
Paro de ADIUC
Les informamos que ADIUC convoca a un paro para los dias 27 y 28 de este mes. No olviden que el miércoles 27 es feriado por el censo o sea que en Córdoba el paro sería solo el día 28. Les transcribimos lo que dice la página del gremio, pero de todos modos pregunten porque cada profesor tiene su criterio respecto al paro.
27 y 28 de agosto paro nacional de docentes universitarios
El jueves 21 de agosto desde ADIUC, concurrimos a la Mesa del Consejo Directivo de CONADU (Plenario de Secretarios Generales) y a la presentación de una lista de oposición a la actual conducción de CONADU para las próximas elecciones de Junta Ejecutiva a celebrarse en octubre.
Enviado por: webmaster el 22 de ago de 2008 a las 21:59 hs.
Fuente: ADIUC
lunes, 25 de agosto de 2008
Paro de ADIUC
viernes, 22 de agosto de 2008
Definición de ?
Términos contenidos en la letra "Q" y "R"del diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis (Solo las letras negritas)Quantum de afecto
Factor cuantitativo postulado como substrato del afecto vivido subjetivamente, para designar lo que permanece invariable en las diversas modificaciones de éste: desplazamiento, separable de la representación, transformaciones cualitativas.
Racionalización
Procedimiento mediante el cual el sujeto intenta dar una explicación coherente, desde el punto de vista lógico, o aceptable desde el punto de vista moral, a una actitud, un acto, una idea, un sentimiento, etc., cuyos motivos verdaderos no percibe; especialmente se habla de la racionalización de un síntoma, de una compulsión defensiva, de una formación reactiva. La racionalización interviene también en el delirio, abocando a una sistematización más o menos marcada.
Reacción terapéutica negativa
Fenómeno observado en algunas curas psicoanalíticas y que constituye un tipo de resistencia a la curación singularmente difícil de vencer: cada vez que cabría esperar, del progreso del análisis, una mejoría, tiene lugar una agravación, como si ciertos individuos prefirieran el sufrimiento a la curación. Freud atribuye este fenómeno a un sentimiento de culpabilidad inconsciente inherente a ciertas estructuras masoquistas.
Realidad psíquica
Término utilizado frecuentemente por Freud para designar lo que, en el psiquismo del sujeto, presenta una coherencia y una resistencia comparables a las de la realidad material; se trata fundamentalmente del deseo Inconsciente y de las fantasías con él relacionadas.
Realización simbólica
Expresión mediante la cual M.-A. Sechehaye designa su método de psicoterapia analítica de la esquizofrenia: se trata de reparar las frustraciones sufridas por el paciente en sus primeros años procurando satisfacer simbólicamente sus necesidades y abrirle el acceso a la realidad.
Recuerdo encubridor
Recuerdo infantil que se caracteriza a la vez por su singular nitidez y la aparente insignificancia de su contenido. Su análisis conduce al descubrimiento de experiencias infantiles importantes y de fantasías inconscientes. Al igual que el síntoma, el recuerdo encubridor constituye una formación de compromiso entre los elementos reprimidos y la defensa.
Regla fundamental
Regla que estructura la situación analítica: se invita al analizado a decir lo que piensa y siente, sin seleccionar nada y sin omitir nada de lo que le venga a la mente, aunque le resulte desagradable comunicarlo o le parezca ridículo, carente de interés o inoportuno.
Regresión
Dentro de un proceso psíquico que comporta una trayectoria o un desarrollo, se designa por regresión un retorno en sentido inverso, a partir de un punto ya alcanzado, hasta otro situado anteriormente.
Considerada en sentido tópico, la regresión se efectúa, según Freud, a lo largo de una sucesión de sistemas psíquicos que la excitación recorre normalmente según una dirección determinada.
En sentido temporal, la regresión supone una sucesión genética y designa el retorno del sujeto a etapas superadas de su desarrollo (fases libidinales, relaciones de objeto, identificaciones, etc.).
En sentido formal, la regresión designa el paso a modos de expresión y de comportamiento de un nivel inferior, desde el punto de vista de la complejidad, de la estructuración y de la diferenciación.
Relación de objeto (u objetal)
Término utilizado con gran frecuencia en el psicoanálisis contemporáneo para designar el modo de relación del sujeto con su mundo, relación que es el resultado complejo y total de una determinada organización de la personalidad, de una aprehensión más o menos fantaseada de los objetos y de unos tipos de defensa predominantes.
