lunes, 9 de febrero de 2009

Psicoanálisis de la Adolescencia. Peter Blos. (Parte 6)

6.  Adolescencia tardía
La fase final de la adolescencia se ha considerado como una declinación natural en el torbellino del crecimiento. La analogía que usó Freud (1924) con referencia al fin del complejo de edípico puede ser aplicada también a los procesos de los adolescentes: es decir, que llegan al final por motivos filogenéticos que “que tienen que finalizar porque el proceso de su disolución ha llegado, al igual que los dientes de leche se mudan cuando los dientes permanentes empiezan a presionar.” Sin embargo, Freud (1924) también discutió determinantes ontogenéticos que son de igual importancia. Los motivos y los medios por los que la adolescencia llega a su determinación revelan que los aspectos psicológicos son los únicos en cuyos términos se puede definir la fase final de la adolescencia. Como hemos mencionado anteriormente: la pubertad es un acto de la naturaleza, la adolescencia es un acto del hombre.

La fase final de la adolescencia ha llamado más la atención que la turbulencia de las fases antecedentes durante la última década. Sabemos por experiencia que con la declinación de la adolescencia el individuo gana en acción prepositiva, integración social, predictibilidad, constancia de emociones y estabilidad de la autoestimación. Nos impresiona por lo general la mayor unificación de los procesos afectivos y volitivos, la docilidad con que nos sometemos y la regresión. Otra importante característica del fin de la adolescencia es la delineación de aquellos asuntos que realmente importan en la vida, que no toleran ni dilación ni compromiso. Esos asuntos no siempre sirven a un autointerés obvio, pero a pesar de las consecuencias, el joven adulto se adhiere a ciertas selecciones que, según su sentir en esa época, son las únicas avenidas para la autorrealización. Da la impresión de que la vida del individuo vista en perspectiva muestra continuidades definidas que se extienden desde la adolescencia hasta la adultez, al igual que discontinuidades, que de hecho marcan la línea limítrofe superior del fin de la adolescencia. La cuestión, entonces, es: ¿cuáles procesos entran en juego en la evolución de aquellos atributos noveles de personalidad que caracterizan el avance hacia la adultez o la declinación de la adolescencia? Otra cuestión concierne a las cuestiones que dan origen a los elementos de continuidad e igualdad tan familiares para el estudiante de historias de vida. El clínico añadirá una tercera cuestión: ¿cuál es la psicopatología particular que representa el fracaso del fin de la adolescencia y la etiología de estas fallas en el desarrollo? Los eventos que llevan una fase de desarrollo a su fin son más difíciles de identificar que los que la provocan. Estos problemas teóricos de la fase final de la adolescencia serán discutidos a continuación.

La adolescencia tardía es primordialmente una fase de consolidación. Con esto me refiero a la elaboración de: 1) un arreglo estable y altamente idiosincrásico de funciones e intereses del yo; 2) una extensión de la esfera libre de los conflictos del yo (autonomía secundaría): 3) una posición sexual irreversible (constancia de identidad) resumida como primacía genital; 4) una catexis de representaciones del yo y del objeto, relativamente constante; y 5) la estabilización de aparatos mentales que automáticamente salvaguarden la identidad del mecanismo psíquico. Este proceso de consolidación relaciona a la estructura psíquica y al contenido, la primera estableciendo la unificación del yo, y el segundo preservando la continuidad dentro de él; la primera forma del carácter, el segundo provee los medios. Cada componente influye al otro en términos de un sistema de retroacción hasta que, durante la postadolescencia, se adquiere el equilibrio dentro de ciertos límites de constancia intrínseca. El quicio de la vulnerabilidad muestra grandes diferencias individuales, puesto que la tolerancia al conflicto y la ansiedad varían enormemente. La intensidad y cantidad de estímulo (externo e interno) necesario para el funcionamiento afectivo revela también la variabilidad individual, un hecho que no deja de tener influencia en la organización del surgimiento del yo en el tiempo y en la adolescencia tardía: “Posiblemente haya un grado de ansiedad “óptimo” (que varía de individuo a individuo) que favorece al desarrollo; más o menos como este óptimo puede obstaculizarlo” (Brierley, 1951). Lo mismo puede decirse del mantenimiento de una organización estable del yo; a saber, que un óptimo de tensión es de valor positivo, y que da como esa tonicidad a la personalidad. Hablo de procesos integrativos generales: egosíntesis, patrones y canalización. En términos del organismo psíquico total y su funcionamiento, esto se refiere a la formación del carácter y la personalidad.

Podríamos construir un modelo de la adolescencia tardía; pero si lo hiciésemos, debería nacer en la mente que las transformaciones descritas con anterioridad son logradas solo parcialmente por cualquier sujeto. Parece, desde luego, que el aspecto comprometido de la adolescencia tardía es una parte integral de esta fase; el logro es de relativa madurez. Es adecuado recordar las palabras de Freud (1937) en conexión con esto: “En realidad las etapas de transición e intermedias son mucho más comunes que las etapas opuestas rigurosamente diferenciadas. Estudiando variados desenvolvimientos y cambios enfocamos enteramente la atención en el y resultado y fácilmente pasamos por alto el hecho de que tales procesos son generalmente más o menos incompletos, es decir, los cambios que suceden son únicamente parciales… Casi siempre hay vestigios de lo que ha sido y una detención parcial en una etapa anterior.” Parece, entonces, que los “fenómenos residuales específicos y los retrasos parciales y específicos” son causa en gran medida de las variaciones en la individuación que emerge al fin de la adolescencia. Estos aspectos, por estar más en evidencia en el adulto, pueden ser mejor estudiados en esa etapa. Lo que aquí necesita énfasis es el hecho de que la tarea relativa la desarrollote la adolescencia tardía reside precisamente en la elaboración del yo unificado que funde en su ejercicio los “retardos parciales” con expresiones estables a través del trabajo, el amor, la ideología, produciendo articulación social así como reconocimiento. “Todo lo que una persona posee o realiza, todo remanente de los sentimientos primitivos de omnipotencia que su experiencia ha confirmado ayuda a aumentar su autoestimación. (Freud 1914.)
La adolescencia tardía es un punto de cambio decisivo y, por consecuencia, es un tiempo de crisis, que frecuentemente somete a esfuerzos decisivos la capacidad integrativa del individuo y resulta en fracasos de adaptación, deformaciones yoicas, maniobras defensivas y psicopatología severa. Erikson (1956) ha hablado de esto extensamente como una “crisis de la identidad”. He descrito el síndrome de la adolescencia prolongada (1954) en términos de una reticencia para llevar la última fase de la infancia, es decir la adolescencia, a su fin. Los fracasos en el paso exitoso a través de la adolescencia tardía han traído a nuestra atención enérgicamente las tareas de esta fase. Ha sucedido muchas veces en la historia del psicoanálisis que un desarrollo desviado arroja luz sobre el desarrollo normal: una de estas instancias ha sido el estudio de las fallas de la adolescencia tardía, que ha ayudado a formular la tarea de esta fase específica.

Las fases de la adolescencia, descritas anteriormente embonan bien dentro de la teoría psicoanalítica. Pero en lo que se refiere a la fase final de la adolescencia, conceptos tales como fijación, mecanismos de defensa, síntesis del yo, sublimación y adaptación, bisexualidad, masculinidad y femineidad –estando todos envueltos en el proceso- no son en sí mismos ni suficientes ni adecuados para hacer comprensible el fenómeno de consolidación de la personalidad en la adolescencia tardía. La observación analítica ha aislado algunos de los obstáculos que están en el camino de una consolidación progresiva, tales como fijación de instintos, discontinuidades en el desarrollo del yo, problemas de identificación y bisexualidad; como quiera sea, el camino a lo largo del cual sigue la consolidación de la personalidad permanece oscuro en muchos aspectos. Los procesos integrativos son más silenciosos que los desintegrativos.
Las fases de la adolescencia traen a coalición los impulsos en sus diversas constelaciones regresivas y progresivas u organizaciones de fase específica. De hecho, podemos decir que a través de toda la adolescencia el yo está en el más íntimo envolvimiento –aunque defensivamente- con los impulsos, y a lo largo del camino ha llegado selectivamente a buen término con su intensidad, objetos, y sus metas. Fue anotado anteriormente que ninguna progresión de una fase de la adolescencia a la siguiente es siempre completada sin llevar consigo “fenómenos residuales”. Debe ser ahora añadido que estos residuos retienen una animación inquebrantable; solo durante tiempos de calma relativa en la vida adulta se someten alguna vez al dominio del yo. Por ejemplo el problema de la bisexualidad nunca es resuelto en términos de su desaparición: cede a ciertas acomodaciones y dominancias del yo sintónico. Su continuada existencia en el inconsciente es confirmada por la continua aparición de este tema en los sueños de los adultos.

¿Podemos suponer que la represión es un agente mayor que se introduce en la edad adulta, como lo hizo antes este mecanismo de defensa en la fase edípica, cuya secuela inició el período de latencia? Obviamente esta es una solución demasiado simple; por supuesto no ofrece una explicación para la gran variabilidad de adaptaciones individuales o acuerdos aparentes al final de la adolescencia. Lo que debemos encontrar es un principio operable, un concepto dinámico que gobierna el proceso de la consolidación de la adolescencia tardía y rinde sus diversas formas comprensiblemente: primero, el aparato psíquico que sintetiza los diversos procesos adolescentes específicos de la fase los convierte en estables, irreversibles, y les da un potencial adaptativo; segundo, la fuente de residuos específicos de períodos anteriores del desarrollo que han sobrevivido a las transformaciones adolescentes y que continúan existiendo en forma derivada, contribuyen con su parte a la formación del carácter; y finalmente, las fuentes de la energía que implica ciertas soluciones hacia el primer plano, deja otras en estado latente, presta así al proceso de consolidación una calidad de decisión e individualidad. Estas cualidades, que frecuentemente traen consigo sacrificio y dolor, no pueden derivar completamente del impulso de maduración. Sospecho que otras fuerzas combinan sus esfuerzos dentro de este proceso.
El concepto de trauma debe ser introducido en este punto. El término trauma es relativo, y el efecto de cualquier trauma en particular depende de la magnitud y de lo imprevisto del estímulo, y de la vulnerabilidad del aparato psíquico. El trauma es un fenómeno universal de la infancia. Ya sea que el trauma sea causado en mucho o en poco por la propia constitución o por el medio ambiente no tiene relación en el efecto del trauma en la vida individual. Aquí quiero enfatizar sólo en el hecho de que el dominio del trauma es una interminable tarea de la vida, tan infinita como la prevención de su recurrencia. Esta autoprotección es proporcionada a la fuerza del yo y a la estabilidad de las defensas. “Desde luego, nadie hace uso de todos los mecanismos posibles de defensa; cada persona solamente selecciona algunos de ellos, pero éstos se fijan en su yo, estableciéndose como modos habituales de reacción para ese carácter en particular, los que son repetidos durante toda la vida siempre que ocurra una situación similar a aquella que originalmente las evocó". (Freud, 1937).

Por otro lado, los efectos posteriores de un trauma inducen a situaciones de vida que de algún modo repiten el original; por lo tanto el trabajo en la resolución del trauma, el intento de dominarlo, continuará. Las experiencias de la vida que tienen su origen en este tipo de antecedentes proceden de acuerdo a la repetición compulsiva. Lo que fue experimentado originalmente como una amenaza del medio ambiente se vuelve el modelo de peligro interno. Al adquirir el status de un modelo. El peligro principal tuvo que ser reemplazado por representaciones simbólicas y equivalentes sustitutivas que corresponden al desarrollo físico y mental del niño en crecimiento. Al fin de la adolescencia la amenaza original o un componente de ella reaparece nuevamente siendo activada en el medio ambiente; su resolución o quietud es buscada entonces dentro de un sistema de interacción altamente específico. Consecuentemente el individuo experimenta su comportamiento como significativo, evidente, urgente y gratificante.
El dominio progresivo de los traumas determina el intercambio transaccional prevaleciente entre el individuo y el medio ambiente, al igual que entre el yo y el ser. El desembarazarse de la influencia dañina del mundo exterior que se precipita y que ha llegado a ser parte del mundo interno es una tarea psíquica para toda la vida. Una porción considerable de esta tarea se lleva a cabo en la adolescencia. Anna Freud (1952) comentó sobre la posible “reversión adolescente de las actitudes del superyó y del yo aunque aparentemente estas actitudes habían sido totalmente a la estructura yoica del niño en estado de latencia.” En los casos en que se logra la nueva integración, presenciamos una transformación parcial del adolescente por medio de la persistente distonicidad del yo en relación a ciertas propias de él. De cualquier modo, siempre se llevan a la vida adulta remanentes específicos no asimilados; de hecho, ejercen su demanda de continua expresión a través de la organización de la personalidad misma.

El alcance con que el trauma obstaculice el desarrollo progresivo constituye el factor negativo del trauma; y el alcance con que el trauma promueva e impulse el dominio de la realidad es el factor positivo; esta idea fue desarrollada por Freud (1939) en uno de sus últimos estudios: “Los efectos de un trauma tienen dos caras, positiva y negativa. La primera son intentos de revivir el trauma de recordar la experiencia olvidada, o aún mejor, de hacerla real – de revivir una vez más su repetición; si fue una relación afectiva temprana, es revivida en un contacto análogo con otra persona. Estos intentos se resumen en términos de “fijación del trauma” y “compulsión a la repetición”. Los efectos peden ser incorporados al así llamado yo normal y, en forma de tendencias constantes le prestan rasgos de carácter inmutable… Las reacciones negativas persiguen la meta opuesta; aquí, nada se debe recordar o repetir del trauma olvidado. Pueden ser agrupadas como reacciones defensivas. Pueden expresarse para evitar impresiones, una tendencia que puede culminar con inhibición o fobia. Estas reacciones negativas también contribuyen considerablemente a la formación del carácter”.

