de esta actividad es metabolizar toda vivencia afectiva presente en la psique en un pictograma

Originiario Metaboliza: vivencia afectiva en pictograma

2.- Lo único que esta actividad puede tener como “representado” es lo que hemos definido con el término de objeto-zona complementario

Originario= Lo representado = un objeto zona complementario

3.- Esta “puesta en forma” es representación del afecto que une el objeto con la zona, pero este afecto, asimismo es representación de la relación que une al representante con las experiencias que le impone la existencia de lo ajeno a él

Representante + lo ajeno a él

Afecto

Objeto + zona

4.- Como vivencia de lo originario, el afecto es representado por la acción de atracción o de rechazo recíproco de la zona y del objeto

Afecto representado por: la atracción o rechazo del obj-zona


5.- Esta ingestión o esta atracción y este rechazo son la ilustración pictográfica de los dos sentimientos fundamentales que el discurso llama amor y odio

Amor: atracción Odio: rechazo

6.- Toda experiencia de placer reproduce la unión órgano sensible-fenómeno percibido y toda experiencia de displacer implica el deseo de automutilzación del órgano y destrucción de los objetos de excitación correspondientes.

Placer: unión órgano-fenómeno percibido Displacer: automutilación del órgano + objeto

7.- De este préstamo tomado de las funciones del cuerpo se deduce que en lo originario lo único que puede representarse del mundo es lo que puede darse como reflejo especular del espacio corporal

Originario: mundo: reflejo especular del cuerpo

8.- Esta metabolización que opera la actividad de representación persiste durante toda la existencia... El espacio y las producciones de la psique que no son lo originario se representan para ese último como los equivalentes de un objeto-zona complementario, cuya actividad puede causa placer o displacer.

Originario: metabolización que dura toda la vida

9.- Esto es lo que designamos como “fondo representativo” precluido al poder de conocimiento del yo

10.- En el campo de la psicosis, este fondo representativo puede durante algunos momentos ocupar el centro de la escena: no porque el pictograma como tal invada la escena de lo consciente sino porque la tarea del proceso secundario que a su manera prosigue su lucha e intenta defenderse contra esta fractura se invertirá. Ya no se trata de un puesta en sentido del mundo... sino de la tentativa desesperada por convertir en decibles y provistos de sentido a vivencias cuyo origen reside en una representación en la que el mundo es solo el reflejo de un cuerpo que se autodevora, se automutila, se autorrechaza.

Psicosis: lo originario ocupa el centro de la escena

11.- Fuera del registro de la psicosis existen momentos de división del yo en los que vacila la construcción, obra del yo, que da sentido al mundo... En todos los casos en los que la idea del mundo corre el riesgo de vacilar, en forma imprevista e incontrolable, el funcionamiento psíquico corre el riesgo de disponer solamente de una imagen del mundo cercana a lo originario.

12.- Rara vez estos momentos están ausentes de la vivencia del psicótico: se manifiestan a través de lo que el discurso llama acting out, la estupefacción, determinadas formas catastróficas de la angustia
Lo que no cambia en el no psicótico es la posibilidad que conserva el yo de retomar la posesión de su espacio y de su modo de funcionamiento, de olvidar esos momentos de prueba y de dominarlos, pero sólo a posteriori, tratándolos como “cuerpos extraños”

13.- En definitiva, lo originario, según nosotros, es el “depósito pictográfico” en el que siguen actuando, en un estado de fijación permanente, las representaciones a través de las cuales, en última instancia, se representa y se actualiza indefinidamente el conflicto irreductible que enfrenta a Eros y Tánatos, el combate que disputa el deseo de fusión y el deseo de aniquilación, el amor y el odio, la actividad de representación como deseo de un placer de ser y como odio por tener que desear.

Debemos analizar ahora los efectos de la estructura originaria, tal como los hemos definido, reubicándolos en la situación “real” de su aparición y de su funcionamiento: nos referimos al encuentro en el cual a lo originario le responde lo “secundario” que gobierna a la conducta de la madre, encuentro cuyo primer efecto será el comienzo de la acción de lo primario.





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