Se habla de las relaciones de objeto de un determinado individuo, pero también de tipos de relaciones de objeto, refiriéndose, ora a los momentos evolutivos (ejemplo: relación de objeto oral), ora a la psicopatología (ejemplo: relación de objeto melancólica).
Renegación
Término utilizado por Freud en un sentido específico: modo de defensa consistente en que el sujeto rehusa reconocer la realidad de una percepción traumatizante, principalmente la ausencia de pene en la mujer. Este mecanismo fue especialmente invocado por Freud para explicar el fetichismo y las psicosis.
Reparación
Mecanismo, descrito por Melanie Klein, en virtud del cual el sujeto intenta reparar los efectos de sus fantasmas destructores sobre su objeto de amor. Este mecanismo va ligado a la angustia y a la culpabilidad depresivas: la reparación fantasmática del objeto materno, externo e interno, permitiría superar la posición depresiva asegurando al yo una identificación estable con el objeto benéfico.
Representabilidad (consideración a la)
Exigencia a la que se someten los pensamientos del sueño: experimentan una selección y una transformación que los sitúan en condiciones de ser representados por imágenes, especialmente visuales.
Representación
Término utilizado clásicamente en filosofía y psicología para designar «lo que uno se representa, lo que forma el contenido concreto de un acto de pensamiento» y «especialmente la reproducción de una percepción anterior». Freud contrapone la representación al afecto, siguiendo cada uno de estos elementos, en los procesos psíquicos, un diferente destino.
Representación de cosa, representación de palabra
Términos utilizados por Freud en sus textos metapsicológicos para distinguir dos tipos de «representaciones», uno (esencialmente visual) que deriva de la cosa y otro (esencialmente acústico) que deriva de la palabra. Esta distinción tiene para él un alcance metapsicológico, caracterizándose el sistema preconsciente-consciente por la ligazón de la representación de cosa a la representación de palabra correspondiente, a diferencia del sistema inconsciente, que sólo comprende representaciones de cosa.
Representación - fin
Término creado por Freud para designar lo que orienta el curso de los pensamientos, tanto conscientes como preconscientes e inconscientes: en cada uno de estos niveles existe una finalidad que garantiza, entre los pensamientos, una concatenación que no es sólo mecánica, sino que viene determinada por ciertas representaciones privilegiadas que ejercen una atracción sobre las otras representaciones (por ejemplo, tarea a realizar en el caso de los pensamientos conscientes, fantasma Inconsciente en el caso de someterse el sujeto a la regla de la asociación libre).
Representante de la pulsión
Término utilizado por Freud para designar los elementos o procesos en los que la pulsión encuentra su expresión psíquica. Unas veces el término es sinónimo de representante-representativo, otras tiene un sentido más amplio, incluyendo también el afecto.
Representante - representativo
Representación o grupo de representaciones a las que se fija la pulsión en el curso de la historia del sujeto y por medio de las cuales se inscribe en el psiquismo.
Representante psíquico
Término utilizado por Freud para designar, dentro de su teoría de la pulsión, la expresión psíquica de las excitaciones endosomáticas.
Represión
A) En sentido propio: operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones (pensamientos, imágenes, recuerdos) ligados a una pulsión. La represión se produce en aquellos casos en que la satisfacción de una pulsión (susceptible de procurar por sí misma placer) ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias.
La represión es particularmente manifiesta en la histeria, si bien desempeña también un papel importante en las restantes afecciones mentales, así como en la psicología normal. Puede considerarse como un proceso psíquico universal, en cuanto se hallaría en el origen de la constitución del inconsciente como dominio separado del resto del psiquismo.
B) En sentido más vago: el término «represión» es utilizado en ocasiones por Freud en una acepción que lo aproxima al de «defensa», debido, por una parte, a que la operación de la represión en el sentido A, se encuentra, al menos como un tiempo, en numerosos procesos defensivos complejos (en cuyo caso la parte es tomada por el todo) y, por otra parte, a que el modelo teórico de la represión es utilizado por Freud como el prototipo de otras operaciones defensivas.
Represión originaria
Proceso hipotético descrito por Freud como primer tiempo de la operación de la represión. Tiene por efecto la formación de cierto número de representaciones inconscientes o «reprimido originario». Los núcleos inconscientes así constituidos contribuyen seguidamente a la represión propiamente dicha, por la atracción que ejercen sobre los contenidos a reprimir, junto con la repulsión proveniente de las instancias superiores.