Dentro del problema de consolidación del carácter al final de la adolescencia, debemos incluir el problema del trauma como parte del proceso total, La fijación e irreversibilidad del carácter tiene un efecto favorable sobre la economía psíquica; al igual que los rasgos compulsivos agrandan la distancia entre el yo y el impulso. Entonces, un rasgo de carácter que se forma con lentitud al final de la adolescencia debe su calidad especial a la fijación de un trauma particular o del componente del trauma. La traumática focal resiste las alteraciones del adolescente, a través de las transformaciones emocionales que permite la adolescencia; estas le dan al proceso de consolidación de la adolescencia tardía una afinidad selectiva a ciertas elecciones. Además, le proveen de una fuerza implacable que dirige al adulto joven hacia cierto modo de vida que llega a sentir como de su propiedad. Los remanentes de los traumas relacionan el presente con un pasado dinámicamente activo y establecen esa continuidad histórica en el yo que provoca un sentimiento de certeza, dirección y armonía entre el sentimiento y la acción. Un joven paciente que tuvo un colapso nervioso en la adolescencia tardía dijo, al sentir el impacto de su pasado reedescubierto sobre el sentido cambiante de su ser, “parece ser que se puede tener futuro solo si se ha tenido un pasado”.

Uno se pregunta por qué el recurrir a la fijación del yo y a los instintos no es suficiente para hacer comprensibles la especificidad de elección, los arreglos definitivos del yo y del superyó, y las demandas de los impulsos de la adolescencia tardía. La fijación busca el mantenimiento de una posición estática; resiste los cambios. Sin embargo, el aspecto positivo del trauma reside en el hecho de ejercer una fuerza implacable para llegar a un acuerdo con sus residuos nocivos, a través de su reactivación constante en el medio ambiente. No hay duda de que las fijaciones de impulso y del yo colaboran en la consolidación del carácter y contribuyen a la organización de la personalidad. Pero una fijación dada es solo uno de tantos aspectos entre los componentes que son unificados por la integración.

Volviendo a las preguntas que nos hicimos con anterioridad, es obvio que la institución psíquica donde se lleva a cabo la consolidación del proceso adolescente es en el yo (síntesis del yo). Las fijaciones proveen la especificad de elección en términos de necesidades libidinales, identificaciones prevalentes y fantasías preferidas. El trauma residual provee la fuerza (compulsión a la repetición) que impulsa las experiencias no integradas en la vida mental, para su eventual dominio o integración al yo. La dirección que toma este proceso –su énfasis preferente hacia la descarga de impulsos, sublimación, defensa, deformación del yo, etc- , es controlada en gran parte por influencias del yo ideal y del superyó. La forma que toma este proceso es influida por el medio ambiente, por las instituciones sociales, la tradición, las costumbres y los sistemas de valores. Obviamente, todo el proceso opera dentro de los confines que imponen los factores constitucionales, tales como las dotes físicas y mentales.
Llegamos, entonces, a la conclusión de que los conflictos infantiles no son eliminados al final de la adolescencia, sino que se restituyen específicamente, se tornan yo-sintónicos, por ejemplo, se integran al reino del yo como tareas de la vida. Se centran dentro de las autorepresentaciones del adulto. Cualquier intento del dominio del yo-sintónico de un trauma residual, frecuentemente experimentado como conflicto, incrementa la autoestimación. La estabilización de la autoestimación es uno de los mayores logros de la edad adulta. “La autoestimación es la expresión emocional de la autoevaluación y la correspondiente catexis libidinosa o agresiva de las autorepresentaciones… La autoestimación no refleja necesariamente la tensión entre el superyó y el yo. Definida superficialmente, la autoestimación expresa la discrepancia o concordancia del concepto del deseo del ser y las autorepresentaciones”. (Jacobson, 1953). El restablecer esta concordancia y eliminar la discrepancia por medio de una interacción sensata con el medio ambiente, se convierte en un esfuerzo de por vida para el yo.

Esta presentación esquemática es tomada como modelo de la última fase de la adolescencia como tal, no hace justicia a los muchos problemas que afloran en la adolescencia. En términos de todo el periodo adolescente, se puede decir que el proceso adolescente asume rasgos crecientemente individualistas, que en la adolescencia propiamente dicha alcanzan un clímax en el resucitamiento del conflicto edípico y el establecimiento del placer previo, con el efecto consiguiente en la organización del yo. La resolución del complejo edípico resucitado durante el período adolescente es, cuando más parcial. La parte que resistió la resolución adolescente se convierte en el centro de un esfuerzo continuado hacia este fin; procede dentro de los confines de selecciones personales, tales como trabajo, valores, lealtades, amor. Lo que observamos al fin de la adolescencia es un proceso autolimitativo, la demarcación de un espacio de vida que permite movimiento sólo dentro de un área psicológica restringida. Aquellos elementos de igualdad y continuidad que abarcan la niñez, la adolescencia y la vida adulta, subrayan el hecho de que la nueva formación mental que se ha modelado perpetúa las tendencias familiares antecedentes en la personalidad del adulto.
Recordamos aquí la fase edípica en que los residuos de fases previas fueron integradas, por así decirlo, a la modalidad genital. La declinación del complejo edípico lleva a la formación de compromisos, pero, sobre todo, a la estructuración decisiva de una institución psíquica, el superyo. Durante la adolescencia propiamente dicha, la solución del conflicto y dilema del complejo edípico, inclusive de las fijaciones pregenitales, son nuevamente transferidas a la modalidad genital, esta vez en busca de acomodo dentro del reino de la heterosexualidad no incestuosa. Los fracasos en esta tarea llevan a procesos disociativos que dan resultados patológicos. Pero más allá de la reorganización de impulsos que es característica de la adolescencia, aún permanecen remanentes edípicos que no fueron llevados por el camino del amor al objeto. El fin de la adolescencia implica la transformación de estos restos edípicos en modalidades yoicas. La importancia del trabajo para la economía de la libido fue claramente establecida por Freud (1930): “El acentuar la importancia del trabajo tiene un efecto mayor que cualquier otra técnica del vivir para conectar al individuo más íntimamente con la realidad; la comunidad humana. El trabajo no es menos valioso por la oportunidad que él mismo y las relaciones humanas conectadas con él proveen para una descarga considerable de los componentes de impulsos libidinales, narcisistas, agresivos y aún eróticos, como por que es indispensable para la subsistencia y justifica la existencia en una sociedad.”

Los interese yoicos altamente idiosincrásicos y la catexis, preferentes de la adolescencia tardía constituyen un nuevo logro en la vida del individuo. En la misma medida las autorepresentaciones asumen una fijación estable y segura. La definición específica de la fase de la adolescencia tardía podría ser formulada en estos términos. La declaración de Freud de que el heredero del complejo edípico es el superyo, podría parafrasearse diciendo que el heredero de la adolescencia es el ser. (Para la discusión del concepto del ser ver Capítulo V, El yo en la adolescencia.)
Para demostrar mediante un ejemplo clínico el proceso de consolidación de la adolescencia tardía se requiere el repaso de la historia de la vida. Como éste es el mejor modo que he descubierto para ilustrar mis conceptos con referencia a la fase final de la adolescencia, haré una relación esquemática del desarrollo psicológico relevante de un individuo. Los datos están basados en el recuerdo y la reconstrucción durante un análisis de un hombre de 35 años; el análisis del periodo de la adolescencia jugó un papel prominente en el tratamiento de la neurosis de carácter de este paciente.
John era el hijo menor su hermano era 5 años mayor. Desde su nacimiento, John fue el favorito de su madre. Ella vio en el niño la realización de sus propios sueños artísticos. Todo contribuyó a una fijación en el nivel pasivo-receptivo. Tanto la madre como la nana lo mimaban. El niño habló y caminó algo tarde, era afecto a soñar y a juegos solitarios. Tan pronto como fue capaz de caminar corrió y se volvió bastante independiente. Sintió profundamente la rivalidad con el hermano mayor cuya capacidad envidiaba. En esta lucha John aprendió a tomar ventaja de su apreciada naturaleza, que lo hacia favorito con las mujeres. Su seguridad al complacer a las mujeres y evitar a los hombres (padre, hermanos) en conjunción con la temprana realización de la ventaja de su hermosura, eran sus técnicas prototípicas para evitar displacer; las elaboró durante tres décadas. Con estas armas derrotaba a su voluntarioso hermano y lo eliminaba del afecto de su madre. Esta estratatagema de comportamiento con un rival masculino desviando el encuentro nunca cesó de operar en situaciones análogas.

La primera infancia de John, entonces, mostró un fijación en la modalidad oral pasivo-receptiva. El rendimiento sumiso de los orificios del cuerpo y s control siguieron fácilmente. La pasividad era dominante en el balance activo-pasivo. Intervino un periodo (a los 3 años) durante el cual la movilidad (descarga agresiva de impulso) era ascendente, pero este intento de vencer la temprana pasividad se acabó y fue sucedido por un periodo exhibicionista en el que la apariencia y el encanto fueron usados como equivalentes fálicos. Dentro de esta constelación el niño se aproximó a la fase edípica. La evasión de rivalidad con el hombre le dio al complejo de Edipo una designación negativa. El padre era tan temido como admirado, y el ser amado por él se volvió un secreto pero duradero e inapetecible anhelo. La relación hacia el padre alcanzó un destino negativo en términos de una evasión de identificación; en relación con la madre, una sumisa, narcisista y afectuosa unión persistió largamente en los años de latencia.
John aisló la ansiedad de castración mediante un rendimiento pasivo a la madre fálica. Ella se volvió la fuente de ansiedad pero al mismo tiempo la proveedora de seguridad durante todo el tiempo que John vivió –o aparento vivir- como la imagen de un hijo prometedor y especial. Este papel y la pretensión se convirtieron en los únicos guardianes de sus necesidades de seguridad, aún cuando tuviese o no los medios para llenar estas vagas y excitantes expectaciones. La rivalidad con los hombres, ya hecha a un lado anteriormente en relación con su hermano, sufrió una derrota definitiva en la lucha con el padre edípico. Algunas inclinaciones fálicas tentativas fueron rápidamente anuladas por un sentimiento de incompetencia (ansiedad de castración) seguido por medidas regresivas: el órgano de modalidad pasivo-receptiva de la fase oral se manifestó a sí mismo en el nivel edípico en una modalidad del yo pasivo-receptiva. Su autoimagen se moldeó por rasgos y cualidades atribuidos; el principio de realidad habló con una voz escasamente perceptible.

El complejo de Edipo de John fue resuelto por la represión sexual, la magnitud de la cual sólo se volvió aparente en la adolescencia. Además de las influencias restrictivas e inhibitorias del padre, el superyo contenía suficiente seducción narcisista de la madre reminescente de la “corruptibilidad del superyo” de Alexander 81929) a través de su alianza secreta con el ello. El padre quedó como una figura amenazante; sueños de ansiedad (ladrones, gigantes) acompañaron y siguieron a la fase edípica. John se entregaba en las manos de las mujeres –madre, nana y sustitutas- que se volvieron las ejecutoras de su yo al hacer para él lo que él era incapaz de hacer para sí mismo. Él no titubeaba en acreditarse los logros de sus sustitutos. Su conciencia siempre tenia una disculpa: sentía que era un niño especial, un “príncipe adoptado”.
Esta constelación de los impulsos, el yo y el superyo no era un buen augurio para el periodo de latencia. Aparecieron perturbaciones severas en el estudio, que eran encubiertas en la escuela elemental por una nana devota, quien aprendió a imitar la escritura del niño para poder hacer su tarea. S u trabajo de la escuela era hecho, y bien hecho, mientras él jugaba y soñaba. En forma mágica, entonces, él era capaz de entrar en competencia sin ansiedad, sin riesgo de frustración y sin gritarle al principio de realidad. Su hermano era un vehemente estudiante con una mente lógica, inquisitiva y práctica, pero John sentía que ser privilegiado era superior al trabajo. Una afluencia de libido narcisista salvó al yo de sentimientos de insuficiencia e incompetencia que en esencia eran derivados de la ansiedad de castración. Este componente narcisista se añadió al encanto del niño y dio surgimiento a una mente imaginativa pero soñadora. John no era embotado ni estúpido excepto en la escuela.

La pubertad trajo consigo una completa represión sexual. No se evidenciaban ni sensaciones genitales ni masturbación. Una fijación en el impulso de organización de la preadolescencia duró toda la adolescencia: esto es, un miedo de castración por la madre fálica. Las inhibiciones sexuales eran racionalizadas como para evitar enfermedades venéreas; en realidad tenían sus raíces en conceptos tales como la cloaca y la vagina dentada. El joven atravesó el típico periodo homosexual de amistades idealizadas, luego se aproximó a las muchachas como un “estribo a la heterosexualidad”. Sus muchas amigas fueron tratadas con tierno amor; nunca urgencias o sentimientos sexuales llegaron a empañar la pureza de estas uniones.
El hecho de que John nunca dejara la posición narcisista causó su prolongada adolescencia. Finalmente se volvió un “intelectual” para complacer a sus padres; era capaz de cumplir con las demandas educativas sólo hasta un cierto punto, a pesar de estar dotado con un inteligencia excelente. Avanzada ya la adolescencia vino a demostrar un prometedor talento artístico.
El proceso de consolidación de la adolescencia tardía articuló estas distintas tendencias en una configuración yo-sintónica. John decidió volverse un maestro de niños pequeños, y un muy moderno educador. Al escoger esta carrera evitaba, en primer lugar, la competencia con su padre y hermano, ya que ambos eran personas cultas con grados académicos avanzados. John se vanagloriaba de ser un rebelde y menospreciaba las tradiciones familiares al denunciar su pasado educativo. Sostenía que el ser maestro, le dejaría suficiente tiempo para continuar con sus esfuerzos artísticos – que representaban el vínculo secreto hacia su madre. Además, el interés de John por los niños era decididamente maternal, y ofrecía una salida sublimada para sus necesidades femeninas de criar, que tenían su raíz en la identificación con la madre activa. Abogando por métodos educativos contrarios aquellos por los que él fue educado, John mantenía una tendencia de oposición que era sublimada por el éxito. Estas tendencias se combinaban para hacer de John un educador notable y exitoso.
La represión sexual masiva en la pubertad eventualmente le llevó a síntomas de conversión, tales como perturbaciones digestivas. Éstas se aplacaron bajo la influencia de masturbación genital a la edad de 19 años. La elección de John de un objeto de amor heterosexual tenía una marcada disimilaridad con la madre edípica. John podía amar sexualmente a una joven sólo si esta era sumisa, pasiva, simple y no intelectual y no demandante. La madre edípica reapareció en la vida de John en la constante búsqueda de mujeres que eran poderosas, por posición social, intelecto, fama o fortuna y en sumisión a ellas. De hecho la dependencia de John de mujeres como éstas, obstruyó s desarrollo profesional su matrimonio. Cuando estos afectos de su vida se vieron amenazados por el deterioro, buscó ayuda psicoanalítica.