Repudio
Término introducido por Jacques Lacan: mecanismo específico que se hallaría en el origen del hecho psicótico; consistiría en un rechazo primordial de un «significante» fundamental (por ejemplo: el falo en tanto que significante del complejo de castración) fuera del universo simbólico del sujeto. El repudio se diferenciaría de la represión en dos sentidos:
1) los significantes repudiados no se encuentran integrados en el inconsciente del sujeto;
2) no retornan «desde el interior», sino desde el seno de lo real, especialmente en el fenómeno alucinatorio.
Resistencia
Durante la cura psicoanalítica, se denomina resistencia todo aquello que, en los actos y palabras del analizado, se opone al acceso de éste a su inconsciente. Por extensión, Freud habló de resistencia al psicoanálisis para designar una actitud de oposición a sus descubrimientos, por cuanto éstos revelaban los deseos inconscientes e infligían al hombre una «vejación psicológica».
Restos diurnos
Dentro de la teoría psicoanalítica del sueño, elementos del estado de vigilia del día anterior que se encuentran en la narración del sueño y en las asociaciones libres del individuo que ha soñado; se hallan en una relación más o menos lejana con el deseo inconsciente que se realiza en el sueño. Pueden encontrarse todos los grados intermedios entre dos extremos: cuando la presencia de un determinado resto diurno parece motivada, por lo menos en un primer análisis, por una preocupación o un deseo de la vigilia, y cuando se eligen elementos diurnos, de apariencia insignificante, por su conexión asociativa con el deseo del sueño.
Retiro o ausencia de catexis
Retiro de la catexis anteriormente unida a una representación, a un grupo de representaciones, a un objeto, a una instancia, etc.
Estado en que se encuentra tal representación como resultado de ese retiro o en ausencia de toda catexis.
Retorno de lo reprimido
Proceso en virtud del cual los elementos reprimidos, al no ser nunca aniquilados por la represión, tienden a reaparecer y lo hacen de un modo deformado, en forma de transacción.
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jueves, 21 de agosto de 2008
El sistema nervioso
Es un video bastante básico pero para principiantes sirve
Duración: 00:02:21
Fuente Youtube
miércoles, 20 de agosto de 2008
Proximos recitales
5 de septiembre
Babasónicos presenta su reciente disco Mucho en el Estadio Cubierto Juniors (Arenales y Río Cuarto). Entradas a la venta disquería Edén (Obispo Trejo y Deán Funes) y Locuras (9 de julio 447).
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martes, 19 de agosto de 2008
G. CAPLAN 1964 Principios de psiquiatría preventiva
Publicación realizada por la cátedra de Psicología Sanitaria "A" en el aulavirtual
Critica el criterio individualista, asilar y asistencialista de la psiquiatría clásica.
Define la psiquiatría preventiva como “el cuerpo de conocimientos profesionales tanto teórico como prácticos, que puedan utilizarse para planear, llevar a cabo programas, para reducir la frecuencia en una comunidad de los trastornos mentales de todo tipo, la duración de un número significativo de los trastornos que se presentan y el deterioro que puede resultar de aquellos trastornos”.
Conceptos:
Prevención primaria- secundaria y terciaria.
Formulación de políticas, planificación y formación de recursos humanos.
Agentes sanitarios no profesionales.
Interdisciplina.
Crisis vitales: el desarrollo de la personalidad se describe como una sucesión de fases diferenciadas cualitativamente diferentes entre sí. Entre fase y fase existen periodos de conducta indiferenciada, periodos transicionales caracterizados por trastornos en las áreas intelectual y afectiva. Estos periodos se denominan “crisis evolutivas”.
Existen también periodos de alteración psicológica y de la conducta precipitados por azares de la vida, que denomina “crisis accidentales”.
El factor esencial que determina la crisis es el desequilibrio entre la magnitud del problema y los recursos de los que se dispone para enfrentarlo.
Factores que influyen en el desenlace: personales, socioculturales, la familia, miembros de la comunidad, asistentes profesionales, red social.
Las causas de la Histeria (Parte 3). Juan D. Nasio
Obsesión
El primer desenlace posible consiste en un 'desplazamiento de la carga, que abandona la representación penosa, se instala en el pensamiento y sobreinviste una idea consciente que ha pasado a invadir la vida del neurótico. Reconocemos aquí el mecanismo de formación de la idea fija obsesiva.
Fobia
El segundo desenlace corresponde al caso de la neurosis fóbica. La carga abandona igualmente la representación pero, en vez de instalarse de inmediato en un elemento del pensamiento, como sucede en la obsesión, en Un primer momento queda libre en el yo, desconectada, a la expectativa. La carga disponible y flotante se proyecta luego al mundo exterior y se fija en un elemento definido (la muchedumbre, un animal, un espacio cerrado, un túnel, etc.). convertido ahora en el objeto que el fóbico debe rehuir para evitar que aparezca la angustia.
Organización del material:
1-Nuestra lectura de la primera teoría de Freud: el origen de la histeria es la huella psíquica de un trauma
2-La histeria es provocada por una defensa inadecuada del yo: la represión
3-La histeria es provocada por el fracaso de la represión la conversión
4-El sufrimiento del síntoma de conversión es el equivalente de una satisfacción masturbatoria
5-La elección de órgano, asiento de la conversión
6-El síntoma de conversión desaparece si cobra un valor simbólico, el que produce la escucha del psicoanalista
7-Nuestra lectura de la segunda teoría de Freud: el origen de la histeria es un fantasma inconsciente
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lunes, 18 de agosto de 2008
Entrevista a Horacio Etchegoyen
-Usted dice que se empezó a analizar cuando conoció a la gente de la APA, ¿hasta ese momento, no se había analizado?
-No, ni pensaba que necesitaba analizarme tampoco, no tenía mucha idea de lo que era el Psicoanálisis ni de lo que era yo tampoco.
-En aquellos años, no había una gran difusión del psicoanálisis como ahora, era algo que recién estaba llegando al país. La APA obtuvo reconocimiento internacional justamente para la fecha en que usted se recibía de médico.
-La asociación fue reconocida en el 42’.
-Internacionalmente tenía entendido que había sido en el ’49.
-No, lo que pasó fue que la nota que le envió Ernest Jones a Cárcamo y a Garma admitiendo al grupo argentino fue del 12 de diciembre de 1942, pero la aceptación oficial sólo se puede hacer en la reunión administrativa de un congreso, y el primer congreso que hubo del ‘42 en adelante, por la guerra, fue el Congreso del ‘49. Allí se aceptó formalmente al grupo argentino como componente, que ya estaba funcionando desde el ‘42 con el respaldo y la anuencia de Ernest Jones.
-En el año ‘57 usted se trasladó a Mendoza y allí se produjo un importante desarrollo del psicoanálisis, que posibilitó con el tiempo la fundación de la Asociación Psicoanalítica mendocina.
-Yo me recibí de médico en el ’48, en el ‘51 me analicé con Heinrich Racker hasta el ’57. En ese momento me nombraron profesor de Psiquiatría en Mendoza y entonces en el ’58 me trasladé allí con toda mi familia, mi mujer (que murió hace poco, el año pasado) y tres hijos que eran chicos todavía. Estuve hasta el año ‘66, desarrollé una tarea importante como psiquiatra y como psicoanalista y formé el primer grupo de analistas o de futuros analistas. Después cuando yo me fui de Mendoza, y fue allá Clara Baringoltz se reorganizaron mejor.
-Usted, al ser el único psicoanalista en Mendoza, concentraba la formación, los controles, los análisis, ¿cómo era el manejo de esas múltiples transferencias?
-En realidad, el trabajo de los pioneros siempre es complicado, hay que hacer muchas cosas a la vez. Cuando yo empecé, me acuerdo que daba un seminario con las Obras de Freud, los martes a la noche, después se me agregó un hombre sumamente inteligente que sigue siendo un gran amigo mío, Bernardo Arensburg que era profesor de Psicología clínica en la Escuela de Psicología de la Universidad de San Luis, lo que en ese momento se conocía como Universidad Nacional de Cuyo. Cuando él vino a Mendoza pudimos discriminar un poco mejor las cosas, la gente que yo analizaba, por ejemplo, supervisaba con él y viceversa. De todos modos el contacto no era el más conveniente.
-¿Y cuáles eran las complicaciones más frecuentes?
-No es bueno que el contacto entre el analista y el paciente se haga fuera de la situación analítica. Toda la gente que se analizaba era gente que yo había formado en la cátedra, era inevitable que ellos quisieran analizarse, pero tenían conmigo un trato muy personal, muy directo, que no es bueno para el desarrollo de un tratamiento psicoanalítico estrictamente hablando.
-Usted es muy cuidadoso de esa forma, pero hay gente hoy en día que fomenta ese tipo de transferencia.
-Creo que ahí hay una diferencia, yo lo hice porque no me quedaba otro recurso. Me acuerdo que lo conversé con mis maestros y amigos acá en Buenos Aires, con León Grimberg, con David Liberman, tenía dudas de aceptar a mis alumnos en análisis. Pero es completamente diferente, desde el punto de vista ético y técnico, que uno lo haga porque no le queda otra salida, de que sea para fomentar el contacto con la gente, eso último no me parece bien. En los grupos más grandes obviamente esto no se da, salvo que uno lo quiera.