El resumen de este caso indica que la síntesis de John de la adolescencia tardía fue dominada por tendencias narcisistas, y que la fijación en la modalidad pasivo-receptiva había influido el desarrollo de su yo y de su impulso. Por medio de su elección vocacional intentó resolver su posición yo-distónica a través de la identificación con la madre activa; su oposición a rendirse se mantuvo por su cruzada en pro de los métodos modernos de educación infantil. La identificación con los niños le permitió un camino institucionalizado hacia la reparación de sus fragmentos del yo infantil en un “John, el educador”. El conflicto edípico adolescente fue resuelto sin éxito dividiendo a la madre edípica en un objeto degradado y en un poder fálico sobrevalorado. La propensión de John a la receptividad pasiva asumió proporciones traumáticas durante la fase edípica cuando la rendición fálica destruyó la capacidad de competencia masculina con su padre por medio de estabilización identificatoria. El camino hacia este resultado había estado preparado ya por sus fieros celos y admiración hacia su hermano mayor. L posición homosexual pasiva en relación con el padre fue reprimida más profundamente que ningún otro conflicto, y la fijación de éste afecto libidinal resultó en una identidad masculina defectuosa. La fuerza dinámica detrás del impulso y del patrón del yo de la adolescencia tardía se derivaba de este trauma y resultaba en esfuerzos implacables e infinitos para dominar la propensión a la rendición pasiva, o simplemente para estar en paz con el padre edípico.

Pueden añadirse aquí algunos comentarios de índole más generalizada. Una característica predominante de la adolescencia tardía es no tanto la resolución de los conflictos instintivos, sino más bien lo incompleto de esta resolución. Adatto (1958) sugirió en un estudio clínico que la decisión que toman los pacientes que están en la adolescencia tardía para terminar su tratamiento analítico coincide con la resolución del conflicto edípico o el hallazgo de nuevos objetos de amor . Este punto de camino introduce un “periodo de homeostasis”, una fase de “ integración del yo que es normal en este periodo de desarrollo”.De su estudio se entiende también que una “ función restauradora del yo” es típica de la adolescencia tardía, que se asemeja a su función durante el periodo de latencia. Prefiero hacer énfasis en el hecho de que la estructuración del impulso no resuelto y las fijaciones yoicas en una unidad no organizada, saca el mejor partido de una mala situación; aunque esto plantea el problema un poco por la tangente. Aquello que fue un impedimento y un obstáculo para la maduración se convierte precisamente en lo que da a la madurez su aspecto especial. En el caso de John, la facilidad de identificarse con los niños le dio la oportunidad de sobrellevar y reparar sus propias fijaciones yoicas infantiles que se habían manifestado en su humillante dificultad en el aprendizaje. Consecuentemente, el papel de educador se vio dotado con un gran celo de dedicación y creatividad imaginativa, que a su vez le proporcionaron reconocimiento social y profesional. Este status adquirió amplio la esfera libre de conflictos del yo e instigó una diferenciación progresiva de procesos mentales adaptativos. Esto nos recuerda un comentario de Anna Freud (1952): “Sabemos por experiencia que los intereses yoicos que se originan en tendencias narcisistas, exhibicionistas, agresivas, etcétera, pueden persistir por toda la vida como sublimaciones valiosas a pesar del destino del instinto original que los provocó.”
La lucha de toda la vida con remantes no resueltos de conflictos infantiles y adolescentes ha sido estudiada en la vida de personalidades creadoras. El punto de interés en estas investigaciones biográficas y patográficas ha sido dirigido a la vida instintiva infantil, y muy poca atención se ha prestado a la contribución de la adolescencia para la estructuración de conflictos en relación con componentes regresivos y progresivos del impulso del yo. Una excepción fue Erikson (1958) en su estudio de Martín Lutero. Otros estudios psicoanalíticos de personalidades creadoras enfatizan el esfuerzo persistente para atar la ansiedad conflictiva y para integrar la fijación y trauma infantil dentro de la organización madura del yo.

La persistencia con que los remanentes conflictivos de la adolescencia extienden su influencia a la edad adulta, es descrita en una carta que escribió Freud a Rolland. Esta carta contiene un autoanálisis de una alteración de la memoria en la Acrópolis. El estado de ánimo que acompaño la realización de uno de los fervientes deseos adolescentes de Freud, el de estar algún día en la Acrópolis, fue causado por un sentimiento triunfante pero yo-distónico y depresivo que Freud (1936) resumió con estas palabras: “Debe ser que un sentimiento de culpa se añadió a la satisfacción de haber llagado tan lejos: algo no estaba del todo bien, algo que había sido prohibido desde tiempos anteriores. Algo tenía que ver con el criticismo del niño hacia su padre, con la devaluación que tomó el lugar de la sobreevaluación de la infancia temprana. Parece que la esencia del éxito era haber llegado más allá que el padre de uno, y como si el exceder los logros del padre de uno fuese algo prohibido.”

La objeción que puede oponerse es que experiencias como estas pertenecen sólo a personalidades excepcionales, a hombres de talento extraordinario. Pero ¿cómo explicar el interés sensible que muestran la mayoría de las personas ante la creación de un artista? ¿No es está pasión participante prueba suficiente de que hay autointerés vitales envueltos y que en a mayoría de los adultos existen deseos y conflictos correspondientes o equivalentes a los que el artista da expresión e términos de escucha más universales? El papel del artista creador en sus diversas formas, tanto en los tiempos modernos como en todas las eras, da prueba de los residuos de necesidades infantiles inconscientes que no pueden ser expresadas en la vida adulta sino por medio de regresiones comunales institucionalizadas “al servicio del yo”. (Kris, 1950).
Estas formulaciones son vagas; recurriremos a otros datos para aclararlas. En la adolescencia tardía emergen preferencias recreacionales, vocacionales, devocionales y temáticas, cuya dedicación iguala en economía psíquica la dedicación al trabajo y al amor. En vez del concepto de Kris de la “regresión al servicio del yo” estas meditaciones de un hombre no meditabundo pueden ser adscritas más correctamente a la modalidad de experiencia que se deriva del juego de un niño. Winicott (1953), en su estudio de “objetos de transición “describió el antecedente genético de una actividad mental en la vida adulta que no era bien comprendida anteriormente. Habla de un área “mental” intermedia de experiencia en que la realidad interna y externa se combinan, “un área que no es desafiada; un lugar de descaso para el individuo ocupado en la perpetua tarea humana de mantener la realidad interna y externa separadas pero a su vez interrelacionadas...Se acepta aquí que la tarea de aceptación de la realidad nunca es completada, que ningún ser humano esta libre del esfuerzo de relacionar la realidad interna y externa, y que un aligeramiento de ese esfuerzo es provisto por un área intermedia de experiencia que no es definida (arte, religión, etc.), esta área intermedia esta en continuidad directa con el área de juego del niño pequeño que se “pierde” en el juego”.

La resolución del proceso adolescente en la adolescencia tardía esta preñada con complicaciones que fácilmente someten a esfuerzo excesivo la capacidad integrada del individuo, y que puede conducir a maniobras de postergación (“adolescencia prolongada”), o a fracasos reiterados (“malogro de la adolescencia”), o adaptaciones neuróticas (“adolescencia incompleta”). El resultado no puede asegurarse hasta que la adolescencia tardía se estabiliza. La adolescencia tardía es el tiempo cuando los fracasos adpatativos toman su forma final, cuando ocurre el quiebre. Erikson (1956) se refiere al periodo de consolidación de la adolescencia tardía como el periodo de “crisis de la identidad” conceptualiza el quiebre en la adolescencia tardía en términos de fracaso para llevar a cabo la tarea de maduración de esta etapa, el establecimiento de la “identidad del yo”.
Siempre que la deformación temprana del yo , con diferenciaciones incompletas entre el yo y la realidad, es la razón del fracaso de la adolescencia (síntesis yoica defectuosa) el quiebre aparece como el límite o la enfermedad psicótica. En el tratamiento de estos casos debe uno regresar a las fases pregenitales: a la dependencia oral y a la agresión oral, y a las vicisitudes de la “confianza básica” (Erikson, 1950). Clínicamente, reconocemos los defectos de la función sintética del yo y la agresión preambivalente dirigida a objetos o autorepresentaciones en las deficiencias persistentes de la constancia de objeto con las consiguientes perturbaciones afectivas y cognitivas. Usando la expresión de Brierly (1951) el quiebre esta relacionado con los objetos distorsionados internalizados y debe producir “sadismo infantil proyectado”. El proceso de consolidación se complica además por la necesidad que hay en la adolescencia tardía de asignar a objetos de amor y odio en le mundo externo catexis agresivas y libidinales que originalmente se fundan en representaciones de objeto. Estos arreglos yo-sintónicos producen estabilidad de actitudes, sentimientos y prejuicios. En circunstancia normales y benignas, son causantes de las pequeñas inquinas, pequeñas quejas, pequeños odios, etc., de las personas; son de gran importancia para la economía psíquica. El desarrollo del carácter neurótico o la formación de síntomas en la adolescencia tardía representa un intento de “autocuración” después de fracasar en la resolución de fijaciones infantiles articuladas al nivel del complejo de Edipo. La vida amorosa del adolescente tardío demuestra clínicamente las varias condiciones de amor que se basan en la persistencia del complejo de Edipo. Fueron descritas por Freud (1910): 1)la necesidad de una tercera persona ofendida; 2)el amor a una prostituta; 3)una larga cadena de objetos; 4)el rescate de una persona amada; 5)una hendidura entre la ternura y la sensualidad. A esta lista puede añadirse la “exogamia neurótica” de Abraham.

Durante la adolescencia tardía la identidad sexual toma su forma final “de los 18 a los 20 años – según observó Spiegel (1958)-, parece ser que la selección sexual evidente se efectúa; al menos he observado que un número de homosexuales masculinos han empezado a considerarse durante ese periodo como permanentemente homosexuales”. Freud (1920) hizo la misma observación; estableció que la homosexualidad en las muchachas toma una forma decisiva y final durante los primeros años después de la pubertad. Continua diciendo:”Es posible que algún día este factor temporal pueda demostrarse como uno de gran importancia.” Sin lugar a dudas, la formación de una identidad sexual estable y reversible es de la mayor importancia en términos de la organización de impulsos específicos de la adolescencia tardía.

Puede describirse el proceso de consolidación de la adolescencia tardía en términos de compromisos abortivos y practicables o de síntesis yoica, y de adaptaciones positivas y negativas a condiciones endopsíquicas y de medio ambiente. Los fracasos para dominar la realidad interna y externa, pueden catalogarse en 2 categorías. Por un lado, los fracasos se deben a 1) un aparato defectuoso (yo); 2) una capacidad deteriorada para estudio diferencial; o 3)una proclividad a la ansiedad traumática (pánico de la pérdida del yo). Estos casos que comprenden condiciones limítrofes esquizofrénicas y psicóticas, pueden ser llamados casos de adolescencia mal. Lograda, por el otro lado si los fracasos se deben a: 1) perturbaciones entre los sistemas: 2) bloqueos al aprendizaje diferencial (como tipo de inhibiciones): o 3) evitar ansiedad conflictiva (formación de síntomas), entonces podemos hablar de adolescencia incompleta o de perturbación neurótica. No presentamos esta división como un intento de clasificación, sino más bien como la delineación de dos formas esencialmente diferentes de esfuerzos abortivos para superar las crisis adolescentes. Estas representan los extremos del desarrollo desviado; la observación clínica presenta mezclas y combinaciones sin fin.

La pseudomodernidad en los standares sexuales es en gran parte responsables de muchas complicaciones en el desarrollo de la feminidad. El cambio del estándar doble al sencillo no ha dado a la joven la libertad expansiva que espera adquirir. Este desarrollo social ignora el hecho de que el impulso sexual femenino está mucho más íntimamente ligado a sus intereses yoicos y a sus atributos de personalidad que en el hombre. “en el niño, como opuesto a la niña, al fin del conflicto entre el instinto y el mecanismo de defensa, el instinto sexual emerge muy independiente de sus sublimaciones” (Deutsh, 1944). La niña reacciona a la diferencia de los sexos con un bien reconocido resentimiento que es una expresión del “complejo de masculinidad”. En un intento de formular las cualidades esenciales de la feminidad. Helene Deutsh (1944) mencionó “La secuencia constituida por: 1) mayor propensión a la identificación; 2) fantasía más fuerte; 3) subjetividad; 4) percepción interna; 5) intuición, nos lleva de vuelta al origen común de todos estos rasgos: la pasividad femenina.”en es esfuerzo para asimilar características masculinas que tienen su raíz en la fisiología y anatomía masculina, la joven a adquirido una superficialidad de sentimientos y ha primitivizado su feminidad. Benedek (1956, b), que investigo esta condición, dice: “...la organización de la personalidad de la mujer moderna, a través de la integración de aspiraciones y sistemas de valores masculinos, adquiere un estricto superyo. Consecuentemente la mujer puede responder con reacciones de culpa a la regresión biológica de la maternidad. Muchas mujeres no se permiten ser pasivas: reprimen sus necesidades de dependencia ...” no se vuelven una parte integral de la pasividad femenina, la necesidad de dependencia puede llegar a no desprenderse de la madre; en ese caso la joven puede transferir a los hombres su hostilidad defensiva hacia la madre. Este desarrollo era aparente en el caso de Judy.