-¿Qué pasó con su análisis?, usted estaba en tratamiento con Racker aquí en Buenos Aires.
-Bueno, yo me analicé con Racker siete años, no interrumpí el tratamiento, estaba en el final de mi análisis, y me acuerdo que Racker me dio formalmente el alta en un viaje en el que yo volvía de Mendoza para acá. Para el estándar de aquella época yo me analicé mucho tiempo.
-Respecto al alta que usted refiere ¿se trataba del análisis didáctico?
-No, el alta del análisis didáctico me lo había dado mucho antes, cuando terminé los seminarios, este era el alta terapéutica. Como decía Racker: “el análisis ‘terapóitico’ que sigue al análisis didáctico”, y yo decía: qué ‘terapóitico’, terapéutico.
-También estuvo en análisis con Lucio Rascovsky, pero fue más breve.
-Sí, duró un año y medio.
-Usted dice que él interrumpió el tratamiento. No es algo habitual, al menos en estos días. ¿Cuál o cuáles fueron las razones?
-Dijo que yo no tenía condiciones para ser analista.
-Y esto ¿qué implicancias tuvo para usted?
-Fue una tragedia enorme, estaba desesperado, porque yo tenía una gran vocación. Hablé con Enrique Pichon-Rivière, y él que era tan generoso me dijo: buscá otro analista. Entonces me empecé a analizar con Racker, no como candidato, sino como un análisis ‘terapóitico’, después él me autorizó para que ingresara en los seminarios, y formalicé mi carrera.
-¿Si un didacta decía de alguien que no era apto, podía después otro analista manifestar que sí lo era?
-Podía, porque en realidad, Lucio Rascovsky dijo dos cosas: que él no me podía analizar y que creía que yo no podía ser analista. Pero no se podía oponer a que yo buscara otro analista.
-¿Ustedes se siguieron viendo, cómo continuó esa relación?
-Nos seguimos viendo, yo siempre le guardé respeto, me parece que él también en aquel momento tenía pocos instrumentos para trabajar.
-Esta apreciación de Lucio Rascovsky le estaba coartando su desarrollo profesional, en un momento en donde la APA era el único lugar reconocido.
-Sí, recuerdo que en el último encuentro me dijo: “yo he analizado mi contratransferencia, no te creas”. Y yo, que estaba más muerto que vivo, le dije: ¿con quién? Conmigo mismo, dijo él. Pregunté con gran ingenuidad, pero también con toda maldad. Creo que esto muestra un poco la complejidad de la relación, en general todos los análisis didácticos son sumamente complicados. En mi caso en particular, tal vez se debió a que él hacía poco tiempo que era analista didáctico, a lo mejor se sentía comprometido porque yo era un analista de La Plata, y viajaba desde allí a Buenos Aires.
-¿Qué es lo complicado en los análisis didácticos?
-Que la malla del análisis también tiene que ver con la profesión, con la carrera, con el futuro, eso hace más complicado el análisis de un futuro analista que el de un ingeniero. De todos modos, he llegado a pensar que siempre el análisis es igualmente complicado, en realidad, cuando yo analizo a un futuro candidato lo analizo como a un paciente.
-Pero podría pensarse que la posición del paciente no es la misma si se trata de un análisis terapéutico o de un análisis didáctico. El analista didáctico tiene el poder de habilitar o no al practicante en formación.
-Claro, eso es lo que yo decía antes. Esto complica mucho los problemas de transferencia y contratransferencia.
Hay un aspecto más difícil de aislar, de analizar. Igualmente he llegado a pensar que en todo análisis hay algo de eso: qué voy a opinar yo, por ejemplo, de la carrera que sigue mi paciente, de su vocación, de su matrimonio. Obviamente, esto ya lo había dicho Freud, uno tiene que ser completamente imparcial, si el paciente se divorcia, se casa, si tiene una amante, no son problemas que me incumben a mí como analista. Pero también es cierto que de todos modos son cuestiones que tienen algún tipo de realidad y de complejidad en el análisis. De igual forma como el análisis es una experiencia tan personal, tan trascendente y tan compleja es razonable que uno no le meta encima otros problemas.
-La función de didacta una vez que es alcanzada, ¿ya no se pierde?
-No, no es así, en realidad, eso depende de cada sociedad. Lo ideal sería que la función didáctica fuera como la cátedra universitaria, periódica, que se vaya renovando, pero es difícil hacerlo. Los ‘didácticos’ no están dispuestos a revalidar sus títulos, y por otra parte, también es cierto que traería dificultades. Si yo estoy en análisis con usted, y a usted no le revalidan su condición de didáctico, tengo que cambiar de analista.