Durante la adolescencia tardía la predisposición a tipos específicos de relaciones amorosas se consolida. Con mucha frecuencia estos tipos contienen mezclas de compromisos entre fijaciones edípicas positivas y negativas. En una ocasión observe en el análisis de un hombre joven post adolescente que su amor por una mujer era determinado por su identificación con la madre, quien era rechazada por el padre como lo era él mismo. Rogando aceptación y amor por su compañera inafectiva, sexualmente fría y egoísta, el paciente fue llevado por el deseo edípico implacable, por el amor de su distante y demandante padre la relación de amor –de hecho, el matrimonio- llego al mismo fin desastroso, como había llegado el conflicto edípico, debido a su designación positiva extremadamente débil y fuertemente negativa: las tendencias homosexuales dominan la relación. Otra forma de consolidación fue en el caso de una joven postadolecente, quien imprimió su primera relación heterosexual con profundos anhelos con una madre protectora, preedipica, y por la felicidad de unificarse con ella. La joven dijo “quiero que Don sienta exactamente, como yo, siempre, y que esté conmigo siempre que lo necesite. De otro modo me siento desesperada y perdida, completamente perdida. No, lo quiero dominar dictándole sus sentimientos, no. Lo que si quiero es solamente entroncarme en su vientre”. De este caso podemos decir que la consolidación de la adolescencia tardía ocurrió prematuramente debido con la fijación en la fase preadolescente. Otra joven descubrió el cambio de la rivalidad competitiva con los muchachos a los que ella llamaba “igualdad femenina” cuando me gustaba un muchacho –dijo ella- siempre estaba en competencia con él, con ninguna otra choca de ningún modo quería yo igualdad masculina, sólo dos muchachos queriéndose uno al otro. Antes de una cita tenía afilados mis cuernos y mis dientes. En mi amor por Bruce es diferente: no me siento igual a él, no estoy compitiendo con él, lo admiro. Nunca antes pensé querer igualdad femenina; toda la idea es nueva para mi. Pensando en matrimonio siempre tuve dos alternativas en mente, o me caso con un hombre joven y compito con él, o me caso con un hombre mayor, con el que no habría competencia porque esperaría yo que me tratara paternalmente.” En estos tres casos aparece por igual la consolidación de un compromiso sin la terminación de un paso satisfactorio a través de las fases adolescentes. Condiciones como estas auguran generalmente un desarrollo desviado; dichas desviaciones influyen la selección de objetos, en la vida adulta y, dentro de ciertos límites, pueden estabilizarse recíprocamente por el matrimonio.

Ahora debemos mencionar una falla en la resolución en el proceso adolescente que proviene de un origen diferente: la sexualización de las funciones yoicas. En estos casos estamos tratando con la integración aparentemente exitosa de selecciones vocacionales e intereses yoicos que son invadidos secundariamente por instintos componentes – por ejemplo, la escoptofilia y el exhibicionismo. Si su sublimación no se mantiene más agobiaran al yo con excitación sexual y fantasías inconscientes que producen una actividad yoica muy inestable, y que finalmente conducirán a la inhibición. Esta condición ha sido estudiada especialmente con referencia a la inestabilidad de elección vocacional en los jóvenes en la adolescencia tardía, y también en relación con las inhibiciones y síntomas de los artistas. La sexualidad de las funciones yoicas debilitaba objetividad, la comprobación de la realidad y la autocrítica: parte de la actividad basada en la fantasía se vuelve yo-diatónica. “la fantasía yo-diatónica contribuirá a la pauta de la organización del yo y sufrirá mas modificaciones de desarrollo junto con el yo, mientras que la fantasía yo-diatónica puede formar el núcleo de un sistema disociado y por lo tanto potencialmente patógeno”(Brierley 1951). El caso de Tom. (Pág. 177) demuestra que la sexualidad de su interés en la historia echaba a perder la maniobra defensiva (intelectualización) y constantemente despertaba sentimientos de culpa y vergüenza. La sexualización de las funciones yoicas las convierte en inestables, intratables y desconfiables; se tornan inútiles para el mantenimiento de la armonía interna y la formación de patrones de hábitos de trabajo. Estas funciones yoicas son sexualizadas son pobres ejecutantes de los intereses yoicos y se comportan –usando una expresión de Freud- como la cocinera que al entrar a un affaire con el amo se rehúsa a hacer su trabajo en la cocina. (freud, 1926).

La consolidación de la personalidad al fin de la adolescencia trae mayor estabilidad y nivelación al sentimiento y la vida activa del joven adulto. Se efectúa una solidificación de carácter: es decir “una cierta constancia prevalece en las formas que el yo escoge para resolver sus tareas” (Fenichel, 1945 b,). La mayor estabilidad de pensamiento y acción se obtiene a cambio de la sensibilidad introyectiva tan característica del adolescente: el florecimiento de la imaginación creativa se opaca durante la adolescencia tardía. Los intentos de imaginación, de aventura y artísticos declinan hasta que gradualmente desaparecen por completo. Por supuesto el verdadero artista es la excepción; pero no nos ocuparemos de su desarrollo por el momento.
La mayor capacidad para el pensamiento abstracto, para la construcción de modelos y sistemas, la compacta amalgama de pensamiento y acción, dan a la personalidad de la adolescencia tardía una calidad más unificada y consistente. La aplicación de la inteligencia permite al hombre poner orden en el mundo a su alrededor; pero no debe pensarse que la objetividad adulta es en todo superior al pensamiento del niño, al permitir contradicciones en las operaciones mentales, es capaz de hacer observaciones escoto misadas por el adulto lógico: “sabemos que el primer paso hacia el dominio intelectual del mundo en que vivimos es el descubrimiento de principios generales, reglas y leyes que llevan orden al caos. Por medio de operaciones mentales como estas simplificamos el mundo de los fenómenos, pero no podemos falsificar al hacerlo... (Freud, 1937), el proceso de consolidación de la adolescencia tardía es un proceso de agotamiento, limitación y canalización. Esto esta bien expresado en la autobiografía del poeta ingles Richard Churd (1956), que dice así mismo a la edad de 17 años, “de repente estaba armado... la poesía era mi arma.”
He enfatizado que en la adolescencia tardía no se ha llevado a cabo la resolución total de los conflictos infantiles. Los residuos de fijaciones y represiones saltan a la vida en forma de derivados; retan al yo y le exigen esfuerzos continuos, para dominar estas influencias perturbadoras; y esos esfuerzos dan propósito, forma y calor a la vida adulta según se desenvuelven .

El proceso de consolidación nunca es de tensiones desequilibrantes, sino más bien de su organización en términos de patrones o sistemas. Las interferencias con su estabilidad se derivan mas bien de “demasiado poco, o demasiado” –es decir de aspectos cualitativos Freud (1938) expresó su punto de vista conferencia a las transformaciones de la pubertad diciendo: “La situación se complica por el hecho de que los procesos necesarios para lograr un resultado final están o no completamente presentes o completamente ausentes: como una regla están parcialmente presentes, así que el resultado final depende de relaciones cuantitativas. Así la organización genital será lograda pero será debilitada respecto a esas porciones de la libido que han seguido tan lejos pero han permanecido fijas a objetos y direcciones pregenitales” hacia el fin de la adolescencia tardía los patrones han sido formados epitomizando las esenciales tensiones desequilibrantes, que tienen que volverse una parte integral de la organización del yo. Esta idea aparece en una carta de Freud a Ferenzci un hombre no debería esforzarse por eliminar sus complejos, sino ponerse de acuerdo con ellos: ellos son legítimamente los que dirigen su conducta en el mundo” (Jones, 1955.)
El proceso de delimitación de la adolescencia tardía es llevado a cabo a través de la función sintética del yo. Es una aceptación final y el establecimiento de las tres antítesis en la vida mental llamadas: sujeto-objeto, activo-pasivo, y placer-dolor. Una posición estable con referencia a estas tres modalidades antitéticas se manifiesta subjetivamente a sí misma como un sentido de identidad. La identidad del yo de Erickson (1956), con la realización especifica de la fase de la tardía adolescencia, describe una experiencia subjetiva de variables estados del yo, de fluctuaciones de libido debido a crisis conflictivas y de maduración: en conclusión es el resultado de procesos psicológicos heterogéneos que se combinan acumulativamente en un estado de yo descrito mejor como sentido de identidad, identidad del yo, o sentido del ser. La representación mental del ser. La representación mental del ser al fin de la adolescencia es una formación cualitativamente nueva, y refleja como un todo organizado las variadas transformaciones que son especificas a la fase de la adolescencia tardía. (Véase “El yo y el Ser”, pág. 276.)

Después de que una fijación a sido establecida entre las tres antítesis aun varían en combinación y énfasis, dependiendo de los variados roles que el sujeto asume en la vida. La fijación de roles, así como la necesidad especifica de gratificación que alcanzan estos roles dentro de un vector circunscrito, de interacción entre el sujeto y el medio ambiente, es una realización esencial de los procesos mentales adaptativos. En los roles de madre y esposa, de sujeto que gana un salario y del que no lo gana, para no mencionar “el inexpugnable lugar de reposos”, el “área intermedia” de Winnicott (1953), en todos estos roles el sujeto persigue diferentes fines, que no están siempre en armonía unos con otros; aun así están relacionados y unificados por un impulso hacia la autorrealización.
Muchos niveles de autorrealización coexisten tranquilamente en Orlando, novela sobre la transformación en mujer, Virginia Wolf, (1928) escribió acerca de los variados roles que el ser en maduración aprende para vivir:
¿Orlando?, y el Orlando requerido puede no presentarse; estos yo que nos forman , uno apilado encima del otro, como los platos apilados en la mano del mozo, tienen lazo en otra parte simpatías, pequeños códigos y derechos propios, llaméense como quiera ( y para muchas de estas cosas no hay nombre)de modo que alguno de ellos no acude sino a los días lluvias, otro en un cuarto de cortinas verdes, otro cuando no esta Mrs. Jones otro si le prometen un vació de vino –etcétera; porque nuestra experiencia nos permite acumular las condiciones diferentes que exigen nuestro yo diferentes – y otros son demasiado absurdos para figurar en letras de molde.

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viernes, 6 de febrero de 2009

Melanie Klein por Hanna Segal

Introducción

Melanie Klein fue discípula y continuadora de Freud. A través de su trabajo, realizado en sus inicios principalmente con niños, expandió el campo de conocimiento y comprensión abierto por Freud y dio con nuevas formulaciones que, en ciertos aspectos, desarrollaron las ideas freudianas y, en otros, se apartaron de ellas. Me es imposible presentar su obra sin trazar al menos un esbozo de alguna de las ideas psicoanalíticas en las que basó su tarea.

Hacia 1919, cuando Melanie Klein inició su obra, la teoría psicoanalítica había evolucionado ya considerablemente y la teoría freudiana del desarrollo psíquico se hallaba, en algunos aspectos, completa. Sin embargo, quedaban por aparecer dos nuevas formulaciones teóricas fundamentales. La década de 1920 constituyó un momento decisivo para la teoría psicoanalítica. En 1920 Freud expuso en «Más allá del principio del placer» [SE, XVIII, 7-64 (S. Freud, Obras Completas, Madrid, 1967, volumen I, pp. 1907-1126).] su teoría sobre la dualidad de las pulsiones de vida y muerte y en 1923, en «El Yo y el ello» [2 SE, XIX, 12-66 (obra cit., vol. II, pp. 9-30).], elaboró en profundidad la teoría estructural de la mente en términos del ello, el yo y el superyó, avances que también condujeron a un cambio en su visión de la naturaleza del conflicto psíquico, la ansiedad y la culpa. Melanie Klein, quien a través de su trabajo con niños se había convencido de la importancia de la agresión innata, fue, entre los principales continuadores de Freud, la única en adoptar íntegramente su teoría de la pulsión de muerte y elaborar sus implicaciones clínicas. Desarrolló asimismo la teoría estructural, arrojando nueva luz sobre el origen, composición y funcionamiento del superyó. Su enfoque de la ansiedad y la culpa concuerda más con las formulaciones tardías de Freud que con sus ideas más tempranas.

Podría decirse que el psicoanálisis comienza cuando Freud descubre, trabajando con pacientes histéricas, que los síntomas tienen un significado. Esto condujo al descubrimiento de los procesos inconscientes, la represión y el simbolismo, siendo ambos descubrimientos inseparables el uno del otro. Podría resumirse el punto de vista de Freud en el siguiente esquema: el recuerdo, impulso o fantasía de carácter doloroso o prohibido tiene vedado el acceso a la conciencia; es reprimido pero permanece dinámico en el inconsciente de la persona y lucha por expresarse; encuentra su expresión simbólica en el síntoma. El síntoma es un compromiso entre las ideas y los sentimientos reprimidos y las fuerzas represoras. Freud pronto observó que los conflictos intrapsíquicos y las soluciones de compromiso no residen únicamente en el terreno de la patología. Descubrió que los sueños, fenómeno humano universal, tienen una estructura similar a la de los síntomas neuróticos y que la represión y las soluciones de compromiso son parte de la naturaleza y la evolución humanas. Desde una simple aplicación de la hipnosis desarrolló de modo gradual la técnica psicoanalítica de asociación libre e interpretación, que le permitió estudiar los pensamientos y sentimientos reprimidos, las razones de su represión y los diversos mecanismos mentales para tratarlos. Descubrió que el material reprimido es predominantemente de naturaleza sexual (Freud jamás sostuvo que lo fuera con exclusividad, contrariamente a lo que supone la opinión popular). Esta sexualidad reprimida es distinta de aquella que se considera normal (es decir genital y heterosexual).

Es bisexual y de un género polimórfico marcadamente perverso, con inclusión de impulsos sadomasoquistas, orales, anales, uretrales, «voyerísticos» o exhibicionistas que corresponden a lo que, en la actividad sexual adulta, serían perversiones. Esto es así incluso en personas consideradas sexualmente normales en sus vidas conscientes. Freud llegó a la conclusión de que no hay una pulsión sexual simple, sino que la sexualidad es un compuesto formado por componentes pulsionales que proceden de distintas zonas del cuerpo y que tienden a diversos fines. En la sexualidad adulta normal predominan la pulsión y el fin genitales. Estos componentes pulsionales polimórficos se originan en la temprana infancia y en la niñez. El descubrimiento de la sexualidad infantil fue revolucionario, porque la sexualidad infantil es el origen de los conflictos y conduce a la represión y a otras defensas, descubiertas por Freud y sus continuadores con posterioridad. Los síntomas del neurótico o el simbolismo de los sueños no surgen sencillamente de la represión de un conflicto adulto contemporáneo. Son los elementos de la sexualidad infantil inconsciente, expresados en el problema actual, los que movilizan los conflictos infantiles y dan origen a la represión.

En el lapso relativamente reducido que transcurre entre los descubrimientos de Freud sobre la naturaleza de la histeria y los hallazgos fundamentales de la década de 1920, Freud, Ferenczi, Abraham, Jones y otros avanzaron de forma considerable en el trazado del desarrollo psicosexual del niño y en el sondeo de sus efectos sobre la personalidad adulta. Aunque es imposible, en una breve introducción, conceder la debida importancia a la suma de los trabajos psicoanalíticos en los que Melanie Klein basó suobra, intentaré señalar el contexto en que ésta evolucionó y volveré sobre algunos de los puntos ya mencionados cuando examine con mayor detalle de qué manera se valió ella de las referidas ideas y, especialmente, cómo las desarrolló o partió de ellas.

Al ordenar históricamente los componentes pulsionales, Freud estableció que su origen se remonta a distintos períodos de la vida del niño. Denominó libido a la energía sexual total y describió las sucesivas fases del desarrollo libidinal. En su opinión, toda pulsión tiene una fuente, un fin y un objeto. La fuente es siempre una parte del cuerpo, la zona erógena. El fin es la descarga de una tensión sexual. El objeto es el adecuado para proporcionar esta satisfacción. Las zonas erógenas se hallan conectadas con funciones vitales. Así, el componente pulsional oral surge de la función vital de comer; el anal y el uretral, de defecar y orinar; y el genital, de la función reproductora. La satisfacción de la necesidad vital produce un estímulo erótico y placer, que pasa a ser buscado por sí mismo.

La primera necesidad pulsional vital del bebé es la alimentación, por lo que el componente pulsional oral es el primero en despertar y la boca es la zona erógena inicial. El punto de partida de toda la vida sexual es la succión del pecho materno: «el ideal, jamás alcanzado, de toda satisfacción sexual ulterior, fantasía a la que a menudo se recurre en momentos de privación» [«Introductory Lectures on Psycho-Analysis», SE, XVI, 314 (ídem ant., «Introducción al psicoanálisis», p. 313)]. La pulsión oral cede la primacía a la anal cuando el niño comienza a desarrollar el control de esfínteres. Expeler las heces, retenerlas, desear la penetración anal, se convierte en el centro de la experiencia sexual infantil. En un principio, Freud consideró que la fase genital sucedía directamente a la anal, pero con posterioridad añadió entre ambas la etapa fálica, que se extiende entre las edades de tres y seis años.

En esa fase el niño varón descubre su pene como foco de tensión y placer. Considera el falo como único órgano sexual existente y, al no tener conciencia de los genitales femeninos, en su fantasía concibe a su madre en posesión de un pene, como su padre y él mismo: la «mujer fálica». Por tanto, en la descripción de Freud el desarrollo de la libido infantil atraviesa tres fases: la oral, la anal y la fálica. La fase genital, en la que se alcanza la diferenciación normal de los sexos, no entra en total funcionamiento hasta la pubertad. Al hablar de la organización de la libido en fases, Freud no sólo piensa que en cada una de ellas predomina un determinado componente pulsional, sino que éste va asociado con los fines y objetos que le corresponden. Así, el fin de la pulsión oral es succionar o devorar, siendo el pecho el objeto apropiado. El componente pulsional anal tiende a expeler o retener, y su objeto adecuado son las heces. La pulsión fálica tiene como fin la penetración, pero es más complejo determinar su objeto ya que, según Freud, la relación con este último se halla sujeta a una larga evolución antes de descubrir el objeto adecuado (la vagina). La frustración de estas tendencias da lugar a la agresión, que busca igualmente manifestarse en modos de expresión adecuados a las distintas fases. Así, a la agresión oral corresponde el deseo de morder o devorar en forma caníbal; a la agresión anal, el deseo de expeler, quemar o envenenar con heces; a la agresión fálica, el deseo de cortar, penetrar o rasgar.

Una característica de la libido es su plasticidad, pudiendo moverse de un fin a otro y de un objeto a otro distinto. Un órgano puede ser sustituido por otro que asuma sus funciones. En la fantasía, el ano puede ocupar el lugar de la boca; el pene puede reemplazar al pecho como objeto del deseo oral; las heces, sustituir al pene o al niño; el niño, representar al pene, etcétera.

Normalmente la libido progresa de la fase oral a la anal, después a la fálica y finalmente a la fase genital. Pero una experiencia insatisfactoria puede provocar un fenómeno que Freud denominó fijación. Una parte de la libido queda fijada en una fase pregenital y unida a los fines y objetos propios de la misma. Cuando esto ocurre, la organización de la etapa genital es débil e insegura y genera fácilmente una regresión a la fase anterior: el punto de fijación. Este retorno a una organización propia de una etapa pregenital es, según Freud, el factor determinante de la neurosis adulta.

Las pulsiones sexuales están sujetas a evolución: las pulsiones pregenitales son reprimidas de modo gradual, a medida que aumenta el predominio de la genitalidad, pero nunca pierden por completo su poder. Permanecen en el inconsciente y experimentan vicisitudes que generan síntomas, sublimaciones o rasgos de carácter; por ejemplo, la oralidad puede expresarse en voracidad o en hambre de conocimiento.

La analidad puede dar origen a rasgos obsesivos o, por el contrario, a logros positivos, como el orden y la limpieza. Freud dio una descripción de los caracteres oral y anal, ampliada considerablemente por Abraham y Jones. Cuando el fin sexual de una pulsión es inhibido de tal manera que pierde su carácter sexual, puede dar origen a una sublimación, que consiste en el desplazamiento de un fin sexual a otro no sexual. De esta forma Freud describe una evolución compleja de las pulsiones sexuales que preceden a la organización genital última.

También el objeto de los deseos sexuales experimenta una evolución. En opinión de Freud, un objeto sexual adecuado no surge en la vida psíquica hasta la etapa tardía de las fases anal y fálica. En un principio la pulsión oral toma el pecho como objeto sexual, pero después lo abandona, porque, posiblemente, no siempre lo halla disponible, y el bebé se vuelve autoerótico. Busca satisfacción en su propio cuerpo, en actividades tales como la succión de sus dedos o de sus labios. La pulsión encuentra satisfacción, pero parece carecer de objeto. El autoerotismo evoluciona en forma gradual hacia el narcisismo.

Aunque la fuente de satisfacción del bebé o del niño continúa siendo el propio cuerpo, en el narcisismo —a diferencia del autoerotismo— el propio cuerpo es vivido como un objeto. Si bien puede parecer ésta una distinción sin diferencia, en términos psicológicos no lo es. El narcisismo es una transición entre el autoerotismo y la relación con un objeto externo. En la fantasía, el niño puede proyectar su propio cuerpo sobre su objeto, con lo cual el objeto se convierte en un objeto de deseo, es decir, es catectizado. Una fijación narcisista puede motivar, en etapas vitales más tardías, la elección de un objeto narcisístico. La persona narcisista busca en su pareja una representación de sí misma y en ella se ama.

Los padres sólo se convierten en objetos de deseo sexual en la fase fálica, marcando el comienzo del complejo de Edipo que, como es bien sabido, constituye un componente esencial de la teoría psicoanalítica. El niño comienza a desear como objeto sexual a su madre, quien ha sido siempre la fuente de su bienestar, placeres y satisfacciones. Empieza a tomar conciencia de la relación sexual existente entre sus padres, y el deseo por su madre lo lleva a experimentar celos violentos hacia su padre, que le hacen odiarlo y desear su muerte: al igual que Edipo, ansia matar a su padre para poseer a su madre. Tales deseos entran en conflicto con el miedo y el amor que siente por su padre, y su temor fundamental es que el padre lo castre para castigar sus deseos sexuales. El temor a la castración es la causa principal de que el niño reprima la sexualidad hacia su madre y la agresión hacia el padre.

El amor al padre también tiene en esa etapa un componente sexual importante. Uno de los descubrimientos de Freud fue la bisexualidad, es decir, la coexistencia en todo ser humano de tendencias sexuales masculinas y femeninas. O sea que al complejo de Edipo positivo se añade otro negativo; el niño desea sexualmente a su padre y su madre se convierte en su rival. Desea ser penetrado y poseído por su padre, pero tales deseos homosexuales también deben ser reprimidos, ya que realizarlos conduciría a la castración.

En el desarrollo normal, la represión de los deseos homosexuales es más completa y permanente que la de los heterosexuales.

La niña también atraviesa una etapa fálica; según Freud, carece de conciencia de su vagina y el clítoris es para ella la zona erógena fundamental, equivalente al pene. Freud considera que el complejo de Edipo de la niña difiere en muchos aspectos del que es propio del niño y sobre ello volveré con mayor detalle, cuando me ocupe de las divergencias entre sus puntos de vista y los de Melanie Klein.

El complejo de Edipo constituye un hecho fundamental en la evolución del individuo. Es en relación con este complejo que se establece la represión y como defensa contra las ansiedades edípicas tiene lugar la regresión a fases pregenitales. En esta etapa todos los niños atraviesan una neurosis transitoria, la neurosis infantil. Como respuesta a la situación edípica desarrollan defensas generadoras de fobias, obsesiones y otros síntomas. La neurosis adulta es una regresión a esta neurosis infantil.

Asimismo, tanto la formación del superyó como, en gran parte, la conformación de la estructura mental básica del individuo son consecuencia de la disolución del complejo de Edipo. El niño intenta resolver su ambivalencia hacia el padre internalizándolo y convirtiéndolo en parte de sí mismo. El padre se afirma en la realidad intrapsíquica como una figura que actúa a modo de conciencia y también como alguien con quien identificarse.

En 1923 Freud llamó superyó a esta figura interna, pero la había descrito ya antes en el mundo interno. En Duelo y melancolía (1917) había demostrado que los autorreproches de los melancólicos son, en realidad, reproches mutuos entre el self y un padre internalizado. Además, el melancólico se identifica con esta figura interna: «La sombra del objeto cayó así sobre el yo» [ «Mourning and Melancholia», SE, XIV. 249 fobra cit., volumen I, «Duelo y melancolía», p. 1078)]. Pero en esa época Freud creía que tales internalizaciones e identificaciones pertenecían al terreno de lo patológico. Más tarde llegó a la conclusión de que este proceso forma parte del desarrollo normal. La patología del mundo interno del melancólico reside en el odio excesivo de su ambivalencia. El superyó, según describiera

Freud con posterioridad, cumple tres funciones: autoobservación y crítica, castigo y determinación de metas ideales. Este último aspecto del superyó procede de lo que Freud antes había descrito como «el ideal del yo». El origen del ideal del yo es narcisista:
«Aquello que proyecta ante sí como su ideal es la sustitución del perdido narcisismo de su niñez, en el cual era él mismo su propio ideal» [«On Narcissism: An Introduction», SE, XIV 94 (id. ant., «Introducción al narcisismo», p. 1092)]. En El yo y el ello [ SE, XIX (obra cit., vol. II).]

Freud considera que el ideal del yo es algo indistinguible del superyó, atribuyendo también a éste funciones propias del ideal del yo. El fin narcisista de ser amado y aprobado por el propio self se funde con el deseo de ser amado y aprobado por el padre interno ideal, el superyó. El yo puede someterse a las exigencias del superyó tanto por temor al castigo como por necesidad de afecto. Al igual que el padre, la madre interviene en la conformación final del superyó. Sus conceptos del superyó y de la dualidad de las pulsiones de vida y de muerte permitieron a Freud formular la teoría estructural de la mente; en la descripción de Freud, la mente se compone de tres estructuras. El ello es la dotación pulsional y funciona de acuerdo con el principio de placer-dolor. Su único objetivo es, por tanto, evitar el dolor y buscar el placer; no toma en cuenta la realidad y hace frente a la frustración mediante la fantasía de la satisfacción alucinatoria omnipotente de deseos. Del ello, y a través del contacto con la realidad, surge el yo que media entre aquél y esta última, desarrollando un principio de realidad. El yo es la corteza exterior del ello; es el aparato perceptivo, que también controla las funciones motrices: aprende dolorosamente la realidad de las frustraciones, trata de evaluar la realidad y de hallar medios de satisfacción reales. Es también una estructura psíquica y actúa como órgano de percepción de los estados internos. Una vez formado el superyó, el yo debe mediar nos sólo entre el ello y la realidad, sino además entre el ello y el superyó. El yo debe hacerse cargo de la realidad tanto externa como interna.

La idea esencial del pensamiento psicoanalítico es que debemos tratar tanto con la realidad y con el conflicto psíquico como con el mundo externo; Freud investigó permanentemente las raíces de este conflicto interno. En un principio pensó que las pulsiones sexuales se hallaban en conflicto con la realidad y con la autoconservación, es decir, con lo que él denominara los instintos del yo, que tendían a la autoconservación.

Pero a medida que progresó en su trabajo, descubrió que esta hipótesis no abarcaba los aspectos clínicos. En especial parecía inexplicable la compulsión a la repetición (la necesidad, típica de los neuróticos de repetir una y otra vez experiencias dolorosas y traumáticas) en términos de un conflicto entre el principio del placer y el de realidad.

Igualmente difíciles de explicar eran el sadismo y el masoquismo, componentes importantes de la estructura neurótica. En 1920, en Más allá del principio del placer, [SE, XVIII (obra cit., vol. I).] propuso otra hipótesis: la de la dualidad de los instintos de vida y muerte. La libido, lejos de hallarse en conflicto con la pulsión de vida, forma parte de ella y es su expresión sexual. En oposición a ella se halla la pulsión de muerte, que surge de la necesidad biológica del organismo de regresar a su estado anterior más antiguo, el inorgánico. Su contrapartida psíquica es un anhelo de retorno a un estado sin dolor, el principio del nirvana. Pero el organismo se siente amenazado por la pulsión de muerte y la desvía hacia el exterior. (Como Freud había subrayado con anterioridad, una pulsión puede modificar su fin y su dirección.) Cuando se desvía hacia un objeto exterior, la pulsión de muerte se convierte en agresión: «yo no moriré, morirás tú». En lugar de morir, matar. En un principio, Freud mismo trató esta hipótesis como una especulación biológico-filosófica, pero a medida que avanzó en su trabajo vio que la manifestación de la pulsión de muerte como agresión tenía una importancia fundamental. En origen, Freud consideró la agresión como una pulsión de autoconservación del yo inducida por la frustración, pero de un modo paulatino llegó a convencerse de la existencia de un impulso destructivo innato y fundamental. La desviación de la pulsión de muerte, tan importante como la pulsión de vida y la libido, podía explicar la importancia de la agresión en la vida psíquica. El conflicto fundamental entre Eros —vida, incluyendo la sexualidad— y Tánatos —autodestrucción y destrucción— es la fuente más profunda de ambivalencia, ansiedad y culpa. Pero aunque las dos pulsiones básicas se hallan en conflicto, también se fusionan. Cuando en esta fusión predomina la pulsión de muerte, surgen el sadismo y el masoquismo; cuando predomina la pulsión de vida, la agresión está al servicio de las fuerzas vitales y se vuelve ego-sintónica, es decir, que está al servicio del yo.