-Por otro lado, que sea algo de una vez y para siempre, va un poco en contra del espíritu del psicoanálisis.
-Ahí se plantea un problema que es difícil de resolver, el espíritu del psicoanálisis lleva a que uno revalide continuamente su condición. Pero si uno lo hace, queda en una situación compleja frente a sus pacientes. Volviendo al caso del ingeniero, si yo soy analista didáctico y de pronto dejo de serlo, a él no le va a interesar, no cambia la relación, pero a un candidato, sí. Es un tema sumamente complicado, yo hablaba hace poco con Eric Laurent sobre el famoso tema del pase.
Ambos coincidíamos en que el pase también es una situación sumamente traumática, porque usted tiene que estar ahí, observado por personas, que no son su analista, frente a las cuales usted tiene que mostrar hasta qué punto está maduro o en condiciones de ser analista. Es un problema, pero no hay forma de resolverlo.
-Parecería que es difícil decir cómo se forma un analista o cómo se lo autoriza.
-Es difícil, pero algún tipo de institución que sancione eso tiene que haber, uno mismo no puede hacerlo, ¿quién es uno para saber?. Si lo hace el analista didáctico, ¿cómo puede saber uno en qué tipo de compromiso se encuentra el analista didáctico? Tampoco es bueno para la malla del análisis que usted sepa que de mi opinión depende su futuro, entonces hay que buscar algún tipo de decisión en la que no estén implicados ni el analista ni el analizado. En la IPA, esto se llama coloquio, estudio para admitir a alguien. En la Asociación Mundial de Psicoanálisis eso se denomina el pase, lo inventó Lacan, pero tampoco resuelve esto. Es muy difícil ver desde afuera, y desde adentro tampoco se puede ver, siempre se cae en la sospecha de que hay favoritismos.
-En el pase se pone en juego, no sólo el análisis de quien va a hacer el pase, sino el prestigio del analista de ese pasante, hasta podría pensarse que a veces es lo que más está en juego.
-Por supuesto, si el analizando que yo tengo, y que creo que está en condiciones, va a hacer el pase y es rechazado, en alguna forma yo estoy también cuestionado. De ahí a que yo piense que no lo han aceptado para cuestionarme a mí, hay un paso, es el que va de la salud a la paranoia.
-En teoría, se supone que no tendría que importar si lo aceptan o no, es un trámite más, pero lo que uno ve en la práctica es que a la gente le interesa mucho.
-¿A quién no le va a interesar que lo acepten después de haber hecho tanto esfuerzo?
-Hablando de la función didáctica, este fue un motivo, entre otros, por el cual usted se separó de la APA, a partir de las propuestas de los Baranger y de Jorge Mom.
-Me parecieron excesivamente liberales. En realidad, la APA trató de resolver este tipo de problemas: la ansiedad, la situación traumática, los riesgos de politización del nombramiento de los didácticos, y entonces decidió que todos los que llegaran a ser miembros titulares podían pedir la función didáctica con la sola presentación de una nota, y se les otorgaba. A un grupo de analistas, entre los cuales estaba yo, nos pareció que era excesivo, pero como le dije antes, ninguna solución es del todo buena. La APA ‘resolvió’ el problema eliminándolo, porque no estableció ningún paso intermedio entre miembro titular y miembro didáctico.
-La consigna era que todo aquel que llegaba a titular automáticamente era aceptado.
-Si pedía la función didáctica, se le otorgaba sin ningún tipo de prueba o restricción.
-Y esto ¿no tenía que ver también con un momento en que la demanda era muy grande, y en el que, en realidad, había pocos analistas didácticos?
-No tanto, esto más bien ha sido un poco antes. Cuando sobrevino el cataclismo en la APA, ya había muchos, de todos modos también había mucha gente, muchos candidatos o posibles candidatos. Ahora no hay tanta demanda para análisis didáctico. Me parece que en ese momento se plantearon dos posiciones ideológicas, científicas: un instituto amplio o un instituto más centrado, no diría amplio y cerrado porque no es justo, amplio y caótico por un lado, y ordenado y cerrado por otro. Nosotros queríamos un instituto más ordenado, que se hiciera cargo de la conducción de los pacientes. En la APA de Willy Baranger y de Mom pensaban que había que darle plena libertad al candidato, nuevamente ahí están las dos posiciones, si usted es muy amplio como eran los Baranger o Mom se expone a toda una serie de libertades que van a atentar contra el estudio, la rigurosidad de la formación. Si usted se pone muy riguroso con la formación, también corre el peligro de transformar eso en un dogma o en una escuela.