La descripción definitiva que da Freud del ello, del yo y del superyó toma en cuenta su nueva teoría de la pulsión. La agresión, intolerable al yo, es transferida al superyó: de ahí su carácter salvaje. En una etapa primera Freud pensaba que los sentimientos de culpa tenían origen en la sexualidad infantil, pero con posterioridad a 1920 se convenció de que era la agresión su principal fuente. Dice Freud: «...después de todo, es sólo la agresión la que se transforma en sentimiento de culpabilidad, al ser suprimida y derivada al superyó.

Estoy convencido de que podremos concebir con mayor sencillez y claridad muchos procesos psíquicos si limitamos únicamente a las pulsiones agresivas los hallazgos del psicoanálisis en torno a la génesis del sentimiento de culpabilidad» [«Civilization and its Discontents», SE, XXV, 138 (obra citada, «El malestar en la cultura», vol. III, p. 59)]. La pulsión de muerte es lo que explica «el carácter totalmente inevitable del sentimiento de culpabilidad» [Id. ant., 132 (id. ant., p. 54)].

Freud considera que el superyó del melancólico es «un puro cultivo de la pulsión de muerte» [«The Ego and the Id», SE, XIX, 53 (obra cit., «El yo y el ello», vol. II, p. 28)]. Las ideas de Freud sobre la ansiedad se vieron también influidas por su nueva concepción sobre la dualidad de las pulsiones y la estructura de la mente. En un primer momento, Freud pensaba que la angustia era una transformación biológica directa de la libido bloqueada y frustrada por la represión; en la relación concebida por él, la ansiedad era a la libido lo que el vinagre al vino. Pero la abundante evidencia clínica pronto lo convenció de lo contrario. No es la represión la causante de la ansiedad, sino a la inversa, la ansiedad es la que necesita de la represión. Pero, en tal caso, ¿cuál es el origen de la ansiedad? Según Freud, cuando el complejo de Edipo está activo, la ansiedad dominante es la ansiedad de castración. El niño fantasea y teme ser castrado por su padre como castigo de sus deseos sexuales. El descubrimiento de la genitalidad femenina refuerza esta ansiedad. La carencia de pene por parte de la mujer es vista por el niño como un testimonio de que la castración es posible. La ansiedad de castración es el factor principal en la resolución del complejo de Edipo y se expresa de modo simbólico en múltiples temores, incluyendo el temor a la muerte. En 1926, en Inhibición, síntoma y angustia [SE, XX (obra cit., vol. II)].

Freud da una explicación más completa de la ansiedad. El miedo a la realidad es una respuesta a un peligro externo. La ansiedad, que encuentra su prototipo en el trauma del nacimiento, es una respuesta al desamparo frente a necesidades e impulsos internos; dicha ansiedad vuelve a despertar en diferentes etapas del desarrollo, incitada por diversas situaciones de peligro. Freud describe cuatro amenazas fundamentales, correspondientes a distintas fases: la pérdida del objeto, el miedo a la castración, la angustia frente al superyó y la pérdida del amor del objeto. En el caso de la pérdida del objeto o de su amor, o en el caso de la castración, se trata del miedo a ser desbordado por demandas instintivas, motivadas por las pulsiones de vida y muerte que no tienen posibilidad de descarga.

En el caso del superyó, la angustia es el temor a encontrarse indefenso frente a los ataques de aquél. Freud distingue entre la «angustia traumática», en la que el yo es desbordado, y la «angustia señal», que advierte sobre la amenaza de un peligro de angustia traumática. Cuando el miedo es real, es decir, cuando señala la amenaza de un peligro real, el yo puede emprender acciones realistas. Cuando aparece la «angustia señal», que indica una amenaza de peligro interior, el yo desarrolla mecanismos psíquicos de defensa.

Freud descubrió la represión al estudiar la histeria y la describió como una defensa; sin embargo, mientras estudiaba la neurosis obsesiva encontró que existían también otros mecanismos de defensa. En uno de éstos, por ejemplo, el afecto es separado de la idea de forma tal que en la persona obsesiva (a diferencia de la histérica) la idea que produce ansiedad puede permanecer consciente, pero se reprime el afecto. A medida que la ciencia psicoanalítica progresó, se descubrieron y describieron otros mecanismos de defensa.

Cuatro de ellos, que reseñaré brevemente, revistieron especial importancia para la obra de Melanie Klein: la proyección, la introyección, la identificación y la escisión. La proyección y la introyección tienen origen en el yo-placer puro, a medida que éste se desarrolla desde el ello y permanece bajo la influencia del principio del placer-dolor: «El yo placer primitivo (...) quiere introyectar todo lo bueno y expulsar de sí todo lo malo» [«Negation», SE, XIX, 237 (obra cit., vol. II, «La negación», pp. 1134-1135)].

La proyección como mecanismo de defensa es característica de la paranoia. El sujeto desconoce su propio impulso y lo atribuye a su objeto. «No lo odio, él me odia a mí.» La introyección, término utilizado por primera vez por Ferenczi, es el opuesto de la proyección. Basada en la más primitiva pulsión oral, que tiende a devorar el objeto, tiene una contrapartida psíquica, que consiste en introyectar las características del objeto. En una primera descripción, Freud relacionó la introyección con la melancolía; más tarde llegó a la conclusión de que forma parte del desarrollo normal y que el yo no puede abandonar su objeto sin introyectarlo. En El yo y el ello, Freud dice que el yo es «un residuo de las cargas de objeto abandonadas» [SE, XIX, 29 (obra cit., val. II, p. 17).]

Aunque la introyección se halla enraizada en el mecanismo oral y, por consiguiente, debe ser activa desde el principio, Freud considera que en el momento del complejo de Edipo las introyecciones son tan masivas y dinámicas, que las que se producen con anterioridad a esta etapa no tienen la misma influencia o importancia.

Freud descubrió la identificación antes que la introyección, y a veces ambos conceptos no se diferencian entre sí con claridad; además describió varios tipos de identificación. Uno de ellos es la identificación del self con el objeto como modelo. El sujeto asimila las características del objeto, en cuyo caso la identificación puede ser una defensa contra la pérdida del objeto o la rivalidad con él. Una identificación de este tipo con los padres forma parte de la resolución del complejo de Edipo. Otro tipo de identificación es la elección narcisista de objeto.

En este caso el sujeto es el modelo y se buscan en el objeto las propias características de uno mismo. Las identificaciones pueden ser pre-edípicas o edípicas. Como Freud describió la identificación antes que la introyección, no está claro si considera que las identificaciones pre-edípicas están basadas en la introyección o son independientes de ésta, pero la identificación introyectiva con los padres es característica del complejo de Edipo.

La escisión del yo es un mecanismo observado por Freud en casos de fetichismo y en la psicosis. En un principio lo aplicó exclusivamente a las perturbaciones producidas en relación con la realidad. El yo se escinde de forma que una parte, el yo normal, toma en cuenta la realidad y otra parte, bajo la influencia de los instintos, se separa de aquélla.

Pero en sus últimos escritos [«An Outline of Psycho-Analysis», SE, XXIII, 202-204 (obra citada, vol. III, «Esquema del psicoanálisis», p. 361); «Splitting of the Ego in the Process of Defence», id. ant., 275-278 (obra citada, id. ant., «Escisión del yo en el proceso de defensa», página 389-392).], Freud señala que la utilización de cualquier mecanismo de defensa requiere algún tipo de escisión del yo y que, por lo tanto, un uso excesivo de las defensas entraña siempre un debilitamiento del yo.

Entre los psicoanalistas que contribuyeron a enriquecer el cuerpo de conocimientos psicoanalíticos figura en lugar destacado Karl Abraham, quien ejerció una influencia primordial sobre Melanie Klein. Su contribución abarca todos los aspectos de la teoría psicoanalítica, pero su principal y más original aporte lo hizo en el área de las fases pregenitales del desarrollo K. Abraham, [«A Short Study of the Development of the Libido, Viewed in the Light of Mental Disorders» (1924), en Selected Papers of Karl Abraham.]

Abraham subdividió las fases oral y anal en dos etapas. En la fase oral distinguió una primera etapa de succión y una segunda etapa sádica. La primera es preambivalente: el fin del bebé es la succión, pero no hay amor ni odio en ello. En la segunda etapa el bebé se relaciona de forma ambivalente con el pecho, al que desea morder y devorar de un modo canibalístico. La primera etapa anal es sádica y de expulsión; continúa el sadismo de la segunda etapa oral y el objeto devorado, convertido en heces, es expelido. La segunda fase anal es de retención; en este momento aparece la preocupación por el objeto, y aunque éste (las heces) es controlado aún de forma sádica, existe igualmente un deseo de preservarlo. El objeto en la fase pregenital es un «objeto parcial», término propuesto por Abraham para designar la relación con partes anatómicas de los padres, como el pecho o el pene, distinta de la relación con los padres como personas. Freud describe algunas relaciones con objetos parciales, como por ejemplo el deseo primario del bebé por el pecho. También habla de la regresión a una relación de objeto parcial —por ejemplo, la regresión que experimenta una mujer desde el deseo del hombre al deseo del pene, un objeto parcial—, pero no concedió mayor importancica a tales fijaciones pregenitales. Abraham, por el contrario, estudió en detalle las relaciones oral y anal con objetos parciales, como el objeto parcial pecho y su transformación en el objeto parcial heces. Fue el primero en describir la pérdida de un objeto interno en este proceso, donde la expulsión de las heces es vivida como pérdida de un objeto interno. Sus investigaciones sobre las fases orales del desarrollo le llevaron asimismo a conceder una importancia mayor que la que Freud había concedido a la relación ambivalente del bebé con la madre. En concreto, Abraham descubrió que el odio hacia la madre juega un papel fundamental en la melancolía.

Estas subdivisiones no constituyen un mero ejercicio académico. Abraham las fundamentó en su trabajo clínico y logró demostrar que el punto de fijación de las enfermedades maníaco-depresivas reside en la segunda fase oral y en la primera anal, y el correspondiente a las neurosis obsesivas, en la segunda fase anal. Pudo analizar con eficacia tanto a pacientes que sufrían de psicosis maníaco-depresiva como a neuróticos obsesivos, lo que le permitió estudiar la interrelación existente entre la depresión, la manía y la neurosis obsesiva y, asimismo, enriquecer nuestros conocimientos sobre las fases oral y anal del desarrollo.

Melanie Klein comenzó a trabajar poco antes de 1920, momento en que el psicoanálisis experimentaba uno de sus vuelcos decisivos y las nuevas ideas de Freud daban estímulo a nuevos enfoques. Desarrollando los conceptos de Freud en la dirección señalada por Abraham, Melanie Klein aportó al psicoanálisis nuevas y estimulantes ideas y perspectivas. Pero su obra suscitó también enérgicos antagonismos y dio origen a controversias que aún siguen vigentes.

Antes de presentar la obra de Melanie Klein, es importante hacer referencia a la técnica psicoanalítica, ya que, en el psicoanálisis, teoría y técnica se hallan íntimamente relacionadas.

Freud desarrolló la técnica psicoanalítica partiendo de la simple aplicación de la hipnosis. Los elementos esenciales del encuadre (setting) y la técnica psicoanalíticos, según fueran concebidos por Freud, pueden resumirse de la siguiente manera. El analista propone al paciente una hora regular cada día de la semana. Lo invita a recostarse en el diván y a relatar sus pensamientos de forma tan libre como pueda: es decir a asociar libremente. El analista adopta una actitud receptiva hacia lo que dice el paciente, prescindiendo de toda reacción personal, tal como crítica, aprobación, manifestación o expresión de sus sentimientos. En tal encuadre, del que la neutralidad del analista constituye un ingrediente principal, el paciente puede asociar con mayor libertad que en cualquier otra situación; de forma paulatina se van expresando sus conflictos inconscientes de manera tal que pueden ser percibidos por el analista; éste puede entonces comunicar a su paciente el significado oculto de sus asociaciones, es decir, interpretar. Sin embargo, el paciente se resiste a este proceso psicoanalítico de asociación libre e interpretación. Las defensas que, en un principio, desarrollara para combatir el dolor causado por el conflicto son puestas de nuevo en acción para oponer resistencia al insight; tal resistencia debe ser comprendida y analizada. En un primer momento, el paciente acude al analista por necesidad y coopera con él mediante la libre asociación y el esfuerzo por comprender y vencer su propia resistencia. En la situación analítica, el paciente no sólo toma conciencia de sus deseos y conflictos infantiles, sino que vuelve a vivirlos.

Transfiere al analista los impulsos, esperanzas y fantasías que depositara en el pasado en sus objetos significativos: padres, hermanos y demás. Esta transferencia, considerada en un principio como una resistencica a recordar el pasado, se convirtió de manera gradual en el eje central del tratamiento psicoanalítico. A la capacidad de volver a vivir viejos conflictos más abiertamente y en un nuevo encuadre, debe el paciente la posibilidad de encontrar soluciones nuevas y menos neuróticas. Una transferencia positiva (amor) facilita igualmente la cooperación.
Klein nunca se apartó de la técnica y el encuadre fundamentales del psicoanálisis y en muchos aspectos su técnica fue especialmente rigurosa.

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jueves, 5 de febrero de 2009

Las causas de la Histeria (Parte 6). Juan D. Nasio

6-EL SÍNTOMA DE CONVERSIÓN DESAPARECE SI COBRA UN VALOR SIMBÓLICO, EL QUE PRODUCE LA ESCUCHA DEL PSICOANALISTA
Porque alguien me escucha v quiere descubrir el enigma de los malestares de mi cuerpo, estos malestares cobraran un sentido en mi historia: tal vez así podrán desaparecer alguna vez.
Puesto que la conversión —decíamos— no es la buena solución, ¿cómo tratar el exceso y curar al histérico de lo inconciliable que lo parásita? Partimos de la hipótesis siguiente: la escucha y la interpretación del psicoanalista funcionan como yo simbólico, es decir, como conjunto de representaciones. Se trata de un yo capaz de acoger la representación inconciliable que el yo histérico reprime y de neutralizar así la sobrecarga mórbida, distribuyéndola entre el conjunto de sus propias representaciones. La escucha del analista íntegra y disipa lo que el histérico reprime y concentra. De este modo, el sujeto se cura de lo inconciliable y el síntoma de conversión podrá desaparecer. Estamos formulando estrictamente, en los términos del vocabulario energético, aquel principio general según el cual un síntoma conversivo se desvanece si cobra el valor simbólico que la escucha y la interpretación del psicoanalista le confieren. Que un síntoma cobre un valor simbólico y tenga la posibilidad de desaparecer, significa que la representación inconciliable a la que este síntoma había venido a sustituir pudo ser integrada en el sistema de representaciones de la escucha analítica, y que su sobrecarga pudo ser diseminada. Estamos formulando lo mismo mediante dos expresiones diferentes, una energética y otra simbólica. Decir que la representación inconciliable se integra en el seno del yo de la escucha equivale a decir que la escucha del analista otorga un sentido simbólico al síntoma conversivo y lo hace desaparecer. La escucha analítica actúa, pues, tanto en el registro energético como en el simbólico.
Ahora bien, como es evidente, para que un síntoma conversivo adquiera significación simbólica y desaparezca, tendrá que cumplirse una única condición: que sea dicho por el paciente y recogido por una escucha, no una escucha que revele un sentido oculto y ya existente, sino una escucha generadora de un sentido nuevo. Pero, ¿cómo admitir que la escucha silenciosa de un analista, aparentemente pasiva, es capaz de engendrar sentido por sí sola? ¿Y cómo admitir que el engendramiento de este sentido hace desaparecer el síntoma? Una escucha tendrá efectivamente el poder de engendrar un sentido nuevo si es la escucha de un psicoanalista habitado por un deseo en hueco, preparado para recibir el impacto de un dicho sintomático. Entendámonos: para que el síntoma conversivo cobre sentido, no basta con que el paciente lo nombre y hable de él a otro. Aún es preciso que la escucha que recibe este decir sea una escucha transferencial, esto es, la escucha de un terapeuta que desea entrar en la psique del paciente hasta el punto de encarnar en ella el exceso irreductible, de constituirse en ella como el núcleo del sufrimiento. Si lo consigue, es decir, si su deseo de analista está presente, identificado - con la causa del sufrimiento sufrimiento, entonces el psicoanalista será llevado a decir la interpretación o a hacerla surgir indirectamente en la palabra del analizando. Para que el analista sea llevado a decir la interpretación, habrá hecho falta, ante todo, que se identifique con el exceso inasimilable, esto es, que pase a ser la energía misma. Para encontrar la buena interpretación no hay ninguna necesidad de buscarla en los libros ni en el trabajo del pensamiento; surgirá de improviso si el analista supo colocarse antes en el centro del foco psíquico del exceso. Identifíquense con el núcleo del sufrimiento y la interpretación brotará: y, cuando aparezca, se ofrecerá como un sustituto de la representación intolerable, radicalmente distinto de ese otro sustituto que era el síntoma de conversión.
Antes de la escucha, la representación inconciliable era dicha por el síntoma a través de la conversión, y esto hacía sufrir; con la escucha, la misma representación es dicha por la interpretación y esto disipa el sufrimiento. ¿Por qué? Porque el analista, al decir la representación inconciliable a través de la interpretación, logra que el exceso que pesaba sobre la representación se disemine entre la familia de representaciones que la escucha analítica encarna (yo simbólico). Al yo del histérico extenuado y enfermo por querer reprimir en vano, le inserto como psicoanalista mi deseo de ser el sufrimiento del síntoma: y, gracias a la interpretación, vuelvo conciliable la representación hasta entonces inconciliable. De este modo el síntoma se hará compatible con el resto del cuerpo, es decir, será llevado a desaparecer. Con mi escucha, o sea con mi inconsciente, acepto integrar lo que el yo histérico rechaza. Es suficiente este deseo del analista, aun silencioso y tácito, para que la escucha vivifique al síntoma con un valor simbólico y, en consecuencia..., lo haga desaparecer. Sí, la escucha da un sentido y el sentido mata al síntoma, porque lo "ordinariza", lo trivializa y le hace ocupar un lugar entre otros acontecimientos en la constelación de acontecimientos de la vida psíquica del sujeto. Mientras no ha sido escuchado, el síntoma sigue siendo la espina que, por inasimilable, hace sufrir; pero fue preciso que la escucha lo tornara significante para que el sufrimiento menguase y el síntoma se disolviera.
En resumen, es como si la escucha del psicoanalista funcionara como una familia de representaciones que da acogida a la representación inconciliable, hasta entonces reprimida por el yo histérico. El exceso de sobrecarga se reparte así entre los diferentes miembros de esa familia auxiliar que es el yo simbólico haciendo las veces de escucha. La resolución del exceso de afecto se cumple, pues, gracias a la dispersión y disipación de la energía entre las representaciones de este conjunto que es el yo de la escucha. Por fin, liberada de la sobrecarga y homologada
con otras representaciones hermanas, la representación antaño inconciliable y ahora apaciguada podrá volver a integrarse en el yo que la había repelido. La escucha analítica obraría, pues, como relevo, a través del cual la representación inconciliable se torna conciliable; relevo entre un yo enfermo que reprime y un yo nuevo, antaño histérico, que en lo sucesivo acepta. Estructuralmente hablando, el conjunto de representaciones que reprime —llamado yo histérico—, el conjunto de representaciones que acoge —llamado yo simbólico, es decir, la escucha psicoanalítica— y el conjunto de representaciones de un yo nuevo que ahora acepta, constituyen, dentro del marco de la transferencia, tres conjuntos que se superponen. Estos conjuntos se fundan en una sola y misma estructura llamada lo inconsciente, un inconsciente que no pertenece ni a uno ni a otro de los partenaires analíticos.

Organización del material:

1-Nuestra lectura de la primera teoría de Freud: el origen de la histeria es la huella psíquica de un trauma

2-La histeria es provocada por una defensa inadecuada del yo: la represión

3-La histeria es provocada por el fracaso de la represión la conversión

4-El sufrimiento del síntoma de conversión es el equivalente de una satisfacción masturbatoria

5-La elección de órgano, asiento de la conversión

6-El síntoma de conversión desaparece si cobra un valor simbólico, el que produce la escucha del psicoanalista

7-Nuestra lectura de la segunda teoría de Freud: el origen de la histeria es un fantasma inconsciente

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miércoles, 4 de febrero de 2009

Cosquín Rock 2009

Dia 1 (Viernes 20 de Febrero 2009)
ESCENARIO PRINCIPAL

Intoxicados
Babasonicos
Catupecu Machu
León Gieco
Las Pastillas del Abuelo
Kapanga
Massacre
Volador G

TEMÁTICO HEAVY
Horcas
Tren Loco
Lethal
Mastifal
Razones Concientes
Imperio
Dixon (Pre San Luis)
Sopa Negra (Pre Rafaela)

Escenario Resistance Tour
Todos Tus Muertos
Las Manos de Filippi
Shaila
Silycon Fly (Uruguay)
Asesinos Cereales
Lucila Cueva
Steinein

Dia 2 (Sábado 21 de Febrero 2009)
ESCENARIO PRINCIPAL

Almafuerte
Deep Purple
La Vela Puerca
No Te Va Gustar
Los Cafres
Cielo Razzo
Eruca Sativa

TEMÁTICO PUNK
2 Minutos
Cadena Perpetua
Flema
Bulldog
Expulsados
Astenia
Daño Cerebral
Betania
Nectar (Pre Misiones)
The Sniffers (Pre Córdoba)
Malos Tratos (Pre San Francisco)

Escenario Nuevas Tribus
(Presentación Oficial del disco)
Juan Terrenal
ROKO
Gazpacho (Invitado)
Santa Esquina
Ojos de Piedra
La Madre del Borrego
Drako
Resabio (Pre Córdoba)

Dia 3 (Domingo 22 de Febrero 2009)
ESCENARIO PRINCIPAL

Los Piojos
Las Pelotas
Ratones Paranoicos
Los Gardelitos
Viticus
Don Vilanova
Motorblues

TEMÁTICO REGGAE
Resistencia Suburbana
Fidel
Riddim
Dancing Mood
Mil Astillas
Dale Roska
La Pata de la Tuerta
El Corte (Pre Tierra del Fuego)
Kingston Jam (Pre Rio Cuarto)

Escenario UMI
(Unión de Músicos Independientes)

Anacronica
Lash Out
Richter
La Tolva
Años Luz
Disidentes
Matías Foretier
Somos Jardin

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martes, 3 de febrero de 2009

Exámenes de Febrero - Marzo 2009

1º turno 16 de febrero – 2º turno 02 de marzo
015 9hs. PSICOLOGIA EVOLUTIVA DE LA NIÑEZ-M. Cordera - A.Ahumada-G.Rosales –(G.Cabello)
064 9hs. NEUROPSICOLOGIA –D.Mías – M.Isaía – A. Querejeta
102 10hs. CURSO DE NIVELACION –P. Marchetti – L. Luque – L. Ponce (A. Faas)

1º turno 17 de febrero – 2º turno 03 de marzo
011 9hs. ESC.CORR.Y SIST.DE LA PSIC. –J.Godoy - R: Gómez – H. Rigotti (P. Murillo)
069 15hs. PROBLEMAS DE APRENDIZAJE–H.Maldonado- C.Torcomián-M. Tuja
070 9hs. ANTROPOLOGIA CULTURAL –S.Ferrucci – K. Generoso - L. Ledesma (A. Milesi)
303 9hs. PSICOLOGIA FORENSE – H.Ñañez – M. Scarafía – J:Mattus

1º turno 18 de febrero – 2º turno 04 de marzo
003 16hs. INTROD. A LA PSICOLOGIA –E.Cosacov- P. Marchetti -C.Disogra (J.Marino)
012 9hs. BIOLOGIA EVOL. HUMANA –R.Montenegro-L.de Bima-R.Murialdo (A.Sarach)
018 10hs. PSICOANALISIS –R.Musicante- A. Yosífides- A.Rostagnotto
067 13hs. PSIC.DE MASAS Y MEDIOS DE COM. –C. Petit - A. Cilimbini -J. Yurman (E.Virdó)
309 9hs SINTOMAS Y SIGNOS DE LA CLINICA- Maldonado de Lozano – C. de la Cruz –N. Lozano
312 9hs. PSIC. DE LOS EDUCANDOS CON NEC. ESP. –M.Santucci – J. Mattus – R. Guzman
350 9hs. PSICOLOGIA Y DISCAPACIDAD - R. Guzmán -M.Santucci – J. Mattus

1º turno 19 de febrero – 2º turno 05 de marzo
013- 9hs. PSICOESTADISTICA – E. Bologna –O.Bertone– C. de Menne (M.Morales)
026- 9hs. TEORIA Y TECNICAS DE GRUPO –S. Vera –C. Morón –L.Gil
049 14hs. PSICOLOGIA SANITARIA “A” A.Dávila – v. Cotaimich – M.Escalante (G. Sananez)
049 14hs. PSICOLOGIA SANITARIA “B” –E. Mosso – C. Berra – A. Machado
074 9hs. PSIC.EVOL.DE LA ADOL. Y JUVENTUD-G.Cardozo – S.Arce- M.G.Cabello - (P. Dubini)

1º turno 20 de febrero – 2º turno 06 de marzo
014 9hs. NEUROFISIOLOGIA Y PSICOF. –C.Beltramino – M. Isaia – D.Mías -(Collino)
021 9hs. PSICOLOGIA EDUCACIONAL –M.Moller–H.Maldonado-G. Zamprogno (M. Duarte)
046 9hs. PROB.EPISTEMOL. DE LA PSIC. –A.Saal - J.Ahumada – L.Minhot (L. Luque)
053 9hs. IDIOMA ALEMAN –A. Saal
326 9hs. HOSPITAL PUBL. Y PROCESO DE TRANSF.INST. G. Bustos – A. Espeche – C. Petit
339 13hs. DIAG. Y PREV. DE LA PROB. ACT EN LA ADOLESCENCIA –G. Cardozo – R. Ardiles – P. Dubini

1º turno 23 de febrero – 2º turno 09 de marzo
022- 9hs. TECNICAS PSICOMETRICAS –S.Tornimbeni - E.Pérez M. Morales (A. Pujol)
028- 14hs. PSICOPATOLOGIA –J.Argañaraz – M. Paz - M.Paulosky (E. Agüero)
034- 9hs. ORIENTACION VOCACIONAL –J.Pássera– C.Stábile -H.Martínez (V.Peralta)
039- 9hs. IDIOMA INGLES –G. Pereno – C. Beltramino
062- 9hs. PSICOPATOLOGIA II –J.Argañaraz –R. Rostagnotto –E. Aguero (M. Paulosky)
087- 9hs. PSICOTERAPIA -M.Rampulla – G. Gentes – C. Gonzalez
090- 9hs. PSICOLOGIA Y DERECHOS HUMANOS-A.Colaski – Valles – Ataide Cabral

1º turno 24 de febrero – 2º turno 10 de marzo
019 9hs. PSICOLOGIA SOCIAL –A. Correa - H.Paulín – J. López (Rodigou Nocetti)
032 9hs. PSICOLOGIA LABORAL -A. Pujol – C.San Emeterio – C. Dall Asta (J.Navarra)
040 9hs. IDIOMA FRANCES – A. Correa
051 14hs. PSICOLOGIA CRIMINOLOGICA –H.Marchiori-O.Puente-G.Lucientes (A.López )
063 9hs. CLINICA PSIC. Y PSICOTERAPIA –C. de la Cruz – S. Balaguer – D. Klor

1º turno 25 de febrero – 2º turno 11 de marzo
025 9hs. TECNICAS PROYECTIVAS –C.de Bauducco – M.Soave – T. Huespe (C.Ferrer)
029 15hs. PSICOBIOLOGIA EXPERIMENTAL –J. Molina A. Bueno – M. Cruz
031 9hs. PSICOLOGIA CLINICA –C.González –G.Gentes -M. Salvetti (A.Ginocchio)
060 9hs. PSIC..DEL ADULTO Y SENEC.–M.Cornacchione-A. Urrutia-L.Ferragut
061 15hs. ESTRAT.DE INTERV.COMUNITARIA –S. Plaza –O. Barrault - A.Díaz
068 16hs. PSICOLOGIA ORGANIZACIONAL –N.Carola - M.Pan – A.Aragonés (A.Pujol)

1º turno 26 de febrero – 2º turno 12 de marzo
036 9hs. IDIOMA PORTUGUES -Leticia Minhot
048 9hs. METOD.DE LA INVEST.PSICOLOGICA –A. Alderete - C. de Menne -P. Scherman (F. Olaz)
073 15hs. PSICOLOGIA Y PENOLOGIA –O.Puente – D.Porta –G. Lucientes
088 15hs. ENTREVISTA PSICOLOGICA –C.de Bauducco – M. ZAchetti - M.Soave
322 15hs. EL METODO BIOGRAFICO COMO FUND. DE LA HIST. –M.Cabanillas – C.Petit – J.Argañaraz
333 15hs. SEMIOTICA, PSICOANÁLISIS Y SUBJ. ACTUAL –M.Gómez – J. Mattus – R. Rostagnotto

1º turno 27 de febrero – 2º turno 13 de marzo
037 9hs. IDIOMA ITALIANO –L. de Bima
052 15hs. DEONTOL. Y LEGISL. PROFESIONAL –H.Martínez- - V.Peralta - M.Gómez – (G-Degiorgis)
072 15hs. CRIMINOLOGIA CLINICA –G. Lucientes - C.Ferrer –J.Mattus
292 9hs. INTERV. PSIC. INSTIT. EDUCATIVAS –M.Duarte – C. Torcomián – E.Scocco
295 15hs. PSICOSOMÁTICA, TEORIA Y CLINICA – A.Stabio – A. Guardado – C. Petit
319 13hs. DROGADICCION, ENFOQUE PSIC. Y SOCIAL –J. Mansilla – C. Petit – G. Sananez
334 15hs. PSICOSOM. EL CUERPO EN LA CL.ABORDAJE Y TEORIA – A. Stabio – A. Guardado – C. Petit







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lunes, 19 de enero de 2009

Definición de... ?