-¿Por qué le parece que ha caído la demanda en la actualidad?
-Hay muchos factores que influyen, intrínsecamente tal vez porque no todos los analistas analizan bien. Yo creo que el psicoanálisis se recomienda a sí mismo: si los pacientes van bien, el psicoanálisis es más solicitado. Pienso que el psicoanálisis es una profesión tan difícil que muchos analistas no la ejercitan bien, ese es un factor. Después hay otros: económicos, culturales, la influencia de las neurociencias. Vivimos en un tipo de civilización en donde el conocimiento interior, el recogimiento y la responsabilidad no tienen mucha importancia, se buscan respuestas rápidas, light, y esto no favorece al psicoanálisis. En una sociedad tan inestable como esta, que usted me proponga a mí que venga cinco o seis años a tratarme va un poco contra la corriente, y eso yo creo que va a cambiar porque el psicoanálisis es indudablemente la mejor terapéutica.
-En algún momento se pensaba que para ser un buen analista había que pertenecer a la APA, y en aquel tiempo la corriente teórica predominante era la kleiniana, ¿hoy en día no pasará algo así respecto de lo lacaniano?
-No, no tanto, eso lo piensan los lacanianos, pero no los psicoanalistas de la IPA. Pero es cierto que hay un fanatismo lacaniano, que no es bueno para el psicoanálisis, como no lo fue el kleiniano. Nosotros vamos a hacer próximamente un simposio sobre Melanie Klein.
-También en una época la APA, por cuestiones políticas sobre todo, les negó el ingreso a los psicólogos, a partir de la llamada ‘ley Carrillo’.
-Así fue, al comienzo la APA fue liberal, demasiado liberal. Cuando se formó, no había nada parecido a las entrevistas de admisión que hay ahora, yo entré porque quería y nadie me preguntó por qué. Hasta la época en que yo era candidato no había ningún tipo de selección, entonces entraron algunas personas que no tenían título de médico y no se les exigía tampoco. Ser médico no es garantía, pero algún título universitario hay que tener, con algunas excepciones, Melanie Klein no tenía, pero Lacan sí, también Freud, Jones, Abraham. Anna Freud más o menos, tenía un título pero no era médica. De los grandes, el gran ejemplo sería Melanie Klein que no poseía título, pero sí un genio excepcional, eso no se discute, sea uno kleiniano o no. Pero uno las legislaciones no las hace para los genios.
-¿Qué pasaba con los psicólogos?
Carrillo era un hombre muy reaccionario, antianalítico, era un peronista de la primera época con todos los resabios nazi-fascistas del peronismo, y entonces él insistió en que solamente podían ser analistas los médicos, y la asociación se allanó a esa exigencia, lo único que logró fue que algunos analistas ya formados, que no eran médicos, fueran admitidos. Fue el caso de Betty Garma, de Elena Evelson quien era doctora en Química, de modo que hubo un tira y afloja entre la asociación y Carrillo. Muchos años después los psicólogos fueron aceptados, cuando ya se había creado la Carrera de Psicología, y era innegable que muchos psicólogos podían ser, y de hecho lo eran, psicoanalistas.
-Además muchos analistas didácticos de la APA siguieron tomando como pacientes, en análisis terapéutico y en grupos de estudio, fuera de lo institucional, a muchos psicólogos.
-Sí, se creó una especie de formación paralela, hasta que tanto la APA como APdeBA decidieron aceptar formalmente a los psicólogos.
-¿Había algún sustento teórico?, ¿por qué se mantuvo tanto tiempo esta restricción?
-Bueno, el problema del análisis laico se discutió acá, en Viena, en Londres, Freud opinaba incluso al respecto. Yo me acuerdo perfectamente cuando empezó a replantearse eso, había dos grupos en la APA: los que querían que sólo fueran analistas los médicos y los que creían que los psicólogos también podían serlo, entre estos últimos estaban Racker, Marie Langer, Bion; los otros tenían más resistencias. La entrada de los psicólogos demoró por el viejo problema del análisis laico, no médico. Freud estaba muy a favor del análisis lego, pensaba que no se necesitaba un título de médico para ejercer el psicoanálisis, estaba muy decidido en ese sentido. Jones, sin embargo, no veía esto con mucha simpatía, era un animal político, fue el mejor político que tuvo el psicoanálisis en todas las épocas. No era fácil romper esa tradición médica. Recuerdo que también en los Estados Unidos sucedió algo de esto, porque algunos analistas de Nueva York no querían que ingresaran grandes analistas que formaron la Psicología del yo como Hartmann, Loewenstein, Kris que eran médicos, pero que en los Estados unidos no tenían título.