Subimos los términos englobados en la letra "T" del diccionario de Laplanche y Pontalis. Es solo la parte de "letras negritas" del diccionario, si tienen oportunidad de leer el resto de el significado, es muy enriquecedor.


Tánatos
Palabra griega (la Muerte) utilizada en ocasiones para designar las pulsiones de muerte, por simetría con el término de Eros; su empleo subraya el carácter radical del dualismo pulsional, confiriéndole una significación casi mítica.

Técnica activa
Conjunto de procedimientos técnicos recomendados por Ferenczi: el analista no se limita a dar Interpretaciones, sino que formula órdenes y prohibiciones referentes a ciertos comportamientos repetitivos del analizado durante la cura y fuera de ella, cuando éstos procuran al sujeto satisfacciones tales que impiden la rememoración y el progreso de la cura.

Teoría cloacal
Teoría sexual del niño, que ignora la distinción entre la vagina y el ano: la mujer sólo poseería una cavidad y un orificio, que se confunde con el ano, a través del cual nacerían los niños y se practicaría el coito.

Terapia catártica
Método de psicoterapia en el que el efecto terapéutico buscado consiste en una «purga» (catarsis), una descarga adecuada de los afectos patógenos. La cura permite al sujeto evocar e Incluso revivir los acontecimientos traumáticos a los que se hallan ligados dichos afectos y lograr la abreacción de éstos.
Históricamente el «método catártico» pertenece al período (1880-1895) en que se va creando progresivamente la terapéutica psicoanalítica a partir de los tratamientos efectuados bajo hipnosis.

Ternura
En el empleo específico que le da Freud, este término designa, en contraposición al de «sensualidad» (Sinnlichkeit), una actitud hacia otro que perpetúa o reproduce el primer modo de relación amorosa del niño, en el cual el placer sexual no se da Independientemente, sino siempre apoyándose en la satisfacción de las pulsiones de autoconservación.


Tópica
Teoría o punto de vista que supone una diferenciación del aparato psíquico en cierto número de sistemas dotados de características o funciones diferentes y dispuestos en un determinado orden entre sí, lo que permite considerarlos metafóricamente como lugares psíquicos de los que es posible dar una representación espacial figurada.
Corrientemente se habla de dos tópicas freudianas, la primera en la que se establece una distinción fundamental entre Inconsciente, preconsciente y consciente, y la segunda que distingue tres Instancias: el ello, el yo, el superyó.

Trabajo del duelo
Proceso intrapsíquico, consecutivo a la pérdida de un objeto de fijación, y por medio del cual el sujeto logra desprenderse progresivamente de dicho objeto.

Trabajo elaborativo
Proceso en virtud del cual el analizado integra una interpretación y supera las resistencias que ésta suscita. Se trataría de una especie de trabajo psíquico que permite al sujeto aceptar ciertos elementos reprimidos y librarse del dominio de los mecanismos repetitivos. El trabajo elaborativo es constante en la cura, pero actúa especialmente en ciertas fases en que el tratamiento parece estancado y en las que una resistencia, aunque interpretada, persiste.
Correlativamente, desde el punto de vista técnico, el trabajo elaborativo resulta favorecido por interpretaciones del analista consistentes especialmente en mostrar cómo las significaciones de que se trata se vuelven a encontrar en diferentes contextos.

Trabajo del sueño
Conjunto de las operaciones que transforman los materiales del sueño (estímulos corporales, restos diurnos, pensamientos del sueño) en un producto: el sueño manifiesto. El efecto de este trabajo es la deformación.

Transferencia
Designa, en psicoanálisis, el proceso en virtud del cual los deseos inconscientes se actualizan sobre ciertos objetos, dentro de un determinado tipo de relación establecida con ellos y, de un modo especial, dentro de la relación analítica.
Se trata de una repetición de prototipos infantiles, vivida con un marcado sentimiento de actualidad.
Casi siempre lo que los psicoanalistas denominan transferencia, sin otro calificativo, es la transferencia en la cura.
La transferencia se reconoce clásicamente como el terreno en el que se desarrolla la problemática de una cura psicoanalítica, caracterizándose ésta por la Instauración, modalidades, interpretación y resolución de la transferencia.

Transformación (de una pulsión) en lo contrario
Proceso en virtud del cual el fin de una pulsión se transforma en su contrario, al pasar de la actividad a la pasividad.

Trauma, traumatismo (psíquico)
Acontecimiento de la vida del sujeto caracterizado por su intensidad, la Incapacidad del sujeto de responder a él adecuadamente y el trastorno y los efectos patógenos duraderos que provoca en la organización psíquica.
En términos económicos, el traumatismo se caracteriza por un aflujo de excitaciones excesivo, en relación con la tolerancia del sujeto y su capacidad de controlar y elaborar psíquicamente dichas excitaciones.

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jueves, 15 de enero de 2009

Carlos Paz And Love Festival Internacional de Reggae


Sábado 17 y Domingo 18 de Enero 2009 Villa Carlos Paz Córdoba

Sábado 17 De Enero
ESCENARIO PRINCIPAL
(al aire libre)


00,10hs Gondwana (Chile)

22,40hs Congo (Uruguay)

21,35hs Nawal (Colombia)

20,50hs Butumbaba (Sta Fe)

20,05hs Mama Perfecta (S Juan)

19,20hs Ron Damon (M del Plata)

18,35hs Shelby (Rosario)


SECTOR SOUNDSYSTEM Carpa Cerrada

05,00hs Back to Back de Dj's

03,30hs Mad Professor (Uk)

02,30hs Alika & La Nueva Alianza (Bs As)

01,50hs Oskr T (Chile)

01,20hs Dj Nelson Soundsystem (Bs As)

00,30hs Dj Nina (Uruguay)

23,40hs Dj Afroraiz (Venezuela)

22,50hs Dj Lukalion (Bs As)

22,00hs Dj Gorgax (Cba)

21,30hs La Yugular Reggae (Perico, Jujuy)

20,40hs Sistahiel (Cba)

19,50hs Una Nación (Entre Ríos)

19,00hs El Barco del Abuelo (Salta)

18,00hs Dj Cianuro (San Juan)


Domingo 18 de Enero
ESCENARIO PRINCIPAL Al Aire Libre

00,10hs Nonpalidece (Tigre, Bs As)

22,40hs Kameleba (V Mercedes, S. Luis)

21,35hs Pure Feeling (Brasil)

20,50hs Verde Reggae (Bariloche, R. Negro)

20,05hs Valores Reggae (Tucumán)

19,20hs El Cogoyo (Mendza)

18,35hs Tiembla Delirio Orquesta (R.4º, Cba)


SECTOR SOUNDSYSTEM Carpa Cerrada

05,00hs Dj Rootz Selekta (Chile)

03,30hs Fidel Nadal + banda (Bs As)

02,00hs Macka B & Mad Professor (Uk)

01,20hs Alerta Soundsystem (Colombia)
- a.k.a. javier fonseca -

00,30hs LDD Soundsystem (Bs As)

23,40hs Dj Rasflek (Bs As)

23,10hs Dj Kombu Selekta (Bs As)

22,20hs Dj Rasniko Selekt a (Sta Fe)

21,30hs Dj Maco McCintosh (M del Plata)

21,00hs Delfines de Etiopia (Junín, Bs As)

20,10hs Santa Montaña (Posadas, Misiones)

19,20hs The Soundclash Army (Cba)

19,00hs Ras Emanuel I (Cba)

18,00hs Dr. Gurí (E Ríos) & Dj. G-One (Cba)


VJ RESIDENTE
Vj Chango Roots (Cba)

MAESTROS DE CEREMONIA:
Santiago Palazzo (Bs As)
Javier Fonseca (Colombia)





Anticipadas en Todo el Paìs

CORDOBA - TELECENTRO - OLMOSPATIO OLMOS, PATIO DE COMIDAS, LOC. 343 (CORDOBA)
CORDOBA -TELECENTRO - SHOPPINGNUEVO CENTRO SHOPPING, NIVEL CERO, LOC. 1106 (CBA)
CORDOBA -TELECENTRO - SHOPPINGCORDOBA SHOPPING CENTER, 1er PISO, LOC. 273 (CBA)
CORDOBA - HELADERIA GRIDO -RAFAEL NUÑEZ 4015, CERRO DE LAS ROSAS (CORDOBA)
CORDOBA - DISQUERIA EDEN - DEAN FUNES y OBISPO TREJO (CORDOBA)
A TODO EL PAIS - VIA INTERNET o TELEFONICA - http://www.autoentrada.com
CARLOS PAZ - ZEBRA NIGHT CLUB - COSTANERA, VILLA CARLOS PAZ (CORDOBA)
CARLOS PAZ -AZUL MUSIC SHOP - GAL. LA STRADA, LOC. 34 - 9 DE JULIO 70, C. PAZ (CBA)
CORDOBA - 31 RESTO BAR - V. ILLIA 560, NUEVA CORDOBA (CORDOBA)
CORDOBA - GANJAH - GAL. PASEO DEL SOL, 9 DE JULIO 150, PEATONAL (CBA)
CORDOBA - SAMOA - 9 DE JULIO 210, PEATONAL (CORDOBA)
RIO CUARTO - MOSHING SURF & SKATE - COLON 438 - LOC. 3, RIO CUARTO (CORDOBA)
VILLA MERCEDES - MAIA - SALTA 82, VILLA MERCEDES (SAN LUIS)
BARILOCHE - DISQUERIA ROCK & POP - MITRE 265 - LOC. 2, BARILOCHE (RIO NEGRO)
MENDOZA - contacto@elgogoyo.com
SAN JUAN - FUNKY MULTIESPACIO - TUCUMAN 31, SAN JUAN (SAN JUAN)
SALTA - LEE CHI - AV. BELGRANO 461 (SALTA)
JUJUY - FIXION - BELGRANO 616, SAN SALVADOR DE JUJUY (JUJUY)
TUCUMAN - DRAKO ROCKERIA - CORDOBA 580, SAN MIGUEL DE TUCUMAN (TUCUMAN)
SANTA FE - REGGAE ZONE - GAL. ARBOL SOLO - LOC. 12, SANTA FE (SANTA FE)
SANTA FE - MEGA FORCE - GAL. COLONIAL - LOC. 33 , SANTE FE (SANTA FE)
ESPERANZA - FM RADIO CIUDAD - LEHMANN 1930, ESPERANZA (SANTA FE)
ROSARIO - SANNABIS - CORDOBA 1060 - LOC. 9, ROSARIO (SANTA FE)
ENTRE RIOS - BARTOLA BAR - SAN MARTIN 745, CONCEP. DEL URUGUAY (ENTRE RIOS)
POSADAS - CHE MUSIQUERO - AV. ROQUE PEREZ 1645, POSADAS (MISIONES)
BUENOS AIRES - LOCURAS - FLORES - AV. RIVADAVIA 7038 (BUENOS AIRES)
BUENOS AIRES - LOCURAS - ONCE - AV. RIVADAVIA 2734 (BUENOS AIRES)
BUENOS AIRES - LOCURAS - MORON - AV. RIVADAVIA 18050 (BUENOS AIRES)
BUENOS AIRES - LOCURAS - BELGRANO - AV. CABILDO 2606 (BUENOS AIRES)
BUENOS AIRES - LEE - CHI - BARRIO NORTE - ERODRIGUEZ PEÑA 1034 (BUENOS AIRES)
BUENOS AIRES - LEE - CHI - BELGRANO - GAL. RECAMIER, LOC B17, AV. CABILDO 2136 (BS AS)
BUENOS AIRES - LEE - CHI - ITUZAINGO - GAL. CENTENARIO, LOC. 9, ZUFRIATEGUI 830 (BS AS)
BUENOS AIRES - FF FF - DIEGO DE PALMA 84, SAN ISIDRO (BUENOS AIRES)
SAN FERNANDO - LA ROCKERIA - CONSTITUCION 500, SAN FERNANDO (PROV. DE BS AS)
TIGRE - CROSSOVER - CAZON 1490, TIGRE (PROV. DE BS AS)
MAR DEL PLATA - LOCURAS - SAN MARTIN 2194, MAR DEL PLATA (PROV. DE BS AS)
JUNIN - THE YELLOW FROG - RIVADAVIA 145, JUNIN (PROV. DE BS AS)









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