-¡Cuántas internas!, todas las cosas que usted va explicando ponen al descubierto situaciones políticas más que diferencias conceptuales.
-Son fundamentalmente problemas políticos, humanos, no problemas teóricos. Nadie puede justificar teóricamente que alguien que no es médico no puede ser psicoanalista, creo que hay que tener algún grado universitario, fuera de las excepciones que ya hemos mencionado. Coincido con usted en que hay mucho de intereses profesionales.
-Usted fue el primer presidente latinoamericano de la IPA.
-Y el primer presidente vasco de la IPA. Cuando yo hacía mi campaña para presidente dije: voy a implantar como quinto idioma el portugués y el sexto va a ser el euskera.
-En ese momento eran dos los candidatos a presidente, usted y el doctor Jorge García Badaracco, ¿qué le parece que fue lo que hizo que la balanza se inclinara a su favor?
-Es difícil decirlo, Jorge es un hombre con mucho prestigio, con buenas relaciones. Y ahí se jugaron situaciones políticas, en el buen sentido, la gente pensaba que yo era mejor. Fui el primer psicoanalista kleiniano que llegó a presidente de la IPA, Hannah Segal llegó a vicepresidente. Melanie Klein deseaba ardientemente ser vicepresidente. Nunca antes hubo un vicepresidente que se declarara kleiniano, yo siempre dije que era kleiniano, fanático.
-Y ¿por qué le parece que la IPA tardó tantos años en realizar un congreso en la Argentina teniendo en cuenta el desarrollo tan importante que había aquí?
-Fue una evolución natural, también influyó mucho Bob Wallerstein cuando fue presidente antes que Sandler, él quería que hubiese un congreso latinoamericano. Y lo más natural era que fuese en Buenos Aires, una ciudad psicoanalítica por excelencia, debe ser la ciudad más psicoanalítica del mundo, más que Londres, más que París. Después estaba el problema de la dictadura, la IPA tenía temores, fundados, de que cayeran acá y quedaran como convalidando la dictadura, eso a la IPA le preocupaba. De modo que no fue fácil, fue un mérito creo yo de Wallerstein haber logrado que se hiciera el primer congreso en Latinoamérica después que ya la IPA se había ampliado a Jerusalén, a Hamburgo, a Nueva York.
-¿Qué anécdotas recuerda usted de ese período presidencial?
-Muchas, pero le puedo decir que las cosas que considero más importantes de mi presidencia fueron por un lado la referida al ‘trust’ de la IPA, y por otro, el hecho de poner en claro la situación de los derechos humanos en Río de Janeiro.
-¿Se refiere al caso de Amilcar Lobo?
-Sí, yo mucho no lo sabía pero jamás lo hubiera aceptado y la tercera, es que yo logré que las actas no fueran secretas. La situación financiera también fue buena gracias a Samuel Zysman.
-¿Usted piensa que hubo en la IPA un aumento de lo que es la Psicología del Yo?
-No, la Psicología del Yo se fue modificando, esa unidad monolítica de Hartmann fue cambiando, los psicoanalistas norteamericanos actuales, si bien tienen esa visión, son más amplios, más diversos.
-¿Le parece que hay cierta tendencia a llamar Psicoanálisis a un montón de terapias que no lo son, sobre todo en Estados Unidos? ¿Esto se ve en los congresos de la IPA?
-No, a los congresos de la IPA van analistas formados en la propia IPA. Pero si usted se refiere a la eterna discusión entre psicoanálisis y psicoterapia, ese es un problema complicado.
-¿Cuáles serían las fallas que encuentra en el Freud psicoanalista? He leído que usted plantea que habría una distancia entre lo que él proponía como técnica y lo que realizaba muchas veces en la práctica.
-Lo que yo digo es que Freud instauró las normas del setting y que después él no las cumplía. Yo creo que era un hombre extraordinario, pero no pienso que no cometiera errores. A mí me parece, en ese sentido, que la idea de narcisismo primario en Freud deja que desear, por eso yo también soy kleiniano. Respecto de las relaciones primarias me parece que ella (Klein) tenía más razón que Freud.
En nombre de elSigma.com le agradezco la disposición que ha tenido para transmitirnos parte de la historia institucional del Psicoanálisis que lo tiene como uno de sus más reconocidos protagonistas.
Fuente: El sigma
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